viernes, 6 de mayo de 2011

Acerca del aniversario de la rebelión del Gueto de Varsovia

De homenajeados y homenajeantes
Por: Guillermo Levy

Acerca del aniversario de la rebelión del Gueto de Varsovia

Me pregunto cómo homenajear a los combatientes del Gueto de Varsovia, y con ellos a todos los muchos sin cartel y sin actos que optaron por resistir el genocidio nazi. Resistir luchando con las armas pero también escondiendo gente, siendo solidarios, negando colaboración.

¿Cómo homenajear a Adam Czerniakov, primer jefe del Jundenrath de Varsovia, que en Julio del 42 frente a la primera deportación prefirió el suicidio antes que la entrega de listas con judíos para los campos? O a Emanuel Ringelblum, cuyos diarios como testimonio para la historia de la tragedia a modo de denuncia, me hacen acordar a la actitud del testimonio militante de Rodolfo Walsh en la Argentina.

¿De que manera homenajearlos a ellos y, con eso, homenajear a todos los otros? Un homenaje que no se convierta en una fría formalidad o, lo que sería peor, un homenaje que falsee el espíritu de su historia y de la historia de la resistencia a la Shoá para fines -a veces explícitos y a veces velados- que trabajan por una memoria funcional a intereses que impiden lo que merecerían nuestro combatientes: que no los traicionemos vistiéndolos con ropas que no eran las de ellos, que saquemos las conclusiones que tengamos que sacar de esta historia evitando que con la reivindicación de un hecho lo convirtamos en una postal más de la tragedia, como una opción extrema y heroica, pero reivindicable sólo cuando nos permita construir una historia que tenga a la resistencia en el margen.

Historia de lucha que se reivindica en tanto y cuanto no perturbe relatos mas tranquilizadores y funcionales a la historiografía que construyó un nazismo producto de un “grupo de locos que lograron conducir a Alemanes desesperados, fanáticos y antisemitas”. Una historiografía que construyó un genocidio nazi como “único e inexplicable y sólo producto del odio religioso y racial”. “Muerto el rey viva el rey hemos escuchado desde la revolución francesa”.

Reivindicaciones esculpidas sobre los muertos que no molesten el presente.

1. Nazismo: ¿Locura o racionalidad?

Ni los nazis estaban tan locos ni los alemanes tan desesperados. El exterminio judío –lo sabemos a partir de los (cada vez mas) trabajos lucidos y serios que aparecen, (nunca superando “La destrucción de los judíos europeos” de Raúl Hilberg)- puede pensarse cada vez como producto de especulaciones políticas y económicas bien racionales mas que del odio enceguecedor. La maquinaria estatal y criminal del nazismo era una maquinaria de un país moderno, capitalista, desarrollado con una burocracia eficiente e impersonal como toda burocracia.

El antisemitismo alemán no era el más desarrollado de Europa y creció mas con los nazis en el poder. Como dice Peter Fritche, “los alemanes fueron atraídos al antisemitismo por que fueron atraídos al nazismo y no al revés”

Los campos de exterminio se convirtieron en una empresa de muerte donde el taylorismo y el fordismo funcionaron sin obstáculos, donde se experimentó todo el tiempo para exterminar de la manera mas rápida y menos costosa.

Ya lo dice Franz Suchomel, oficial SS en Treblinka, y sin ninguna formación académica, en la cámara oculta que le hace Claude Lanzmann en Shoá, cuando éste le pregunta por qué las cámaras de gas de Auswichtz eran mas grandes y se podía matar mas gente: “Auswichtz era una fábrica (…) y Treblinka era una cadena de montaje, primitiva pero eficaz, Belzec era el laboratorio

Ni hablar del racismo eliminacionista, ideología dominante en toda la intelectualidad europea y americana desde mediados del siglo XIX, racismo eliminacionista que permitió la muerte de por lo menos 50 millones de personas en 100 años. Muertos que no tienen películas ni homenajes ni descendientes que cobran reparaciones económicas.

Entonces, el nazismo y el exterminio nazi son parte de nuestra historia moderna, de nuestro desarrollo de la razón y la técnica, de nuestro capitalismo, de nuestro colonialismo, de nuestro racismo, de nuestra burocracia, de nuestra indiferencia moral, de nuestra obediencia… Nada de eso se inventó en Alemania de 1933, entonces como primer punto vale pensar el exterminio sin construir un relato que indulte nuestra civilización moderna.

2. El nombre ¿Cuál es el nombre de la tragedia?

¿Como llamamos al exterminio? ¿hay algo en juego en el nombre? Mucho, por lo menos en la disputa cultural acerca de que el nombre da identidad, abre la puerta a la interpretación, muestra u oculta, busca verdad o utiliza la historia.

Holocausto, palabra anglosajona, una apropiación inglesa y luego norteamericana de la tragedia. Holocausto, sacrificio religioso, funcional a la excepcionalidad y a la desconexión del exterminio con cualquier proceso histórico.

Holocausto es inabordable para el entendimiento, ninguna frase mas conmovedora de esta idea -que en la historiografía se llama Unikness- que la frase de Elie Wiesel “El que no estuvo en Auswichtz no puede entrar, el que estuvo no puede salir”

Mas allá de la realidad de la dificultad de la comprensión de una experiencia tan tremenda, extrema y nueva en la historia, por lo menos en su implementación, todo confluye con la imposibilidad de entender y de comparar.

Junto al relato ortodoxo que habla de un castigo divino por la asimilación de los judíos europeos, holocausto sienta las bases, desde el nombre para expropiarle a la historia moderna un hijo legítimo: el nazismo y el exterminio nazi.

Shoá,

El nombre en hebreo, destrucción, catástrofe, tampoco parece un termino que busque romper con el privilegio de la exclusividad y de la excepcionalidad histórica de la tragedia judía europea, pero Shoá es más que eso, es la apropiación del Estado de Israel de la historia del exterminio, apropiación minuciosamente develada por la intelectual israelí Idith Zertal en su libro “La Nación y la Muerte”.

La historiografía israelí construyo un puente entre la destrucción y la resurrección, entre la Shoá y el Estado de Israel, un puente historiográfico pero difícil de ver en la realidad histórica. Un puente que implicó deseuropeizar a las victimas y ponerlas como mártires excepcionales, en el largo camino de la construcción de un estado judío.

Seguramente muchos de los que cayeron peleando tenían ese norte, muchos otros no. El nazismo destruyo casi totalmente la cultura idish y sobre esa destrucción, la historia que nombra Shoá también expropia el idioma de la victimas y en muchos casos sus historias cuando éstas no tenían como horizonte o utopía la construcción de un estado nacional.

Hoy la utilización de la Shoá y del fantasma de su repetición es utilizada permanentemente como justificación de políticas de estado contra poblaciones que nada tuvieron que ver con el exterminio judío mientras los estados que sí tuvieron que ver gozan de un manto de perdón y de olvido.

Recuerdo entonces hoy a Marek Edelman, uno de los pocos combatientes resistentes que sobrevivió, y que su elección de vida comunista y judía de quedarse en Polonia hasta hace pocos años que murió lo sacó del trono de los relatos de los héroes.

¿Pero como llamaban las víctimas a su tragedia. a su exterminio, como era la palabra por ellos usada? Perla Sneh nos cuenta que la palabra era Jurbn, una secularización al Idish del término Jurbán que refería la destrucción del templo. Jurbn, destrucción sin connotación religiosa, era una palabra que circulaba mucho mas a la hora de explicarse lo que les ocurría cuando ni holocausto ni Shoá despuntaban.

La desaparición de su palabra de su forma de nombrar la tragedia que enfrentaban es también parte de una historia que -queriéndolo a veces y otras inconcientemente- expropia a las victimas de su identidad.

Entonces también aparece Genocidio, un termino que tiene por finalidad restituir a la historia, a la historia moderna el exterminio, con la obsesión de entenderlo a fondo, saber por qué una sociedad se encolumna indiferentemente en la desaparición de otros o de parte de ellos mismos, cómo se implementa y sobre todo cómo se puede evitar…

Quizás esa obsesión cientificista nos lleve a los que usamos el término genocidio a suponer que sólo sabiendo cómo se produce un hecho semejante, sólo en la posibilidad de restituirlo a la historia y compararlo (que no es igualarlo ni banalizarlo) está la posibilidad de evitar su repetición, posibilidad de evitar que está fundamentalmente en la política. Pero ésta también se construye con relatos y comprensiones del pasado.

3. Sobre “pueblos antisemitas y entregadores de judíos”

También las historias de colaboraciones y resistencias están plagadas de intenciones en el marco, sobre todo, de la guerra fría y de una historiografía dominante que busca, mas que justicia con las victimas, la reivindicación del legado civilizatorio moderno, liberal y capitalista.

“Los pueblos antisemitas y entregadores de judíos”: Polonia, Ucrania, Lituania, Rumania, Hungría… Mucho de cierto hay en el sentido que en cada país podríamos hacer una lista de miles de historias de entregas y traiciones. Podríamos también tomar el porcentaje de judíos asesinados en cada país y con eso concluir el nivel de colaboración en cada lugar, pero a esa conclusión se le escapan varias cosas, como por ejemplo que la política de exterminio no fue igual en todos lados, ni se centro igual en todos lados. Los nazis mediante la Operación Reinhart deciden aniquilar a los judíos polacos en el mismo territorio y la invasión a la URSS la plantean como una guerra de exterminio contra el enemigo judeo-bolchevique. Eso también explica la extensión del porcentaje de exterminados.

También son muchas las historias de resistencia y valentía con las víctimas en todos esos territorios con lo cual podríamos, recortadamente construir conclusiones diferentes.

En un documental que estoy produciendo a partir del testimonio del único combatiente del ejercito rojo que vive en la Argentina, Iasha Barón -un judío de Besarabia que se escapa a Ucrania y termina como oficial del ejercito rojo peleando en Stalingrado-, le preguntaba, con todas mis prenociones, acerca de la colaboración de la población ucraniana en el exterminio y no pudo contarme mas que historias de solidaridad. Igual que su hermana hoy en Israel, quien fuera prisionera en un campo en Ucrania, a la que también entrevisté: sus dos o tres historias de contacto con la población civil son historias de enorme ayuda. Eso no quita las otras cientos de historias pero me llamó la atención que a personas con ningún interés de forzar interpretaciones les parecieron extrañas mis insistencias con la colaboración ucraniana.

Casualmente son los países que quedaron del lado del Este, del lado del comunismo en la guerra fría, eran pueblos pro nazis y colaboradores, no así los pueblos libres de la Europa occidental. Por eso conocemos el acto de valentía de los dinamarqueses pero no conocemos la de los búlgaros que no entregaron a los judíos y hasta los italianos, ambos con gobiernos fascistas.

¿Cuándo vamos a hablar de la bella Francia? ¿Por que Francia no tiene la misma demonización que Ucrania o Polonia? ¿Tantas historias de resistencia a la deportación judía conocemos en Francia?

Para terminar con este punto, Alemania: muchos miles de judíos alemanes se escondieron en Alemania durante la guerra y sobrevivieron. O sea que en la misma Alemania nazi hubo resistencia silenciosa, estoy seguro de que era mas fácil encontrar refugio en Alemania que en Francia.

4. Ana Frank y Sobibor

¿Cual es la historia mas difundida del exterminio nazi? Sin duda, la de Ana Frank, y uno -sin juzgar una historia familiar- podría preguntarse ¿Por qué? ¿Por qué una familia cuya virtud fue esconderse? Muy poca gente desconoce el relato de la familia Frank. ¿Cuántos conocen la rebelión del campo de exterminio de Sobibor? No creo que haya ingenuidad en la ponderación, en la presencia y ausencia de cada relato. En Sobibor, a partir del encuentro entre prisioneros soviéticos y prisioneros judios de trabajo se construye una rebelión que dirigirá un oficial judio y soviético. En esa rebelión matan a casi todos los SS del campo, a un Kapo judio y liberan el campo. De los 600 que logran salir, mas o menos 300 sobreviven a la guerra. Sasha, el jefe de la rebelión, vuelve a la Unión Soviética después de finalizada la guerra.

Entonces otra vez: ¿por que esta historia no tiene la difusión que si tiene la de la familia Frank? No creo que sea una pregunta menor ni que en su respuesta haya que buscar grandes conspiraciones, simplemente preguntarnos por qué la enorme difusión de ciertos relatos y por que la negación de construir relatos masivos sobre otras historias que como en este caso, deberían tener un impacto mayor: uno de los campos de exterminio se cerró por que los prisioneros se escaparon y mataron a casi todos los SS frente a una familia que se esconde.

En ese sentido al pensar en los combatientes del gueto y la enorme pagina de la historia que escribieron hay que pensar en todos sus protagonistas, incluir sus historias, como la de Andrei Scdmith que murió enfrentando la primera gran deportación de Julio de 1942 y que había peleado en una brigada judía internacionalista en la Guerra Civil Española. Incluir a todos los que, desde la resistencia, decidieron que la lucha no sólo era buscar armas sino enfrentar el genocidio haciendo escuelas, fomentando la vida cultural, armando comités de inquilinos, ayudando a palear el hambre, enfrentando al judenrath que siguió a Czerniakov profundamente corrupto. Ese trabajo sobre su pueblo, sobre su base social, excluyendo la posibilidad de escaparse a los bosques, quizás explique en parte por qué la rebelión de Abril del 43 fue totalmente masiva.

Es verdad que en el Gueto quedaban 70.000 judíos de medio millón, es verdad que las noticias del exterminio ya eran mas difíciles de ocultar, que los nazis ya habían perdido en Stalingrado hacía 3 meses y venían retrocediendo, pero siempre se puede elegir otra cosa, no luchar, especular, esconderse aun mas… y ellos, esos miles decidieron otra cosa.

Primo Levi sobreviviente italiano de Auswichtz dice, entre otras cosas, que hasta en Auswichtz hay opciones. O sea, en el lugar mas inhumano, mas degradante, frente a la máxima presión que pueda sufrir un hombre, hasta en ese contexto, dice Primo Levi, hay opciones, uno puede elegir colaborar o no, puede elegir resistir…

La historia de la rebelión del gueto de Varsovia, como representación de otras cientos o miles de historias de resistencia, muestra que hay opciones, y en estas opciones están las resistencias de Anilevich, la de Edelman, pero también las de los Czerniakov y la de los Ringelblum.

El mejor homenaje que se me ocurre es éste, ayudar a quitar velos e intereses buscando -aunque sea una tarea utópica- reencontrarnos con ellos, con quiénes eran, qué sentían, qué pensaban. Restituyendo el nazismo y el exterminio a la historia y devolviendo nuestros héroes a la humanidad de carne y hueso que produce genocidas pero también produce personas extraordinarias.



FUENTE: www.nuevasion.com