miércoles, 9 de febrero de 2011

Mois Benarroch: 'AMOR Y EXILIOS', su ultimo libro acaba de salir en España.-




AMOR Y EXILIOS:

Siete libros en un solo volumen que despedazan, analizan e inventan la diáspora, la literatura y el amor

Mois Benarroch, autor tetuaní que bebe de múltiples fuentes
idiomáticas, reaparece en España con Amor y exilios, una
obra magna en la que todo tiene cabida


Las circunstancias literarias de Mois Benarroch, autor
galardonado en 2009 con el premio del Primer Ministro
de Israel por toda su obra, son complejas: es un judío
marroquí que vive en Jerusalén al que no le satisfacen
las explicaciones petrificadas de las cosas.


Escritor políglota, con Amor y exilios regresa a su
idioma castellano, instrumento elegido para zafarse
de las etiquetas tradicionales, para poner sobre el
tapete las ideas preconcebidas de casi todo y con
paciencia de sabio irlas desbrozando página a página:
la literatura, la religión, la creación, el sexo, la
memoria y el desarraigo.


Eso es Amor y exilios, una obra dividida en siete
libros, donde cabe la ciencia ficción, el realismo, los
manifiestos literarios, la poesía, la novela y el cuento,
todo ello bañado de buena música y de nostalgias de
vidas posibles que no fueron. O tal vez sí.


Así resume Mois Benarroch su última apuesta literaria: «Seis años de trabajo llegan a puerto, 512 páginas, 157.000 palabras, todas escritas en español (no me lo creo), dividido en siete libros, crean una novela o más bien un libro conceptual, tal como eran algunos discos en los años 70, cada libro se centra en una historia de amor en el exilio, los mismos dos personajes, él y ella, cambian de nombre y de ciudad pero siguen en el mismo exilio.»

<
un camino no tomado, un sendero lleno de árboles cuyos frutos nadie ha comido.>



Mois Benarroch nació en Tetuán, Marruecos, en 1959.
A los trece años emigra con sus padres a Israel y desde
entonces vive en Jerusalén. Empieza a escribir poesía
a los quince años, en inglés, después en hebreo, y
finalmente en su lengua materna, el castellano.


Publica sus primeros poemas en 1979. En los años 80
forma parte de varios grupos de vanguardia y edita la
revista "Marot"('espejos' n.d.e.). Su primer libro en
hebreo aparece en 1994, titulado Coplas del inmigrante.


Publica también dos libros de cuentos, varios libros de
poemas en hebreo, inglés y español, y cuatro novelas.


En España ha publicado el poemario Esquina en Tetuán
(Esquío, 2000) y en 2005 la novela Lucena (Lf ediciones).
En 2008, la editorial Destino publica la novela
En las puertas de Tánger.


Es también traductor profesional y ha traducido al
hebreo la novela Los aires difíciles de Almudena Grandes,
Los santos inocentes, de Miguel Delibes, un centenar de
poemas de Bukowski, así como parte de la obra de
Edmond Jabes, entre otros muchos novelistas y poetas.


En 2009 fue galardonado por toda su obra con el premio
del Primer ministro en Israel.

Título: Amor y exilios
Autor: Mois Benarroch

Género: Narrativa

Editorial: Ediciones Escalera
Fecha de publicación: febrero de 2010
Formato: 14,8 x 21 cm
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 512
PVP: 22 €
ISBN: 978-84-937018-4-0

Colección: Trayectos Nº: 7

Solicitud de PDFs:
prensa@edicionesescalera.com


Entrevista a Mois Benarroch,
autor de
Amor y exilios (Escalera,
febrero de 2010)


Amor y exilios es un libro que a su vez contiene
siete. ¿Cuál es la hilazón entre
ellos?


Lo que los une es que todos tratan una historia de amor
en el exilio. Los personajes cambian de cuadro y de
nombres pero el fondo sigue igual. Los une también
otras cosas,personajes que aparecen entre los «libros».

Puede considerarse que la obra es una novela, pero yo
creo que más bien es un género que era muy común
en la música de los años setenta, el álbum conceptual.

Es un libro conceptual. Dejo al lector que lo defina
como quiera.


En el fondo veo también los siete libros que componen
El libro de las preguntas de Edmond Jabès. Y el cuento
que entra en otro cuento que evoca otro en las novelas
de Sabato.


Es casi inevitable creer que buena parte de
tu libro tiene
algo en común con tu vida.
¿De la vida nace la literatura?



Todo en común con mi vida, mi vida es lo que escribo.
Creo que más bien son mis escritos los que crean mi
vida y no lo contrario.

Primero escribo algo y después lo vivo. Mis opiniones
dependen de lo que escribo. Soy un personaje de una
obra que alguien está escribiendo. Así que no veo
ninguna reja ni ninguna muralla entre lo que escribo
y lo que vivo. Y cada día menos.


Cuéntanos un poco tu historia idiomática.
¿Qué te motivó a
regresar al español para
escribir este libro?


Lo de los idiomas pertenece al realismo fantástico más
extremo de mi vida y cada vez lo entiendo menos, así
que en vez de imponerme sigo a las palabras.


Ellas deciden del idioma. Empecé a los 15 años escribiendo
en inglés. Lo hice hasta los 19, y después me pasé al hebreo.
Después recuerdo que en 1995 escribí un poema en el que decía que no frenaré ninguna lengua y en el 97 hice un viaje a París donde empezaron a emanar poemas en español. Después de mucha poesía en español, alrededor de 2003 empecé a escribir prosa en castellano y de ahí sale este libro. Todavía no me creo que lo escribiera, pero sí que es lo mejor que he escrito.


El año pasado recibiste el premio del Primer Ministro por toda tu obra. Muchos se hubieran retirado ya. ¿La literatura es para ti pulsión o entretenimiento?


La única vida que puedo concebir es la de la escritura. Es una obsesión.


Has definido tu libro como una historia de amor entre dos personas que nunca terminan por encontrarse. Sin embargo, hay cabida para la religión, la historia, la ciencia ficción, el sexo, la creación, desde luego el exilio. Están todos los grandes temas de la literatura. ¿Es motivo de una planificación previa o sencillamente sucede?


Siempre hay un plan que a medida que escribo lo voy dejando de lado. Y entonces planteo de otro modo el libro, y también el nuevo plan acaba por ser destruido por las mismas palabras. Sigo las palabras, cada idea lleva a otra idea. La primera parte acabada fue la de «Raquel Dice» y después «El ladrón de Memorias»; al principio me parecían libros separados, pero poco a poco, mientras escribía los otros libros, me daba cuenta de que no eran un solo libro, las tres últimas partes ya las escribí consciente de que formaban parte de una sola obra. En algún momento pensé publicarlas por separado pero creo que mejor todo junto y de una vez. Me alegró que la editorial apoyara este proyecto arriesgado y de tantas páginas.


¿Cuál es la gran diferencia que encuentras entre esta obra y las anteriores?


Primero es más larga, es la más larga de todas. Creo que también es más amplia en el
sentido literario, toco en ella todos los temas que me interesan. También me he dado más libertad artística que todas las anteriores. Es la primera escrita sólo en castellano, después de la novela En las puertas de Tánger de la que hice dos versiones. Me parece que la literatura hebrea de hoy está muy limitada por la narración y en este libro he escrito más narrativa que narración. El tema de la literatura y del texto escrito está siempre presente.
Estoy seguro de que lo que escribí en este libro no podía ser escrito en otra lengua,
necesitaba ser escrito en español.

«Eso es lo que busco en esta prosa, una sinceridad, un camino no tomado, un sendero lleno de árboles cuyos frutos nadie ha comido.»

¿Crees que lo has conseguido?


La verdad es que creo que sí, a lo mejor ya puedo dejar de escribir. Estoy demasiado
satisfecho del resultado y eso no es una cosa tan buena. Supongo que cuando reciba los primero ejemplares me pasará lo de siempre y sólo veré las lagunas de la obra y entonces me animaré a escribir algo mejor. Pero por el momento, y ahora que todavía no he recibido el libro impreso, estoy eufórico.


En el libro que cierra Amor y exilios introduces un cuento, una parábola, para explicar la situación de Israel desde una perspectiva novedosa y ajena por completo a los cánones. ¿Es el único método para que los que somos ajenos a esa situación podamos comprender según qué despropósitos?


La parábola es una técnica oriental muy común. Toda la biblia está basada en parábolas. A veces me parece que en el diálogo judeo-musulmán-oriental es la única forma de llegar a una discusión intelectual. La idea es tomar una situación
diferente para hablar de la discutida. Tal vez sea la base de toda literatura. Lo de la realidad israelí es algo que intento explicarme a mí mismo, como alguien que no nació en Israel y que hasta hoy no la entiende mucho. Tal vez hasta eso sea
algo muy israelí.


Y para terminar, ¿estás satisfecho con el resultado?


Sí. Eufórico.

A CONTINUACION ALGUNAS TEXTOS DE ESTE LIBRO:

Amor y exilios ------- Mois Benarroch

Día Logo
45.

Mi edad.
La edad de Raquel.
Media vida. Tal vez. Tal vez ya he vivido el noventa por ciento de mi vida. No sé. Aunque cuando pienso en la vejez veo a esa vieja arrugada en Lisboa que un sábado se empeñó en leerme las manos. Dijo que tendría una vida muy larga. Estaba yo allí con un amigo, Amram Abessera, finales de los noventa, en un congreso de medicinas naturales. Amram me dijo que no importaba la longitud de la vida, importaba qué clase de vida se vivía. Se murió diez años más tarde, a los sesenta. Joven. Ahora esa frase tiene otro sentido. Tal vez sabía él que no iba a vivir muchos años más. Y era una forma de justificar su muerte prematura.

46.


—Te espero
—Tú siempre esperando.
—Espero dejar de esperar.
—Otra espera.
—Estoy aquí y sigo esperando.
—¿Pero qué esperas?
—Yo que sé, lo que venga, un tren, un avión, una mujer, un hombre, un libro, un cuaderno, una frase,
un refresco, el tapón de una botella, una casa, un barco, un coche, una mula, una bicicleta, una mano.
—Nadie vendrá.
—Sí que vendrá algo o alguien. Al final siempre llega algo.
—Pero no es lo que esperas.
—No, claro que no, pero eso se espera, porque uno sabe que nunca vendrá lo que uno espera, vendrá
otro algo. Esperamos lo otro.
—¿Y por qué esperas aquí?
—Porque hay que esperar en algún lado.


47.


Uno puede escribir frases imposibles, escribir después de mi muerte iremos a pasear por calles semidesiertas, puede escribir en Marte tu cara tiene mejor sonido, puede escribir antes de nacer ya te toqué las tetas, cosas que no pueden haber existido.
Uno puede recordar cosas que nunca han pasado.
Recordar que me paseé por Minoestar cuando tenía quince años, aunque la primera vez que mi pasaporte firma una entrada en Minoestar sea seis años después, pero yo recuerdo cómo me paseaba por Minoestar en bicicleta cuando tenía quince, cómo los chicos me sonreían, sí, en esos quince años era mujer, en esas memorias era mujer, y resplandecía en el sol de julio, por la calle Pereire y por la avenida de Ternes, por La Castellana, y por la Avenida de la Paz, o por la calle Taxim, por los cafés de la calle 48, los restaurantes baratos de Pierre Koenig, calles, avenidas, era mujer y los hombres me sonreían, mientras yo me preguntaba por primera vez por qué me miraban hombres mayores de cincuenta años, qué podían ver en una niña, pero ya no era una niña, había dejado de ser niña, mi cuerpo era diferente, era otro, me había convertido en otra, en un ser completamente diferente del que era unos años antes, podía tener quince o dieciocho, podía ser madre, como mi madre, tener hijos, hacer el amor, tener amantes, aunque seguía sintiéndome una niña que todavía quiere jugar un poco más con su Barbie.
Puedo escribir cuando vivía en Madagascar aunque nunca viví en Madagascar. Pero si lo escribo, en el momento en que lo escribo, ya he vivido en Madagascar. El pasado cambia en el momento en que escribo esa frase. Pero qué pasa cuando digo después de mi muerte te encontraré en Minoestar.
Pues eso, exactamente eso, tenemos una cita.


48.

—Aquí en la línea derecha, aquí te esperan.
—¿Quién?
—Pues ellos, los que te esperan.
—¿Para qué?
—¿Cómo que para qué? Si te has pasado la vida esperándolos.
—Esperando yo, el que espera soy yo.
—Pues te has equivocado, te esperan ellos. Te esperaban en otro lado. A media cuadra de aquí. Te los
traje. Ahora ya os las arregláis.
—¿De dónde son?
—De Lucena. Cada uno de ellos nació en un siglo diferente. Son quince.
—¿Y yo qué hago ahora?
—Pues te vas con ellos.
—Y entonces… ¿Quién se va a quedar a esperar aquí? En cualquier momento alguien o algo puede
llegar y si no estoy aquí, habré echado toda mi vida al vacío.
—Pero eran ellos los que tenían que venir.
—Puede ser, pero puede que no, tal vez alguien que va a llegar aquí, o algo.
—Mira, es tu oportunidad, son quince y se van a ir a esperar a donde estaban, y te digo que son ellos,
son ellos los que esperabas. Así que decídete, o se van y seguirás esperando.


49.


¿Se irá?
¿El que espera o la que espera toda su vida?
Poco sabemos de ella, pero sabemos que espera. Espera tal vez un amante, un amor, un caballo blanco,pero tal vez sólo espera un delantal, una cuchara que le recuerda su infancia, un tenedor, un beso efímero de un abuelo, no sabemos qué espera. Ella tampoco lo sabe, o si lo sabe no nos lo dice, y nunca lo dirá.
Hace años que espera. Espera toda la vida. Pero cuando llega lo que espera no puede dejar de esperar,desespera. Desesperar, dejar de esperar es la desesperación.
Necesitamos esperar.


50.


—Hemos dejado en el camino hembras y miembros, hemos dejado pesadillas y corbatas, hemos dejado pecados y empanadas, hemos dejado dedos y miradas.
—Dejamos lo que más nos convenía.


—Dejamos las espaldas, dejamos las sombras y ahora vamos solos, solos como al principio de un mundo.
—Nada empieza nunca, ni siquiera las madrugadas de los pájaros.
—Dejamos latas de conservas, jeringas de plantas, hipotecas, dejamos nuestras camisas colgadas en Ramas de árboles.
—Y ahora vamos descalzos en calles sucias, más rápidos que la velocidad de la luz, más amables que la mentira de la luz.
—Mírame ahora, besa mis manos, pídeme perdón.
—Te pido que me dibujes trajes de payasos y sonrisas de toros.
—Mírame bien, ya pronto tu mirada será amputada de mí. Tus ojos se convertirán en flores.
—Tus manos en ríos, tu sonrisa en islas.
—Queda poco tiempo, siempre queda poco, pero ese tiempo es nuestro.
—Éste, nuestro tiempo, éste, el mejor tiempo.
—Apunta, apunta, hay que coger palabras lo más rápido posible, antes de que el tiempo se las lleve.
Apunta que nosotros fuimos testigos.
—¿Testigos de qué?
—Testigos de un tiempo en el que nadie quería ser testigo, en el que todos querían comprar.
—Fuimos testigos de sus compras. De sus valores.
—De lo que no valoraron. De lo que no compraron.
—Pídeme perdón en el gran día de los perdones, en el día de los perdonados.
—Te pido el libro de ausencia.
—Te doy caras de ojos agudos, hojas de alcachofas ma-rítimas.
—Te pido el libro del miedo.
—Te doy churros de Tetuán.
—Te pido el libro de la salud.
—Te doy una cuchara de aceite.
—Te pido el libro de la juventud.
—Te doy el tiempo. Y el viento que borra al tiempo.
—Te pido el libro de los muertos.
—Te doy la vida. La vida te doy. Hoy. No me pidas más.


51.


Nosotros
Los marginales, los expulsados, los olvidados, los que creemos en la palabra, los que luchamos por la palabra
Los que perdemos en todas las batallas
Los inocentes
Los que creemos que la calidad es el único valor, los que pensamos que nos valorarán por nuestros méritos
Los que bailamos con el arte para bendecir una pista
Los que no ganamos los premios, los que escribimos libros invendibles, los que rezamos
Los que empezamos por ser buenos y acabamos amargados y frustrados
Los que empezamos con mucho talento y acabamos fuera de nuestros ojos
Los locos, los que nos volvemos más y más locos, los locos de manicomios
Los que sabemos que es el mundo es que está loco
Los que no tenemos nada que perder porque nunca hemos ganado nada

Los que venimos al mundo a dar y no a tomar, los que abrimos puertas a otros
Los que llenamos pantallas de palabras y parques de basura
Los que nos vestimos con papel y escribimos con tinta sangrienta
Los que no sabemos cómo hablar a un editor o a un agente
Los que no sabemos por qué otros escriben cuando pueden
Los que no encontramos nunca la razón exacta de nuestra obsesión, ni la buscamos
Los que trazamos las frases y los libros de escritores futuros
Los que nunca oyen la palabra gracia y siempre agradecen
Los que ayudamos y nunca somos ayudados
Los que amamos a los talentosos y odiamos a los mediocres
Los que decimos la verdad, los que amamos el arte
Los que andamos descalzos sobre parques de palabras
Nosotros
Que somos tan pocos.



fuente: http://www.edicionesescalera.com/relacionados.asp?cadena=Mois%20Benarroch