sábado, 7 de agosto de 2010

Japon pide el fin de las armas nucleares en el 65 aniversario de Hiroshima




Han tenido que pasar 65 años para que un representante oficial de Estados Unidos participe en la conmemoración del lanzamiento de la primera bomba atómica, que se celebró ayer en Hiroshima. Junto al embajador norteamericano en Japón, John Roos, acudieron también por primera vez el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y los enviados de otras dos potencias nucleares, Reino Unido y Francia, que en la Segunda Guerra Mundial eran aliados de Washington contra el Eje que formaban la Alemania nazi de Hitler, la Italia fascista de Mussolini y el imperio del Sol Naciente.

A las ocho y cuarto de la mañana, la misma hora en que el B-29 Enola Gay arrojó la bomba A, macabramente apodada «Little Boy» («Muchachito»), un silencio sepulcral inundó el Parque de la Paz de Hiroshima donde, según la agencia de noticias Kyodo, se habían congregado unas 55.000 personas.

Bajo las fantasmagóricas ruinas de la Cúpula de la Bomba Atómica, el antiguo Pabellón Industrial que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996 y se ha convertido en el símbolo de Hiroshima por aguantar en pie la tremenda explosión, los asistentes rezaron por los 140.000 muertos que dejó el ataque, casi la mitad de los 350.000 habitantes que tenía la ciudad en aquel entonces. Tres días después, otras 80.000 personas perecían en Nagasaki por una segunda bomba atómica llamada «Fat Man« («El Gordo»), que obligaba a Tokio a rendirse y precipitaba el final de la contienda.

Para recordarlos, sonaron las sirenas de Hiroshima y se soltaron palomas que sobrevolaron los cielos de la ciudad. «Ofrezco mis plegarias a las víctimas y tenemos que comunicar a todo el planeta el intenso anhelo de los "hibakusha" (supervivientes) por la abolición de las armas nucleares», abogó el alcalde de Hiroshima, Tadatoshi Akiba, quien lidera una liga de Ciudades por la Paz que reúne a más de 4.000 municipios de 144 países y reivindica un mundo sin bombas atómicas en 2020.


Ante el primer ministro nipón, Naoto Kan, el primer edil reclamó que Japón salga del «paraguas nuclear» de protección ofrecido por EE.UU., que se convirtió en su principal aliado tras el conflicto, para defenderse de la Unión Soviética y China durante la Guerra Fría y, más recientemente, de las amenazas atómicas de Corea del Norte.

La lucha antinuclear de Obama

Aprovechando que el presidente norteamericano, Barack Obama, ganó el año pasado el Premio Nobel de la Paz gracias a sus conocidas iniciativas contra la proliferación nuclear, Akida le había invitado a los actos del 65 aniversario. En su lugar, la Casa Blanca envió al embajador John Roos para «homenajear a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial y, por el bien de las próximas generaciones, continuar trabajando para lograr un mundo sin armas atómicas».

Aun así, el alcalde de Hiroshima, galardonado esta semana en Filipinas con el premio Magsaysay, considerado el Nobel de Extremo Oriente, confía en que Obama visite la ciudad durante la cumbre de países de Asia y el Pacífico que se celebrará en Japón en octubre.

Aunque algunos de los asistentes saludaron la presencia del embajador norteamericano, otros exigían que se disculpara por los daños causados y varios grupos izquierdistas se manifestaron cantando eslóganes y portando pancartas contra Washington. «La bomba de Hiroshima era innecesaria» y «Yanquis, volved a casa con vuestras armas nucleares», coreaban unos mientras Katsuki Fujii, un universitario de 20 años, explicaba a la agencia AP que «Obama no sería bienvenido porque no tenemos la misma idea de paz, ya que para él algunas guerras son buenas y otras malas».

Pero la Casa Blanca no tiene prevista una visita de Obama a Hiroshima porque dicha posibilidad también levanta ampollas en EE.UU., que entró en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque por sorpresa a Pearl Harbour en 1941 y donde muchos piensan que la bomba atómica era el último recurso que quedaba para derrotar al irreductible imperio del Sol Naciente.

Con la guerra ya concluida en Europa, las tropas niponas seguían ofreciendo una resistencia encarnizada al avance del Ejército americano por las islas de Okinawa e Iwo Jima. Prefiriendo la muerte antes que el deshonor de la derrota, como manda el código del «bushido» por el que se regían los antiguos samuráis, algunos generales del Estado Mayor aconsejaron al emperador Hirohito seguir luchando incluso después de las dos bombas atómicas.

Más de seis décadas después de aquel apocalipsis nuclear, EE.UU. y Rusia aún mantienen 22.000 cabezas atómicas pese a la reciente reducción de sus arsenales. Unidas al millar que, en total, poseen Francia, Reino Unido, China, India, Pakistán e Israel, suman 150.000 bombas como la de Hiroshima. La amenaza nuclear, que mantuvo en vilo al planeta durante la Guerra Fría, sigue vigente ante la posibilidad de que algún grupo terrorista, como Al Qaida, se haga con una bomba atómica, que ya ha sido desarrollada por regímenes tan poco fiables como Corea del Norte y a la que aspiran países como Irán o Birmania.

«La vida es corta, pero la memoria es larga. Para muchos de vosotros, aquel día pervive tan intenso como la luz blanca que abrasó el cielo y tan oscuro como la lluvia negra que cayó a continuación», recordó el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien depositó una ofrenda floral ante la llama eterna que arde en el Monumento de la Paz. Con el fin de erradicar el armamento atómico en 2020, Ban Ki-moon, que el jueves también visitó Nagasaki, propuso que en 2012 entre en vigor el Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares, suscrito en 1996 pero que sigue a la espera de ser ratificado por 44 naciones, entre ellas EE.UU. y China.

65 años después del horror en Hiroshima y Nagasaki, el mundo sigue reclamando el fin de las armas nucleares.


fuente: texto:ABC- MADRID-

video: YOUTUBE.




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