martes, 28 de junio de 2011

Pasiones y decepciones, ¿destino de género? Lea y Rajel: una incursión a sus vidas íntimas



Autor: Lic. Samuel Leillen







¿Destino o similitudes?
En estos días se realizan muchos encuentros literarios, teatrales, seminarios y debates, conmemorando 100 años del nacimiento de Lea Goldberg (1911 1970), una de las más destacadas expresiones de la literatura hebrea del siglo XX.
Su amplia y rica obra es aún de lectura cotidiana, sus cuentos son aún los preferidos para los niños antes del sueño nocturno, sus escritos son estímulo para estudiantes ávidos de aprender, y siguen siendo apasionantes temas para críticos y docentes de literatura moderna.


El relato de su vida personal, los interrogantes que para sus contemporáneos eran motivo de inquietud y chismorreo, son hoy tema de análisis y compenetración.
No menos, si bien no igual, el relato de la vida de la Poetisa Rajel (1891 - 1931). Las épocas son distintas: una es la de los idealistas que intentan transformar la sociedad y sus valores en los años de la nación en marcha; la otra es la expresión intelectual de la sociedad que enfrenta el desafío de la soberanía.
Estos nombres, Lea y Rajel, nos transportan también a los orígenes bíblicos, al tremendo relato de amor y engaño, pasión y desengaño, esperanza y frustración de las dos matriarcas ancestrales.


Intimidades bíblicas: dolor y frustración
En Génesis 29 conocemos a Lea y su hermana Rajel, esposas rivales en una relación polígama. Jacob fue a la casa de su tío Labán, hermano de su madre, quien lo invitó a vivir y a trabajar con él. Labán tenía dos hijas: la mayor era Lea, de ojos delicados, y la menor, Rajel, "de lindo semblante y de hermoso parecer". Y Jacob amó a Rajel, y dijo a su tío: "Yo te serviré siete años por Rajel tu hija menor".
Así sirvió Jacob por Rajel siete años, y entonces dijo Jacob a Labán: "Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido…". Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete.
Pero venida la mañana, he aquí que la esposa era Lea; y Jacob dijo a Labán: "¿Qué es esto que me has engañado?" Y Labán respondió: "No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. Cumple con ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años". E hizo Jacob así. Y amó a la hermosa Rajel más que a la poco atractiva Lea.


Raquel era hermosa. Cuando aparece por primera vez en Génesis 29,6-12 es como si saltara de la página, llena de vitalidad y energía. No es de extrañarse que la Biblia nos diga que los siete años que trabajó por ella "le parecieron como pocos días, porque la amaba".


En los versículos 31 y 32, esta triste historia de la "no amada Lea" cambia de rumbo: "Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo: Reubén (aflicción)...".
A Lea no la amaban. Sin embargo, pudo concebir hijos. No una, sino al menos siete veces. A través de las ocasiones en que Lea tuvo en sus brazos una nueva criaturita y le puso nombre, podemos ver un poco de cómo pensaba, qué sentía, cuanto sufría.
En Génesis 29, 32, mientras acunaba a su primogénito, Lea "llamó su nombre Rubén (dolor), porque dijo: Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido". Poco después "concibió otra vez, y dio a luz un segundo hijo, y lo llamó Simeón (escuchó)" (vv.33).


Cuatro varones uno detrás del otro. El nacimiento de Rubén no había hecho que Jacob la amase. Él seguía teniendo ojos sólo para Raquel.
Génesis 30 destaca que "…viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana", y decía a Jacob: "Dame hijos, o si no, me muero". Y ella dijo: "He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella" (vv.1-3).


Bilha tuvo un hijo de Jacob que legalmente era hijo de Raquel, pues fue Raquel quien le puso nombre: Dan (justicia). Y Raquel envió a Bilha a donde Jacob una vez más. La sierva dio a luz otro hijo y Raquel le puso Neftalí (verdad).
Lea se lanzó al mismo juego y también dio a su sierva Zilpa a Jacob. Cuando Zilpa dio a luz un hijo, Lea le puso Gad (fortuna). Y una vez más Zilpa quedó embarazada y dio a luz otro hijo. Lea le puso por nombre Asher (dicha).
¡Qué cambio! La amada y favorecida Raquel estaba desolada. La infeliz y no amada Lea, la esposa de reemplazo, la que quería tan desesperadamente conocer el amor de su marido, había aprendido a centrarse en lo que tenía, no en lo que le faltaba.


El quinto hijo de Lea se llamó Isaschar (recompensa) y el sexto Zevulún (honor).

Después de muchos años de espera, con la anotación en nueve (incluyendo a su hija Dina) para Lea y sólo dos para Raquel concebidos por su sierva, Raquel quedó embarazada: nació José (agregado).

Para entonces, Jacob había trabajado para Labán durante 20 años, y tomó la decisión de regresar a Canaán con su amplia familia de dos esposas, dos concubinas, diez hijos y una hija.
Viajando a Efrata, camino de Belén, sucedió lo inconcebible. Raquel, embarazada de su segundo hijo, murió en el alumbramiento Génesis, 35 16,20. Lo que más deseó en el mundo se convirtió en la causa de su separación final del hombre que la amaba. La mujer que tenía todas las razones para ser feliz murió dando a luz a Benjamín (tristeza).


¿Y Lea? Había desparecido su rival del círculo familiar. Raquel había muerto. Lea era ahora la esposa No. 1. No sabemos si Jacob aprendió a amarla más de lo que la amaba en el momento del primer engaño ni cuántos años más vivieron juntos. Sólo sabemos que cuando Lea murió, Jacob la enterró en el sepulcro ancestral, la cueva de Macpela, en Hebrón, donde estaban enterrados Abraham, Sara, Isaac y Rebeca. La honró en su muerte.


El lamentable caso de la poetisa Rajel (1890 1931)
Raquel, la undécima hija de Isar Leib Blubstein, uno de los magnates judíos de Rusia, nieta del Rabino Supremo de Kiev, había llegado a Eretz Israel en 1909 con su hermana Shoshana en camino a Italia, donde pensaban estudiar Arte y Filosofía. La realidad de esos días, el entusiasmo de la creación de escuelas y poblados agrícolas, las primeras casas de Tel Aviv, las convenció quedarse aquí e incorporarse a la acción redentora de los primeros pobladores en el valle del río Jordán.


Son los años que cristalizan las ideas de renacimiento nacional, de formación de un nuevo ser humano partícipe de una sociedad igualitaria y socialista, distinta a la tradicional y obsoleta concepción judía de la familia.
Entre los ideólogos, se destacan Aarón David Gordon, Berl Katzenelson y Raquel Blubstein, quienes compartían sus entusiastas debates y redacción de lemas ideológicos con momentos románticos en situaciones de apasionada intimidad. Rajel era la musa poética del trío, y sus poemas sirvieron de orientación para toda esa generación.


En 1913, Rajel viaja a París para estudiar agricultura, y luego a Rusia donde pasa los años de la Primera Guerra, volviendo a Palestina en 1919.
Rajel se incorpora inmediatamente al Kibutz Degania, que la acepta por su aporte literario e ideológico de los años en compañía de Gordon y Katzenelson. Al año, se descubre que padece de tuberculosis y el Kibutz resuelve deshacerse de ella.


Los integrantes del "grupo vanguardista de igualdad y responsabilidad colectiva", no saben como hacerlo, pero en una de sus cartas a su madre, Raquel escribe cuanto le dolieron "las palabras de Gilad que le dijo que todos están sanos y ella los podría contagiar, por lo tanto debe abandonar el Kibutz. Ha sido esta una oscura nube que me envolvió y me privó el aire: quise gritar pero no pude emitir ningún sonido".


A Rajel le causó mayor pena el hecho que la conducta de sus compañeros reflejaba que los ideales se habían hecho trizas, que el sueño de crear un nuevo tipo de ser humano basado en la justicia y el apoyo mutuo se había esfumado y que lo que quedaba era la antigua realidad que "el hombre es enemigo del hombre". Todas estas sensaciones aparecen en sus poesías. Se destaca "Ve Ulay", "…tal vez, ocurrió o fue sólo un sueño…".

Se instala en Tel Aviv (Bugrashov 3), la enfermedad avanza. Los "compañeros" del partido y del periódico "Davar" la ignoran, incluso no le pagan lo acordado por sus publicaciones. Cuando las cosas empeoran, se interna en un sanatorio en Guedera. Agonizante ya, la envían de regreso a Tel Aviv en un carro tirado por dos caballos, pues no tenía medios para llegar en forma más apropiada.
En el Hospital Hadassa de Tel Aviv, en la calle Balfour, en plena soledad, termina el trágico relato de esta hermosa mujer, hija de un padre millonario, la princesa de la familia, el tema de sueños de sus compañeros, la envidia de muchas de sus amigas y de sus hermanas, quien había renunciado a sus estudios en Italia para ser una obrera en una colonia colectiva, para componer con un rastrillo y escribir con una pala, para construir Eretz Israel creando un nuevo hombre y estableciendo una nueva sociedad. Ella había redactado las ideas sociales dándoles alas, había expresado sus sueños de igualdad convirtiéndolos en religión, ella impulsó a desecar pantanos y dio las bases a los lemas del retorno a la tierra.

Sólo al fallecer concluyó la soledad y la desesperación. El 17.4.1931 todos aparecieron en el velorio, los que compartieron sus sábanas y los que recitaban sus versos, los que pregonaban sus ideales y los que admiraban sus poemas. Pero el entierro en Kineret fue en absoluto silencio, cada uno con sus pensamientos y la tristeza de su conciencia.



La vida secreta de Lea Goldberg
Personaje muy complejo. Sus poesías inspiraron composiciones musicales que acompañan los agridulces versos que los amantes suelen entonar hasta nuestros días. Poesía, prosa, teatro, cuentos para niños, traducciones, crítica literaria todo con un contenido de amor y dedicación que hacen más extraña la realidad que nunca se casó ni tuvo hijos.


Nacida en 1911 en Alemania, al estallar la Primera Guerra Mundial, la familia huye a Rusia, donde nace el hermano Emanuel que fallece antes de su primer año. Es el hermano que no convivió con ella pero que aparece repetitivamente en las obras de Lea, incluso usó su nombre para uno de sus personajes literarios.


Comienza a escribir en hebreo a temprana edad. Al cumplir los ocho, el padre obtiene una enfermedad mental que lleva a toda la familia a la indigencia. Al enterarse que también el hermano del padre había padecido del mismo problema, la espanta la amenaza de una enfermedad hereditaria, y escribe: "los locos no deberían casarse pues hacen la vida imposible al cónyuge. Se les debería prohibir tener hijos pues transmitirán a ellos su enfermedad".


En su juventud se enamoraba silenciosa y desesperadamente de hombres mucho mayores que ella. Ellos solían no enterarse. Su mayor amor fue el poeta Abraham Ben Itzjak, mayor que ella con 20 años, pero ella estaba convencida que era la única persona que podía leer sus pensamientos. Lea escibe en su diario, once años después de la muerte de su amor: "Un apasionado y único amor, que no fue amor".


También había escrito: "…todo gira alrededor de un solo y único nombre. Todas las esperanzas, todos los sueños, todos los deseos, se concentran en un lejano y radiante punto que atrae, llama, intuye, pero es inalcanzable. Eres tú, amado mío. Tres largos y penosos años, años de desesperación y vacío, años de amor, y nada sucedió. Nada. Sólo la alta e infranqueable muralla. ¿Cómo atravesarla? ¿Qué hacer? Lea, deja de hablar sandeces: tú sabes que nadie logró trepar resbaladizas paredes de cristal. Tú no eres una heroína. Hace tiempo que debías haber abandonado la idea y aceptar que no hay nada delante de ti. Es un maravilloso sueño, que siempre te acompañará. Se puede amar y escribir y estar en la soledad. Nada más".


Lea escribió su diario durante toda la vida, no en forma continuada pero sí en momentos de angustia. Se han encontrado gran cantidad de cartas y diarios inéditos en los que se encuentra el dolor de su escritura, la falta de seguridad personal, sus fracasos amorosos y su temor por la locura. A la edad de 21 años, víspera de su doctorado en etimología en la Universidad de Bonn, escribe en su diario: "Soy pobre en este mundo, pues no poseo ningún valor íntegro ni seguro. No tengo objetivos, ni amor, ni fe, no tengo nada".


Tres años después, en 1935, llega a Israel y se incorpora al grupo de Abraham Shlonsky y Natan Alterman, dos pilares de la bohemia literaria de la Palestina de entonces. Reside en Tel Aviv, se emplea como maestra y publica sus libros con los ingresos que recibía por redactar anuncios comerciales. Además, se dedica a la pintura.


Los amigos recuerdan que no era una mujer bonita, y Lea lo sabía. Vestía trajes, siempre maquillada, caminaba con esbeltez, envuelta en el humo de los cigarrillos. Había en ella cierta gallardía, que intentaba disimular su dificultad de oído. Ya a la edad de 40 necesitaba audífonos, lo que la enervaba más. Ella sentía que su apariencia era de una mujer fea, anciana y desconectada de la realidad.


No faltaban las contradicciones. Por una parte compartía sus vivencias con los grupos de vanguardia y la bohemia de su época, y por otra parte vivía con su madre. Siempre vivieron juntas, al principio en Arnón 15 en Tel Aviv y a partir de los años 50 en el aristocrático barrio Rehavia de Jerusalén en una casa de propiedad de la Universidad Hebrea donde ella enseñaba literatura.


En 1952 escribe en su diario: "…hay días que siento que si no fuera por la presencia de mi madre, me envenenaría…", y varios meses después agrega: "…la convivencia con mi madre es difícil, no tengo ni tranquilidad ni privacidad. A veces siento que los últimos años de mi vida son superfluos".
Reunió a su alrededor un grupo de escritores jóvenes, entre ellos Yehuda Amijai, Dalia Rabicovitz, Touvia Ribner, y se encontraban para comentar poesías. Lea se afectó por las severas críticas de Natán Zach a su libro de poesías "Tarde y Temprano" que se publicó en 1959, calificándolo de monótono y sentimentalista. Tampoco su carrera académica fue fácil: la academia jerosolimitana, únicamente hombres, no podía aceptar a una mujer en sus filas, y para colmo poetisa.


En sus últimos años de vida, los estados de depresión eran cada vez más frecuentes. Sentía que se estaba enloqueciendo como su padre, tomaba tranquilizantes y tenía deseos de suicidarse.
A medida que las críticas a sus trabajos eran cada vez más punzantes, dedicaba más tiempo a la pintura. Exteriormente, todo aparentaba corrección: fue reconocida como Profesor Titular en la Universidad y creó la cátedra de Literatura Comparativa. Cada verano salía sola a pasear por Europa, donde se sentía "como en casa" a pesar de la soledad.


En mayo de 1969 se descompuso y se declara un cáncer de pecho muy avanzado, que se extendió al pulmón. "¿Qué será de mi madre?" fueron sus últimas palabras. La madre falleció 12 años después.

FUENTE: LINEA DIRECTA
http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Newsletter/38352/?utm_source=Newsletter+LineaDirecta+Martes-TEA&utm_medium=28-06-2011%202da%20edic