sábado, 8 de octubre de 2011

MUSICA: Charles Lloyd: un viaje en busca de la ternura


CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ

El saxofonista publica Mirror y presenta Athens Concert, su nuevo disco con la cantante griega Maria Farantouri

La imagen resulta desconcertante, aun tratándose de un disco ECM. En la portada, alguien -una mujer- fotografía su imagen reflejada en un espejo. El objetivo de su cámara parece mirarnos directamente a los ojos. ¿Quién es la misteriosa fotógrafa y dónde está el protagonista del disco? La respuesta, al dorso. Charles Lloyd (Memphis, 1938), chaqueta negra y sombrero pork pie, mira fijamente a la camarógrafa sumergido en un decorado versallesco, o así. Algunos meses más tarde, quien suscribe tendría la oportunidad de compartir mesa y recuerdos con el legendario jazzista y Dorothy Darr, la fotógrafa en cuestión, quien se halla felizmente desposada con el anterior "desde hace más tiempo del que ambos podemos recordar": "Algunos me han preguntado si tiré la foto en Versalles o en San Petersburgo. Ni lo uno ni lo otro. Fue paseando por Murcia. De repente vimos el casino, entramos y allí estaba ese maravilloso salón tan decadente...".


"Si quieres llegar a ser alguien, tienes que ser capaz de mirarte al espejo y afrontar tus limitaciones porque siempre hay alguien que sabe más que tú"

Que ECM haya trocado la aridez de la tundra por la exuberante villa pimentonera para ilustrar uno de sus discos resulta casi tan desconcertante como figurarse al espiritual jazzista navegando noche tras noche por la red de redes. Una costumbre que el saxofonista procura mantener en secreto: "Utilizo Internet únicamente como fuente de información". El espejo como metáfora por donde Mirror (Espejo) es el nuevo disco del idiosincrásico creador: "La pantalla del ordenador es el espejo en el que se refleja la imagen de la aldea global. Si buscas información, tienes que asomarte a ese espejo". Si por él fuera, la conversación versaría únicamente sobre los programas que acostumbra a contemplar por Internet y de los que extrae la materia prima para sus reflexiones. Resumiendo: "Estamos gobernados por la avaricia y las grandes empresas, y la cosa va a peor". Si el mundo es una porquería, como en el tango, Lloyd conoce el antídoto: "La ternura. Eso es lo que el mundo necesita. A menudo me llegan con que mi música es demasiado blanda. Lo que es, es tierna. Y lo es porque el mundo necesita ternura. Soy un soñador, un visionario, pretendo cambiar el mundo y para ello cuento con la mejor arma: mi música".

A la espera de que el remedio surta su efecto, el saxofonista se entrega con fruición a las exquisitas viandas que el "tres estrellas Michelin" Jordi Vilà ha dispuesto para agasajar al ilustre comensal y su comitiva en su visita a Barcelona. "Este es uno de los aspectos bonitos de la profesión, la comida, el buen vino... me entusiasma abrir la ventana del hotel y contemplar la belleza de Barcelona". Claro está que el oficio de "estrella del jazz" también tiene sus contrapartidas. Lloyd la conoció el día en que un joven cronista con ínfulas llamó a su puerta. "Aquel tipo cubría una vacante para una conocida revista de Nueva York y decidió que sería una buena idea empezar entrevistándome. Desde un primer momento me dio mal rollo. Un crío vestido de americana y corbata, y esos aires que se daba... a poco estaba enseñándome lo que es el jazz. Fui dejándolo pasar, hasta que hizo aquel comentario sobre Hank Jones y ya no pude más. Que si era un músico mediocre, que si estaba sobrevalorado. ¡Estaba hablando de Hank Jones, por Dios bendito!". El resultado de aquella entrevista figura entre los mayores disparates jamás publicados en torno al jazz, "cuando salió editada, recibí un montón de llamadas de mis amigos preguntándome cómo había podido soportarlo. Es el signo de los tiempos. Aquel tipo era joven mientras que con 72 años eres un viejo". La juventud, divino tesoro, otro de los temas recurrentes en cualquier conversación con el jazzista: "En Memphis, de niño, la música sonaba por todos los rincones de la ciudad, a todas horas. Entonces, uno aprendía a respetar a sus mayores. Podías escuchar a Charlie Parker, Coleman Hawkins, Lester Young, Billie Holiday, Duke Ellington, Bobby Blue, Howlin 'Wolf, B. B. King, Phineas Newborn... les reverenciábamos. Si quieres llegar a ser alguien, tienes que ser capaz de mirarte al espejo y afrontar tus limitaciones, porque siempre hay alguien que sabe más que tú". Fue precisamente ese sentido de la responsabilidad lo que le impidió aceptar la oferta para tocar junto a Thelonious Monk: "Cuando recibí la llamada de su representante me puse como un flan. Yo tenía veintipocos años y Monk, para mí, era dios. Pero tenía que ser honesto. Realmente sentía que no tenía nada que ofrecer. Y dije que no".

Lloyd tiene razones sobradas para mostrarse suspicaz con las nuevas generaciones: por su cuarteto han pasado muchas de las actuales figuras del jazz que no siempre han sabido mostrarse agradecidas con su maestro. A la cabeza, un nombre: "Jarrett, siempre Jarrett. Me cansa que me sigan preguntando sobre él, como si fuera el único músico con el que he tocado nunca. ¿Qué pasa con Michel Petrucciani y con Bobo Stenson, Zakir Hussain, Billy Higgins...

?". Así las cosas, el saxofonista se muestra feliz y contento con los actuales miembros de su conjunto. Tanto Jason Moran como Reuben Rogers o Eric Harland se inclinan al paso del venerable jazzista. "La diferencia de edad hace que mis referencias no sean las mismas que las de los músicos que tocan conmigo. Para mí, tocar Lift Every Voice and Sing -incluida en Mirror- es un acto cargado de significado que remite al tiempo de las escuelas segregadas, cuando esta pieza era el himno que se cantaba en los colegios negros en sustitución del obligatorio God Bless America, pero ni Jason ni Reuben han vivido aquello. Para ellos es una pieza más".

De su pasado alternando con la flor y nata del Flower Power conserva apenas el gusto por la ropa informal. "El último hippy sobre la tierra" niega con vehemencia su condición de tal: "Vienen a verme como a una pieza de museo, algunos no terminan de convencerse de que nunca he sido hippy..." de sus años de "Jazz y Amor" le queda la amistad que le une a Brian Wilson, el líder de los Beach Boys: "Brian solía dejarme su estudio en Bel Air para ensayar. En aquel tiempo yo no tenía dónde ir. Pasaba horas, días incluso, probando cosas en su estudio y luego él bajaba de su habitación en el primer piso y tocaba al piano lo que me había escuchado". En Mirror, puede escucharse la versión más estrambótica nunca interpretada de Caroline, No, de Wilson (incluida en el álbum Pet Sounds): "Es mi forma de darle las gracias". Se da el caso de que el cuarteto del saxofonista, con Keith Jarrett, fue el primer grupo de jazz en actuar en el legendario Fillmore East Auditorium de San Francisco: "Actuamos delante de Jimi Hendrix, Janis Joplin, los Doors, los Byrds, Jefferson Airplane, nos mezclábamos con ellos, éramos el único grupo de jazz en hacerlo". El 18 de septiembre de 1966, el flamante cuarteto de Charles Lloyd se presentó en el Festival de Monterrey, actuación que fue registrada en disco: "Se piensa que todo estaba planificado cuando yo ni siquiera sabía que estaban grabándonos. Me enteré cuando terminamos de tocar". Publicitado como un disco de rock, Forest Flower: live at Monterrey se convirtió en el primer disco de jazz de la historia en vender un millón de copias. "Todavía me vienen con un ejemplar original del disco para que se lo firme".

Convertido en el "Artista de Jazz del Año" por Down Beat, Lloyd viajó a la Unión Soviética en plena guerra fría: "Nuestro concierto en Tallin fue algo especial, aunque yo no me enteré hasta que regresé al cabo de los años y me contaron que todos los que estuvieron involucrados en el mismo habían sido depurados, ¡pero si incluso prohibieron tocar el saxofón en la Unión Soviética!".

A primeros de los setenta, en la cumbre de su carrera, Lloyd disolvió el cuarteto y emprendió la huida en dirección a Big Sur, antiguo refugio de Henry Miller, Langston Hughes, Lawrence Ferlinghetti y Jack Kerouac. Allí permaneció atado a un "viaje interior" que duró 15 años: "El día en que Michel (Petrucciani) hizo su aparición trepando por las montañas apoyado en sus muletas supe que mi viaje había terminado".

En Mirror, el saxofonista retoma su idilio con el repertorio latinoamericano iniciado en 2002 con Rabo de Nube. La versión que ofrece el saxofonista de La Llorona resulta conmovedora, por lo dramática: "Es una canción muy hermosa y muy triste. Trata de una mujer que pierde a sus hijos y vaga en su búsqueda transformada en espíritu así que muy alegre no puede ser, ¿no le parece?".

Las novedades en torno al sensible e hiperactivo Lloyd no terminan aquí. Acaba de salir también un nuevo disco del saxofonista junto con su cuarteto y la cantante griega Maria Farantouri: "Hace unos años la escuché en la Universidad, en California. Luego del concierto vino a verme y me susurró unas melodías folclóricas al oído. Desde entonces mantenemos una relación muy estrecha". Athens Concert fue grabado en directo, en el Odeón de Herodes de la Acrópolis ateniense, en junio de 2010: "Tocamos piezas de Mikis Theodorakis, algunas melodías folclóricas y otras mías, pero no hay rupturas. Es como si la música griega y la mía fueran la misma cosa".

Mirror y Athens Concert están editados por ECM (DistriJazz). www.charleslloyd.com

FUENTE: diario EL PAIS. COM-MADRID /08/10/2011