domingo, 20 de noviembre de 2011

Incrementará el antisemitismo/antijudaismo???"El Cementerio de Praga” de Umberto Eco revive viejos odios


Umberto Eco se introduce en las profundidades de la extraña y retorcida historia de "Los Protocolos de los Sabios de Sión" arriesgando reflotar viejos odios y rencores. Traducimos para nuestros lectores la crítica de Daniel Levin, de The Daily Beast,


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Umberto Eco se introduce en las profundidades de la extraña y retorcida historia de "Los Protocolos de los Sabios de Sión" arriesgando reflotar viejos odios y rencores. Traducimos para nuestros lectores la crítica de Daniel Levin, de The Daily Beast:

"Ten cuidado de fingir", advirtió Umberto Eco en su novela de 1988, ´El Péndulo de Foucault´, "la gente va a creer".

A menos que se haya olvidó de su propio consejo, Eco debería haber anticipado la tormenta de controversia que rodea el lanzamiento de su nueva novela, ´El Cementerio de Praga´. Después de todo, el personaje central ofrece en 444 páginas, un menú de variedades antisemitas, despotricando contra el "Judío" en cada callejón oscuro de la Europa del siglo 19. Como era de esperar, el Gran Rabino de Roma tiene algunas preguntas para hacerle a Eco. Lo mismo se puede decir del periódico del Vaticano, ´Osservatore Romano´, cuyo mordaz critica fue tan lejos como para llegar a decir que los lectores podrían ser convencidos por el lenguaje antijudío del libro.

¿Ya está pensando en que quizás este libro no sea el regalo perfecto para las fiestas? Espere. No tan rápido.

Porque ´El Cementerio de Praga´ utiliza un despreciable elenco de falsificadores, buscadores de basura y antisemitas para ayudar a Eco buscar el origen de la trampa más mortal de la historia moderna.

El engaño fue un documento calificado como "histórico", una aparente transcripción de antiguos rabinos ("Los Sabios de Sión") secretamente reuniéndose a medianoche en un cementerio de Praga para discutir sus planes de dominación mundial a través de las finanzas, la política y la medicina.

El documento, conocido como "Los Protocolos de los Sabios de Sión", apareció en Rusia en 1905 y rápidamente se comprobó la falsificación. Pero no importaba. Henry Ford financió la impresión de 500.000 copias en USA. La traducción al alemán fue un best-seller instantáneo. En 1936, Adolf Hitler llamaba a los Protocolos su "garantía de genocidio".

Pero si los "Protocolos" eran una falsificación histórica, ¿Quién los escribió?

Entremos en la última creación malévola de Umberto Eco, el capitán Simone Simonini: un falsificador de mediana edad del siglo 19, un furioso antisemita, y cocinero amateur. El tipo de hombre que interrumpe en lo mejor de una perorata para recordarnos que el coliflor se cocina mejor con carne asada, 4 huevos, queso parmesano, nuez moscada y una ramita de romero.

Cuando su plato más preciado es el odio.

El capitán Simonini odia a todo el mundo. Los franceses son "perezosos, estafadores, resentidos", los italianos "están mejor con el veneno que con la medicina", y los alemanes "producen, en promedio, el doble de heces que los franceses".

Pero, sobre todo, el capitán Simonini odia a los judíos. Sueña con ellos, teoriza sobre ellos, habla de ellos con cualquiera que se encuentre. No que esté seguro de si quiera haber conocido a alguno. A medida que la falsificación de documentos contra los judíos se hace más lucrativa, se lamenta: "había tanto que no sabía sobre el objeto de mi repugnancia".

Simonini es un falsificador de poca monta que quiere pegar el gran golpe. ¿Qué conspiración podría unir a los ascendentes marxistas en busca de un objetivo capitalista, con los ocultistas rusos en busca de una fuerza mística oscura, con el comerciante francés sumido en deudas, e incluso con los jóvenes sacerdotes que custodiaban la moral cristiana? Ah, el judío.

"El peligro tiene que tener una cara", nos instruye Simonini. Y es aquí donde ayuda el hecho de que este verdadero bastardo sea un buen chef. Él mezcla un poco de la teoría de la conspiración del satírico francés Maurice Joly (si bien las acusaciones de Joly estaban dirigidas a la Iglesia, por lo que cambió a los jesuitas por los judíos), una pizca de locura del trabajador postal alemán Hermann Goedsche, (hacer que los judíos se reúnan en un espeluznante cementerio), y una cucharada colmada de odio de Eduard Drumont (dominación mundial como meta final).

Pero la parte más interesante de ´El Cementerio de Praga´ no es el por qué un lunático escribió los Protocolos. Es por qué todo un continente le creyó. Ese es el tema más rico y relevante del libro.

"No se ama a alguien toda la vida", le dice un antisemita a otro. "Pero se puede odiar a alguien toda la vida. El odio calienta el corazón".

Para Eco, la extraña verdad detrás de la credulidad de Europa no es intelectual, sino sensual. Este es el atractivo erótico, íntimo, del antisemitismo con el que Eco nos presenta. La apelación suntuosa de sus mentiras, la grandeza de su alcance no tiene por qué tener sentido. Es una adicción, adormecimiento de las complejidades de la propia vida. Al igual que todo el vino que se consume en los distintos bares oscuros a lo largo de esta novela, el antisemitismo se siente nutritivo, pero es una triste y corrosiva ilusión Y como el alcohol, la resistencia del antisemita se potencia. Las teorías deben intensificarse, de generación en generación, para ofrecer la misma sensación de placer.

Al final, ´El Cementerio de Praga´ es el retrato de la caída de Simonini, el desmantelamiento de un adicto al odio. Un hombre cuyo odio tan profundo aumentó su alma hasta partirlo en 2, creando una psicosis en la que Simonini cree que alguien distinto -un hombre que se muestra a si mismo como un sacerdote- es quien escribe en su diario y durmiendo en su cama. Desafortunadamente, el uso de Eco de estos puntos de vista alternativos fracturan la historia y sofoca el tipo de suspenso que la mayoría de los lectores de thrillers anhelan.

En su introducción, Eco dice que la novela puede apelar incluso a los lectores "que no saben nada de literatura del siglo XIX, e incluso a aquellos que se hayan podido tomar a Dan Brown en serio". Esa crítica contra los lectores de Brown es injusta. La verdad es que demandan una narrativa con una mayor cohesión y un ritmo más ágil que el que aquí se entrega. Eco podría haber utilizado un truco o dos de su desafortunado chef, Simone Simonini. ¿Quieres que siga leyendo? Entonces hazlo tan rico que no puede parar. Muchos lectores -esto lo garantizo- tendrán indigestión a la altura de la página 75.

Lo que sería una lástima porque, a pesar de todas sus dificultades, ´El Cementerio de Praga´ es una novela importante. La pregunta implícita del libro es terrible: ¿aún hoy en día actúan las mismas frustraciones sociales como para revivir el antisemitismo de "Los Protocolos"? Al igual que al inicio del siglo pasado, los europeos están sumidos en deuda, los rusos sienten nostalgia de su antigua grandeza, la Iglesia está perdiendo terreno, y las naciones árabes tienen dificultades para elaborar una imagen coherente para su futuro ¿No sería nuevamente la limitación a un solo objetivo lo que el mundo está buscando para servir de vaso de agua a un mundo que esta en el desierto de las dudas?

Egipto ha respondido a esa pregunta. "Los Protocolos de los Sabios de Sión" fue emitida como miniserie en la televisión y visto por millones, con traducción al árabe incluida. El prólogo comienza con un: "Hitler no fue el primer líder mundial que trató de defenderse contra la conspiración judía". Una encuesta de Reuters demostró que, preguntadas varias personas de varias nacionalidades por los responsables del 11/09, 7% de los encuestados (incluidos estadounidenses) respondieron "Israel".

Simonini es un personaje de ficción, pero la creatividad incesante de su odio no lo es. Revisará cuanto libro pueda y en cualquier idioma para localizar otra pieza del rompecabezas. Entonces surge la pregunta: La misma extensión del ´Cementerio de Praga´, con sus mentiras y estereotipos sobre los judíos ¿no proporcionar por si sólo un arsenal aún más grande de falsas imágenes y mentirosos rumores? Con un millón de copias vendidas, seguramente algunos han caído en las manos equivocadas. ¿Desvelará a Eco por las noches preguntarse si alguna de esas malas manos pertenece a un futuro Simonini?

Debería. Todos deberíamos.

Y tal vez esa es la sensación de náuseas que Eco quiere que tengamos. Porque si ´El Péndulo de Foucault´ sugiere que es un gran crimen encontrar una conspiración donde no la hay, ´El Cementerio de Praga´ presenta una verdad superior: El crimen más grande es estar de brazos cruzados mientras otro es revivido de su tumba.

12-Noviembre 2011
fuente: http://www.urgente24.com/noticias/val/17075/el-cementerio-de-praga-de-umberto-eco-revive-viejos-odios-.html