martes, 18 de octubre de 2011

HISTORIAS PERSONALES-Mis 15 abuelas



HISTORIAS PERSONALES-

Mis 15 abuelas


Fuente E-Sefarad


Autora para E-Sefarad-Genie Milgrom


Naci en una familia de la alta sociedad Católica Romana
de origen Español en la ciudad de la Habana en Cuba.
Cuando tenía 5 años, mi familia salió hacia Miami,
dejando atrás no solo la Revolución Comunista
pero también sus negocios y casas.


Éramos solo una de tantas familias que llegaron
a Miami en ese año. El año era 1960.


En Miami, mis padres me inscribieron
inmediatamente en uno de los mejores colegios
católicos en un área donde casi no había población
de origen cubano.


El deseo de mis padres era que nos asimiláramos a
la cultura americana lo más rápido posible: hablar
perfecto ingles y tener las mismas oportunidades
que los niños americanos


Yo no tuve amigos de habla hispana por muchos
años, fui una estudiante modelo del Colegio Católico,
zapatos blanco y negro, uniformes del estilo escoses,
oraciones en Latin, misa todas las mañanas y
continuamente cantando en el coro de los velorios
de los curas y las monjas.


Nunca pertenecí al grupo. Seguí a los demás, actuaba
como ellos, rezaba en voz alta y sin embargo en el
fondo no me sentía parte de ello.


Alrededor de los siete años, asistí a un campamento
de verano en donde conocí a mi primera amiga Judía.
Se llamaba Raquel.


Raquel llegaba con su propia comida y no se le
permitía comer nada de la comida que ofrecían ahí .
Todos los niños le hacían burla, pero a mi
me atraía como una luciérnaga a la luz. Me fascinaba
estar con ella, me adherí a ella como pegamento.


Por muchos años solamente veía a Raquel en el
campamento de verano, pero durante el año yo
buscaba añoraba lugares con otras personas
Judías. Era muy difícil dadas las circunstancias
de la sociedad protegida donde yo fui educada y criada.
Pero ahí estaba la indagación constante de un contacto
con el Judaísmo. Era inexplicable, no tenía ningún
sentido pero sin embargo ese sentimiento existía.


Me sentía mas cómoda cuando de casualidad conocía
a una persona judía que cuando estaba dentro de la
iglesia.


No volví a ver a Raquel, jamás sabrá el impacto que
su amistad tuvo en mí y en la transformación de mi
alma.


Los años pasaron y yo con ellos, Estudie en una
preparatoria Católica y me involucré en una serie
de actividades extracurriculares. Y como
suele suceder, la vida me llevó por el camino.


En ese entonces tuve varias amigas judías. Mis
padres nunca supieron de eso. Por horas hablaba
con ellas por teléfono pero rara vez las veía.


Era yo muy joven cuando llego el momento de
entrar a la universidad, dado que me salte varios
grados escolares. Tenía solamente 16 años cuando
recibí una beca para entrar a la mejor universidad
católica de Miami. Debido a que era tan joven, no
se me permitía manejar, por eso viví en los
dormitorios de la Universidad atendidos por
las monjas. La única estudiante de mi misma edad
fue mi compañera de cuarto.


Uno de sus padres era Judío. ¿Qué hacia ella en
esta escuela?
Evidentemente no hay coincidencias.Como era de
esperarse nos hicimos amigas. Ella se crió en el
seno de una familia Judía. Yo pasaba horas
y horas tratando de vislumbrar hasta el más pequeño
detalle acerca de la religión judía.


Me inscribí en una clase de Teología y Religiones
Comparadas, donde la directora de este
departamento era una brillante monja que
posteriormente fue rectora de la Universidad. Su
sabiduría me impactó.
Aprendí más entonces acerca de la filosofía del
judaísmo que en cualquier otra etapa de mi vida.


Más tarde supe que ella había ido de puerta en
puerta con el fin de solicitar ayuda para la
construcción del monumento del Holocausto que
hasta hoy existe. Una mujer admirable que incidió
en mí para ser quien soy hoy.


Me case muy joven, a la edad de 17 años. Mi vida
consistía en trabajar tiempo completo en el negocio
familiar, Madre de tiempo completo y estudiante
de medio tiempo.


A los 33 años retomé lo que había dejado atrás.
Comencé a devorar volúmenes de literatura Judía
con diversos temas como Halajá, Fiestas Judías,
matrimonio, filosofía, shabat y todo lo que llegara
a mis manos.


Empecé a visitar sinagogas y de vez en cuando
atendía algún servicio.
Hice muchas amistades lo cual nunca pude
compartir con mi ex -marido.

Nos divorciamos y mi búsqueda continuó. Mi hijo
tenía 14 años y mi hija 3. No fue posible hacer una
conversión para mis hijos en ese momento.


Ahora si indagué y estudie con veracidad. En
definitiva podía poner mi cuerpo y mi alma alineados.
Me sentía muy cómoda en las sinagogas.
Sentía nostalgia y la sigo sintiendo cuando escucho
el canto de las plegarias. Sabía que estaba más cerca
que nunca de mi hogar, sin embargo más distante de
mi casa y de mi familia donde me crié. Ellos
no me entendían. Mi alma se había transformado
desde una edad muy joven y ellos permanecieron
igual. ¿Por qué era yo tan diferente?


Me reuní con el Rabino de una comunidad pequeña
ortodoxa cerca de mi casa y el amablemente me explicó
que yo no podía ser Judía. Se resistió y se negó varias
veces a mi conversión hasta que finalmente
accedió a que yo fuera a un Beit Din. Por varios años
estudié intensamente y finalmente me convertí al
judaísmo. Ese momento fue en el que conseguí mi
más grande logro, sin embargo no tenía con quien
compartirlo. Los amigos no vienen fáciles a alguien
en un proceso de conversión. No podía mirar hacia
atrás y el camino a seguir parecía muy solitario.


El camino fue difícil. Mantener las reglas de kashrut
en una casa donde los niños se le antojaba lo que
siempre habían comido, no poder comer en casa de
mis padres, tratar de ajustar de arriba abajo los
horarios de las actividades de mis hijos para que no
afectaran el shabbat y las fiestas judías. No fue fácil,
pero estaba yo tan feliz, tan en casa y tan cómoda
que perseveré.


Un par de años más tarde conocí a mi esposo Michael,
cuya familia era originaria de Rumania y nos casamos.
Él siempre fue religioso lo ha sido y siempre lo será,
mi círculo completo. Michael tuvo la paciencia
de un santo (sin doble sentido) y ha sido siempre la
roca que me apoya cuando las cosas se ponen
difíciles, cuando mi vida pasada choca con
mi vida actual. Juntos, hemos engrandecido a mi
hija de la mejor manera que podemos, dadas las
circunstancias inusuales.


Mis abuelos maternos eran de un pequeño pueblo a
orillas del río Duero que separa a España y Portugal
llamado Fermoselle. Mi abuelo nació allí y la abuela
de mi abuela era de allí. Eran primos segundos.
Durante años traté de que ellos me ayudaran a hacer
un árbol genealógico, pero lo que conseguí fue
evasivo. Nunca fui capaz de obtener la historia
familiar de ellos. Mi abuela sabía que me había
convertido al judaísmo y a menudo me decía lo
peligroso que era. ¡Qué peligroso que era que me
hubiera convertido! Siempre he pensado que
quería decir que era peligroso para mi alma pero me
di cuenta hasta años después lo que ella quería decir,
lo peligroso que era ser Judío.


Mi abuela materna murió un viernes por la mañana.
Esa mañana, vi a mi madre que me dijo que la
tradición de la familia era enterrar a los muertos de
inmediato. Me quedé muy sorprendida. ¿Qué tipo de
tradición era esa para una sólida familia católica?
Ninguna cantidad súplicas sirvió . Mi abuela fue
enterrada en Shabbat en un cementerio bastante
lejos y no pude ir. Mi dolor era insoportable. Al día
siguiente, mi familia vino a verme a mi casa, dado
el hecho de que no fui aL entierro. Me sorprendió
mucho cuando todos vinieron caminando.

Francamente, pensé que no me dirigirían la palabra
nunca más. Mi mamá puso una pequeña caja sobre
la mesa y me dijo que mi abuela le pidió que me la
entregara en el día de su muerte. En el interior había
un Hamsa antiguo y unos aretes de oro con una
pequeña Estrella de David en el centro. Nada más.
Sin ninguna nota, o algún comentario, sólo
esos dos objetos. Yo estaba abrumada por el significado.



El Hamsa del relato


En un instante, tuve recuerdos de los tiempos en
mi vida que yo había visto y sentido muchas cosas
pero nunca supuse que podríamos haber sido
descendientes de los marranos.


Sentada en esa silla, sosteniendo esa caja, me
acordé de la manta que habían puesto sobre nuestros
hombros durante mi primer matrimonio, como una
costumbre antigua familia que todavía está en uso
hoy en día por los sefardíes la colocación de un Talit
sobre los hombros de lA pareja. Me acordé de las
veces que mi abuela y yo hicimos una enorme
cantidad de postres para las fiestas, las viejas recetas
de la Villa de Fermoselle, siempre Parve y ella
siempre ponía un poco de masa, envuelta en papel
de aluminio y la metía en el horno. Las veces que
rompía los huevos en un vaso para comprobar si
había sangre antes de tirarlos a la basura, la forma
en que siempre me enseñó a barrer el piso hacia el
centro de la habitación (Una vieja tradición sefardí de
barrer de la mezuzot hacia el centro).



El arete de oro con el Magen David


Era demasiado, sin embargo, hizo todo el sentido del
mundo. Claramente entendí la forma en que mi alma
había buscado y había anhelado algo todos esos años
que no era lógico. Empecé mi búsqueda de mis raíces
judías. Mi abuelo me dejó mucho del trabajo, a pesar
de que no me lo dio en vida, había escrito a mano
meticulosamente un árbol familiar que impulsó mi
búsqueda hacia principios de 1800. Con esa información
a la mano, fuentes de Internet, y amigos en España,
blogs, etc., tuve la oportunidad de volver hacia atrás
quizás dos generaciones más, pero después me topé
con un muro, no era tan solo un muro, pero el muro era
católico. Hasta ese momento, no había encontrado nada.


La búsqueda me llevó 4 años. Durante ese tiempo,
contraté a un ex sacerdote en España, que también
era un genealogista. Quería conocer la verdad.
Yo no necesitaba que alguien me dijera lo que yo quería
oír. El hombre que contraté quería que yo fuera
católica. El Shidaj era perfecto. Buscó e investigó
las bibliotecas, los museos históricos, y yo validé
los resultados en cada paso. Ahora tengo copias de
la documentación de cada abuela que se remontan 15
generaciones hasta 1545. También tengo los
documentos notariales que va más lejos aún que eso.
En 15 generaciones nadie en mi familia había
abandonado el pueblo de Fermoselle. Mi abuelo
fue el primero en salir.

Mi madre, de hecho, fue la primera en casarse fuera
de la familia.
Ella no se casó con un primo.


Mis resultados hasta la fecha han proporcionado un
rico tapiz de un marrano o una familia conversa-judía.
Esta tarea no ha sido fácil, pero ahora sé que no es
imposible, que tenía que desenredar los hilos
con los que mi familia había trabajado tan
duramente en el tejido de la mentira y el engaño
con el que tuvo que vivir para poder sobrevivir.
Yo personalmente he sido testigo de cómo han
cambiado sus nombres en cada documento oficial
posterior para que no fueran encontrados por la
Inquisición. He rastreado el nombre de todos y cada
uno de mi árbol, para demostrar que cada nombre
fue utilizado por los marranos como un nombre
judío. Incluso encontré un nombre como propietario
de una carnicería kosher antes de 1492. La mayoría
de los nombres son nombres típicos de judíos que
fueron forzados a convertirse. Nombres topográficos,
como Ramos o Montana, Flores.

Nombres como los Diez y muchos otros. He
encontrado en los registros de la Inquisición
archivos del Tribunal mostrando judíos de los
mismos nombres acusados de judaizantes alrededor
de 5 km del pueblo de la familia. He igualado fechas
que coinciden con los nombres de la familia.

Mi árbol genealógico es típico de los marranos,
no sólo por la gran cantidad de matrimonios entre
primos, sino también por el nombramiento
de los hijos y la repetición de los nombres de una
generación a la siguiente.


Ahora estoy en el proceso de documentar la historia
judía de Fermoselle, que no se ha hecho hasta la fecha.
Quiero dejar las cosas claras. Quiero ser la voz que
mis antepasados nunca tuvieron. Pero por encima de
todo, sólo quiero que otros sepan que esta búsqueda es
posible, teniendo en cuenta los recursos disponibles
en la actualidad en España y Portugal, se pude lograr.


Hoy en día, yo vivo una vida plena en Miami junto a
mi esposo. Soy muy activa en mi Sinagoga y en la
Comunidad. Ahora enciendo dos velas extras en la
noche del viernes para mis 15 abuelas. Una por
aquellas que no las pudieron encender y la otra
para las que se olvidaron que las tenían que
encender. Mi familia judía es bastante numerosa ya,
compuesta no sólo de cientos de nombres en un árbol
genealógico, sino de un grupo muy unido y muy
cercano de amigos que se han convertido en mi familia.
A ellos les estoy muy agradecida por haber sido
siempre un gran apoyo en mi búsqueda y por escuchar
mis historias una y otra vez.

Estoy verdaderamente bendecida. Yo, he regresado a casa.


Si Ud. sospecha que es descendiente de Judios
Conversos o Crypto Judios (Marranos o Chuetas)
de España o Portugal pueden contactar a
Genie Milgrom .




Escrito por Genie Milgrom especialmente para eSefarad.