lunes, 30 de julio de 2012

ARGENTINA: Los peronistas tienen un bolonqui...



Juan Perón.


"Hoy, como miembro de esa generación, que ayudó a que Perón retornara a la Patria, desde el llano y como militante quiero decir también que 30 años más tarde de aquel '73 Presidente y Presidenta ya no luchamos por el retorno de Perón, sino por el retorno eterno de Eva, que volvió en los millones de puestos de trabajo, que volvió en los millones de jubilados y pensionados que incorporamos y que año tras año a partir del 2003, han visto mejorar su situación, sus haberes (…)",
Cristina Fernández de Kirchner (26/07/2012).

"El que se cree sólo evitista no es peronista",

Hugo Moyano (26/07/2012).


CIUDAD DE BUENOS AIRES. Este documento político pretende abordar una cuestión espinosa y polémica para los peronistas. Que adquiere relevancia cotidiana a medida que avanza el plan político liderado por Cristina Fernández Kirchner. No pretendemos clausurar el debate. Planteamos una serie de reflexiones a los fines de promover la discusión entre los peronistas y los no peronistas. Se trata de un abordaje sincero y militante. Tendiente a dilucidar un problema planteado desde las más altas cumbres del poder y que busca aniquilar la imagen histórica, política y doctrinaria del Teniente General Juan Domingo Perón.



Peronismo menemizado
Si el menemismo fue una de las etapas más controversiales del peronismo, el kirchnerismo se diferencia por una codicia de poder fundamental: aquél aspiró a ser la continuidad de Perón, éste a superarlo.

A Menem le tocó la época de vacas flacas, un nuevo orden mundial prepotente, la globalización avasallante, el fracaso del socialismo real, la tierra arrasada por la hiperinflación del 89. No había nada para distribuir. El Estado había colapsado. La audacia del riojano arrastró a todo el peronismo y así la Argentina inició una etapa de transformaciones económicas impensadas que los adversarios llamaron neoliberalismo; los aliados, realismo político; y los compañeros, actualización doctrinaria.

“Perón hubiera hecho lo mismo”, era el latiguillo justificador de las privatizaciones necesarias pero preñadas de corruptelas, de los ajustes sin anestesia, de los empleados públicos que devenían en kioskeros y remiseros.


Un contingente numeroso de compañeros y compañeras de la generación del 70 acompañó la osadía menemista. En nombre de la pacificación, Menem indultó a los militares de la dictadura y a los guerrilleros. Quedaron libres Videla y Firmenich. Fueron indemnizados los presos políticos, los exiliados, los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado. Así, la Argentina de la estabilidad económica, de la convertibilidad del peso y de inflación cero soñó con que ingresaba al Primer Mundo de la mano de las relaciones carnales con los Estados Unidos, la potencia militar más grande de la historia de la humanidad.


Menem lideraba una patria sin querellas que era capaz de repatriar los restos de Juan Manuel de Rosas y de vitorearlo en la Sociedad Rural. El supuesto heredero de Perón se abrazaba con Isaac Francisco Rojas.

Evita era homenajeada con el cupo femenino. Zulemita deslumbraba en la Corte británica y el Presidente venido de Anillaco –rompiendo el protocolo- le estampaba un beso en la mejilla a la Reina y en otra oportunidad bendecía al mismísimo Juan Pablo II.

En medio de la fiesta farandulera y glamorosa estallaban la Embajada de Israel y la AMIA.

Los peronistas, en su mayoría, vieron en Menem al líder de la época de la globalización, el hombre que sabía calzarle la montura a la evolución para cabalgar los nuevos tiempos, tal como lo había sugerido el fundador del justicialismo. El émulo de Facundo (que era unitario y se fungía de federal) forjaba la alianza liberal-justicialista exitosa en las urnas, los de arriba con los de abajo, eso que nadie había imaginado ni tampoco soñado. Apenas una minoría insignificante en términos cuantitativos, desertó del peronismo menemizado y formó el Frepaso progresista que terminó abrazado a Fernando De la Rúa. El resto es historia conocida.


A grandes pinceladas eso ha ocurrido en el mundo peronista de los 90. Sin embargo, luego del cataclismo de 2001 y de la emergencia timoneada por el dueto Duhalde-Lavagna –tras una salvaje devaluación y la modificación de los términos del intercambio-, la economía dio un giro espectacular. La soja pasó a ser el pulmotor de un nuevo modelo que hasta la actualidad ha dado dividendos electorales auspiciosos y de los otros, ni hablar. En este contexto de ingresos espectaculares nació el kirchnerismo que ha montado un aparato clientelista fenomenal con el objetivo excluyente de permanecer en el poder, enriquecerse y destruir a la disidencia aun con los métodos más perversos y violentos que se hayan conocido desde el advenimiento de la democracia.

La Nueva Era kirchnerista


Los protagonistas de los 90, con el peronismo menemizado, hoy son los profetas de la nueva era, pero hablan como si nunca hubieran hecho política y gobernado en esa década. Los frepasistas de la Alianza se subieron al tren de la victoria y son multitud. El relato oficial los cubre y les da los elementos de propaganda necesarios para -a fuerza de caja- convertir en dogma las mentiras más pueriles de nuestra historia reciente.

Así, Cámpora es más que Perón, Evita es más que Perón, el kirchnerismo es más que el peronismo. Cualquier opositor es socio de la dictadura, le hace el juego a la derecha, es un neoliberal ajustador. Ellos, la izquierda derechohumanista; el resto, la antipatria represora.
Nunca hubo –tal vez la Libertadora haya sido un precedente de lógica binaria- una simplificación tan rayana de los campos políticos e ideológicos. Pero los kirchneristas tienen la habilidad de cooptar a ingentes grupos de jóvenes que resultan tierra fértil para la siembra del relato que diseminan en las redes sociales y medios de comunicación solventados con recursos del Estado, es decir, con la plata de todos los argentinos.

También cooptan a grandulones que vivieron en carne propia los 70 y los 90 y que, sin embargo, ahora reivindican por un cargo la reescritura del pasado. Poderoso caballero es Don Dinero.



La torpeza de la oposición acérrima le hace el juego al kirchnerismo que demanda del “anti” para victimizarse y concentrar las virtudes de la pretendida epopeya nacional y popular. Los antikirchneristas en su afán por desmontar las mentiras del relato terminan repitiendo los lugares comunes del antiperonismo. Entonces gratuitamente el kirchnerismo se da un baño popular que no le pertenece por su acendrado populismo autoritario.

Justo es reconocer etnonces que el kirchnerismo prevalece por la ignorancia opositora, ignorancia de la historia reciente, nula aptitud para comprender la globalidad de los fenómenos políticos y de organizarse para elaborar una slternativa superior a la parafernalia existente.


Por tanto, nuestra tesis sostiene que la primacía kirchnerista en el campo político-ideológico se debe no solo a la cobardía de los peronistas históricos que se han callado por un sobre suculento a fin de mes, sino asimismo y sobre todo a la torpeza opositora, al odio ancestral y congénito de los sectores antiperonistas que todavía viven encapsulados en 1955 y soslayan –como hace el kirchnerismo- la evolución de Perón que regresó a la Argentina en 1972 para abrazarse con sus antiguos adversarios, sepultando el cinco por uno y promoviendo la unidad y el diálogo de los argentinos.


Es tanta la irracionalidad imperante, que muchos antikirchneristas llegan a simpatizar con la represión ilegal de la dictadura cada vez que estalla un escándalo de corrupción en el seno de algún organismo de derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo. Aceptar los crímenes de lesa humanidad porque Hebe de Bonafini haya delinquido con fondos públicos es colocarse en el papel de verdugos de miles de compatriotas que todavía esperan cristiana sepultura. Y eso ya no es de peronista ni de antikirchnerista es sinceramente una hijaputez antihumanista disponiendo de la información con que ahora se dispone.

Cafiero define

La incomprensión de Perón, los viejos odios prevalecientes, la barbarie discriminadora, generan el caldo de cultivo para que una nueva oligarquía encaramada en la historia de las luchas populares se erija en movimiento nacional cuando es negación del mismo en la forma y en la convicción. Y esto no lo afirmamos con fines partidarios ni ideológicos, sino que lo hacemos con el fin de despejar el enmarañado cúmulo de falsedades impuestas por el relato.

¿Qué pretende hacer la Presidenta cuando suelta de lengua expresa “ya no luchamos por el retorno de Perón sino por el retorno eterno de Eva”? Lisa y llanamente está borrando de un plumazo al General, al fundador del justicialismo, para reemplazarlo por Evita. Y Evita no es el peronismo, es una instancia particular, un momento supeditado a una estrategia política liderada por su amor, su cielo, su esposo, “su Coronel”. Entonces asistimos a un cambio ideológico que destruye 67 años de historia política. Y nadie dice nada, a ningún peronista se le mueve un pelo, todos hacen la vista gorda, dejan pasar el arrebato. Nosotros, no. No lo dejaremos pasar.

¿A quién se le puede ocurrir luchar por el retorno eterno de Eva? ¿Es una prioridad de Estado? Solo a alguien con ínfulas fundacionales. Porque en todo caso a un peronista le debiera preocupar actualizar el corpus doctrinal heredado y no tirarlo a la basura. El peronista tiene que buscar la instauración del justicialismo actualizado, de la continuidad del magisterio y la acción, estudiando a Perón, un clásico de nuestro tiempo que por ser clásico jamás envejece. Pero los kirchneristas comenzaron en 2003 con la cantinela de la Triple A, con la primavera camporista, hasta colegir que “el viejo los había traicionado”.

Por eso, es coherente la Presidenta al afirmar que ya no lucha por el retorno de Perón, ella y su generación ya lo hicieron y el viejo los traicionó… Y traición con traición se paga.

En esa lógica perversa, propia de la juventud montonera expulsada de la Plaza por el General el 1 de mayo de 1974, se edifica el andamiaje político-ideológico del kirchnerismo cristinista, que hizo su debut estelar el 27 de abril de 2012 en la cancha de Velez Sarsfield, prescindiendo de la estructura del PJ –que deja mucho que desear- y del sindicalismo amigo. Es el tercer intento por superar al peronismo (el primero fue la transversalidad; el segundo, la Concertación Plural).

El evitismo presidencial denota una fortísima carga de odio hacia el fundador del justicialismo, quien a su regreso definitivo a la Patria, por ensayar un peronismo amplio y generoso, unificador de las fuerzas populares y democráticas, proclive al diálogo y la reconstrucción nacional, fue incomprendido por los sectores paracaidistas de la juventud (los jóvenes adoctrinados nunca desertaron) y pasó a ser el enemigo de una minoría que se arrogó –y se arroga- la representación dela Generación del 70.


La confluencia del evitismo setentista con los frepasistas cómplices y protagonistas del estallido de 2001 (ambos desertores del peronismo, vale destacar) ha convalidado la emergencia del partido populista en ciernes que como durante la tragedia del montonerismo –aunque la mayoría de los actores carezcan de militancia montonera, mucho menos los gerentes de La Cámpora- sienten aversión por el movimiento obrero organizado, ya que su matriz ideológica progresista considera al sindicalismo una corporación.

Y basta con oír a la Presidenta para saber qué consideración les merecen las corporaciones, más allá de la validez del discurso, la más de las veces plagado de inexactitudes y de gruesas fallas de conocimiento.

En definitiva, la Presidenta está consumando lo que no pudo hacer su difunto marido que sentía escasa pertenencia al peronismo, al que se acercaba por especulación para sofrenar las contracciones electorales. Antonio Cafiero fue uno de los pocos –sino el único- dirigentes de fuste que se le plantó a Néstor Kirchner en vida y le marcó la cancha. Néstor quería reemplazar al peronismo por la denominada “transversalidad”. El intento falló.

Leamos a Cafiero:
“Kirchner y Cristina, a su manera, eran renovadores. Yo en tren de integrar, siempre he dicho que Kirchner llega en una nueva etapa del peronismo, en una nueva época del país y del mundo. Aunque él comienza a querer sustituir al peronismo, idea que todavía tiene (2009). ´Que me equivoque, Néstor. Podés decir lo que quieras, pero yo sé que en tu imaginario querés crear una cosa que nos supere a los peronistas, que considerás que el peronismo ya cumplió una etapa.

Que ahora hay que buscar nuevas formas de representación política, un frente de centro izquierda; te olvidaste de la transversalidad pero encontraste la Concertación, siempre has buscado algo nuevo, distinto, superador del peronismo´. Yo tengo la impresión, lo he discutido inclusive con él, de que Kirchner no nos quiere a los peronistas, pero nos necesita. ¿Por qué digo que no nos quiere por más que ahora cante la marcha? Porque ellos vienen de una tradición, no quiero ser injusto, setentista, que forjó en ellos el imaginario de que Perón fue un gran traidor a los ideales de la juventud a la que convocó para volver al poder y después los echó de la Plaza”.


Y aquí viene una joyita que merece una atenta lectura y reflexión acerca de esa convicción juvenil, supuestamente acertada para los kirchneristas, pero que Cafiero rechaza de plano:

“No, yo creo que ellos se equivocaron, ellos no se dieron cuenta, ellos querían o usaban al peronismo como trampolín para quedarse con el poder de las masas. Desparecido Perón ¿quién se quedaba con el poder de las masas? Y, eran ellos. Para nosotros los peronistas, en lo que concierne al imaginario social y económico, no tenemos mayores diferencias con el progresismo. Donde chocamos es en el imaginario cultural. Es decir, el peronismo, lo digo sin pudor, culturalmente es de derecha. Esta es la esencia del peronismo. Nosotros estamos contra el aborto, por más que yo represente el proyecto de ley de divorcio”.


Las advertencias de Cafiero comienzan a cumplirse y la Presidenta eligió el 60 aniversario del fallecimiento de Evita para detonar la bomba de la traición, del pasaje brutal hacia un nuevo conglomerado político que se reconoce peronista en cuanto le sirve para asociarse a un movimiento histórico, pero al que niegan desde la perspectiva doctrinaria. ¿Un radical niega a Yrigoyen? ¿Un comunista niega a Carlos Marx? ¿Un desarrollista niega a Frondizi? ¿Un demócrata progresista niega a Lisandro De la Torre? ¿Un socialista santafesino niega a Guillermo Estévez Boero?


Uno de los lenguaraces supinos del kirchnerismo supo aconsejarnos que nos metiéramos la marchita en el trasero. Eran los días de la obsecuencia y de la defección brutal. ¿Cómo se puede ser peronista negando a Perón, a su cultura, a su doctrina? Es un absurdo. Para ser peronista se requiere adherir al pensamiento, la obra y la figura de Juan Domingo Perón, con crítica y autocrítica, lo que de ningún modo implica la negación tajante del justicialismo a través de la creación de una fuerza superadora desde el Estado.

La salida que los kirchneristas encuentran para eludir la traición que encarnan es la sempiterna alusión al peronómetro. Como son relativistas, apuran con que nadie está en condiciones de determinar quién es más peronista que otro. No es necesario hacer este ejercicio intelectual ni de apelar al citado peronómetro. Ellos se muestran de cuerpo entero en la palabra y la práctica. Cafiero se los señaló con precisión. Hugo Moyano, también.

El pez por la boca muere.

fuente: urgente24.com

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG

"BOLONQUI": REVES DE "QUILOMBO".
En el el dioma popular de la calle argentina
(Lunfardo) muchas veces se usan palabras 'al vesre"
(o sea "al reves")

"Quilombo":tiene varios significados :desorden,
desastre, desorganización en grado extremo.


1) En la epoca colonial Argentina:
"Comunidad de esclavos cimarrones que, durante
la época colonial en América, se organizaban
para su subsistencia y defensa independientemene
de la autoridad colonial
  • Ámbito: Bolivia, Chile (sur), Paraguay,
  • Río de la Plata
  • Uso: malsonante

3)

fuente:1=2+3) http://es.wiktionary.org/wiki/quilombo

(wikcionario)

Tambien significa "Prostíbulo" (así fue usada
en el siglo XX en Argentina, y seguramente hay
gente que lo sigue usando) ) o "burdel".

Pero la palabra "burdel" no es usada en Argentina,
viene del frances "bordell".Tal vez se lo puede
leer en libros traducidos al castellano usado en
Argentina.

"Prostibulo" es la palabra del diccionario
oficial.