miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Qué piensas cuando escuchas la palabra nuclear?

La radiactividad ha sido cuestionada incluso antes
de ser descubierta, según varios expertos (AFP).

Por Elizabeth Landau

(CNN) — Dilo en voz alta: NUCLEAR. ¿Cómo te hace sentir? Muchas personas tienen asociaciones negativas con esa palabra, y esos sentimientos se han magnificado desde el terremoto y tsunami masivos que afectaron a la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi en Japón el pasado 11 de marzo.

Las autoridades de salud enfatizan que los minúsculos niveles de radiactividad diseminados desde Japón hacia América ni remotamente perjudicarán la salud humana. Son apenas trazas y nada de lo que debamos preocuparnos.


Sin embargo, muchas personas en la costa oeste de Estados Unidos se han preocupado de más y han arrasado con el yoduro de potasio, que contrarresta los efectos del yodo radiactivo, incluso aunque no existe lo suficiente de esta sustancia en el aire para dañar la salud humana. Y tomar yoduro de potasio innecesariamente puede provocar efectos secundarios dañinos.


Si no existe un peligro real para los americanos, ¿por qué se tiene miedo? La gente generalmente calcula el riesgo desde una perspectiva emocional, en lugar de hacerlo desde una perspectiva racional, dice Richard John, profesor asociado de psicología en la Universidad del Sur de California.

Así es como realmente se debe calcular el riesgo: Multiplica la probabilidad de una consecuencia por la severidad de la consecuencia. Pero si le preguntas a la gente cuán riesgoso es algo, probablemente no lo medirán así, porque la mayoría nos basamos en corazonadas y creencias viscerales.


Paul Slovic, profesor de psicología de la Universidad de Oregon, realizó un estudio en los años 90 observando lo que la gente asociaba con la energía nuclear. Él y sus colegas encontraron que un alto porcentaje de las personas pensaba en bombas y otras armas.


“Esa asociación existe aún en la mente de muchas personas y en cierta medida tiñe las reacciones hacia la energía nuclear”, dijo Slovic.


Una historia de temores nucleares


Algunos dicen que nuestra aversión a la energía nuclear data de mucho antes de eso. En su libro Nuclear fear: A history of images(Miedo nuclear: Una historia de imágenes), el historiador Spencer Weart argumenta que el modo en que pensamos acerca de la energía nuclear tiene sus raíces desde antes de que la radiactividad fuera descubierta, en 1896. Los antiguos alquimistas, por ejemplo, estaban interesados en la transmutación, que Weart define como “el pasaje a través de la destrucción hacia el renacimiento”.


Ideas acerca de la transmutación y escenarios del fin del mundo se juntan y se agrupan alrededor del peligro potencial de demasiada radiación, dice Weart.


“Para la década de 1930, la mayoría de la gente asociaba vagamente la radiactividad con rayos misteriosos que acarreaban horribles muertes o una milagrosa nueva vida; con científicos locos y sus ambiguos monstruos; con secretos cósmicos de la vida y la muerte, con una futura Edad de Oro, tal vez sólo alcanzable a través de un Apocalipsis; y con armas lo suficientemente potentes como para destruir el mundo, excepto por unos pocos supervivientes”, escribe Weart.


Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki confirmaron esta estructura de imágenes desesperanzadoras y atemorizantes y las hicieron prominentes, escribe. La desconfianza creció a principios de los años sesenta, cuando las autoridades nucleares eran comparadas con “hombres peligrosos parecidos a científicos locos”. Un movimiento irrumpió en contra de los reactores nucleares en los años 70, junto con un miedo a las bombas.


“La energía nuclear era esta noción de algo que estaba asociado con la muerte”, dice John.


Entonces en 1986, vino mayor desastre nuclear en la historia mundial, que dañó aún más las percepciones sobre la energía nuclear:Chernóbil.


Hoy en día, las personas comúnmente acuden a laboratorios para recibir procedimientos diagnósticos de escaneo llamados resonancia magnética. Pero cuando se examinó al primer humano en los años setenta, la técnica era originalmente llamada “imagen por resonancia magnética nuclear” (o NMRI, por sus siglas en inglés). Debido a esta historia de malas asociaciones. “nadie quería entrar en una máquina relacionada con algo nuclear”, y le cambiaron el nombre, dijo John.

Evaluando el riesgo


La familiaridad que tenemos con los riesgos es una parte de nuestra percepción de él, dice John. Una situación relativamente desconocida para ti podría parecerte más peligroso que algo a lo que has tenido mucha exposición previamente. Para la mayoría de las personas, la energía nuclear y su funcionamiento no son cotidianas, agrega.


Curiosamente, la radiación debe ser familiar para todos, ya que está en todos lados. La radiación está alrededor de nosotros y proviene del sol, del espacio y otras fuentes naturales. Y la radiactividad es empleada rutinariamente en procedimientos médicos tales como los rayos X y tratamientos para combatir el cáncer.


Pero la conciencia de que la radiación también puede provocar
cáncer nos hace sentir mal acerca de la exposición a las plantas de energía nuclear, dice John.


Estos son algunos números reales: 10,000 víctimas de cáncer serán el resultado final del desastre de Chernóbil, el mayor accidente nuclear del mundo, de acuerdo con estimados. Pero se calcula que la contaminación de las plantas de carbón causó cerca de 13,200 muertes en 2010, sin mencionar 20,000 ataques al corazón por año, de acuerdo con la asociación sin fines de lucro Clean Air Task Force.


“Estamos hablando de un modo invisible de morir prematuramente -por cáncer, en Chernóbil– contra otro modo: contaminación aérea por partículas finas”, dice Frank N. von Hippel, un físico nuclear y profesor de la Universidad de Princeton.


A qué le temes más, ¿a la energía nuclear o la contaminación?


“En lugar de preocuparse acerca de si la radiactividad llegará a Estados Unidos, es más importante que ayudemos a las victimas del tsunami y el terremoto ahora” dijo Peter Hosemann,. del departamento de ingeniería nuclear de la Universidad de California, Berkeley.

http://mexico.cnn.com/salud/2011/03/28/que-piensas-cuando-escuchas-la-palabra-nuclear