sábado, 17 de diciembre de 2011

Ernesto Sábato: Sobre tangos y fantasmas Por Enrique Fleiss


TANGO Reporter


Ernesto Sábato: Sobre tangos y fantasmas


Por Enrique Fleiss


Entre la física teórica y el surrealismo. Entre el análisis lúcido de la realidad contemporánea y el buceo apasionado en universos fantasmagóricos, poblados de alucinaciones oníricas.

Abocado en su momento a la creación de ficciones que buscaban, según palabras de su autor, explorar "ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida". Sumergido años más tarde en otro laberinto, el que desembocaba en el horror real que vivió la Argentina en los años de plomo. Auténtico territorio maléfico cuyas tinieblas disipó cuando, con voz que de tanto en tanto se le quebraba, presentó el informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas. Sobrecogedor testimonio que se publicó en 1985 con el título de "Nunca más".

En la gama de este espectro, más amplio que el que se extiende entre el infrarrojo y el ultravioleta y que pretende ser abarcativo de las inquietudes intelectuales y humanas de Ernesto Sábato, se ubican las más variadas longitudes de onda. Por ejemplo, la que vibra en un texto de la densidad poética del "Romance de la muerte de Juan Lavalle", interpretado magistralmente por el propio Sábato y Eduardo Falú.

También, porqué no, la correspondiente al tango. Sí, al tango que ha ocupado un lugar modesto pero no desdeñable en la obra y en los afectos de Don Ernesto

Para comenzar nuestro recorrido, propongo que recordemos brevemente la obra literaria de Sábato. En 1945 publica "Uno y el universo", conjunto de ensayos con los que se inicia en la literatura y abandona la investigación científica, hecho que le valdría un prolongado distanciamiento con Bernardo Houssay, quien había impulsado su carrera como físico.

En esta misma línea se inscriben "Hombres y engranajes" (1951), "Heterodoxia" (1952), "El escritor y sus fantasmas" (1963), "Tango, discusión y clave" (1963), "La cultura en la encrucijada nacional" (1976), "Apologías y rechazos" (1979) y "La resistencia" (2000). En 1989 aparece "Entre la letra y la sangre", que reúne sus conversaciones con Carlos Catania y en 1998 un volumen de memorias, denominado "Antes del fin".

Dejamos para el fin sus tres obras de ficción: "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abaddón el exterminador" (1974). Y entre sus páginas iniciaremos esta búsqueda de la presencia del tango en la obra de Sábato.

El Túnel

Su primera novela, "El túnel", es el texto que centró la atención de la crítica literaria en el antiguo físico-matemático devenido en escritor. Dedicado originalmente a Rogelio Frigerio, su viejo amigo y compañero de militancia que posibilitó la edición del libro, se trata de un relato conciso e intimista, donde el mundo exterior es visto casi exclusivamente a través de la visión afiebrada de Juan Pablo Castel, el protagonista. Aparecen aquí algunos temas recurrentes en Sábato: los ciegos, el surrealismo (Castel, pintor de profesión, pertenecía a dicha escuela), la metafísica, la locura. Pero de tango, nada. Es cierto que la novela más allá de su ambientación porteña omite costumbrismos, y aunque ciertos diálogos remiten a la década del '40 tiene características bastante atemporales.

Sobre Héroes y Tumbas

La situación cambia cuando nos sumergimos en la atormentada historia que propone "Sobre héroes y tumbas". Aunque sería más adecuado hablar de historias y no de historia. En realidad son tres los relatos que se superponen. En primer plano, la conflictiva relación entre Alejandra y Martín, que desarrolla sus avatares en la Buenos Aires de principios de los '50 y que culmina en forma trágica con el incendio del viejo caserón de la calle Río Cuarto. Como un coro lejano, de tanto en tanto el autor intercala el recuerdo del galope hacia la muerte de Juan Galo de Lavalle y los fantasmales integrantes de su Legión. Por fin, el tenebroso "Informe sobre ciegos", a cargo de Fernando Vidal y su paranoica visión de la realidad. Todo ello unido por la figura de Bruno Bassan, alter ego de Sábato, cuya mirada lúcida y a la vez nostálgica sirve de hilo conductor a la trama. Por la novela desfilan figuras paradigmáticas de aquellos años, algunas con nombre y apellido, como Jorge Luis Borges. Otras, en la encarnadura de personajes de ficción que no hacen mucho por ocultar el modelo real. Tal el caso de Jorge Abelardo Ramos y el padre Castellani.

La realidad también se filtra a través de descripciones costumbristas, ácidas algunas veces, cargadas de ternura otras. Y es en estas últimas donde el tango se cuela por la ventana, en forma explícita o implícita.

Lleguémonos hasta el bar de Chichín, allá en la calle Pinzón, con su mugriento letrero en la vidriera: "Pizza, fainá, despacho de bebidas". Seguramente encontraremos a "... Humberto J. D'Arcángelo, más conocido por Tito, con sus escarbadientes a la manera de cigarrillo, y la Crítica arrollada en la mano derecha...", quien desgranará sus recuerdos de la época de oro del "fóbal amateur", recordando a Tesorieri, Calomino o Tarascone y porqué no a Lalín y la "Chancha" Seoane, ya que "... lo justo e lo justo, pibe, y hay oro en todo lo equipo, y hay bagayo también en Boca, pa qué no vamo a engañar...". Con un poco de suerte podremos, como Martín del Castillo, acompañarlo hasta su pieza, en un viejo conventillo ubicado en el deslinde de la Boca y Barracas, y admirar su victrola. Puede que se repita la escena que supo contar Sábato:

"Puso Alma en pena y dio cuerda: de la bocina salió la voz de Gardel, emergiendo apenas de entre una maraña de ruidos. Tito con la cabeza colocada al lado de la bocina, meneándola con emoción murmuraba: Qué grande, pibe, qué grande. Permanecieron en silencio. Cuando terminó, Martín vio que en los ojos de D'Arcángelo había lágrimas". "-A vo te gusta el tango, pibe, ¿eh? -Sí, claro, respondió Martín con cautela. - Qué bueno. Porque ahora, te voy a ser sincero, la nueva generación no sabe nada de tango. Meta fostró y todo eso merengue de bolero, de rumba, toda esa payasada. El tango e algo serio, algo profundo. Te habla al alma. Te hace pensar."

Tanguero de ley, Tito D'Arcángelo será capaz de sentenciar "... Hay que amarrocar pibe. Hacéme caso. Es la única ley de la vida: juntar mucha menega, rifar el corazón...." Aunque más allá de su desencanto discepoliano, y a estar por lo que relata su creador, nuestro personaje fuera el riguroso negativo de la filosofía que predicaba.

Tiempo después, en ocasión de efectuar un comentario para la carátula de un disco de Edmundo Rivero que se transformaría en un clásico ( "En lunfardo" editado en 1966 por Phillips), Sábato vuelve a referirse al inefable Tito, caracterizándolo como el arquetipo porteño de una época que se fue.

Si bien el bar de Chichín y sus parroquianos constituyen el ambiente más vinculado al tango en toda la trama de "Sobre héroes y tumbas", hay también alusiones al mismo en otros tramos de la novela.

Una noche en el Mirador, Alejandra "... colocó un disco: los sones dramáticos del bandoneón empezaron a configurar una sombría melodía. -Oí qué letra.

Yo quiero morir conmigo
sin confesión y sin Dios,
crucificado en mi pena,
como abrazado a un rencor"

El viejo tango de Rafael Rossi y Antonio Podestá, citado más de una vez por Sábato, sirve en el texto como cierre de un diálogo a la vez enigmático y premonitorio.

Alguno puede preguntarse: ¿cuál será la versión de Como abrazado a un rencor que escucharon Martín y Alejandra, mientras a lo lejos el clarinete del loco Bebe arrastraba sus notas disonantes? Buena pregunta, para la que no hay respuestas precisas pero sí aproximaciones. A mi modesto entender, por la época en que está ambientada la acción y por la densidad bandoneonística de la introducción, debe ser la grabación de Horacio Salgán con la voz de Angel Díaz, registrada en 1950 para el sello del perrito. Pero tampoco podemos descartar a priori la de Astor Piazzolla con Aldo Campoamor (Odeón, 1947).

Continuando con las citas tangueras, al revivir escenas de su infancia Martín reflexiona: "donde estaba Dios cuando te fuiste", recordando la muerte de su cachorro Bonito, atropellado por un camión.

Ya sobre el final de la novela, el protagonista se despierta en una habitación desconocida, luego de una noche de borrachera. Con la cabeza a punto de estallarle recibe los cuidados de una mujer humilde, quien trata de transmitirle algo de su optimismo.

"Martín miró a la mujer, a su pobreza y su soledad en aquel cuchitril infecto. Tengo al nene – prosiguió ella tenazmente – Tengo esa vitrola vieja con unos discos de Gardel; ¿no le parece hermoso Madreselvas en flor? ¿Y Caminito? Con aire soñador comentó: nada hay tan hermoso como la música, eso sí. Dirigió una mirada al retrato en colores del cantor: desde la eternidad, Gardel, deslumbrante con su frac, también parecía sonreírle."

Hasta aquí las referencias explícitas al tango. Pero con una mirada más profunda pueden reconocerse otros contenidos implícitos. La "madre-cloaca" denostada por Martín del Castillo podría ser perfectamente una de las antiheroínas discepolianas.

¿Qué duda cabe que aquel Palmieri que emprendió junto al viejo D'Arcángelo la aventura de la inmigración, amarrocó tenazmente y se dio el gusto de tener un hijo cirujano, puede parangonarse con Giuseppe el zapatero?

En fin, el propio padre de Tito, ese cochero de plaza derrotado por los años como "Mateo".

Sentado a la puerta del conventillo en su sillita de paja, con su bastón y su galerita raída y verdosa, recuerda al paese, mientras canturrea por lo bajo una canzoneta. Lo mismo que hacía Domingo Pulenta en una innominada cantina de la Boca, ocultando su desilusión con las estrofas de La violeta.

Dejemos "Sobre héroes y tumbas", una de las obras capitales de la literatura argentina del siglo XX, que acertadamente fuera calificada como "apocalipsis de nuestro tiempo" por Salvatore Quasimodo.

Abaddón el exterminador



Algo más de una década después, ve la luz "Abaddón el exterminador". La novela no lleva en vano el nombre del Quinto Angel del Apocalipsis. En ella, Sábato se incorpora como personaje, y alterna con figuras conocidas como Martín del Castillo y Bruno Bassan. Con un tono general que se vuelve más y más semejante al "Informe sobre ciegos", vista a la distancia esta obra puede ser leída como un ominoso presagio de lo que pasaría en la Argentina pocos años después. Un descenso literario a los infiernos, que prefigura el que desgraciadamente sobrevendría en la realidad.

En todo su desarrollo hay poco espacio para las reminiscencias tangueras. Una reflexión aislada donde el autor manifiesta que "... detrás de una sola y modesta canción de Discépolo, cuánto dolor hay, cuánta tristeza acumulada, cuánta desolación." Aparte de eso, nada.

No obstante, la referencia a Discépolo no parece ser gratuita. En "Abaddón..." también campean el dolor y la desolación, alternando con ráfagas del grotesco del que nunca han estado exentas las ficciones de Sábato. Personajes como Marcelo Carranza y sus amigos Nacho y Agustina se entrecruzan con Pérez Nassif, el doctor Arrambide y hasta el inefable y ácido Quique, rodeado de su séquito de señoras gordas. Todo al mejor estilo del paradigmático Cambalache, donde todo es igual y nada es mejor. Más en profundidad, la exploración de las regiones del mal que culmina en una metamorfosis de ribetes kafkianos, puede parangonarse con los fangales donde se agita la angustia discepoliana, en un diálogo desesperado con la oculta divinidad.


Tango, discusión y clave

Es hora de trasladarnos a regiones más serenas. Volviendo atrás en el tiempo, recordemos que en 1963 Sábato publica "Tango, discusión y clave". Este libro consta de dos partes. La primera, "Tango, canción de Buenos Aires", es un breve ensayo donde el autor escarba en temas como la hibridez cultural del tango, su carga de machismo, el descontento existencial que exterioriza y su profundo carácter metafísico. En una de sus definiciones más ajustadas nos dirá que "Un napolitano que baila la tarantela lo hace para divertirse; el porteño que se baila un tango lo hace para meditar en su suerte (que generalmente es grela) o para redondear malos pensamientos sobre la estructura general de la existencia humana." Como telón de fondo, el bandoneón, ese instrumento germánico creado para los oficios religiosos al aire libre que en el Río de la Plata sirvió para otra liturgia, y que permitió a esta música "... alcanzar ahora aquello a lo que estaba destinado, lo que Santo Tomás llamaría lo que era antes de ser, la quidditas del tango." Por las escasas páginas de este texto desfilan, a manera de ejemplo, citas de diferentes letras. Patotero sentimental, Malevaje, Garufa, Esta noche me emborracho, Caminito, Noche de reyes, Puente Alsina, Café de los Angelitos, Tiempos Viejos, Se va la vida y el infaltable Como abrazado a un rencor ilustran una reflexión que a cuatro décadas de distancia conserva su frescura original y el acierto de sus aseveraciones.

La segunda parte de la obra consiste en una detallada "Antología de informaciones y opiniones sobre el tango y su mundo", que a estar por su carátula fue realizada por Tabaré Di Paula, Noemí Lagos y Tulio Pizzini, bajo la dirección de Ernesto Sábato. Desde el índice de la misma, es evidente que el autor aún conservaba el rigor científico propio de sus tiempos de investigador. Por sus páginas desfilan testimonios sobre los orígenes del tango, el misturaje entre criollos e inmigrantes, el lunfardo, la evolución de su música y su letra, su presencia en la literatura y el teatro, y su mito por excelencia: Carlos Gardel.

Al decir de Sábato: "En este país de opositores, cada vez que alguien hace algo (un presupuesto, una sinfonía o un plan de viviendas mínimas) inmediatamente brotan miles de críticos que lo demuelen con sádica mi-nuciosidad".

"Tango, discusión y clave" no estuvo exento de estos avatares. En algún momento el periodista Tabaré Di Paula (quien, debe reconocerse, realizó interesantes trabajos históricos sobre Gardel y su entorno montevideano) manifestó ser el autor intelectual de la antología que comentamos. Esto generó una polémica periodística, que se diluyó con el correr del tiempo. Analizando la cuestión a la distancia, puede decirse que es imposible no reconocer la impronta de Sábato, tanto en la selección de los textos como en la redacción definitiva de la antología.

Vale la pena también recordar la hermosa dedicatoria que el autor brinda a Jorge Luis Borges, con quien estaba distanciado por razones políticas, cuyos párrafos finales merecen una cita textual: "Y ahora, alejados como parece que estamos (fíjese lo que son las cosas), yo quisiera convidarlo con estas páginas que se me han ocurrido sobre el tango. Y mucho más me gustaría que no le disgustasen. Creameló."

Otras referencias

Llegando al final de este periplo, nos queda por explorar algunas facetas menos conocidas del escritor de Santos Lugares, que se encuentran vinculadas con el tango. Una, su desempeño como guionista del cortometraje "Gotán", imaginativa realización de Ricardo Alventosa, filmada en 1965. Otra, su labor como letrista. Prosista antes que poeta, Sábato prestó no obstante su pluma a algunas composiciones musicales. La más destacada es, por supuesto el Romance de la muerte de Juan Lavalle, al que ya hemos hecho mención. Pero también existen otras obras menos conocidas, de las que nos ocuparemos a continuación.

En 1963 Astor Piazzolla graba con su octeto un disco de larga duración para CBS. En el mismo incluye Introducción a héroes y tumbas, un denso texto musical que culmina con la voz de Sábato recitando los versos que sirven de acápite al "Informe sobre ciegos".

Por su parte, Alejandra es un tango con música de Aníbal Troilo, que no alcanzó demasiada repercusión. Tuvo su origen en una idea de Ben Molar, quien reunió escritores, músicos y artistas plásticos, para la realización de una obra conjunta, plasmada en un disco de larga duración que se llamó "Catorce con el tango". Editado en 1966 por el sello Fermata, la interpretación corrió por cuenta de la orquesta de Alberto Di Paulo, con las voces de Reinaldo Martín (que canta entre otros el tema firmado por Sábato), Enrique Dumas, Hugo Morano, Claudio Bergé, Perla Gales, Aída Denis y el conjunto vocal "Los cinco". Ese mismo año se registraron otras dos versiones de Alejandra: las grabadas por Héctor Mauré y Rodolfo Lesica para los sellos Music Hall y Odeón respectivamente.

Estas dos experiencias poético-musicales pueden considerarse, al igual que el Romance... como productos derivados de "Sobre héroes y tumbas".

Distinto es el caso de Al Buenos Aires que se fue, que lleva música de Julio De Caro. Incluido en un disco de larga duración editado por Fermata en 1975, responde también a una iniciativa de Ben Molar. "Los 14 de Julio De Caro" (subtitulado "7 tangos de ayer y 7 tangos de hoy") comprende siete temas clásicos del autor de Copacabana y siete nuevos tangos debidos a su inspiración, estos últimos con el aporte literario de Cátulo Castillo, Florencio Escardó, Ulyses Petit de Murat, Leopoldo Díaz Vélez, José María Contursi y Francisco García Jiménez, amén de Ernesto Sábato. Con la orquesta de Luis Stazo como soporte musical, su voz recita cálidamente el texto que constituye su verdadero homenaje a De Caro, y que escribió "... inspirado por su hermosa, noble y melancólica melodía".

A riesgo de extendernos un poco, vale la pena reproducir íntegro este hermoso texto, ya que el mismo no es demasiado conocido.

"Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires hacen sentir más la soledad, busco un suburbio en el crepúsculo. Y entonces, a través de un brumoso territorio de medio siglo, enriquecido y devastado por el amor y el desengaño, miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo. Melancólicamente me recuerdo sintiendo las primeras gotas de una lluvia en la tierra reseca de las calles, sobre los techos de zinc. Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva. Hasta que los pájaros cantaban, y corríamos descalzos a largar los barquitos de papel. Tiempo de las cintas de Tom Mix y de las figuritas en colores de Tesorieri, Mutis y Bidoglio. Tiempo de las calesitas a caballo, de los manises calientes en las tardes invernales, de la locomotora chiquita y su silbato. Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos en este caos de ruido y de cemento, ya sin lugar para los patios con glicinas y claveles, donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco mientras planchaba la ropa de su hermano.

"Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires hacen sentir más la soledad, salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza, conservan un minúsculo tesoro de un pasado menos duro. Una maceta con malvones, alguna reja rezagada. Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro, ni Chiclana la calle de Estercita, ni Puente Alsina el de la vieja barriada que vió nacer al poeta callejero. En vano buscaremos las muchachas en torno del gringo y su organito, ansiosamente mirando la cotorra, esperando de su pico la buena suerte o el amor. Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo, cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes. Cuando todavía los espíritus no estaban resecados por la ferocidad y la violencia. Ya no hay novias detrás de las persianas esperando al gringo y su monito. Ya murió el último organito, y el alma del suburbio se quedó sin voz".

Final

Con esta entrañable evocación porteña termina nuestro viaje tanguero a través de la obra de Ernesto Sábato. Dijimos al principio que en ella el tango ocupaba un lugar modesto pero no desdeñable, aseveración que las páginas precedentes no hacen más que confirmar. Incluso se podría agregar que más allá de las menciones explícitas al mismo, y la presencia de personajes paradigmáticos de la cultura popular construida a su alrededor, la mayor parte de su obra de ficción trasunta una atmósfera profundamente afín a la música que Discépolo definiera como "un pensamiento triste que se puede bailar". También, a las búsquedas metafísicas del autor de Yira, yira. Como suele decir nuestro amigo Gustavo Cirigliano, todo está en el tango. También, porqué no, buena parte de las inquisiciones de Don Ernesto. Eso no debe extrañarnos, ya que para Sábato, al igual que para Humberto J. D'Arcángelo y por supuesto para quien escribe estas líneas, el tango es ciertamente algo serio y profundo, que sin lugar a dudas habla al alma y hace pensar.
Bibliografía citada: * Sábato, Ernesto – "El túnel". Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1973
* Sábato, Ernesto – "Sobre héroes y tumbas". Grupo Editorial Planeta S.A.I.C., Buenos Aires, 2001

* Sábato, Ernesto – "Abaddón el exterminador". Grupo Editorial Planeta S.A.I.C., Buenos Aires, 2001

* Sábato, Ernesto – "Tango, discusión y clave". Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1963

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