domingo, 4 de diciembre de 2011

ACERCA DE LA ESTUPIDEZ KIRCHNERISTA DE REESCRIBIR LA HISTORIA- ¡Viva Roca y Alberdi!



El peronismo, que todavía no se atreve a escribir su propia historia en los '70 (¿quién creó la Triple A? ¿Quién ordenó las primeras desapariciones de personas, que ocurrieron durante el gobierno constitucional? ¿Por qué el terrorismo se levntó contra una Administración elegida por voto constitucional?), pretende reconstruir la historia argentina.



CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Patético el esfuerzo del kirchnerismo cristina por reescribir la historia argentina, segun el capricho de Cristina Fernández.


Y que lo lidere Mario O'Donnell, quien cree que por tener una voz de timbre engolado puede asumirse como historiador de nota, es una falta de respeto a la historia argentina.


O'Donell es autor de algunos libros de divulgación de temas vinculados a la historia pero que carecen de rigor en la materia, y anticipa cuál es la seriedad del Instituto Manuel Dorrego que promueve Cristina Fernández.


Pobre Dorrego, pareciera que su tragedia en vida seguirá en forma interminable en su muerte. Ya el peronismo abusó de su nombre en octubre de 1973 cuando imaginó un plan de trabajo conjunto entre la Juventud Peronista/Montoneros y el Ejército Argentino, que denominó Operativo Manuel Dorrego de Reconstrucción Nacional.

Ahora, sigue castigando la memoria de Dorrego.


"(...) El kirchnerismo para el relato oficial es presentado como un peronismo opuesto al menemista, pero sus voceros no dicen una palabra cuando les informan que el ochenta por ciento de los actuales funcionarios lo fueron en su momento de Menem.

Y que los mismos que pregonaban las virtudes del indulto a los militares y se abrazaban jubilosos por haber logrado privatizar YPF o dejar al país sin ferrocarriles, ahora hacían exactamente lo contrario sin que se les moviera un pelo o un músculo de la cara.
¿Farsantes? ¿Cínicos? ¿Caraduras? Nada de eso.

Peronistas simplemente.

Quien mejor sinceró esta relación fue Jorge Yoma, cuando en una entrevista un periodista le preguntó cómo explicaba que antes había estado con Menem y ahora estaba con Kirchner.

Con su esdrujulizada tonada riojana, Yoma nos dio a todos una lección de peronismo real y verdadero al mismo tiempo. “Yo siempre fui peronista y a mí nadie me puede reprochar que haya sido funcionario de dos gobiernos peronistas como fueron los de Menem y Kirchner”.

Impecable.

Impecable pero no alcanza.

El peronismo es lo que dice Yoma, pero es algo más.

Siempre es algo más y ese misterio es también uno de los factores constitutivos del peronismo.

El peronismo desde esa perspectiva es un acto de fe y como a todo acto de fe hay que renunciar a entenderlo a través de la razón.
No hay peronismo sin mito y no hay peronismo sin poder.

Quien quiera entenderlo deberá conjugar estos dos conceptos: el mito y el poder.

Allí están su verdad, su luz y su sombra.

En el caso del peronismo actual este dispositivo de mito y poder se ha activado con singular brío.

El talento del kirchnerismo ha consistido en estructurar un dispositivo de poder en el que los ricos hacen plata como nunca y los izquierdistas creen que están en el gobierno
.

Es que el peronismo a lo largo de la historia fue un maestro en el armado de estas tramoyas.

(...) Hace unos años, conversando con Miguel Bonasso, me admitía que efectivamente Perón era el responsable de las Tres A y de la muerte de muchos de sus compañeros, pero que a pesar de todo él seguía siendo peronista.

La pregunta que yo me hice después fue la siguiente :

¿Por qué este escritor y militante seguía siendo peronista? ¿En qué país del mundo se da el caso de un militante que admita que su jefe lo traicionó, que fue el responsable de una frustración colectiva que produjo miles de muertos, que fue el instigador de una banda terrorista que ejecutó a sus compañeros y que, a pesar de todo, siga diciendo con orgullo que se mantiene leal a ese ideario, a ese liderazgo al que no vacila en calificar de genial y extraordinario?

En ese punto yo renuncio a todo intento de comprensión, porque en esa adhesión hay algo atávico, mágico y oscuro al que me resulta imposible acceder
."

La Junta de Estudios Históricos de Tucumán cuestionó la creación del Instituto Nacional de Doctrina Histórica e Iberoamericana o de Revisionismo Histórico Argentino y Latinoamericano Manuel Dorrego:

"Lo integrarían treinta historiadores de la corriente revisionista y su director sería Mario Pacho O’Donnell quien ha declarado que el objetivo del Instituto es construir una historia ’democrática, nacional, popular y federalista’ que sea alternativa a la llamada ’Historia oficial’ a la que calificó como liberal, oligárquica, porteñista, antipopular y antiprovincial".

Los historiadores opinan que esas calificaciones ponen en evidencia "una actitud peyorativa y sancionadora respecto de lo que se ha venido investigando y escribiendo sobre la Historia Nacional e Iberoamericana -desde diferentes y, a veces, encontrados puntos de vista- durante más de un siglo, tanto por investigadores que trabajan en forma independiente, como por aquellos que lo hacen en las universidades estatales o privadas o en instituciones dedicadas a la investigación histórica como es la Junta de Estudios Históricos de Tucumán".


"Esto induce a temer que los estudios que se realicen en el Instituto no estén inspirados por la objetividad requerida para realizar una auténtica tarea de revisión e investigación histórica, responsable y libre de preconceptos",
añaden Federico Abel Ventura Murga y Teresa Piossek Prebisch, secretario y presidente, respectivamente, del centro de estudios.


Advierten que la historia de un país maduro "precisa de todas las voces acerca del pasado para que resulte creíble, pero es indudable que la ciencia histórica debe tener cuidado en no forzar la interpretación al servicio de intereses políticos e ideológicos".


Señalan como ejemplos de lo que antecede la descalificación de Julio Argentino Roca; la indiferencia hacia Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento en ocasión de sus bicentenarios; el silenciamiento de la trascendencia continental de la Batalla del 24 de Septiembre de 1812 durante los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, entre otros casos.


"Esas actitudes no son un modo de ’Hacer la Historia’; el historiador debe mostrar los hechos y circunstancias de las acciones de los individuos y grupos para comprender sus decisiones en el contexto de su época, no para juzgarlos y condenarlos desde la coyuntura política del cronista. Por otro lado
-concluyen- O’Donnell, limitado a los parámetros de medición de productividad ’porteñistas’, parece no haberse enterado que la historiografía argentina ha crecido con vigor durante las últimas décadas y que mucho de esa nueva historiografía se ha producido en las provincias sin necesidad de la existencia de un Instituto "democrático, nacional, popular y federalista".


Notable la descripción del unitario Instituto Manuel Dorrego que
realizó Álvaro José Araune, en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán:

"La creación por decreto presidencial de un instituto nacional dedicado a reivindicar a una serie específica de figuras crea, a la vez, un panteón de próceres olvidados, 3 de los cuales tocan directamente a los tucumanos: Alberdi, Avellaneda y Roca. La iniciativa recibe adhesiones, pero los cuestionamientos son mayoría y advierten sobre la reescritura del pasado.


(...) Por un lado, de los incontables ámbitos donde pudo haber nacido, la institución ha surgido nada menos que de una disposición del Gobierno nacional. Concretamente, del Decreto 1.880/2011, del 17 de noviembre, firmado por la presidenta, Cristina Fernández, el entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el ministro de Economía, Amado Boudou, y el ministro de Educación, Alberto Sileoni.


Por otro lado, los "considerandos" del decreto nacional, los fundamentos de la norma, son un dechado de provocaciones. Por acción y por omisión.


(...)
Los unos y los otros


Tras consignar que se prestará especial atención a la reivindicación de la participación femenina, se advierte que también se recuperará "la importancia protagónica de los sectores populares, devaluada por el criterio de que los hechos sucedían sólo por decisión de los ’grandes hombres’".


Entonces se enumera quiénes son los héroes de esta escuela revisionista: José de San Martín; Martín Miguel de Güemes; José Gervasio Artigas; Estanislao López; Francisco Ramírez; Ángel Vicente "Chacho" Peñaloza; Felipe Varela; Facundo Quiroga; Juan Manuel de Rosas; Juan Bautista Bustos; Hipólito Yrigoyen; Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón.


En este panteón de los "buenos", muchos de los cuales (comenzando por el primero) no son figuras relegadas por la historia nacional sino todo lo contrario, resultan notables las ausencias. Son buena parte de las figuras relevantes de la "escuela liberal" de la historia que cuestiona el Gobierno nacional. Por ejemplo, Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento, Justo José de Urquiza y, por supuesto, los próceres tucumanos Juan Bautista Alberdi, Nicolás Avellaneda y el últimamente muy vilipendiado Julio Argentino Roca.


¿Historia o relato?


Sólo con esos elementos consignados en la norma alcanza para entender porque tantos académicos, historiadores e intelectuales argentinos han puesto el grito en el cielo y en las bibliotecas en contra de esta medida del kirchnerismo.


Desde Tulio Halperín Donghi y Luis Alberto Romero, hasta Natalio Botana e Hilda Sabato, pasando por Ricardo de Titto y Beatriz Sarlo, se han manifestado en contra de las intenciones oficiales y oficialistas.

Es que lo que se desprende del mismísimo Decreto 1.880 es que no se busca ampliar la historia sino, directamente, cambiarla. Y de allí las preocupaciones y las advertencias, que pueden resumirse en una consigna común: están buscando reemplazar la historia por el relato.


"Dentro de las competencias del Instituto, se cuenta el estímulo y la promoción de la actividad de historiadores, ensayistas y pensadores abocados a la investigación y divulgación de la historia revisionista", se agrega en los considerandos de la norma.


Precisamente, esta cuestión refiere al asunto más delicado del decreto presidencial. Porque más allá de la implementación de becas, subsidios y premios, el revisionismo del Instituto Dorrego va a ir a la escuela.


(...)
Los números


La entidad revisionista coloca a Pacho O’Donnell como conductor, a la cabeza de una lista que incluye a los historiadores Araceli Bellota, Luis Launay, Juan Marcelo Gullo, Enzo Regalli, Hugo Chumbita, Felipe Pigna, Alberto Gelly Cantillo, Daniel Brion y Salvador Cabral. Políticos y funcionarios también integran el Instituto Dorrego. Es el caso del ahora senador nacional Aníbal Fernández, el secretario de Cultura, Jorge Coscia, la ministra de Infraestructura bonaerense, Cristina Alvarez Rodríguez, el presidente de la Comisión Bicentenario, Ernesto Jauretche y el gerente jurídico de Incaa, Francisco Pestanha.


También hay lugar para hombres de los medios de prensa, como el director del diario Tiempo Argentino, Roberto Caballero; su par del semanario Miradas al Sur; Eduardo Anguita, y el periodista Hernán Brienza
.


Todos desempeñarán sus cargos de manera ad honorem. Integran el cuerpo académico que, según detalla el Anexo I del decreto, se crea con "33 miembros de número, quienes deberán ser historiadores o investigadores especializados en los temas revisionistas que sean de competencia del Instituto".


"Al menos 5 deberán provenir del interior del país", agrega una de las disposiciones de la norma. Todo un detalle para la institución bautizada con el nombre de Dorrego, un abogado del federalismo según el decreto 1.880.


Atendiendo el "cupo" en cuestión, de los 33 miembros de número de la academia oficial, sólo 7 (el 21%) son del interior: 3 provienen de Entre Ríos, 2 de Santa Fe y otros 2 de Misiones.
El resto de los revisionistas de la historia argentina son, según el Anexo I del decreto presidencial, de la provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal."

En La Gaceta se propició un muy completo debate sobre el proyecto falsamente revisionista del Frente para la Victoria.


"Quienes trabajamos en ámbitos sostenidos por el Estado, que hemos visto con satisfacción muchas de las medidas que este gobierno ha tomado a favor de la educación pública, hemos quedado desconcertados por la decisión del gobierno. Un gobierno que viene apoyando a los organismos que lideran la investigación en nuestra disciplina como Agencia y Conicet y las propias universidades públicas. Lo que nos deja perplejos es que el gobierno ignora la producción historiográfica de las últimas décadas, vislumbrando una escena que era real en la época de los revisionistas que reaccionaron contra la entonces historia oficial en 1930.


No creo que el papel de la historia sea -para usar una expresión de Tulio Halperin Donghi, el historiador contra el que más explícitamente se definió el Director del nuevo Instituto-, hacer "una expedición punitiva" contra el pasado
. La idea de juzgar a los hombres según su contribución a un proyecto definido de antemano como el único legítimo y nacional, no sólo lleva a un anacronismo, el de leer el resultado de las acciones de los hombres según una posición determinada en el presente, sino que coloca a toda otra lectura historiográfica fuera de la nación, lo que es lo mismo que decir que no puede haber diversas lecturas del pasado dentro de la nación.


Hablar de héroes y demonios y trazar un único relato nacional, popular, sacrifica toda la complejidad de la historia y por lo mismo lo convierte en un relato mucho más fácil de divulgar.


Un gobierno tiene el derecho quizás a favorecer una determinada lectura del pasado, pero, ¿tiene el derecho de imponerla? ¿ Será una referencia para los contenidos curriculares de las escuelas? ¿Para los libros de texto? ¿Tendrá el instituto su propia carrera de investigadores?¿ Habrá que plegarse a la lectura nacional popular para tener una beca?¿ Cómo queda constituida la comunidad de historiadores frente a este centro oficial?


La historiografía argentina ha logrado, en un proceso de "profesionalización" que se abrió con el retorno democrático, superar dos siglos de antagonismos irreductibles, consensuando la rigurosidad metodológica, la apertura a nuevos temas, la revisión de viejas lecturas y un diálogo tolerante, no perfecto, pero al menos un diálogo que permite la diversidad y el crecimiento."


fuente: http://www.urgente24.com/noticias/val/18122/ficha.html
4 diciembre 2011f