martes, 9 de octubre de 2012

Juan L. Ortiz: Naturaleza y mística por SUSANA ROZAS



La imagen pertenece al artista Ricardo Ajler

Juan L. Ortiz:  Naturaleza  y mística
por SUSANA ROZAS

Dedicado a Lina Macho Vidal por JLO: su cosmovisión oriental.

El libro está encabezado con el siguiente poema:  

Madre Poesía que estás en el río
sin mar:
haz, haz que ella sea en la línea que tiembla
por los latidos de él
cuando llegue la hora de ella
bajo las espumas y las velas
como otra onda secreta que sube y sube
para ti…
                        ( de “El junco y la corriente”)

Juan Laurentino Ortíz (1896, Puerto Ruíz, 1978, Paraná) En 1971 se edita  En el aura del sauce, 1996.Obra Completa donde se agregan poemas, ensayos, notas inéditas)
El reconocimiento al poeta entrerriano le llegó antes en el exterior que en su propia tierra, inclusive creo que los que habitamos en la zona lo leemos, no sólo por sus ideales políticos como también por su postura filosófica.

Su viaje a China, a los 61 años durante el gobierno de Mao,  junto con otros escritores invitados por países socialistas, marca ondamente su obra. Allí se encuentra con un pueblo en que la metafísica budista es venerada desde antiguo. Su aspecto, su personalidad, su serenidad,  reflejan una actitud semejante  a la de los pueblos orientales.

En 1970 la Editorial Constancio C. Vigil había publicado “En el aura del sauce”, compilación en tres tomos con prólogo de Hugo Gola. Este título nos presta las señas del camino a seguir ya que nos encontramos con el término  “aura”, definido como materia sutil que envuelve la forma existente y “sauce”, no sólo por haber  árboles de estos  en Entre Ríos, de donde es Juan L. sino por que  es tomado como símbolo y se puede comparar con los de Budha y Lao-Tsé. 

Entonces podemos hablar de aquel poeta que cierta vez, en su Entre Ríos natal, meditó bajo el aura extensa y acogedora de un árbol a fin de entregarnos una poesía lúcida sobre la cual serpenteaba un río simbólico y casi eterno con distintos nombres terrenales.

“En los poemas de Ortiz surge una y otra vez el conocimiento del canon budista. El príncipe indo Siddartha Gautama, el budista, el Iluminado, alcanzó el despertar (bodhi) bajo el árbol Bodhi o de la sabiduría, el árbol Asvattha, luego  de una meditación de siete días. En cuanto a Lao-Tsé al abandonar la corte de los Chou hacia tierras desconocidas de Occidente, fue reconocido por el guardián de la barrera de Han-Ku, Yin Hsi, quien  le ofreció su casa para que escribiera cómodamente; pero el fundador del taoísmo replicó: “Nada de eso. Quiero hallar un árbol y sentarme a su sombra. Así fue como, con su estilete de bronce y sobre tiras de bambú, escribió “El clásico de la  vida y su virtud, el Tao Tsé-Ching”.
Juan L. trabaja con varios códigos simultáneos, esto es: místico, hermético, esotérico, budista, cristiano, etc. para expresar un mensaje enraizado en un panteísmo develado por la intuición: esto es típico de la mente poética. Se trata de una captación plural de la realidad, no de una reducción de la misma. No minimiza lo real-conocido sino que asedia lo real-desconocido.: según el psicoanálisis se ubica en el inconsciente, en la textura de los sueños…En un profundo sueño de éxtasis y transmutación alquímica se suceden las imágenes:

Viniste al sueño
(…)
La frágil voz aquella sobre tu propia llama  en medio de las otras encantadas,
y el maleficio aéreo y vago, tenuemente vibrado, entre los soplos de una dicha madura,
del Enero anochecido ya como otro amor que no concluía de darse…

Los anchos ojos, niña, con su quieto extravío en un infinito país de lazos,
e iguales que el cielo último con no se sabe qué de azoramiento y de consentimiento a la vez,
gotas del cielo último, anchas gotas, leves violetas por ceder
a la densa penumbra nupcial que subía, suspirada…

Viniste al sueño, dulce niña lejana, ahora mujer
con los ojos usados pero húmedos de la interior luz del cariño,
cernida acaso en la ilusión larga, larga, de no sé qué cuidados…
Dulce niña lejana, ahora mujer con los cabellos grises
y los modos confiados de una misteriosa relación anterior.”
                                                           (de “La brisa profunda”)

En su viaje a China, realiza una experiencia mística que lo llevará también a ahondar en la tradición hindú y llega a la meditación; conoce la enseñanza que se adquiere con la práctica del “mandala”.

Mandala es una palabra sánscrita que significa cerco, círculo simbólico diagramado que se utiliza para meditación y transmutación, hay infinitos como seres humanos, como alegoría de nuestra realidad interior o conciencia liberadora.

 El mandala clásico de muros, con forma de rayo, flor de loto, dibujos geométricos, con diferentes tonos de colores no es una construcción arbitraria. “Con su ayuda el hombre realiza la tarea de desintegración “del uno en lo múltiple” para luego obtener “la reintegración de lo múltiple en el uno” con una intuición totalizadora del universo. Este es uno de los más importantes temas de Juanele. En los antiguos mandalas sólo había símbolos y letras. Cada vocal simboliza un momento de expansión cósmica, que el poeta, en este caso, conoce, muy bien.

Dijo Juan José Saer: “…podemos decir que el paisaje, que ocupa un lugar tan eminente en la poesía de Juan, no es la consecuencia de un determinismo geográfico o regional, sino una proyección de su percepción del mundo y de su concepción de la poesía. esa concepción es de índole materialista, no en el sentido de una noción que se opone al espiritualismo (…) sino de un deslumbramiento ante la proliferación enigmática de materia que llamamos mundo. Para la poesía de Juan el paisaje es enigma y belleza, pretexto para preguntas y no para exclamaciones, fragmentos del cosmos por el que la palabra avanza sutil y delicada, adivinando en cada rastro o vestigio, aún en los más diminutos, la gracia misteriosa de la materia”.


FUI AL RÍO

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río.

 (de El ángel inclinado)

En su aislamiento conoció la libertad de los compromisos, logrando ser él mismo en todo momento. Las influencias recibidas fueron múltiples a través de sus variadísimas lecturas. Si bien se considera que los surrealistas belgas fueron sus primeros maestros, todo ese caudal de aprendizaje lo condujo a una armonía globalizadora, logrando la autonomía “en su propio idioma”, “la coherencia de sus leyes internas” reconocibles en su ritmo, puntuación y silencios más allá de la evolución de su poesía hacia líneas más extensas, en indagaciones revulsivas. Entra así en la simbiosis entre lo coloquial y lo literario, sin amaneramiento y hasta se permite la licencia de una lírica narrativa.
Su poesía se caracteriza por momentos de condensación y otros de máxima extensión.
Sólo vamos a ejemplificar lo que hereda y transmuta  de Rilke, esa noción de pregunta que no espera respuesta sino meditación…

TARDE

El mundo es un pensamiento
realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud, el mundo
ha brotado. Ha salido
de éxtasis, de la dicha,
llenos de sí, esta tarde,
infinita,  infinita,
con árboles y con pájaros
de infancia ¿de qué infancia?
¿de qué sueño de infancia?

 (de “El agua y la noche”)

AQUÍ ESTOY A TU LADO

Aquí estoy a tu lado mujer mía que duermes,
solo.
La noche es una curiosidad tímida
a través
de la madreselva.
(Será en los campos una solemnidad
de giro armonioso,
mágico,
acompasado de grillos y suspirado de aguas).
Estoy solo a tu lado, mujer mía.
¿Qué sueño
agitará tu pecho?
Aquí estoy a tu lado, solo, mujer mía.
Qué será de nosotros
de aquí a doscientos años?
Qué seremos ¡Dios mío! qué seremos?
Dentro de cien,
dónde estaré yo?
¿Tendrá la noche estival,
entonces, la forma que ahora tiene?
¡Y habrá una soledad
que gemirá
en esta misma pieza,
al lado
de la mujer dormida?


UN CANTO SOLO

Un grillo, solo, que late el silencio.
A su voz se fijan
los resplandores
errátiles
de las estrellas
que tienden hilos vagos
al desvelo
de las flores, las hierbas, los follajes?
O es una tenue voz aislada
junto al arpa que forman esos hilos
y que hace cantar la noche
con su último canto
secreto?
No oigo
ya
el grillo.
Vibra un canto
sutilísimo, profundo,
hasta cuándo…?

Los cantos de los gallos
quiebran metales tristes, irisados,
que no son de este mundo,
de qué tímida alba
que aún no ha tocado las estrellas
pero que sienten ya
el río                                        
y las alas?:
pálido serafín que se asoma a los cielos
con un agudo, casi desgarrado, heraldo.

  (de “El agua y la noche”)


                              ELLA
(de “La brisa profunda”)

Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
_ala del paisaje y del alma de un país, con su polen…

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume…
a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito…

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín…

mas es el don absoluto, y la ternura,
ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones y los latidos
para el encuentro en los abismos…

mas tiene cargo de almas, y es la comunicación,
el traspaso del ser, “como se da una flor”, en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma…

Y no busca nunca, no, ella…
espera, espera, toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche…


(de “La mariposa profunda”)

El espíritu taoísta de Juanele, requiere  silencio para el templo que él realiza donde sólo la naturaleza puede perturbar el destino de la naturaleza

FUENTE: TEXTO LLEGó POR INTERNET
ILUSTRACION: http://www.elortiba.org/juanele.html 

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,

Conocí en mi juventud al gran poeta JUANELE, como todos lo llamaban. Vivía en una sencilla casa en la ciudad de Paraná. Allí lo visite junto a mi querido amigo, Leonardo Senkman, paranaense orgulloso, hoy Profesor/Dr. en Historia, en la Universidad Hebrea de Jerusalen.Editor y escritor, historiador de fama internacional.

JUANELE era sencillo y delgado, casi anorexico... Tomaba mate y hablaba despacio, lentamente. Era el Gran Poeta argentino, a pesar que muchos lo ignoraban.

A su casa acudían poetas y escritores jovenes y no tan jovenes, especialmente de la zona litoral. 

Juan Jose Saer y Hugo Gola, dos amigos  santafesinos lo visitaban asiduamente, y JUANELE era como un GURU de la Poesía para todos ellos. 

En aquellas epocas no se había construído todavía el Tunel subfluvial que une Paraná con una de las islas santafesinas, y que luego logró acortar el tiempo de duración de los viajes entre ambas ciudades capitales de las dos Provincias del Litoral argentino.

Había que viajar en una lancha "apretados como sardinas," en un largo, monótono y cansador viaje que demoraba casi dos horas....

El calor y la humedad del Río Paraná se mezclaba con los fuertes olores del combustible de esas lanchas y los mosquitos isleños, haciendo del viaje una molestia.

Pero conocer a Juanele, conversar con  el y recibir uno de sus libros autografiados y dedicados, justificaba cualquier cansancio.

Despues de cinco decadas conservo en mi memoria su imagen .Una foto que nos sacaron juntos en una charla suya en el Club Universitario de Santa Fe está entre mis recuerdos, junto a ese libro de hojas amarillentadas por el tiempo, impreso con letras pequeñas y delgadas, similares a su figura.  

Que lejos esta JUANELE en el tiempo!
Pero siempre cerca en el corazón, junto a mis recuerdos juveniles .

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo