domingo, 6 de febrero de 2011

Buenos Aires: Cristina-Dilma, inolvidable

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De no creer

Cristina-Dilma, inolvidable

Carlos M. Reymundo Roberts


Im-pre-sio-nante. Sólo así puede ser calificado el encuentro de esta semana entre Cristina Kirchner y Dilma Rousseff. Las dos presidentas dieron, durante dos horas, una lección de diálogo al más alto nivel. Fue un intercambio riquísimo, pleno de matices, en el que no faltaron referencias a la ropa y al peinado, a cirugías y a sus hijos. Tampoco faltaron las diferencias y hasta cruces cargados de ironía, en los que la argentinidad y la brasileñidad (o como se diga) afloraron en todo su esplendor.


Como se verá enseguida, la conversación fue tan interesante que no hay que ponerle ni más introito ni más flores. Sólo déjenme agregar que ahora sí, por fin, está todo dado para que los dos países marchen hermanados hasta el fin de los tiempos.


-¡Estás espléndida! -la recibió Cristina-. Me encanta ese conjunto, y te queda bárbaro el pelo así, cortito. ¡Te tuneaste muy bien!


(risas).


-¡No sé qué es tunear, pero vos no te quedaste atrás! (risas). Eso de que sólo en Brasil hay buenos cirujanos es una falacia.


-Dilma, gracias por haber elegido a la Argentina para tu primer viaje. Me siento muy honrada.


-Es que nos debíamos el encuentro. Digo, porque no pudiste ir cuando asumí. Una lástima, pero bueno, te entiendo.


-Yo sabía que me ibas a entender, y no como los diarios argentinos, que publicaron una sarta de estupideces. A propósito, acabás de darle una entrevista conjunta a LA NACION, Clarín y Página/12. Me sorprendió mucho que.


-.Sí, ya sé, que incluyera a Página/12. Pero quería que también estuviese un diario de izquierda.


-No, lo que me llamó la atención es lo de LA NACION y Clarín: ya sabrás que no hacen otra cosa que socavar mi gobierno.


-Mirá, leí la entrevista en los dos diarios y se portaron muy profesionalmente: no tengo nada que objetar. Y te lo digo yo, que no soy nada amiga de hablar con periodistas.


-¡Y yo, mucho menos! Acá lo que hicimos fue impulsar una cadena de medios amigos. Ahora no me cuesta nada hablar con periodistas (risas).


-Cristina, de amiga a amiga: ¿cómo viste mi primer mes de presidenta?


-Excelente, aunque, para ser franca, que hayas recortado tanto el gasto público no me vino bien: acá lo aumentamos todos los días.


-Sí, justamente te quería preguntar cómo hacen para subir el gasto y que eso no les traiga desequilibrio, inflación. Ya sabés: soy una economista que sigue las cuentas obsesivamente.


-Nuestra fórmula es la contabilidad creativa y la búsqueda de fuentes alternativas de financiamiento. Néstor ha hecho milagros en ese sentido y nos ha dejado todo atado y bien atado. A mí no me gustan mucho los números. ¡y a mi ministro de Economía tampoco! (risas)


-¿Y quién lleva el día a día? ¿El jefe de Gabinete? -No, ahí también fuimos creativos: el jefe de Gabinete es un buen comunicador, chispeante, atrevido, y además entiende muy bien las redes sociales. Está todo el día en Twitter. De la gestión me ocupo yo. Sobre todo, del relato de la gestión, que es clave.


-No sabés cómo te envidio esa capacidad de comunicación. Me cuesta horrores hablar, y quizá por eso me concentro en las cuestiones de gobierno. Antes de las 9 ya estoy trabajando.


-¿Antes de las 9? ¿Y cuándo te arreglás? A mí me lleva muchísimo tiempo el maquillaje, el pelo, la ropa.


-Es que para trabajar apenas me arreglo. Decime, ¿tu hija es tan coqueta como vos?


-¡No! No puede creer que desde que soy presidenta todos los días me estreno algo. Odio repetir.


-¿Repetir mandato? Es una broma...


-Mirá qué pícara resultaste. Entre nosotras: como mujer y como defensora de los derechos humanos a ultranza que sos, estoy segura de que íntimamente odiaste que Lula mandara al ejército a reprimir en las favelas, ¿no?


-¡Al contrario! No reprimimos a los pobres, sino a los narcotraficantes. Simplemente combatimos el delito.


-Sí, pero con el ejército. Vos, de joven, luchaste en la guerrilla contra ese ejército.


-Cristina, Cristina. me estás hablando de hace 40 años. Algo ha cambiado, ¿no?


-Francamente, no creo que los ejércitos cambien.


La conversación, siempre fluida, siempre cordial, pasó por los más diversos temas, y a medida que el diálogo ganaba en relieve ambas fueron descubriendo que había muchos otros terrenos en los que se diferenciaban: la relación con los empresarios, con el sector agropecuario y con la oposición; los vínculos con Estados Unidos, que Dilma está estrechando; la fuerte inversión de Brasil en la búsqueda de petróleo, y hasta en pequeños detalles, como que la ilustre visitante es rabiosamente puntual.


Sin embargo, la conclusión de ambas fue que no había distancia o conflicto que su naciente amistad no pudiera superar. En ese clima de confraternidad se despidieron.


La próxima cumbre por ahora no tiene fecha.


fuente: LA NACION

Sábado 05 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa