lunes, 31 de mayo de 2010

Diccionario Gay Lesbico, del filólogo español Félix Rodríguez González




Por Liliana Viola

De buenas intenciones están hechos los malos diccionarios. Lo cual no impide que resulten, por eso mismo, los libros más divertidos, fuente de equívocos, lapsus y bromas para amenizar las tertulias. El filólogo español Félix Rodríguez González declara en el prólogo de su Diccionario gay lésbico que emprende este trabajo de investigación, luego de dedicarse al argot de los reclusos y el de los drogadictos, con intenciones loables entre las que figura visibilizar, dar herramientas a estudiosos del tema y "terminar con la asociación primitiva de la homosexualidad con la perversión, el desorden de la conducta y el pecado". Eso no quita que las palabras perversión, desorden y pecado aparezcan con una insistencia sospechosa a lo largo del libraco. Que la primera entrada sea "abierto" ya es indicio de que no se cumplirán al pie de la letra ninguna de las buenas intenciones, y que hay diversión asegurada.

“Abierto” se define como "Con el culo abierto para ser penetrado". Tal proeza de la investigación lingüística que define “activo” como “lo contrario de pasivo” se completa con una cita literaria, como se estila en los diccionarios de uso, donde el término aparece en su contexto. Estas citas transversales, invitación a nuevas lecturas, pronto demuestran, por acotadas a pocos autores entre los que abundan científicos, médicos y psicólogos, que no será una buena idea aceptar. Hay algunas gemas, sobre todo citas de artículos periodísticos, personajes de la farándula y cotilleo entre líneas que alimentan un rato más la curiosidad que despierta este compendio. Más temprano que tarde caemos en la cuenta de que se trata de un diccionario escrito y pensado en España: moña, minera, bolliliendre, barrangancillo son algunos de los términos de otro planeta. A no sentirse defraudado porque este libro está lleno de palabras que no se usan en el ambiente, después de todo tiene su gracia enterarse de con qué sonidos se llaman a las mismas cosas. ¿Entiendes? y ¿Estás solo? serían según el autor, dos contraseñas nacidas en los años de la clandestinidad para identificarse y no caer en una pileta vacía o en la cárcel. A esta altura se hace imprescindible advertir, si alguien quiere usar este diccionario para entablar un chat amigable con algún ibérico/a, que la mayoría de las palabras escogidas resultan ser a la larga y a la corta, insultos y bestialidades homofóbicas. Infinitas maneras de decir gay o lesbiana en forma de agravio insisten y se complotan haciendo pesado el chiste. Y eso que el autor adelanta en el prólogo que el argot homosexual tiene mucho de humor, de ironía y de connotaciones sexuales... Es que los gays son tan divertidos que se hacen un festín con los términos descalificadores. Además de dividir el mundo en homosexuales y lesbianas, haciendo oídos sordos a su propia defincion políticamnete correcta del término homosexual, deja a la buena de Dios a la intersexualidad y a la transexualidad, dos conceptos que se resisten a su trabajo de corrección. Así, “intersexual” es “el individuo que tiene rasgos de los dos sexos, mezclados” y “transgénero” es una categoría muy de moda en la actualidad que suscita muchas críticas por la ambigüedad de su significado.


Al menos en este diccionario no hay que buscar la palabra culo como en un pajar, como hacen los chicos en su primer encuentro con los diccionarios escolares, ya que este término junto con las alusiones a la pederastia se repiten con una intensidad que raya la obsesión. “Terapia de grupo” es el encuentros de gays o lesbianas para masturbarse en grupo.

Entre tanto sodomita, bujarrón, “invertida congénita”, “lobby gay”, “poder gay”,“pecado”y “nefando”, brilla la ausencia de palabras de la familia del HIV. Ni sida, ni peste rosa, ni cóctel, ni negativizar ni nada hace referencia a un tema que no sólo ha sido tan estigmatizante como otros, también ha significado un hito en la historia de la homosexualidad y hoy forma parte de la vida cotidiana y de la conversación íntima. ¿Exceso de buenas intenciones? ¿Reificación y olvido? Como un voyeur pacato, el filólogo se ha puesto a espiar en el “agujero negro” pero se puso el preservativo en los ojos. Que alguien le avise.


FUENTE: bajo el titulo- Salió-Malas Palabras, Página12, Buenos Aires.
30 de Mayo 2010

No hay comentarios: