miércoles, 9 de noviembre de 2011

La peligrosa debilidad israelí- Canje de terroristas por Israelies


por Vicente Echerri

Si, con el acuerdo que liberó esta semana al soldado Gilad Shalit del secuestro en que se encontraba hacía cinco años, Israel ha querido subrayar que uno solo de sus hombres vale por más de 1.000 palestinos, no ha podido resultar más evidente. 1.027 palestinos –de los cuales hay varios centenares condenados a altas penas por la comisión de crímenes muy graves– han empezado a salir de prisión como resultado de este trato en que el Estado judío recobra a un sencillo y algo famélico sargento artillero. Su familia ha de estar muy contenta, pero la asimetría es escandalosa.


No es la primera vez que un gobierno israelí lleva a cabo este tipo de tratos, a veces sólo para recuperar unos cadáveres, a cambio de los cuales ha liberado a numeroso grupo de terroristas (ya sean palestinos o libaneses) con un amplio prontuario criminal. El precio obvio es un menoscabo de la justicia que había sentenciado a muchos de estos delincuentes (los que ya se encontraban cumpliendo condenas no sujetos a prisión preventiva), sentencias que el gobierno desconoce por presuntas “razones de Estado”, y el aumento real del nivel de la peligrosidad –no sólo para Israel, sino para todo el mundo civilizado– que significa el regreso a la libertad de tan crecido número de enemigos del orden occidental. De lo menos que puede tildarse esta acción de Israel es de irresponsable, amén de una falta de respeto hacia sus propias víctimas.


En verdad, no puedo entender la lógica detrás de este acuerdo. Decenas o cientos de soldados israelíes pueden morir en combate como cualesquiera otros soldados del mundo y, sin embargo, ni uno sólo puede permanecer secuestrado o dejar que muera a manos de sus secuestradores. Esa lastimosa muestra de indefensión de un Estado –con los importantes cometidos y responsabilidades que su propia existencia conlleva– no puedo juzgarlo más que como un acto de debilidad, una debilidad que debe haber calado con alguna profundidad en el tuétano de la sociedad israelí que, al mismo tiempo, tantos ejemplos de audacia y heroicidad nos ha dado en la historia contemporánea.


¿Se trata acaso de un síndrome colectivo que puede originarse en el trauma, cercano aún, del Holocausto, en el que millones de judíos, antes de ser ejecutados, padecieron la humillación y los vejámenes del cautiverio en los campos de concentración nazis? Podría pensarse que, a partir de esa experiencia, al Estado de Israel, que rescata como nadie la memoria de las víctimas del nazismo, le resulta intolerable que uno solo de sus ciudadanos pueda sufrir encarcelamiento político o ser objeto de privaciones y torturas, sin que eso conlleve una reapertura de las viejas heridas y hasta una traición al juramento de que el Holocausto no habrá de repetirse, de que la imagen del judío, como una suerte de indefenso cordero sacrificial, no ha de verse de nuevo.


Tal vez, pero si fuera así estamos en presencia del punto flaco, del verdadero “talón de Aquiles” del Estado sionista que, a pesar de su inmenso poderío militar y de sus adelantos tecnológicos y científicos, no puede soportar –como los vampiros clásicos la luz solar o Superman la criptonita– que alguno de los suyos se vea sujeto a los desmanes de un enemigo cruel. Este enemigo, desde luego, lo sabe, y el último intercambio de uno por mil habrá conseguido recrudecer su apetito de encontrar nuevos rehenes, frente a los cuales los israelíes volverán a ceder.


Sería sabio, creo yo, que Israel abandonara esos escrúpulos y, en esta larga contienda por su supervivencia frente al fanatismo musulmán y la envidia y codicia de sus vecinos, les hiciera saber claramente a sus enemigos que no obtendrán nada a cambio de ningún secuestro o extorsión, y que un ciudadano libre e inocente no puede intercambiarse por ningún criminal sin incurrir en una grave falla moral que una sociedad sana no puede permitirse. Cuando se vea que el delito no produce ningún fruto, casos como el del sargento Gilad Shalit dejarán de tener lugar, así como la vergüenza que a tantos nos provoca.


© Echerri 2011


Canje de terroristas por Israelies


No es la primera vez, ni será la última. De acuerdo a reportes de AFP, en marzo de 1974, 65 palestinos fueron canjeados por dos espías israelíes detenidos en Egipto. En marzo de 1979, 76 palestinos por un militar israelí prisionero en el Líbano. El 23 de noviembre de 1983, 4,600 palestinos fueron canjeados por seis soldados capturados por la OLP en el Líbano. El 20 de mayo de 1985 Israel liberó a 1,150 palestinos a cambio de tres soldados israelíes capturados en 1982 por el Frente Popular de Liberación de Palestina. El primero de octubre de 1997 Israel liberó al guía espiritual de Hamas, el jeque Ahmed Yasin, así como a decenas de prisioneros palestinos y jordanos a cambio de dos de sus agentes secretos. El 6 de agosto de 2003 ocurrió la liberación por Israel de 341 palestinos, vinculados a Fatah, partido dirigente de la OLP. El 29 de enero de 2004 Israel libera a 408 palestinos y 23 libaneses del movimiento chiita libanés Hezbolá a cambio de los cadáveres de tres soldados israelíes.

Entre el 27 de diciembre del 2004 y el 15 de diciembre del 2009 alrededor de 8,700 prisioneros palestinos son liberados por Israel, pertenecientes en su mayoría a Fatah; entre ellos, los dos prisioneros más antiguos de Israel, Said al-Attaba y Mohammed Ibrahim Abu Ali. El 2 de octubre del 2009, Israel liberó 20 palestinos a cambio de un vídeo de Gilad Shalit.

Por fin, el 11 de octubre del 2011, luego de arduas negociaciones, se revela que Israel y Hamas han llegado a un acuerdo bajo mediación egipcia para canjear a Gilad Shalit por 1,027 terroristas palestinos y, finalmente, el 18 de octubre, Gilad Shalit es liberado.

En conclusión, para los que han criticado la negociación y sus resultados desde los ángulos más alucinantes del espectro de opinión, Israel desde 1974 a la fecha ha canjeado alrededor de 9,800 terroristas palestinos, jordanos y libaneses por 18 israelíes incluyendo tres cadáveres.

Coincidentemente el número 18 coincide con la letra jai, que en hebreo significa vida. Pese a todos los enemigos, Israel seguirá esforzándose por la humanidad salvando vidas diariamente gracias a sus logros científicos y luchando por su sobrevivencia apoyado por sus Fuerzas de Defensa.