viernes, 24 de agosto de 2012

Antropología del antisemitismo ¿Cómo surge la judeofobia y su perpetuación?




En un interesante ejercicio que propone analizar lo social sin entrar en el campo de la fe, el autor reflexiona acerca de los modos en que elpensamiento de “verdad única” propio de las religiones monoteístas, agravado con las formas de sincretismo cristianas y musulmanas, perpetúa sociológicamente el antisemitismo. Por el contrario, el politeísmo resulta más tolerante en su relación con el “otro”.


Por Mauricio Zieleniec*

¿Cómo surge la judeofobia? ¿Cuándo comienza? ¿Por qué se sostiene durante siglos y milenios? Rara vez, cuando hablamos o denunciamos el antisemitismo, nos preguntamos su origen; se suele analizar coyunturalmente, en situaciones inmediatas a los sucesos, pero no los orígenes que perpetúan y continúan durante milenios.

Un contraste para tener en cuenta y comenzar a entender

este fenómeno es saber, por ejemplo, que en Japón,

en plena Segunda Guerra Mundial, los judíos japoneses

que vivían en dicho país no fueron afectados, a

pesar de las fuertes presiones de la Alemania Nazi,

para que Japón, como aliado de su eje, implementara

su política de exterminio.

Lo mismo sucedió en otros países. Esto nos permite

recomponer el porqué de los orígenes del

“antisemitismo” (la palabra “antisemita” fue

generada en el modernismo, pero el concepto

viene de milenios atrás).

Tenemos que retornar a tiempos muy antiguos;

hasta el mismo momento en que el pueblo judío

tomó el monoteísmo. Es importante saber que

el monoteísmo tuvo trascendencia en el mundo

Occidental a través del judaísmo. Si bien hubo

otras creencias monoteístas, una de ellas fue

Akatenón en Egipto, no fue otra más que la

israelita la que trascendió a posteriori.


Monoteísmo versus politeísmo

El pueblo judío, al afirmar la creencia en un Dios

único, produce un cambio, un paradigma nuevo

en la sociedad antigua.

En el politeísmo coexistían muchos dioses.

Cuando un pueblo subyugaba a otro, le permitían

sostener sus creencias y dioses dejándolos en un

grado de jerarquía menor con respecto a los

pueblos dominadores (situación no absoluta en

la historia). Eso hizo del politeísmo, al aceptar

al otro, una forma mucho más tolerante, en

comparación con el monoteísmo.

Durante el exilio babilónico, el pueblo judío

tuvo amplitud en sus creencias aun siendo

Babilonia una de las grandes civilizaciones

politeístas de aquella época (589 a. C.). Esta

tolerancia a los israelitas permitió generar

nuevas riquezas en las Escrituras (como el

Pentateuco) partiendo y modificando las

propias creencias venidas de antes del exilio.

En Babilonia, incluso nos permitieron generar

las primeras “sinagogas” o lugares de reunión

en espacios abiertos para desarrollar y sostener

las creencias. El de Babilonia es un simple

ejemplo de cómo un poderoso imperio,

enmarcado en su concepción politeísta, fue

muy tolerante con los israelitas.

El monoteísmo fue modificando en forma negativa

la flexibilidad de la tolerancia, porque siempre

se piensa que existe una única verdad, un

Dios sagrado y único; por lo tanto eso limita la

tolerancia hacia lo que podía pensar el otro,

porque su manera distinta de pensar ataca la

creencia primera de un único Dios, “su Dios”.

En Extremo Oriente, donde predomina un

pensamiento no monoteísta, con países, regiones

o culturas que no han tenido influencias del

monoteísmo, como China, India, Corea, Japón,

entre otros, existiendo pequeñas colectividades

judías no ha habido antisemitismo. Con esta

experiencia, podemos notar que al no ser la

ideología dominante la monoteísta, ni la de los

sincretismos religiosos, los judíos han tenido

una situación muy distinta a la que conocemos

en Occidente. El citado caso de Japón durante

la Segunda Guerra Mundial es un acabado

ejemplo de la ausencia de prejuicios antisemitas

en la región.


Sincretismos religiosos


Otro de los elementos que compone la judeofobia es la existencia de sincretismos religiosos (cuando se toma la cultura de una sociedad o creencia; una parte la acepta y en la otra se genera una creencia nueva).
Ocurrió que desde el seno mismo del pueblo judío surgió

quien dijo ser un Mesías, Jesús; luego los católicos

concibieron que era ungido por el Espíritu Santo

en una trilogía que integraba a Dios (una unidad).

Jesús anduvo durante décadas en las sinagogas,

en la observancia y predicando divergencias que

surgieron dentro del judaísmo.

Hubo un momento de rompimiento del judaísmo

con el cristianismo; eso fue cuando se generó el

concilio de Jerusalén, allí comenzó la afirmación

básica de transformación; ese sincretismo

religioso es el cristianismo primitivo, que luego

evolucionó hasta el presente, habiendo partido

de la propia Torá.

El cristianismo, al igual que el judaísmo, no son

solo una forma de creencia y de fe religiosa; son a

la vez un fenómeno humano, y podemos interpretar

la parte humana desde un pensar sociológico,

dejado la creencia teológica como base, pero ajena

a lo social. Aclarado esto, podemos analizar lo

social sin entrar en la fe.

Cada una de las creencias marca los límites de

la diferencia con el “otro”. El otro es el límite;

no es el sujeto, ni el similar, sino que puede ser

el enemigo, o el que de alguna forma se tolera.

Y tolerar no significa que lo acepto, que me

congratulo con él, de alguna forma, al otro lo

tengo que tolerar para convivir con él o para “no”

convivir...

El cristianismo y posteriormente el islamismo

tuvieron que convivir con el judaísmo, el “otro”,

pero con el agregado de que ambos parten de

sincretismos y son religiones abrahámicas. El

hecho de que se constituyeron con sincretismos

del judaísmo significa un dolor, porque “el otro”

(el judío), es de donde el cristianismo partió en

sus bases religiosas y sagradas, por lo tanto se

siente muchas veces disminuido porque sus

mismas bases emanan de las escrituras originales

de la Torá, que es" del otro" y para tolerarlo,

como monoteísta, tiene que renunciar a su verdad

absoluta cristiana o islámica; hay una verdad

anterior: la Torá. Se potencializa de esta forma en

el mundo cultural-social, cristiano y musulmán

“una doble intolerancia”.


Significa que el sincretismo hacia el israelita,

presupone una “relativa” verdad; eso molesta y

hace más intolerable la relación con el “otro”,

el israelita. Recordemos, en la antigüedad se

desvalorizaba a los paganos por diferentes, pero

los hebreos, además de ser diferentes, son la

génesis de sus creencias; nuestra existencia es u

na contradicción potencializada, difícil de tolerar.


Esa cultura que nació traspasando lo teológico,

generó un rechazo “antisemita”. Por ejemplo en

Inglaterra, durante 300 años no habitaron

judíos en su suelo; sin embargo el espíritu

antisemita queda impregnado en la sociedad

cristiana, en su cultura dominante.


El desafío, a futuro, es el reciente cambio que en

este escenario genera el surgimiento de la

globalización, fundamentalmente en internet, que

ha generado una “aldea global”. Han aparecido

formas antisemitas tenues, en lugares donde

antes no existieron en milenios. Y a la vez, en

lugares donde sí existían, se han apaciguado

parcialmente. El diálogo judeocristiano, sin duda

apacigua estas contradicciones, pero la esencia

dialéctica social no cambia totalmente.


*Director de Identidad (mensuario de la

colectividad judía de Uruguay).


fuente: NUEVA SION- BUENOS AIRES