jueves, 5 de mayo de 2011

WITOLD GOMBROWICZ y ERNESTO SABATO


GOMBROWICZIDAS



WITOLD GOMBROWICZ; ADIÓS ARNESTO


POR JUAN CARLOS GÓMEZ



“En Sabato hay como una fusión de antinomias. Está a la vez penetrado del saber filosófico y psicológico de nuestro tiempo y dotado de una gran frescura; accede a la universalidad mientras permanece siendo la imagen misma de su país; es complejo y accesible”. Un asunto poco conocido puede echar alguna luz sobre las superposiciones de los mundos de Sabato y de Gombrowicz.


Este asunto poco conocido son los párrafos de “Sobre héroes y tumbas” que Gombrowicz subrayó en el ejemplar que Sabato le dedicó, subrayados que acompañan a este gombrowiczidas en el que le rendimos el homenaje del adiós a este gran escritor argentino. Gombrowicz tenía dificultades para aceptar abiertamente el nombre de las personas, así que les ponía motes.



Tampoco se salvó Ernesto Sabato al que apodó Arnesto, plegándose de ese modo a la pronunciación porteña de Ernesto. En un tiempo en que Gombrowicz estaba débil y desmoralizado después del año penoso que había pasado en Berlín, yo tomé contacto con el Arnesto por expreso pedido de Gombrowicz, para discutir la reedición de Ferdydurke en el año 1964.



Arnesto era una persona seria, aparte de escribir enseñaba filosofía con un método que le explicaba a Gombrowicz para que lo utilizara en un curso sobre Heidegger que estaba preparando. Había que arrancar a los alumnos de la realidad a la que estaban acostumbrados y hacer que lo vean todo de nuevo, la angustia los obligará a buscar soluciones nuevas y entonces se dirigirán al maestro.





Hay que destruir todo, hay que crear un estado de peligro. El saber, sea el que fuere, desde la matemática pura hasta las sugestiones más oscuras del arte, no está hecho para tranquilizar el alma, sino para ponerla en estado de vibración y tensión. No es tan fácil distinguir, no obstante, cuándo Arnesto habla en broma de cuándo habla en serio este hombre de letras tan connotado.


Una tarde le estaba relatando una macana que había hecho Kalicki: –¿Y quién hizo la macana?; –Kalicki la hizo, es un polaco que te tradujo a vos y al Asiriobabilónico Metafísico al idioma de Gombrowicz; –¿Y dónde vive?; –Vive en Polonia, claro, ¿dónde va a vivir?; –¿Y qué hizo?; –Se olvidó de traducir todo lo que le dije a Peicovich sobre tu relación con Gombrowicz;




¿Sabés?, seguramente lo hizo por algún resentimiento; –¡Pero qué resentimiento ni qué pelotas, lo hizo porque es un boludo!; –¿Quién es un boludo?; –Kalicki es un boludo; –Ah, ¿y quién es Kalicki? Gombrowicz y Arnesto se ponen en contacto cuando Arnesto lee “Filifor forrado de niño” que se publica en “Papeles de Buenos Aires”, una lectura que lo cautiva y lo deja estupefacto.

Esto ocurre en el año 1944, en ese año Arnesto era todavía profesor de Física en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata y le enseñaba a los alumnos la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Aunque cuesta trabajo creerlo Gombrowicz traía desde Polonia un apego por las ciencias duras nada desdeñable, una relación que pone a punto especialmenete en “Cosmos”, su última novela.



Pero también traía consigo un cierto tipo de locura. “La impresión que me da Gombrowicz es la de un hombre que construyó su edificio sobre las ruinas de su vida emocional”. Estas declaraciones dramáticas de Czeslaw Milosz contrastan con otras formuladas por algunos gombrowiczidas eminentes que no están del todo en línea con el pensamiento catastrófico de Milosz.

“Gombrowicz, cuando se refiere a su vida personal e íntima, casi siempre recurre a fórmulas, anécdotas o generalidades poéticas, evitando casi siempre los detalles. En sus cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años, se manifestaba más libremente y sin tantas restricciones, pero esta indecente confesión tardía sonó como una broma”



Otros gombrowiczidas en cambio sostienen que el erotismo de la juventud de Gombrowicz era normal en un sentido físico, pero anárquico y loco en un sentido mental. En la esfera erótica de Gombrowicz se manifestaba su pasividad, su naturalidad sumisa, su inmediatez y la facilidad del acceso, de la entrega total, un carácter ideal y místico. Necesitaba de una relación directa y espontánea con las personas.

Ésta es una manera sentimental de verlo que también sostiene Arnesto en algunos de sus escritos. “Por supuesto no he cometido ningún acto de locura. En la superficie he sido razonable, pero en el fondo, muy dentro de mí mismo, he vivido una vida apoyada enteramente en la fantasía. Creo que soy un hombre normal, pero tengo una tendencia a la locura interna”.



El solapamiento de estas inclinaciones de Gombrowicz, la razón y la pasión, con la naturaleza de Arnesto explican en parte la aproximación que han tenido estos dos grandes escritores a través del tiempo. “Cosmos” es la obra más abstracta de todas las que escribió Gombrowicz, y es por ella que recibió el Premio Internacional de Literatura.

Las relaciones que Gombrowicz tenía con la abstracción, especialmente con la matemática que es su forma más pura, se pusieron de manifiesto muy tempranamente. “Volvió a repetirse lo mismo, desgraciadamente, en el examen escrito de matemáticas. Mi falta de talento en esta materia se dejó ver con toda claridad. Ataqué el problema de trigonometría con la bravura de un suicida (...)”




“Para mi mayor sorpresa, lo resolví en diez minutos. Todo iba como la seda: bastaba sumar unas cuantas cifras y ya estaba listo. Pero yo sabía que era demasiado hermoso para ser cierto y me dispuse a buscar, horrorizado, otras soluciones. Pero no había nada que hacer, cada vez, como un tren sobre una vía muerta, llegaba a la misma solución sencilla, clara, deslumbrante por su evidencia (...)”

“Por fin sucumbí, no pude resistirme más a la evidencia. Sofocado por los peores presentimientos, entregué el trabajo. Sabía que me iban a poner un cero pero, ¿qué podía hacer si no existía mancha ninguna en mi obra? Sí, un cero en trigonometría, un cero en álgebra, un cero en latín: tres ceros coronaron mis esfuerzos. Parecía que no tenía salvación”.



La naturaleza de “Cosmos” tiene sin embargo una extraña relación con la ciencia de matemática. Gombrowicz estaba llegando al apogeo de su juventud en un momento de la historia en el que ya habían fermentado todas las revoluciones del pensamiento que tuvieron lugar en los cien años que van entre la mitad del siglo diecinueve y la mitad del veinte.

Aunque Gombrowicz no era científico ni filósofo quedó muy afectado por todo esto. Cuando Planck sienta el principio de que la materia no puede emitir radiación más que por cantidades finitas, por granos, por cuantos, y Heisenberg nos muestra que sólo podemos conocer la probabilidad de existencia y no la existencia misma de una partícula, la naturaleza empieza a saltar.



El principio de incertidumbre de Heisenberg tiene una estructura asimilable a la estructura de “Cosmos”. Se puede decir en general que el principio de incertidumbre postula que en la mecánica cuántica es imposible conocer exactamente, en un instante dado, los valores de variables canónicas conjugadas, razón por la que se deben manejar con la aritmética cuántica.

Cuando queremos cuantificar los valores de la posición y del impulso, por ejemplo, o de la energía y el tiempo, la medición precisa de una de estas variables implica una total indeterminación en el valor de la variable conjugada. En “Cosmos”, Gombrowicz maniobra con un filósofo de la combinaciones, de la causalidad, del azar, de la lógica interna y externa, del intento de organizar el caos y de la formación de la realidad.



Pero el filósofo queda enredado en las bocas erotizadas y sexualizadas de Lena y de Katasia, en la pasión enfermiza de un joven estudiante, en la masturbación y en la muerte. La acción de “Cosmos” está constituida por ideas que se perfilan poco a poco y luego se vuelven nítidas. El protagonista le sigue la pista a estas formas inestables para asociarlas con el mundo, pero constantemente le caen en el caos.

Al poner en juego intencionalmente elementos reales para configurar una idea que previamente tiene en la conciencia, el joven lleva a cabo un acto desleal pues perturba lo que está observando y sólo conocerá entonces el resultado de esa perturbación. De las cuatro narraciones que integran la novelística de Gombrowicz: “Ferdydurke”, “Transatlántico”, “Pornografía” y “Cosmos”, “Cosmos” es la más extraña.



La historia comienza cuando el protagonista se va de la casa que sus padres tienen en Varsovia, estaba harto de toda la familia. Se dispone pues a tomar unas vacaciones, a preparar un examen y a disfrutar del cambio de aire. Mientras estaba buscando una pensión barata en la región de Zakopane se encuentra con un amigo que también está huyendo, pero no de sus padres sino de su jefe.

Muy cerca de la casa en la que finalmente alquilarán un cuarto aparece la primera anomalía de este relato, un acontecimiento extraño. Alrededor de este acontecimiento el joven estudiante empieza a armar la trama de un misterio que va creciendo. En el medio de unas matas ven un gorrión, no era un gorrión común, era un gorrión que estaba colgado de un alambre fino enredado en la rama de un árbol.



Un descubrimiento a primera vista inexplicable pues no tiene sentido
ahorcar a un gorrión y luego colgarlo, por lo menos un sentido racional y coherente. Los problemas con el jefe de la oficina del amigo y los del joven estudiante con su padre los predisponen a exagerar el significado de algunos hechos sin importancia. Los atiende una mujer cuarentona y regordeta cuya boca no es normal.

Ésta es la segunda anomalía en la que pone atención el protagonista. La boca estirada le enroscaba el labio superior, la frialdad reptiloide de ese labio lo excitó de inmediato. Era un oscuro pasadizo que conducía a un pecado carnal gelatinoso y viscoso, como si fuera una vulva. La dueña de la pensión, también rechoncha, les muestra la casa y en la cama del primer cuarto que abre estaba acostada su hija sobre un colchón sin sábanas.




El muslo de una de sus piernas quedaba destacado contra el elástico metálico pues el colchón se había deslizado. Un muslo muy atractivo que lo hace arder al instante al estudiante impresionándolo tanto como el labio de la posadera. En la cena, Leon, el dueño de la posada, les comunica con un lenguaje jocoso y extravagante que él está a disposición de su esposa.

Les comunica también que hace pequeños trabajos en la casa, les recomienda la crema que prepara su esposa y asegura que el intelecto de los jóvenes podrá hacer cuanta pirueta ansíen. A su lado estaba Lena, la hija, serena como un lago. La posadera Katasia le alcanzó a Lena un cenicero cubierto con una redecilla de alambres, y aquí se dispara la tercera anomalía.



La malla del cenicero se le asoció al elástico de la cama con el muslo, y el labio vulva de Katasia con la boca entreabierta de la hija, en ese momento se le despertó una pasión enfermiza. Era la primera noche, no quería dormir pero tampoco quería levantarse, como Fuks no estaba en el cuarto se imaginó que había ido a ver al gorrión, el gorrión crecía, se volvía más importante de lo que era.

Ya era un personaje capaz de recibir visitas. En medio de la noche se encontró en el corredor de una casa ajena en mangas de camisa, una situación que se le asociaba con el erotismo. La situación se le deslizaba hacia la sexualidad como el escurrimiento de la boca vulva de la posadera. En el cielo y en el jardín trazaba líneas imaginarias buscando figuras y formas.



Los objetos del jardín se ponían unos tras otros como los labios de Katasia tras los de Lena. No tenían nada en común pero existían unos en relación con los otros. Existían como en un mapa cada ciudad existe en relación con las otras. La intensidad de las estrellas se le asoció con la intensidad del gorrión ahorcado, y el gorrión se le asoció con las bocas, pero el gorrión no se dejaba situar en el mismo mapa de las bocas.

Se hallaba afuera, pertenecía a otro mundo. Cuanto menos se justificaba la pertenencia a este mundo del gorrión más se volvía significativo que lo observaran de esa manera. Y al día siguiente otra vez llegó la hora de la cena. Lena estaba casada, su esposo llegó mientras comían, la hija se había transmutado totalmente por la llegada de aquel hombre que conocía los movimientos más secretos de aquellos labios.



Ludwik estaba bien formado, era apuesto, inteligente y arquitecto pero, ¿qué le hacía él a ella y ella a él cuando estaban juntos sin nadie que los viera? Ver a un hombre frente a la mujer que nos interesa es desagradable pero lo peor es que se vuelve objeto de nuestra curiosidad y entonces tratamos de adivinar sus gustos ocultos a través de esa mujer aunque eso nos produzca asco.

Ludwik y Lena desplegaban la ternura cortés de los matrimonios jóvenes, las búsquedas pasionales y llenas de repulsión del protagonista debían limitarse a la mano de Ludwik que yacía sobre la mesa cerca de la mano de Lena. Se torturaba imaginado de qué manera la tocaría. Doña Bolita estaba escandaliza con lo del gorrión, pensaba que era una maldad de los chicos.



Llegó Katasia para llevarse los platos y su boca vulvosa apareció cerca de los labios entreabiertos, suaves y limpios de Lena, el joven estudiante no quiso mirar para no influir en nada, para que el experimento resultara totalmente objetivo. Ludwik dijo que una semana atrás él también había visto un pollo ahorcado pero unos días después había desaparecido.

Leon tarareaba su tiru-liru-lá, fabricaba bolitas con migas de pan y las acomodaba en hilera sobre el mantel para observarlas. Lena era maestra de idiomas y llevaba dos meses de casada, la posadera era sobrina de doña Bolita y había que operarla y coserla nuevamente para arreglarle la boca. Leon tomaba sal con la punta del cuchillo y la depositaba sobre una bolita mientras pedía más rábanos y crema.



Fueron varios días de retazos de todo. Una noche en el comedor los ojos del protagonista tropezaron con un clavo de la pared, del clavo pasó al armario y del armario al techo donde había una raya que parecía una flecha. Era una flecha. Cansado miró una botella con un corcho en el cuello y descansó en el corcho hasta que se fueron a dormir. En la cena la flecha no era más ni menos importante que las demás cosas.

Sin embargo cuando el joven se pone a narrar la historia de sus vacaciones en esa posada extrae de la misma historia la configuración del futuro poniendo a la flecha en primer plano. La conclusión que saca es que no podemos entrar en contacto con nada en el momento de su nacimiento, y que si hubiéramos salido del caos nunca entraríamos en contacto con él.



Es una reflexión análoga a la que Gombrowicz hace sobre la inmadurez, la inmadurez desaparece cuando intentamos definirla y darle forma. Katasia los despertaba con el desayuno, la impropiedad de su boca vulva se le prolongaba, ese momento le quedaba grabado durante el día entero manteniéndole viva la asociación bucal en la que se había enredado con tanta obstinación.

Mirando el techo del cuarto los dos amigos ven una flecha que el día anterior no estaba ahí. Esa flecha se les asocia con la del comedor y deducen que les está indicando una dirección. El protagonista sueña con la mano de Lena, en la noche anterior le había parecido que al posar disimuladamente su mirada sobre esa mano la mano había temblado. Estaba realmente agotado.




Quizás, si no hubieran tenido tantos problemas con los padres y con el jefe, no le hubieran dado tanta importancia a los detalles pequeños, pero, una cosa trae la otra. Decidieron investigar a dónde apuntaba la flecha del cuarto con la seguridad de que si alguien los espiaba desde la casa, ése sería el que había entrado al cuarto para grabar en el techo la línea que formaba la flecha.

Con alguna dificultad siguieron la dirección y encontraron la cuarta anomalía de la historia contra uno de los muros del jardín: un palito de dos centímetros de longitud colgaba de un hilo blanco del mismo tamaño, el palito quedó intensificado de inmediato por el gorrión. Era difícil dejar de pensar que alguien por medio de esa flecha no los hubiera dirigido hacia el palito colgado para que lo asociaran con el gorrión.




Algo parecía unir resbalosamente a todos esos elementos que deseaban ordenarse de acuerdo a una idea, pero, ¿qué idea? El protagonista hubiera aceptado a todas esas asociaciones como una simple casualidad si no fuera por la anomalía de la boca de Katasia que se le juntaba con el palito y el gorrión, una cueva oscura y absorbente, una boca vulva muy atractiva pues tras ella se asomaba la boca entreabierta de Lena.

Leon contaba que en el banco se llevaba muy mal con la secretaria del presidente, que esa arpía lo acusaba de escupir en el cesto de basura. Esta historia del dueño de la posada nos hace recordar a una historia parecida de Gombrowicz en el Banco Polaco que tenía ese mismo problema con Helena Zawadzka Ryttel, la secretaria del presidente Juliusz Nowinski.




Tiru-liru-lá, treinta y siete años de vida matrimonial, la mano de la hija, relajada, pequeña, color café y cálidamente helada, unida por la muñeca a otras blancuras del brazo que el joven no miraba y, otra vez, una contracción perezosa de los dedos, ¿tenía algo que ver esa contracción con el protagonista? Cuando había terminado la cena Fuks pide un hilo y un palito para usarlo como compás.

Los pedía nada más que para hacerle saber al bromista, si es que existía, que habían descubierto la flecha en el techo y el palito colgado del hilo. Entre el pájaro y el palito el protagonista se sintió en medio de dos polos, y la reunión de los que estaban sentados a la mesa se le presentó como una función particular de aquella relación, una extravagancia que le abría las puertas a la otra extravagancia, a la de las bocas.




Katasia le pasó el cenicero a Lena. El estudiante sintió inmediatamente
el impacto de la asociación de los labios fríos y deformes con aquellos otros puros, y de la redecilla metálica del cenicero con el muslo de Lena, la combinación se le debilitaba e intensificaba a cada momento y lo conducía a contradicciones sobre la verdadera naturaleza de la hija de doña Bolita y de Leon.

Virginidad perversa, timidez brutal, boca entrecerrada y abiertísima, vergüenza impúdica, fuego helado, embriaguez sobria. El pedazo de corcho pegado a la botella hacía lo posible por destacarse y pasar a primer plano. Fuks seguía investigando y descubrió una vara cerca del palito, la vara señalaba el cuarto de Katasia, aprovecharían el domingo para escudriñar en el cuarto de la posadera.




En la cena el yerno lo desafía al suegro con un problema de combinaciones matemáticas, parecía que las combinaciones de Ludwik estaban en relación con las combinaciones que lo desvelaban al protagonista pues no lograba saber si no era él mismo el autor de las combinaciones que se combinaban a su alrededor. Se empezó a imaginar que Lena, en cuerpo y alma, tendía hacia él, tensa en un deseo íntimo, secreto.

En el cuarto de la posadera encontraron una fotografía de Katasia con la boca sencilla y pura, una respetable señora que se había herido el labio superior en un accidente automovilístico, los jóvenes no eran entonces más que un par de lunáticos perversos. El estudiante vio la ventana iluminada de Lena y corrió hacia allá, quería verla en la intimidad de su cuarto.



Subió a la rama de un árbol y vio que Ludwik le estaba enseñando una tetera, quedó aniquilado, la tetera era algo que estaba fuera del mundo, ella estaba sentada en una silla con una toalla de baño sobre los hombros y él, de pie, le enseñaba una tetera que tenía entre las manos. Se quitó la toalla, estaba sin blusa, vio la desnudez de sus pechos y brazos, empezó a quitarse las medias.

Ahora sabría como era: degenerada, perversa, sucia, untuosa, sensual, casta, tierna, pura, fiel, fresca, graciosa o coqueta. Ya mostraba los muslos. Ludwik apoyó la tetera en un anaquel y apagó la luz. Nunca sabría cómo era. Bajó del árbol y observó que en la balaustrada estaba echado el gato de Lena, lo agarró por el cuello y empezó a ahorcarlo con todas las fuerzas, el gato quedó muerto.



Tenía que esconderlo, recordó que en el muro del jardín había un gancho, ató una cuerda al cuello del gato y lo colgó; colgaba como el gorrión y el palito. Entró a su cuarto y cayó dormido. Se estaba abriendo paso hacia la hija ahorcando a su gato, Katasia decía que era una canallada y Lena se había puesto más bella por la vergüenza, servía para el amor, pero para nada más.

Por eso se avergonzaba del gato, sabía que todo lo que se refería a ella debía tener un sentido amoroso y aunque no sabía quién se ocultaba detrás de esa maldad se avergonzaba del gato porque era suyo y se refería a ella. Pero su gato era también del que acababa de ahorcarlo. El gato lo había llevado del anverso al reverso de la medalla, hacia el círculo donde se producían los misterios.




Era el mundo de los jeroglíficos, le daban ganas de reírse viéndolo a Fuks buscando alguna pista. Cuando salieron del cuarto de Katasia doña Bolita clavaba algo con fuertes golpes de martillo en un tronco del zaguán. Lena les explicaba que la madre tenía crisis y golpeaba lo que fuera para desahogarse, y los golpes que habían seguido a los de la madre los había dado ella para hacerla entrar en razón.

Leon empezó a insinuar que Bolita había matado al gato, el joven sabía que no, pero María o el mismo Leon bien podían haberlo matado. Doña Bolita dice que para esa maldad que le hicieron a su hija sólo existe una explicación pasional, y deja flotando en el aire la sospecha de que podría haberlo hecho alguno de los dos jóvenes. Fuks acusa el golpe y comenta que el día de su llegada el gorrión ya apestaba bastante.



No sabía si deseaba acariciar a Lena, o torturarla, humillarla, o adorarla. Si deseaba porquerías o deleites celestiales, revolcarse con ella o pasarle fraternalmente el brazo sobre los hombros. Ella pesaba en su conciencia, se le parecía a una sonámbula arrastrando la desesperación como una larga cabellera. Pocos días después emprendieron una excursión a las montañas.

Mientras el sistema gorrión, palito, gato, bocas, mano estaba todavía en vigencia, una corriente de aire nuevo entró en escena. Los acompañaban dos matrimonios de recién casados amigos de Lena. Leon les comentaba que iban al encuentro de un panorama maravilloso que había descubierto hacía veintisiete años. El padre buceaba en el pasado y el protagonista en los enigmas del presente con la misma intensidad.



Esta coincidencia aparecía como una réplica del mundo que había quedado en la posada. De aquel paseo extraordinario Leon había traído una vara, y otra vez un eco, el eco de la vara que les había señalado el cuarto de la posadera. La casa había quedado al cuidado de Katasia; en una pensión del camino recogieron a una de las parejas, Lulo y Lula, que comenzaron a lulear a todo pulmón y convirtieron a la reunión en algo más vivo.

Hasta Lena y Ludwik sucumbieron al lulear de lo Lulos. Encontraron a un sacerdote sentado en una piedra al lado del camino, algo fuera del mundo, como la tetera de allá, y otro eco más. Los secretos de las bocas y del ahorcamiento del gato eran sólo del protagonista, pertenecían entonces a los dos círculos, el interior y el exterior. El sacerdote provenía del exterior, era superfluo y absurdo.



La irritación que le producía el sacerdote al joven era tan violenta y peligrosa como la que le había producido el gato. ¡Cuidado, señor cura!, un loco anda suelto. Una réplica más del mundo de la posada. Los Lulos se excitaron cuando vieron a los Tolos, la otra pareja. Tolo era capitán, un caballero hasta la médula, la Tola pertenecía al género de mujeres que no desean ser admiradas porque eso no les corresponde.
La Tola padecía una extraña soledad carnal. El Tolo bebía con la frente bien alta para dar a entender que nadie tenía derecho a poner en duda su amor por la Tola. Los Lulos, con el aire más inocente del mundo, observaban lo que ocurría como un par de tigres sedientos de sangre. El eco, ellos permanecían ahí pero como eco de las cosas de allá. Tiru-liru.lá, la eterna cantinela de Leon que de repente exclama: ¡Berg!



Mientras tanto le explica a doña Bolita que no es nada, que es un viejo cuento de judíos que algún día le iba a contar. El joven se encontró repentinamente a cinco pasos de Lena, ella le habla con tono lulesco y él le pregunta dónde está ese panorama tan bello del que les habla el padre. No era ella, ella se había quedado allá, en la casa, ni tampoco el protagonista estaba ahí, por eso la presencia de ellos era cien veces más importante.
Eran símbolos de ellos mismos. Cuando volvió la cabeza Lena ya no estaba. Leon sentado en un tronco le cuenta que había trabajado treinta y dos años y que las historias del gorrión y el palito eran para él fruslerías, que lo importante era la fiesta, que en la fiesta iba a bergar con el berg. De aquí en adelante Leon utiliza la raíz berg, a la que conjuga y declina de varias maneras diferentes.



Se vale del berg para referirse a los órganos y a las funciones sexuales. El protagonista quiere escaparse pero no lo deja, le cuenta que la esposa no sabe que el juega en la mesa con el berg, que berguea con el bemberg. Le ruega que se quede, que le va a decir algo que le interesa pues lo veía como un buen bembergador, que lo había admitido en su casa porque estaba bembergando con el berg a su hija Lena, a escondidas.

Sabía que le gustaría embergarse bajo sus faldas a pesar del matrimonio que tenía con Ludwik, como el amanberg número uno, que no le dijera una palabra a nadie porque en caso contrario se vería obligado a echarlo de casa. Acto seguido le comunica que no los había arrastrado hasta ese sitio para ver un panorama sino para celebrar un aniversario de algo que había ocurrido hacía veintisiete años.



Quería celebrar el placer más intenso que había tenido en su vida, el placer que le había dado una sirvienta. Que en su vida un tanto mediocre había paladeado pocos bocadillos, que estaba muy vigilado, pero que había aprendido que una mano puede excitar a la otra, para qué buscar entonces otra si uno tiene dos, que si uno se las ingenia puede encontrar un mundo ilimitado de diversiones en el propio cuerpo.

Esa noche harían la peregrinación, con devoción, la devoción es necesaria porque sin ella no existiría el placer; le pidió que lo dejara solo para purificarse y prepararse para el ceremonial del placer, para el festejo del Gran Espasmo con aquella sirvienta. El joven pensaba que en las montañas se iba a liberar de todas las asociaciones y combinaciones que lo torturaban allá abajo, en la posada, pero cae en otra trampa.



Cuando el protagonista lo deja a Leon se pone a decidir si pasa entre una piedra y un hormiguero o entre el hormiguero y una raíz, y se queda inmóvil con la misma inmovilidad del sistema gorrión-palito-gato. Doña Bolita se queja del descaro de Lula que se tira lances con Tolo, y de Lulo porque la consiente, sin darse cuenta que todo lo que hacen los Lulos es solamente contra la Tola.

Durante el paseo Lena emanaba tal seducción que el protagonista prefirió no mirarla. Mientras comían Fuks se agachó para recoger una caja de fósforos que se le había caído debajo de la mesa y vio como Tola restregaba su pierna contra la de Lulo, por eso los Lulos se vengaban de ella. El estudiante tenía miedo de que las manos se le empezaran a mover otra vez otra vez y lo volvieran a oprimir como con el gato.



Estaba seguro de que si en la casa de Leon no se hubieran aburrido tanto no hubiera pasado nada, el tedio tiene poderes más terribles que el miedo. Ludwik no estaba con ellos. El protagonista pensaba cómo podía hacer para definir una historia que acumulaba y disociaba constantemente sus elementos. El sacerdote y la Tola habían tomado demasiado y vomitaban fuera de la casa.

Sin embargo esas bocas no sabían nada de las bocas que el joven llevaba ocultas. Caminaba por un sendero y de repente vio entre los árboles a un hombre colgado, la última réplica, el último eco que le llegaba del mundo de la posada. Era Ludwik colgado con su propio cinturón, un cadáver absurdo que se convertía en un cadáver lógico por la formación del sistema gorrión-palito-gato-Luwik colgados.



Decidió no informar a nadie, que las cosas siguieran su curso, se alejaba pero lo asaltaron las bocas de Katasia, de Lena, del sacerdote, de Tola y la de sí mismo pues se le había empezado a mover, entonces, su mirada se dirigió a la boca del cadáver, tenía que provocar al cadáver. No le podía encontrar razón a la muerte de Ludwik, quizás se había ahorcado porque Lena se acostaba con el padre, no podía saber nada y empezó a tener miedo.

Sin saber bien lo que hacía levantó la mano y le metió un dedo en la boca al cadáver que después sacó y limpió con el pañuelo. Caminaba hacia la casa, la bocas se habían unido a los colgantes, por fin había logrado esa unión, en ese momento tuvo la satisfacción del deber cumplido. Ahora resultaba necesario colgar también a Lena porque él se había convertido en el representante del colgamiento, y cada uno quiere ser quien es.



En la colina de enfrente marchaban bajo la dirección de Leon, iluminados por las luces de las linternas se daban ánimo con canciones y bromas; Lena estaba entre ellos. No le iba a ser difícil llevarla aparte, eran ya dos enamorados, si deseaba matarla es que ella también lo amaba, podía ahorcarla y después colgarla. La colgaría como había colgado al gato, podía también no colgarla.

Pero, ¿cómo se puede desilusionar a alguien de esa manera? El protagonista estaba a unos cuantos pasos del sacerdote, le dio un fuerte empujón que lo hizo trastabillar, se le movían las manos como se le habían movido con el gato; le abrió la boca y le metió un dedo que después sacó y limpió con el pañuelo, tenía la sensación de haberlo traído al mundo real.



Mientras tanto Leon se excitaba recordando a aquella mujerzuela, jadeaba, celebraba su propia inmundicia. Pero nadie se iba, gimió lujuriosamente y finalmente exclamó: ¡Berg!, bembergado con el berg. Los había llevado a la montaña para masturbarse. De repente la lluvia, un diluvio. “En conclusión: escalofríos, reumas, fiebres, Lena enfermó de anginas (...)”

“Fue necesario llevar un taxi de Zakopane, enfermedades, médicos, en fin, todo cambió y yo volví a Varsovia, mis padres, el conflicto permanente con mi padre, y otras historias, problemas, dificultades, complicaciones. Hoy en el almuerzo comimos pollo relleno”. Arnesto se pregunta sobre la relación que tenía Gombrowicz con las ciencias duras y con la filosofía.



“¿La relación de Gombrowicz con la filosofía? Justamente, a él le interesaba muchísimo, y era un autodidacta. Dio aquí algunos cursos de filosofía para ganarse la vida y quizás también –como decía él– ‘como un método para aprender algo’. Me acuerdo que dialogábamos mucho sobre cómo debía desarrollarse una clase ante personas, bueno, en fin, lo que aquí llamamos ‘señoras gordas’ (...)”

“De esas señoras nos reíamos mucho con Witold aunque es cierto –no seamos injustos– que lo ayudaron mucho, lo llevaban a sus estancias donde él iba a hacer el show del falso conde polaco. Gombrowicz no era conde sino simplemente hijo de una familia aristocrática polaca, pero le encantaba inventar estas farsas sobre sus títulos. En general, tenía una especie de fascinación por los títulos nobiliarios (...)”



“Un día recuerdo que me dijo: –Ernesto, mirá, a lo mejor me presentan una mujer y no me significa nada, pero si me la presentan diciendo: ‘la principesa tal’ me corre algo frío por la piel, qué vamos a hacer, así soy. Durante veintitantos años en Buenos Aires nos vimos en varias opotunidades, en casa de amigos, en la mía, un poco distanciados y con una relación un poco dura (...)”

“Mi relación sentimental, creo que ésa es la palabra exacta, con Gombrowicz, data del momento en que él se instala en Berlín y empieza a sentir nostalgia de Buenos Aires y quizás desde el momento en que, por razones puramente nostalgiosas, como diría él, lee ‘Sobre héroes y tumbas’ y empieza a escribirme cartas. Hasta que llega el instante en que me dice con su estilo característico: ‘Ha llegado el momento de tutearnos’ (...)”



“Entonces me di cuenta de que estaba muy solo allá, muy triste y le mandé una carta cariñosa diciendo que me parecía muy bien. Inmediatamente recibí su segunda carta en la que expresaba: ‘Sí, pero no hay que exagerar, hay que tener mucho cuidado’. Diría que Gombrowicz era un ser solitario Estaba provisto de una gran ternura, y de una enorme necesidad de afecto y de simpatía (...)”

“Ahora que han pasado los años y que, como siempre, o casi siempre, uno se da cuenta tarde, demasiado tarde, comprendo que necesitaba mucho afecto y mucha cercanía y mucha solidaridad. Su soledad no fue consecuencia de misantropismo ni deseo de no conocer el mundo. Al revés. Él era un hombre sociable, con un enorme deseo de vivir en sociedad, necesitaba de la solidaridad, verdaderamente”

Arnesto es un personaje que divide a los argentinos de una manera tajante: están los que lo admiran demasiado y están los que lo odian en exceso. Yo creo, sin embargo, que en el futuro no se podrá negar que fue, junto al Asiriobabilónico Metafísico, el más grande escritor argentino del siglo pasado. Había algo profundo que lo vinculaba con Gombrowicz, en cierto modo un misterio más allá de la literatura.





LOS SUBRAYADOS DE GOMBROWICZ


“Sobre héroes y tumbas”

Cía. General Fabril Editora 1961

Los subrayados han sido publicados en Polonia por “Twórczosc” en julio de 1999


Pag.18 –Que no siempre suceden cosas, que casi nunca suceden cosas, (...) tuve la sensación nítida de que acababa de suceder algo (...) ya no era la misma persona que antes. Y nunca lo volveré a ser.

Pag.20 –Ya que no bastan –pensaba– los huesos y la carne para construir un rostro (...) por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne (...) en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto (...) Pues no son las paredes ni el techo ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios (...) ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza. Y de esa inevitable manifestación carnal del alma, de esta incapacidad del alma para vivir al estado puro quizá sea posible concluir que es algo esencialmente distinto del espíritu, ya que éste sí, desde su olímpico y ascético reducto, allá arriba, en el mundo de las puras ideas, de la pura belleza y de la verdad pura, eterno y solitario, tiene existencia propia y mira seguramente con desdén nuestra propia carne. Y acaso también con asco y espanto.

Pag.21 –Espanto, desdén y asco que no sólo han de referirse al cuerpo sino, y sobre todo, al alma, pues muy a menudo, por no decir casi siempre, el alma es arrastrada por las tempestades del cuerpo o quizás sea la causa misma de esas tempestades. O, más probable, ambos como cómplices inseparables, son a la vez causantes y actores de esos impuros y generalmente atroces movimientos de los hombres.

Pag.25 –(...) es el resultado de una combinación monstruosa de hechos suficientemente dolorosos como para producir el llanto (y aún el desconsolado llanto) y de acontecimientos bastante grotescos como para querer transformarlo en risa.

Pag.29 –(...) pesimista en cierne como corresponde a todo ser purísimo y preparado a esperar Grandes Cosas de los hombres en particular de la Humanidad en general.

Pag. 30 –(...) sufren en silencio y con dignidad suprema su muerte de auténticos desdichados. Como esos hombres silenciosos y solitarios que a nadie piden nada y con nadie hablan, sentados y pensativos en los bancos de las grandes plazas y parques de la ciudad (...) que meditan y a su manera acaso replantean los grandes problemas (...) En virtud de ese notable atributo que tiene el universo de independencia y superposición, de modo que mientras un banquero se propone realizar la más formidable operación (...) un pajarito, a cien pasos de distancia de la Poderosa oficina, anda a saltitos sobre el cesped del parque Colón.

Pag.31 –(...) resulta milagroso que tantas especies de seres puedan nacer, desenvolverse y morir sin conocerse, sin odiarse ni estimarse, en las mismas regiones de universo...

Pag.32 –(...) que el absoluto no existe (...) y su propia soledad ante la muerte.

Pag.35 –(...) en ese presente prematuro (como si el tiempo se divirtiese presentándose antes de lo debido), para que la gente haga representaciones tan grotescas.

Pag.42 –(...) ésos son los que sufren por el resto. Y el resto son nada más que hichapelotas, hijos de puta o cretinos ¿sabés?

Pag.52 –Su memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa, en efecto, entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías...

Pag.97 –Me gusta la gente fracasada. El triunfo... tiene siempre algo de vulgar y horrible.

Pag.109 –(...) casi feliz. Pero inmensamente.

Pag.132 –(...) pues nunca (sostenía) somos la misma persona para diferentes interlocutores, amigos o amantes.

Pag.137 –(...) ¿cómo saber quién va a encarnarse en el cuerpo de nuestros hijos?

Pag.138 –Pero que raramente las palabras pronunciadas responden con exactitud a lo que sentimos en lo más recóndito de nuestro espíritu.

Pag.139 –La verdad, se decía, sonriendo con ironía La verdad... Bueno, digamos : Una verdad.

Pag.140 –(...) y pensando enseguida, como ante un abismo, qué poco, qué miserablemente poco restaba de aquella marcha hacia la nada. Y entonces ¿para qué? Y cuando llegaba a ese punto y cuando parecía que ya nada tenía sentido, se tropezaba a caso con uno de esos perritos callejeros, hambriento y ansioso de cariño, con su pequeño destino (tan pequeño como su cuerpo y su pequeño corazón que valientemente resistirá hasta el final de aquella vida chiquita y humilde como desde una fortaleza diminuta), y entonces recogiéndolo, llevándolo hasta una cucha improvisada donde al menos no pasase frío, dándole algo de comer, convirtiéndose en sentido de la existencia de aquel pobre bicho, algo más enigmático pero más poderoso que la filosofía parecía volverle a dar sentido a su propia existencia. Como dos desamparados en medio de la soledad que se acuestan juntos para darse mutuamente calor.

Pag.154 –Porque hay veces que los amantes no se quieren... o en que uno de ellos no quiere al otro, o lo odia, o lo menosprecia.

Pag.155 –(...) pero yo soy nada más que eso: un hombre de puros proyectos (...) En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza (...) Y si no digo todo, absolutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible (...) ¿Somos, acaso, siempre la misma persona?

Pag.163 –¿Qué quieren, una originalidad total y absoluta? No existe. En el arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior. No hay pureza en nada humano (...) Todo lo demás es desarrollo (...) Los verdaderos ateos son los indiferentes, los cínicos...

Pag.169 –Pues a medida que nos acercamos a la muerte también nos acercamos a la tierra (...) Y entonces recordamos un árbol, la cara de algún amigo, un perro, un camino polvoriento (...) No grandes cosas sino pequeñas y modestísimas cosas.

Pag.177 –Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede (...) la poca importancia de la razón, ya que no es razonable mantener esperanzas en este mundo en que vivimos.

Pag.178 –Y si la angustia es la experiencia de la Nada, algo así como la prueba ontológica de la Nada ¿no sería la esperanza la prueba de un Sentimiento Oculto de la Existencia, algo por lo cual vale la pena luchar?

Pag.185 –Es curioso que uno pueda fijarse en cosas así, indiferentes, en momentos tan decisivos.

Pag.191 –Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad...?

Pag.227 –(...) análisis y conceptos que valen para nosotros (...) pero en realidad todos estos conceptos tiene un valor relativo, pues estamos aplicando conceptos y valoraciones humanas a entes inconmensurables con nosotros; del mismo modo que es imposible para los hombres imaginar dioses que no tengan ciertos caracteres humanos, hasta el punto grotesco que los dioses griegos se metían los cuernos.

Pag.228 –Tuve de pronto la revelación de que la realidad podía empezar a deformarse si no concentraba toda mi voluntad para mantenerla estable.

Pag.229 –¿Acaso Parménides no había probado que la verdadera realidad no es la que vemos sino una esfera inmóvil y que toda esta fantasmagoría que nos rodea no es, en efecto, más que una perversa fantasmagoría? (...) como una garantía de que soy “algo” (...) sino por algo más profundo de índole espiritual (...) ¿qué impide que en ese cuerpo tabulado en mi libreta de enrolamiento no pueda de pronto, en virtud de algún cataclismo, habitar el alma del portero o del espíritu de Sade? ¿Hay alguna inviolable relación, acaso, entre mi cuerpo y mi alma? Siempre me pareció portentoso que alguien pueda crecer, tener ilusiones, sufrir desastres, ir a la guerra, deteriorarse espiritualmente, cambiar sus ideas, transformar sus sentimientos y sin embargo seguir recibiendo el mismo nombre.

Pag.230 –(...) “algo” entre mi cuerpo y mi voluntad se interpone.

Pag.232 –(...) ese tipo de enemigo de la sociedad que siempre me atrajo (...) (por la repugnancia de vivir de la muerte de un ser viviente) y tenía ese género de fantástica esperanza de que el mundo iba a ser alguna vez una cariñosa comunidad de libres y fraternales cooperadores.

Pag.234 –(...) cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin (...) se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas (...) y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.

Pag.235 –(...) del universo en que nacen y crecen nuestras más turbias obsesiones.

Pag.251 –Como si ese defecto pudiese ser motivo de elogio. Ya que como le expliqué a Norma (que se enfurecía) elogiar a un militar porque no lo parece, o porque no lo es tanto, es como encontrar méritos en un submarino que tiene dificultades para sumergirse, y creer que es una virtud el que pueda andar en la superficie casi tan bien como un barco de carga.

Pag.298 –¡Delirio de persecución! Siempre los realistas, los famosos sujetos de las “debidas proporciones”. Cuando por fin se quemen, recién entonces se convencerán; como si hubiera que medir con un metro el diámetro del sol, para creer lo que afirman los astrofísicos (...) la vanidad es tan fantástica , tan poco “realista” que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados. ¿Una especie de prueba de la inmortalidad del alma?

Pag.335 –(...) que nada de lo que se refiere a seres humanos debería causar jamás asombro y sobre todo porque, como decía Proust, los “aunque” son casi siempre “porqués” (...) en virtud de ese afán que tienen los hombres de aferrase a cualquier despojo de alguien que quisieron mucho (...) esos pequeños objetos que de ese modo alcanzan un valor simbólico y desmesurado...

Pag.336 –(...) encontrar esa presunta clave...

Pag.337 –(...) constituía algo así como la prueba de la inmortalidad del alma (...) ¿qué conocemos en definitiva del misterio último de los seres humanos?

Pag.378 –Porque es un error imaginar, como a menudo suponen los que ven a un movimiento revolucionario,

Pag.379 –(...) desde lejos o desde afuera, que todos sus integrantes ofrecen un tipo definido de personas (...) Pero la gama era infinita. Había el tolstoiano que se negaba a comer carne porque era enemigo de toda muerte violenta, y que muy a menudo era esperantista y teósofo; y el partidario de la violencia hasta en sus formas más indiscriminadas, ya porque sostuviera que el Estado sólo puede combatirse mediante la fuerza, ya porque como en el caso de Podestá, daba así salida a sus instintos sádicos. Había el intelectual o el estudiante que llegaba al movimiento a través de Stirner y Nietzsche, como Fernando, generalmente individualistas acérrimos y asociales, que muchas veces terminaron apoyando el fascismo; y obreros casi analfabetos que se acercaban al anarquismo en busca de una esperanza instintiva. Había resentidos que volcaban así su odio contra el patrón o la sociedad, y que a menudo terminaban convirtiéndose en despiadados patrones cuando lograban alguna fortuna o en miembros del cuerpo policial; y seres purísimos llenos de bondad y grandeza, y que aún siendo bondadosos y puros eran capaces de llegar al atentado y a la muerte, como en el caso de Simón Radowistky, llevados por un cierto tipo de espíritu justiciero, al destruir al hombre que juzgaban culpable de la muerte de mujeres y niños inocentes. Existía el vividor que con el cuento del anarquismo la pasaba muy bien, comiendo y durmiendo gratuitamente en casa de compañeros, a los que en ocasiones terminaba robándole algo o quitándole a la mujer, y que cuando por sus excesos recibía alguna tímida recriminación del dueño de casa contestaba con desprecio “pero qué clase de anarquista es usted camarada”. Y existía el linyera, partidario de la vida libre del pájaro, del contacto con el sol y el campo, que salía con su bultito al hombro a recorrer países y a predicar la buena nueva, trabajando en alguna cosecha, arreglando algún molino o algún arado, y de noche en el galpón de la peonada, enseñando a leer y a escribir a los analfabetos, o explicándoles en palabras sencillas pero fervientes el advenimiento de la nueva sociedad donde no habrá ni humillación ni dolor ni miseria para los pobres,

Pag.380 –o leyéndoles páginas de algún libro que llevaba en el hatillo: páginas de Malatesta a los campesinos italianos, o de Bakunin; mientras sus interlocutores silenciosos, tomando mate en cuclillas o sentados sobre algún cajón de kerosén, cansados por la jornada de sol a sol, acaso rememorando alguna remota aldea italiana o polaca, se entregaban a medias a aquel sueño maravilloso, queriéndolo creer pero (instigados por la dura realidad de todos los días) imaginado su imposibilidad, en forma semejante a los que abrumados de desdichas sin embargo a veces sueñan con el paraíso final; y acaso entre aquellos peones, algún criollo, que pensaba que Dios había hecho el campo y el cielo con sus estrellas para todos por igual, esa clase de criollo que añoraba la vieja y altiva vida libre de la pampa sin alambrados, ese paisano individualista y estoico, hacía finalmente suya la buena nueva de aquellos remotos apóstoles de nombres raros y, ya para siempre, abrazaba con ardor la doctrina de la esperanza. Pues criollos de éstos yo vi muchos en los sindicatos anarquistas del puerto o en las playas de los frigoríficos, y entre ellos aquél llamado Vallejos que se desvaneció de hambre en la calle y a quien la policía, al registrarlo y encontrarle un billete de cien pesos, le preguntó por qué con tanto dinero pasaba hambre y él le respondió con tranquila dignidad “porque esa plata, señor, es del sindicato”. Sí, había anarquistas como Vallejos. Como también hubo anarquistas como Di Giovani que, aunque editaba con el dinero de sus asaltos las obras completas de Reclus, también vestía al fin de su vida camisas de seda; mientras que pistoleros como Ascaso y Durruti, austeros y honestos hasta su muerte al pie de sus ametralladoras en la guerra española, no guardaron para sí un solo centavo de lo que obtuvieron en sus asaltos.

Pag.385 –(...) que contra la fuerza organizada del estado burgués sólo era eficaz la fuerza organizada del proletariado...

Pag.387 –Exupéry cuenta como después de una angustiosa lucha con los elementos, perdido en el Atlántico, cuando ya él y su mecánico no conservaban esperanzas de llegar a tierra, alcanzaron a divisar una débil lucecita en la costa africana y con el último litro de combustible alcanzaron finalmente la ansiada costa; y cómo entonces aquel café con leche que tomaron en una cabaña fue el humilde pero trascendental signo del contacto con la vida entera, el pequeño pero maravilloso reencuentro con la existencia. Del mismo modo, cuando retornamos de aquel universo del sueño, una mesita cualquiera, un par de zapatos gastados, una simple lámpara familiar, son conmovedoras luces de la costa que ansiamos alcanzar, la seguridad. Razón por la cual nos angustiamos cuando uno de esos fragmentos de la realidad que empezamos a distinguir no es el que esperábamos.

Pag.388 –Me producía extrañeza encontrar en las calles y en los cafés tanta gente despreocupada y libre de problemas (...) había miles de personas que pensaban o sentían lo que yo sentía (...) Puesto que los animales no lo necesitan: les basta con vivir.

Pag.389 –Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó la base de su grandeza pero también los orígenes de su angustia (...) habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el Dios que su espíritu le sugiera (...) Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará por primera vez sobre el porqué de la existencia. Y así las manos, y luego aquella hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que los separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica. Y la ciudad será finalmente la última etapa de su loca carrera, la expresión máxima de su orgullo y la máxima forma de su alienación.

Pag.390 –(...) y sin embargo de pronto transmitimos algo misterioso e indefinible (...) de ese mundo que muy probablemente seguirá permaneciendo, indiferente y helado, cuando hayamos muerto...

Pag.391 –Porque en realidad esos objetos pintados no son los objetos de aquel universo indiferente, sino objetos creados por aquel ser solitario y desesperado...


FUENTE: recibido directamente del Autor, al que agradezco.