lunes, 1 de octubre de 2012

ARGENTINA: HABLA POPULAR-La nueva jerga de los argentinos / EL CHAMUYO DE LA CALLE





Hace un tornillo bárbaro. Al chino le falta un jugador. Si cerrás el teje cobrás un diego. Flashee y ella no quiso transar. Por la yuta tuvimos que descartar todo. Los bolitas se comieron un garrón.

La escena transcurría en la sala de espera del hospital zonal, donde un puñado de personas compartía los bancos a la espera de ser atendidos.



“EL OTRO DÍA HICIMOS BOCHA DE BARDO. HABÍA UN PAR QUE LE FALTABAN ALGUNOS CARAMELOS DEL FRASCO. ALTA PARTUZA FUE...” le dijo un pibe de gorrita a otro que tenía sentado al lado.
“SI, ESTUVO JOYA. TODOS LOS CHABONES TERMINARON RE SACADOS Y UN PAR SE HICIERON LA PELÍCULA....UN DESCONTROL”, le contestó el pibe con palabras más cerradas que el cielo que amenazaba con llover otra vez.

Un “paisa” de algún paraje de la línea sur, sentado enfrente, escuchaba concentrado y boquiabierto la conversación y trataba de dilucidar si era en lengua castellana la “conversa” que estaban teniendo entre estos chicos de los barrios Altos de Bariloche.
 Al rato sonó el teléfono celular que una muchacha llevaba en mano y en un par de oraciones bimembres repitió varias veces las palabra “corte”, “tipo”, “onda”, y “ re”....
Misma lengua, distintos léxicos en la misma sala de espera.
El lenguaje de los argentinos se encuentra en constante mutación. Siguiendo la tradición del lunfardo, esta nueva jerga popular sirve de inspiración para que nuevas palabras se sumen al vocabulario cotidiano de la comunicación ciudadana.
El lunfardo se resiste al olvido en pleno siglo XXI y se renueva constantemente, tomando sentidos e interpretando, con una dosis de humor, picardía o pesimismo, la forma en que los argentinos ven al mundo.
“Con el aumento de la exclusión social en el habla de los jóvenes, comenzaron a utilizarse vocablos de campos delictivos o marginales. En el pasado se aprendía en el café, la esquina, con la barra y escuchando hablar a los mayores. Hoy en día, se aprende mirando la TV, en los ambientes del rock, las bailantas, en la cancha o en las carreras”, afirma José Gobello, presidente de la Academia porteña del lunfardo.
Palabras como transa, descarte, limado, buchón, aguante... quedan instauradas en todos los tejidos sociales y son intercambiadas por hablantes de todos los sectores, sin importar la edad, el sexo o el nivel socioeconómico.
Así es como no es lo mismo “ser masa” que “dar masa”. Ni tampoco es igual “ser gorra”, que “estar de la gorra”. “Descartar” en lunfardo no viene precisamente de quitarle la carta al otro. Y “meter caño” no es una jerga minimalista de los plomeros. “Grosso” no es el apellido de un corrupto ni “bocha” menciona exclusivamente del legendario 10 de Independiente de Avellaneda. “Curtir” no habla de trabajar el cuero, sino de tener relaciones sexuales.
Cientos de palabras adquirieron forma de conceptos ya instaurados en la sociedad y se convirtieron en moneda corriente, enriqueciéndose en el uso diario, transformándose -en definitiva- en una marca de identidad de lo argentino.
Con el paso del tiempo, el lunfardo cambia y muta, intentando ser reflejo y testigo de los cambios sociales que se suceden. Y muchas veces queda la sensación de que no es sólo una travesía lingüística, sino también una visión más profunda de la metafísica del país.
Confirmando lo que señalaba Ernesto Sábato, acerca de que “el lenguaje lo hace el pueblo”, estas nuevas palabras comenzaron a teñir los libros, textos y poemas, hasta llegar a la actualidad.
 Este modo de expresión popular es un conjunto de palabras y expresiones usado por el hablante en oposición a la lengua en general, es decir, al léxico del español corriente.
Y una palabra solamente nace cuando el hablante no tiene una mejor para expresar lo que se quiere decir.

    
ESTÁ MEDIO CHAPITA, PERO ES UNA MASA

--Martes 19.30-- Una adolescente le dice a otra refiriéndose a un muchacho ausente en la conversación.
El léxico pertenece al vocabulario de una lengua o región. Pero dentro mismo de una ciudad, (y “ni hablar” de una provincia) se manejan diferentes formas de expresarse mediante la palabra.
Tal es así que a veces para entablar un dialogo con personas de “más barrio adentro”, pareciera que es necesario un traductor comunitario para llegar a comprender el mensaje en forma íntegra.

Existe algo curioso y es cuando una misma palabra, pronunciada en diferentes contextos y por diferentes personas, puede tener distintos significados. Funcionan como contraseñas. Son códigos, leyes no escritas, aceptadas tácitamente por los individuos.
Esta resignificación de la palabra, por ejemplo, se da en el vocablo “gil”, con el que se denomina al agente policial por parte de los jóvenes pertenecientes a los barrios más excluidos de la ciudad.
Es la forma de hablar de los barrios más postergados la que lleva a que ninguna oración o palabra emita un significado que se pueda asociar con el sexo.
De esta manera, y siguiendo a rajatabla (¿o a full?) el manual de vocabulario de los barrios, ninguna oración contendrá como última palabra a la palabra “esta”, porque es como dejar la mesa servida para las bromas.
Como si fueran fundamentalistas de la lingüística, asimilan que bajo ningún punto se puede decir palabras que connoten, aunque sea remotamente el sentido fálico.
“Con la palabra “esta” todos nosotros la llamamos a “esta”, señalando con su mentón hacia abajo y haciendo un claro movimiento de pelvis, me explica uno de los chicos.
Otro ejemplo es que a los huevos de gallina no los denominan huevos, sino “producto”, o a lo sumo “producto avícola”.
Cuando hablan entre sí, por momentos la charla parece transcurrir en jeringoso y a la hora de tomar la merienda, no dicen “vamos a tomar la leche”, sino que enuncian “vamos a tomar vaca rayada”, en clara estrategia para eludir al lácteo.
La Real Academia Española quedaría desconcertada en un mano a mano lingüístico en muchos de los barrios del país y Latinoamérica en general.

“Empezamo’ con “la cajita feliz” entre toda la vagancia, despué’ quemamo’ un pinito y bajamo’ para abajo para el baile. Pero las pibas eran más feas que azafata del tren fantasma. No le dimos ni cabida. Igual estuvo piola ....”
Este relato del fin de semana mantiene códigos dentro, especies de contraseñas, que hacen que este mismo mensaje quizás no sea comprendido en otro contexto. Las “eses”, los acentos, la puntuación y otros tecnicismos quedaron en el olvido, como tantas otras cosas.
En cada esquina, en los bares, o el colectivo, ante cada grupo minúsculo de personas, se escuchan estas nuevas palabras que son utilizadas como una especie de guiño o de código y que hablan de un país y una cultura particular, conformando el lenguaje de los argentinos. Estas palabras sirven hoy en día para unir bajo un mismo idioma a generaciones diversas, que aunque a veces con dificultad, pueden seguir entendiéndose entre sí.



  CUADRO:  EL LUNFARDO ESTÁ DEL MOÑO

Nacido a fines del siglo XIX como un recurso para nombrar lo que debía quedar secreto en alcobas, bares y cárceles, el lunfardo es el fiel resultado de los cambios culturales y sociales que vivió el país en todos estos años.
Esta nueva manera de hablar, deforma al castellano original, permitiendo el nacimiento de  palabras más expresivas y sonoras que describen con exactitud lo que el hablante quiere decir, tuvo un aporte fundamental con la llegada de los inmigrantes que traían en sus dialectos el germen de todos los cambios posteriores: dificultades fonéticas, diferencias lingüísticas y sintácticas distantes del idioma castellano y un inventario de léxicos que contribuían a mezclar y confundir en sus significados.
Así, nacieron conceptos que tienen vigencia hasta hoy, como la palabra “yuta”, que viene del lunfardo yusta, derivado del italiano giusta, que en definitiva significa policía urbana.
Otra palabra que todavía tiene gran significado en la sociedad es “escrache”, que adquirió un fuerte sentido cuando los hijos de los desaparecidos la empezaron a utilizar como título de denuncia de los domicilios de represores de la dictadura.
Esta no es la única conexión que existe entre el lunfardo y los militares. Ya que 1943, el régimen de facto del general Pedro Ramírez prohibió la utilización del lunfardo, en procura de mantener la pureza del idioma. Esta disposición causó preocupación entre los letristas y la gente en general, que proponían irónicamente cambiar el título del tango “Yira yira”  por  “dad vueltas, dad vueltas”. Tal  ridícula medida estuvo poco tiempo en vigencia y  el lunfardo, como parte del idioma de los argentinos, se impuso.

CUADRO II: LENGUAS VIVAS
La lengua tiene vida propia sin esperar normas académicas. Cambia y se transforma a pesar de los cánones.
A fin del año pasado y en contrapartida al Congreso de la Lengua Española, se desarrolló en la ciudad de Rosario el primer congreso de laS lenguaS, mediante el esfuerzo y entusiasmo de las organizaciones de Derechos Humanos, Cooperativas y Pueblos Originarios. En este interesante espacio se debatieron las identidades y los valores culturales de las lenguas. Con “S” mayúscula al final, porque no hay una sola lengua, hay muchas, y ese congreso busca el reconocimiento de una Iberoamérica pluricultural y multilingüe.
Las diferencias entre los dos congresos fueron abismales. Y así lo entendieron Ernesto Cardenal, poeta y sacerdote nicaragüense, y José Saramago, Nobel de literatura, visitantes ilustres del congreso de laS lenguaS.
Este evento se realizaba en contrapartida del Congreso de la Lengua Española que transcurría en la misma ciudad y los mismos días y que era organizado por la Real Academia Española, con la (¿“ilustre” o “ piola”?) visita del Rey de España y con el auspicio de las empresas españolas Repsol YPF y Telefónica, bajo el título “Identidad lingüística y globalización”.

LUNFARDEADAS DE BARRIO ADENTRO

PUNTERO: Persona que compra votos o vende drogas.
RANCHADA: Lugar donde conviven los chicos de la calle.
VIOLETA; GIGLIO
BARDEAR: Hacer lío, cometer un error.
PERDER: Caer preso.
TUMBA: Cárcel.
LIMADO / QUEMADO: Persona excedida en el uso de drogas.
DESCARTAR: Deshacerse de armas o drogas.
TUMBERO; preso viejo, reincidente
MOJAR: Tener relaciones sexuales.
PACO: Pasta base de cocaína sin refinar.
GUANACO; Adolescente atrevido, audaz.
FANY: pegamento que se inhala. Poxirán.
RADICALES; chorizos
AGUANTA LA MECHA; esperar, aguardar
TOCAR; partir, irse
DE VUELO; realizar una acción  en forma rápida, veloz.
NAFTA; poder.
TODO PIOLA; todo bien
DESCANZO; gastada, burla
PAPEO; comida

FUENTE: http://www.tomemos.com.ar/lacalle.php?

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,

Felicito a los editores de la pagina web 'TOMEMOS'
"Desde Bariloche, Patagonia Argentina para todo el mundo 
Hispanico (por ahora)" e invito a mis lectores/as a visitarla. 
Siempre encontrarán algo interesante, simpático,etc.

Lic. Jose Pivín