lunes, 5 de noviembre de 2012

ARGENTINA: Los judíos argentinos y el peronismo. Una entrevista al Dr. Raanan Rein de la Universidad de Tel Aviv.

Adelanto de la edición impresa
Los judíos argentinos y el peronismo
 Por: Darío Brenman












Raanan Rein se doctoró en Historia en la Universidad de Tel Aviv. Desde los años ’80, y a partir de su propia tesis doctoral, comenzó a investigar primero las relaciones entre la España de Franco y el peronismo para luego enfocarse en la relación entre este movimiento y los judíos argentinos. 

Estuvo en Argentina para presentar su nuevo libro -“Los Bohemios de Villa Crespo. Judíos y fútbol en la Argentina” (de Sudamericana)- y fue en ese contexto que Nueva Sión lo entrevistó acerca de cómo fue variando la posición de los 
judíos argentinos respecto a los diferentes gobiernos peronistas.


- Raanan: ¿Qué te motivó a trabajar el peronismo y su dimensión judía?

- En los últimos veinticinco años investigué distintos aspectos del primer peronismo,
desde lo social y cultural. Y en algún momento me quedó bien en claro la ausencia 
de la dimensión étnica en los estudios acerca de este movimiento, porque para mí en esta 
etapa no solamente se logró incorporar  en el proceso político a los diferentes grupos 
sociales que estaban en los márgenes de la sociedad, sino también a varios grupos 
étnicos que hasta los años ‘40 no se consideraban como parte integral de la nación 
Argentina, sobre todo me refiero a los argentinos árabes y a los argentinos judíos.

- Leyendo algunos de tus trabajos me doy cuenta que desmitificás muchas 
  cuestiones de las relaciones entre Perón y los judíos.

- Los trabajos sobre los judíos y el peronismo intentan desafiar algunos mitos que 
son muy comunes. Primero, se suele decir que los judíos estaban en contra del 
peronismo. Para mí eso es falso. Y eso tiene que ver con el hecho de que prácticamente 
toda la historiografía sobre las experiencias judías en este país, estuvo dedicada a la 
colectividad organizada, mientras que la mayoría de los judíos en Argentina nunca se 
ha afiliado a las instituciones comunitarias; entonces si uno estudia nada más que a la 
DAIA, la AMIA, los movimientos juveniles; o Hebraica, Macabi, Hacoaj, tiene una visión, 
pero si se aleja un poco de la colectividad organizada y pone la mirada en los judíos no 
afiliados a las instituciones comunitarias uno puede encontrarse con otra realidad.

- ¿Cuál realidad?

- El peronismo dividió a la sociedad argentina, como lo hizo también con los argentinos 
judíos; muchos estaban en contra del peronismo, como muchos otros a favor. Si uno 
mira el movimiento obrero y su apoyo inicial al peronismo, nos encontramos que dos 
de los sindicatos más importantes de aquel momento, la Unión Ferroviaria y la 
Confederación de Empleados de Comercio, tenían algunas personas judías en posiciones 
claves: por ejemplo el Secretario General de la Unión Ferroviaria, Rafael Kogan, 
argentino de origen judío, puso todo su peso para que este gremio apoyara a Perón.
 Ángel Borlenghi líder de la Federación de Empleados de Comercio, estaba casado con una 
judía y su cuñado tenía un papel importante en el sindicato. Los dos convencieron a la 
dirigencia de este gremio para que apoye a Perón. Otro ejemplo: una vez que el 
 peronismo decidió expropiar el diario La Prensa y pasarlo a manos de la CGT, a principios 
de los años ‘50, se pone en el suplemento cultural del diario un equipo de profesionales 
donde había varios intelectuales de origen judío, como por ejemplo León Benarós.

- A tu criterio, este prejuicio de algunos sectores de la comunidad judía hacia el 
peronismo, ¿tenía que ver con la asociación de Perón y los nazis o con una cuestión de 
prejuicio hacia quienes representaba socialmente su momento?

- Este tema de Perón y de los nazis no tenía un peso importante antes del secuestro del 
criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, en los años ‘60. Es decir, cuando el 
establishment judío decidió oponerse al peronismo, a mediados de los ‘40, la gente 
no era consciente de la entrada de criminales de guerra nazis en este país. Para 
mí esta hostilidad hacia el peronismo tenía que ver con el apoyo inicial de grupos 
nacionalistas como la Alianza Libertadora Nacionalista, el apoyo que recibió el 
peronismo de la cúpula de la Iglesia Católica, el hecho de que se trataba de un militar 
y luego, también, el tema de clase social.
Una parte importante de la clase media porteña se pronunciaba en contra del peronismo;
 y como muchos judíos pertenecían a este sector social, ellos tampoco le dieron al 
peronismo su apoyo político, pero debo decir que tampoco todos los judíos 
de los ‘40 pertenecían a la clase media, muchos pertenecían a la clase media-baja o a 
las clases populares, y como la mayoría de la gente de las clases populares, sí 
apoyaban a Perón.


- Argentina tuvo distintos gobiernos peronistas en la historia y uno que estamos 
transitando en este momento. ¿Podrías hacer un balance de la relación de los judíos 
con el peronismo durante esas etapas y como fue variando?

- Primero, Perón y el peronismo no son exactamente lo mismo. Es decir, una cosa es la 
posición del presidente Juan Perón a lo largo de sus tres presidencias, y otra cosa 
son las distintas corrientes, dentro de este movimiento tan heterogéneo que es y ha 
sido el peronismo. Si hablamos de Perón, está bien claro que, como presidente, nunca 
adoptó una posición antisemita y tampoco adoptó una posición hostil hacia el Estado 
judío, y esto por varios motivos, entre ellos porque Perón asignó una importancia e 
influencia exageradas de los judíos en Norteamérica. Además, el peronismo, en la 
segunda mitad de los años ‘40 miró con simpatía  a los judíos y su lucha, en contra del 
mandato británico para conseguir su independencia.

Las relaciones con Israel fueron excelentes a lo largo del período 1949-1967, aun sabiendo 
que la Argentina se abstuvo en la votación en la ONU acerca de la partición de 
 Palestina y el establecimiento del Estado de Israel. Por otro lado fue el 
primer país latinoamericano en abrir su embajada en este país, enviando a Pablo Manguel, 
como el primer embajador argentino.

Ahora, después de caer Perón, el movimiento pasa por distintas transformaciones. 
Hay una corriente que empieza a mirar con cierta admiración a los movimientos de 
liberación nacional en Asia y África. Cuando vuelve Perón al poder en el año 1973, 
él sigue manteniendo las mismas posiciones de antes con respecto a los judíos y al 
Estado de Israel, pero el movimiento peronista y el gobierno peronista de los ‘70 son 
diferentes de los de los años ‘50, ya hay una corriente que es muy pro árabe que 
mantiene una oposición muy crítica hacia Israel, hacia la ocupación de Cisjordania y 
Gaza y que intenta cultivar relaciones con líderes como Kadafi en Libia.

Durante las presidencias de Menem, el gobierno cultivó excelentes relaciones por un
 lado, con la comunidad judía organizada, y por otro, con el Estado de Israel. Menem 
también promovió las relaciones de la Argentina con los países árabes; no logró jugar
 un papel de importancia en el proceso de paz de Medio Oriente, sin embargo, sí 
provocó cierta suspicacia o sospecha por parte del Estado de Israel hacia 
su política internacional, pero en general, como él apoyó a la política estadounidense 
en el tema internacional, sus relaciones con Israel seguían siendo excelentes.

Otra historia son los gobiernos kirchneristas de los últimos años. Estos gobiernos 
son muy sensibles a los temas de Derechos Humanos; nunca van a adoptar una 
 medida antisemita. Sí, a diferencia de Menem, hicieron esfuerzos para investigar los 
atentados de los años ‘90. Sin embargo, su política hacia el Estado de Israel es algo 
distinta, para mantener la imagen progresista de su política exterior, necesitan 
 mantener una posición algo crítica hacia el Estado de Israel y sus políticas; sus 
relaciones con algunos movimientos populistas en América Latina, como el caso de 
Venezuela, tampoco ayudan a acercarlos a Israel; y sus relaciones conflictivas con 
EE.UU. igual provocan cierta incomodidad también entre los líderes israelíes. De modo 
que las relaciones son buenas, pero existe cierta desconfianza que no caracterizó las 
relaciones bilaterales en décadas anteriores.

- ¿Cómo evalúas el hecho de utilizar un tercer país para poder juzgar a los sujetos 
implicados en el atentado a la AMIA?

- Hay que distinguir entre dos planos: uno es el de las relaciones bilaterales Argentina-
Irán, y el otro es el contexto internacional. Mientras que yo sí puedo ver alguna lógica 
detrás de este último gesto hacia Irán, en el plano de las relaciones bilaterales, me 
es difícil entender el timming de esta decisión argentina, pensando en el contexto 
 internacional porque, precisamente, en un momento en que los países de Occidente 
ponen presión sobre Irán, este gesto está mal entendido por muchos en EE.UU., Europa
 e Israel, y da la sensación de que la Argentina, en los últimos años, maneja su política 
exterior como si hubiera dejado cualquier pretensión de jugar un papel de 
importancia en la escena internacional, es decir, está pensando más en las relaciones 
bilaterales con un país u otro, en los beneficios que una medida u otra puede conllevar 
para la Argentina, sin tener en cuenta también los procesos, los sucesos en 
la escena internacional.

fuente: Nueva Sion , 2 de Noviembre 2012