sábado, 8 de octubre de 2011

ALEJANDRO DOLINA, EL 'ANGEL' DE BUENOS AIRES: nos trae una obra maestra:" Los Garroneros de la Cultura"


LOS GARRONEROS DE LA CULTURA

Los cirujanos, los sacamuelas, los locutores, los periodistas y los actores de teatro -que son, como se sabe, los espíritus rectores de la opinión filosófica- han dicho miles de veces que la característica más notable de nuestro tiempo es la velocidad. Algunas personas sensibles suelen quejarse amargamente de este hecho, afirmando que nuestros galopes existenciales levantan demasiada polvareda. No les falta razón a estos sofocados pensadores, deseosos de resuello. Pero hay que decir en defensa de la velocidad, que hay ocasiones en que no causa daño ninguno y hasta ayuda a hacer la vida un poco mejor. Por ejemplo, no es malo que el subterráneo tarde 20 minutos entre Chacarita y Leandro Alem, en vez de dos horas.

Tampoco es malo reducir las tardanzas de un avión que va a París. Y es mejor curarse alguna peste en dos días que en un año.

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse.

Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero.

Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: haga el bachillerato en seis meses, vuélvase perito mercantil en tres semanas, avívese de golpe en cinco días, alcance el doctorado en diez minutos.

Muchas veces me he imaginado estos cursos bajo la forma de una película filmada a cámara rápida, con alumnos atropellándose en los pasillos, permisos para ir al baño denegados y capítulos de la historia groseramente mutilados.

Capítulo seis: los fenicios. Los fenicios eran un pueblo de mercaderes, etcétera. Capítulo siete: Grecia. Los griegos inventaron la tragedia, las cariátides, etcétera. Capítulo veinte: La Edad Contemporánea. La Edad Contemporánea comienza con la Revolución Francesa y todavía sigue, etcétera.

Calculo que el asunto no será tan grave. Supongo que se tratará de conseguir la máxima concentración mental por parte del alumno. Supongo también que no se perderá tiempo en tonterías. De todos modos, no sé si esto es suficiente para reducir el tiempo de un aprendizaje a la quinta parte. Quizá se supriman algunos detalles. ¿Qué detalles? Desconfío.

Yo he pasado siete años de mi vida en la escuela primaria, cinco en el colegio secundario y cuatro en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas, puedo decir que para aprender las pocas destrezas que domino tuve que usar intensamente la pensadora. Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí, me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios. A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las señoritas livianas, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.

Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.

Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio. Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio.

Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro. Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.

Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.

Gane mucho vento sin esfuerzo ninguno.

No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera. El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan

Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato. Y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio el primer Campari.

Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. Olvide hoy, pague mañana.
Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.

Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone.

Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.

Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos.

Tal es el caso de los sistemas para enseñar lo que es bueno, a respetar, quién es uno, etcétera. Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia

Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.

Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie.

Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.

De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda. Frecuento a centenares de personas bondadosas, sensibles y llenas de virtud que desconocen minuciosamente el teorema de Pitágoras.

Después de todo, es preferible ser ignorante a ser estúpido. Más aún cuando la estupidez es el producto de una mala educación. Oscar Wilde vio mejor que nadie este asunto de la estupidez ilustrada. "Hay hombres llenos de opiniones que son absolutamente incapaces de comprender una sola de ellas". Tenía razón el irlandés.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

Aprenda a tocar la flauta en cien años. Aprenda a vivir durante toda la vida. Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje. Buenas noches.



ALEJANDRO DOLINA

Fuente: Revista "Humo(r)" n° 3, de agosto de 1978


NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,




No sabía donde fue publicado. Lo recibí de un amigo
Cibernetico [GALIELO GALILEI] que a su vez lo recibió del
hijo de su maestra de primaria.....




Decidí buscar en GOOGLE, y así me entere que la versión
recibida no era la completa ni la original.


El mismo texto aparece en varios Blogs y páginas web, a veces

completo, a veces 'circuncidado'...


Por eso decidí que yo debo publicar la versión original y
completa, loa misma que publicó la GLORIOSA REVISTA
HUMOR", allí por 1978...

Y la reenviare a mi amigo cibernetico y al hijo de su maestra
de la escuela primaria.....


Mucho agua marrón corrió por el Río de la Plata y muchos
'volantes' publicitarios han inundado las calles de Buenos Aires
en los últimos 33 años...pero la calidad del texto escrito por este
MAESTRO POPULAR, SIGUE IMPECABLE Y MERECE SER
DIFUNDIDO.


ALEJANDRO DOLINA, UN 'ANGEL' DE BUENOS AIRES,
escritor, cantor, periodista, narrador, dramaturgo,conduce
programas de radio en la ciudad de Buenos Aires, etc.


ES EL 'ANGEL' DE LA NOCHE 'PORTEÑA'.


SUS ESCRITOS NOS LLENAN EL ALMA.


Lic. Jose Pivín

Editor de este Blog


frente al puerto de Haifa


frente al mar Mediterráneo






Alejandro Dolina, ese fenómeno argentino...


Alejandro Dolina:
"Lo que me costó el amor de Laura"




Vino, vio y venció. A sala llena se presentó Alejandro Dolina en el madrileño Círculo de Bellas Artes. Cientos de personas rieron, aplaudieron, escucharon y se emocionaron con las ocurrencias del multifacético -dramaturgo, humorista, músico y conductor radial- que llegó a España para promover la presentación de su opereta criolla “Lo que me costó el amor de Laura”.


Hubo risa nostálgica en el mano a mano y, luego, un largo cóctel en el que Dolina se prodigó con su público, emigrado a Madrid. “Estuvo genial”, dijo una de las asistentes.

La idea del creador de “La venganza será terrible” tiene el apoyo de la productora Ojalá para llevar adelante el proyecto teatral de la opereta grabada en 1998 con la orquesta sinfónica nacional argentina.

En ella se rinde homenaje a cantantes y artistas de primera línea, como Juan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Horacio Ferrer y Les Luthiers. Y el escritor Ernesto Sábato.
“Esta es una obra para mí muy querida, contaba con mi mayor entusiasmo y en el caso de los invitados que participaron del disco no van a estar en su mayoría, pero logramos buenos reemplazos y todos trabajaron con ganas y dedicación”, dijo Dolina.

Pregunta: Preguntarle si le gusta el escenario es obvio. Además de todo lo que ha hecho y hace, ¿También ha estudiado teatro?
Respuesta: Me gusta mucho. Pero no estudié teatro, debo ser uno de los pocos argentinos que no lo hizo.
¿Qué tiene cada mundo, el del teatro y el de la radio?
Aún cuando uno acepta que los oyentes no lo ven, tiene mucho de teatro. Y aunque sean elementales, nos instalamos en unos personajes que mucho tienen de teatral.

La venganza será terrible, como otros ciclos radiales que condujo Alejandro Dolina a lo largo de más de 20 años de trayectoria radial, se ha convertido en programa de culto, no sólo para sus fieles seguidores, sino para aquellos que disfrutan del placer de escuchar radio.

Dolina, el escritor, músico, cantante, conductor y humorista, luce tranquilo y entusiasmado frente a la nueva aventura, de alguna manera, acostumbrado a los cambios, ya que pasó por El Mundo, Rivadavia, FM Tango, Continental y Radio 10.

Le gusta hacer el programa rodeado del público que, como es habitual, colma las instalaciones de las salas y participa activamente en el desarrollo. Muchas veces, acompañado por Gabriel Rolón, su gran coequiper.

P: ¿Cómo se comporta la audiencia frente a la mudanza de emisoras?
R: Normalmente se tarda un poco en acostumbrarse, a veces hay un choque con los oyentes de los programas anteriores. Pero, las cosas, con el tiempo tienden a emparejarse.

P: Si tuviera que definir La venganza...

R: No podría definirlo. Porque no es mucho, es un programa con público, fuera de su ámbito, y su mejor virtud es la intensidad del contacto entre la gente y los que lo emitimos. Tiene un código teatral que alcanza su difusión a través de la radio. Ese contacto que se produce es muy teatral. Pero nosotros no hacemos actuación, sólo a veces y en ráfagas. Y en esta nueva etapa los oyentes posiblemente se encuentren con más trabajo, ya que tenemos mayores posibilidades de incorporar artistas invitados, de hacer cada tanto algún “radio-cine” y una mayor atomización del programa, esto es, con una mayor cantidad de bloques de menor duración. Por ejemplo, pequeños documentales, un espacio de archivos extraterrestres (lógicamente una burla de estos géneros) y una mayor presencia del humor más elaborado.

P: ¿Cuál es la fórmula de Dolina para seguir liderando la audiencia durante tantos años?
R: No lo sé. Sé que hay trabajo. Luego, si uno tiene suerte, viene la inspiración, pero no hay que contar con eso [se ríe].

Hay gente que toma el diario y comienza a decir una cosa tras otra, pero entiendo que la única manera de sostenerlo es con una preparación adecuada.

Lo que yo tengo es un corpus de nociones, de recursos, de lecturas que disparan ocurrencias que están enmarcadas por ese bagaje. Pero si a un tipo le quitan todo eso que es cultural, difícilmente tendría inspiraciones.

El programa me obliga a cierta clase de disciplina, a buscar algo interesante dentro de la ciencia, la literatura y la filosofía. Hay cosas que yo no conocía en absoluto y que las he ido incorporando a mis gustos.

Pongo por caso la epistemología, lo mismo con casi todo el estructuralismo que yo conocía más de nombre; eso es algo que debo agradecer al programa. Creo que mucha gente se conforma con demasiado poco.



Artículo subido el día 02 de Enero del 2010 http://www.argentinaargentino.com/Alejandro-Dolina-ese-fenomeno-argentino.../50