lunes, 14 de mayo de 2012

Luis Alberto Figueroa Pages desde Pinar del Río, Cuba: "Polémicas del cine cubano"


Polémicas del cine cubano







Luis Alberto Figueroa Pages


(Desde Pinar del Río, Cuba. Especial

para ARGENPRESS CULTURAL)

I

para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Es indiscutible que el nacimiento de las primeras producciones cinematográficas en nuestro país datan del ultimo año del siglo XIX y el primero del hermoso y trágico XX…un cine realizado sólo por la inquietud de determinadas personalidades alejadas del mundo artístico habanero: José E. Casasús, Enrique Díaz Quesada, etc. Interesados en el novedoso paquete de novedades que prometían los antecedentes del desconocido y aun innombrable Séptimo Arte. Un poco más adelante y en medio del cine silente que inundaba las ferias del primer mundo y algunas ciudades del nuestro, los cineastas aficionados del patio comenzaron su búsqueda a través de los poblados cercanos a la ciudad de la Habana.

La falta de capital y de interés por quienes poseían las riquezas del mundo comercial, signaba desde sus inicios, al cine nacional, lamentable destino que no pudo cambiar nuestro cinematógrafo hasta 1959.

Argentina, Brasil y México, tuvieron mayores intereses por la realización del expectante fenómeno y mejores perspectivas del negocio que podía representar un entretenimiento tan vistoso con categoría de industria para los grandes inversionistas, nada distantes del concepto contemporáneo de los grandes monopolios que a priori , se fueron formando en el patio de los EE.UU y que hasta hoy son los productores que señalan el camino a seguir por una verdadera industria, que abarca y delimita los principios culturales e ideológicos del universo . Un extralimitado poderío que se ha creado con los medios audiovisuales, según el sello que los produce, pero que a la larga, o la corta, harán siempre de las suyas, aprovechándose en el sub-mercado, contra nuestras justificantes del menguado producto que logramos debido a los escasos recursos que le podemos poner a nuestra entristecida concepción del cine (léase medios)como arte. ¿Y la industria? Esa inversión imprescindible ¿Nunca la haremos? Pues no tendremos el cine que necesitamos y mucho menos los medios promociónales de la cultura para participar en el universo de las controversias de la literatura y el arte en las grandes plazas competitivas del mundo artístico y literario. Seguiremos con el menguado reconocimiento de algunas instituciones amigas ¡Lamentable afirmación! Muy contemporánea en la mente de los creadores que a duras penas logran imágenes de envergadura y pocas obras de uso en los circuitos comerciales .Gracias a la buena ventura de nuestros cineastas y los deseos de hacer grandes proezas, siguen comprometidos con el hecho de considerar el cine como una vertiente contemporánea de hacer arte en verdad y a su vez representativo de un sello identitario que se logra identificar en cualquier medio que lo use y promueva.

De muchas vueltas que dio el cine en la seudo república nuestra, solo se puede señalar el esparcimiento de ciertas células culturales de la identidad en desarrollo y un poco de posibilidades para ampliar nuestras habilidades en determinadas cuestiones del negocio cultural, fundamentalmente la música… una pequeña muestra la diseñaron y realizaron los creadores que se pudieron mover fuera del territorio nacional, pues lograron hacer algo de lo que querían y no podían desarrollar en su país: Eliceo Grenet, Pérez Prado, Benny Moré…Fueron estas las condicionales más seguras que encontraron nuestros realizadores del cine en aquellos tiempos, gracias a la solidaridad permanente de México y algunos mexicanos que confiaron en los productos salidos de la imaginería y empecinamiento de Ramón Peón, Felix B.Caignet, etc. . Esa fue la forma de insertarse en el mundo de la imagen, si, esa fue su única manera para ser reconocidos como cineastas cubanos y legitimados después en Cuba por una cultura comercial que exigía al artista un aval extranjero, nada es tan nuevo en estos lares y aun se sigue cuestionando con un “si pero no” desarticulado.

Decir de cosas que sustentaban la búsqueda de caminos en el campo audiovisual emergente que regia en el mundo , a mediados de un siglo que nos brindó las limitaciones de dos guerras mundiales y una tercera que se avenía como la más dañina para la creación artística y el asentamiento cultural de las naciones, por las exigencias de “partido “ desde ambos lados predominantes, por supuesto los lados que representaban las potencias militares y económicas que se maravillaban con su poderío de post-guerra. Esa “Gran Guerra Fría” la mas duradera y consistente nos embarcó en naves que siempre podían zozobrar de acuerdo con las sumas de sus intereses. Europa y Estados Unidos, nos envolvieron en sus litigios por el poder y nos convirtieron en simples fichas de su política, imponiendo sus tendencias y movimientos, determinados por intereses ideologizantes en su mayoría.

La aparición del mayor de los fantasmas del audio visual, que ya no lo es, la Televisión, llego a resaltar más nuestra dependencia al mercado de “Las Américas” y en lo que respecta al cine, se quebró definitivamente el camino de la producción de “los cincuenta” para tratar de entrar en las líneas señaladas por los productores norteamericanos que estaban consumiendo las diseminadas realizaciones latinoamericanas, sustitutas de su cine recreativo, por la escasez productiva de la industria nacional durante la guerra. Ello aumentó la cantidad de obras realizadas en Cuba y de cierta manera la calidad. No obstante era innegable la necesidad de eliminar algunos vicios del costumbrismo campesino y peor aun, el criollismo teatral que permeó la realización cinematográfica cubana… ¿hasta cuando? A pesar de los esfuerzos titánicos que ejercieron las instituciones culturales nacionales y principalmente las revolucionarias, que funcionaban a toda costa, por una búsqueda verdadera de la cultura cubana: Universidad de La Habana, Sociedad Nuestro Tiempo, Cuban Sono Film. Etc.

La realidad cinematográfica de los últimos años de esa década (1950) estaba conformada en una producción dominada por productores norteamericanos que usaban nuestros espacios naturales y culturales, también emplearon a los técnicos y artistas de nuestro talento, como una fuerza laboral barata. La cultura cubana se estaba convirtiendo en maquiladora de los poderosos explotadores e ideologizadores, los “Grandes Mayors” de la “Super Potencia” que volvían a la ofensiva contra América Latina, con ínfulas de la victoria sobre Alemania y país en alza económica con respecto a la Europa devastada.

Sujetos por intereses de los acaudalados nacionales que incursionaron en la televisión “nacional” los cineastas de los años 50 se vieron, otra vez, muy utilizados y presionados a realizar obras de tercer grado para un mercado de banalidades , prefabricadas con nuestra cultura… las necesidades de encontrar salida para los productos audiovisuales del patio los llevó a hacer grandes concesiones de las que pudieron escapar muy pocas obras del cine cubano en que no predominaran las escenas de exotismo tropical, mulatas voluptuosas entre palmeras y playas dirigidas a la satisfacción de los que poseían las riquezas. Quizás Siete Muertes a Plazo Fijo y Casta de Robles sean los filmes nobles de la década.

La apertura de 1959 lo hace un año espectacular para Cuba y trascendental para América Latina. El cambio se va a experimentar en muy pocos días, todas las fibras existentes en nuestra industria cinematográfica y las fuerzas vivas de la Cultura Nacional se verán removidas, estremecidas y oxigenadas por el proceso irreversible de La Revolución, que venia apuntando a la transformación de nuestras instituciones y mecanismos obsoletos en todos los terrenos y valores, conceptuales y prácticos.

La lucha por los cambios y las búsquedas de nuevas formas estaba marcada en un inexorable combate contra el subdesarrollo de cientos de años establecido en cada aspecto de la vida cultural de la Nación Cubana, que también era inmersa en un tumultuoso proceso de cambios tan necesarios como su propia razón de ser.

Cuba era un país que comenzaba a viajar entre las repúblicas de Latinoamérica, envuelta con el nuevo hálito explotador que vislumbraban los caminos de las organizaciones culturales y gubernamentales del imperio y más aun de las sectas y grupos mafiosos que buscaban prometedores derroteros a sus capitales en las tierras de América.

II

Para América Latina, la década del sesenta y muy en especial para Cuba ,se vislumbraba un extraordinario cambio y remoción de su devenir ,con mayores consecuencias liberadoras , sin límites.

El triunfo revolucionario de 1959 fue una visión justa de resultados, para los creadores del ámbito artístico y literario de una nación que vivía la depauperación de su identidad cultural junto con el inmenso subdesarrollo de todos los aspectos cotidianos de la nacionalidad. Bastaron dos meses de poder a la dirección principal del proceso recién gestado, para llegar a la feliz conclusión de cuanto necesaria se tornaba la legislación que consolidara los primeros pasos recién dados en la creación de una verdadera industria cinematográfica que ya tenia años de “soñada” y pensada . La existencia de un aparato dedicado a hacer cine, recoger imágenes y montarlas en función de la efervescencia motivadora en La Habana y desde las filas del Ejército Rebelde, habían mostrado a los cineastas, metidos en el centro del impetuoso movimiento, haciendo cine de relevante importancia para las ideas promotoras de la libertad recién alcanzada desde una importante guerra armada contra un ejercito super-armado que masacraba a la población.

Después de muchas discusiones en las diferentes nomenclaturas y decisiones de ir y venir en las búsquedas, aparece la ley numero ciento sesenta y nueve (169), como el primer monumento legislativo para la cultura cubana, con la visión refrescante y absoluta del nuevo poder gubernamental y político que preconizaba la solución de cuantos escollos se presentaran a la consecución de sus objetivos. Centralizadora, pero a su vez promotora de las quimeras innumerables de nuestros intelectuales del cine, esa fue la digna manera de encaminar la realización del Cine Cubano.

La fundación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, (ICAIC) fue la supuesta materialización del fantástico sueño, otrora redimensionado por la pléyade humana del quehacer del cine nunca reconocido y aun tan vilipendiado a la hora de repartir los lauros: Manuel Alonso, Arturo Agramonte, Ramón Peón, Felix B. Cagnet , etc, que junto a los miembros de la Sociedad Nuestro Tiempo (si reconocidos) se propusieron la lucha final ,prendidos en la monumental tarea de lograr una verdadera industria que les facilitara la creación ante las necesidades culturales del país. ¿Utopía? Pero, las condiciones subjetivas del potencial creador se iba compaginando con el poder en auge, identificado con el cine como un arma revolucionaria y figuradora de la ideología cercana pero aun innombrable que le daría un camino a seguir por mucho tiempo, lo cual puedo ser una problemática consuetudinaria hacia los esquemas.

No obstante, se abrieron casi todas las puertas… ¿Qué hacer de pronto con tanto poder?... pues, manos a la obra… “hacer cine” (tarea difícil).

¿Puede señalarse de polémica la Centralización? Esa era una coyunda casi burocrática que podía lastrar (y lastraron) el funcionamiento de todos los recursos técnicos y humanos existentes para una producción representativa en el proceso de surgimiento, dirigida a objetivos ideologizantes bien fijados desde el nuevo gobierno, para fortalecer los cambios en las instituciones culturales que sostenían la vanguardia revolucionaria.

La experiencia acumulada en el cine realizado solo se refería a simples pininos individuales del documental y las mejores veces a la facturación de películas producidas con limitaciones económicas inimaginables y en los mejores casos, desde instituciones viciadas por el mercantilismo ramplón del cine más decadente de América que había penetrado hasta la médula del alma entre aquellos que querían hacerlo, también conscientes de la importancia de vender hacia la acera del frente.

La concepción de “industria” es nueva realidad a constituir para los artistas cubanos, que transforma sus sueños y, hace mover la fuerza hacia nuevas búsquedas para crear otras necesidades, nada, una simple contradicción que se manifiesta en aras de la felicidad lograda para todos y que vale mucho hacerlo ver en un mundo tan impetuoso. Repito al historiador (jagb)” como todo en Cuba, las contingencias políticas signaron los pasos del cine”*

No es difícil señalar que las contradicciones eran limadas a la sombra del quehacer cotidiano y a partir de la creación de obras trascendentes “Historias de la revolución, Cuba baila, Patria o muerte, etc. Estrenadas con extraordinarios esfuerzos del colectivo donde se iba destacando la corriente de la Sociedad Nuestro Tiempo como guía de la fundación del ICAIC: Alfredo Guevara, José Massip, Tomas Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y otros. Hornada de artistas revolucionarios, creadores de “El Mégano”* que llegaban al poder con influencias muy marcadas por el cine europeo: Neorrealismo Italiano, Nueva Ola, Free Cinema y la escuela cinematográfica soviética ,que muy pronto mostró sus intereses en hacer cine en Cuba, como otras muchas cosas que lograron hacer.

No fueron inicios libres de escollos y contradicciones que se verían a simple vista de la farándula habanera, de la prensa radial y escrita pero, principalmente en los estrados del mundo político-cultural, se mostraba una simbiosis indisoluble en aras de la consecución de los objetivos trazados, en defensa de la ideología que afloraba a sotto voce y no llegó a encentrar los caminos del devenir cubano hasta los avatares de la Alfabetización y la invasión mercenaria por Playa Girón.

La declaración del carácter socialista de La Revolución, es fuerza motriz significativa para remover las contradicciones que traía el cine consigo desde la época republicana. Se caldean los ánimos y se pone de abierto manifiesto la radicalización ideo-política de las figuras principales en los grupos reconocidos. Tal parece que a los cincuenta años aun esta institución ha de sacar en cara sus limitaciones para sostener económicamente una consecuente producción y creación de filmes.

El doce de mayo de 1961, la Comisión de Estudios y Clasificación de Películas (adscripta ya al ICAIC) prohíbe la exhibición pública de PM. Cortometraje acusado por tergiversar la realidad habanera con intenciones de “mala sangre” discusiones internas y externas hicieron de este corto una bandera a utilizarse en todas las plazas, unas a favor y otras en contra, hasta hoy en día cuando aun se desconocen los resultados y momento en el cual , no hay dudas de que todo fue una pequeña gran muestra de intolerancia, pero seguimos esperando su exhibición en la pantalla nacional. PM, fue el primer exabrupto del Cine Cubano que estará pidiendo justicia junto a sus más contemporáneos como: “Techo de vidrio” y “Alicia en un pueblo de maravillas” entre otras.

Bien delineada quedó la política que culmina con las conocidas “Palabras a los intelectuales”, de Fidel y la determinación revolucionaria donde se invoca como consigna “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

Paralelo con la fundación, llegó la determinación de líneas de trabajo como un punto irrebatible, indestructible norma a seguir por la estructura recién creada de la industria cinematográfica. Ello estableció tres líneas que, desde el inicio traerían muchas dificultades a los cineastas que se hacían la boca aguas con las ilusiones del creador, ¿no lo demostraron los encontronazos entre Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea? ¿No estuvo muy evidente en las discusiones del ICAIC y el ala izquierda de los intelectuales revolucionarios? Y en otros casos, aquellos artistas y técnicos que no se identificaron de pronto con el proceso revolucionario y llegaron a manifestarlo con sus deserciones.

Las orientaciones se ciñeron a un tema, casi único que no admitía malas interpretaciones en el proceso de la creación:

-La realidad cubana de antes del triunfo.

-Temática social con La Revolución.

-Temas históricos.

El más simple inventario de las obras realizadas, nos arroja un casi absolutismo en la lista, una exaltación triunfalista, invadió las salas exhibidoras del producto nacional a lo largo del país en los géneros documentalista y de ficción pero, todas circunscritas a la temáticas señaladas con las consecuencias estéticas ya consabidas por la “censura no reconocida”, aunque muy escamoteadas por la critica , también manipulada en una santidad endógena que se dispuso a obviar lo evidente del didactismo ramplón:

-Predisposición a temas con soluciones esperadas.

-Una falsa concientización de los temas abordados.

-Falta de diversidad en la temática cinematográfica.

Imposible escribir acerca de las peripecias del Cine Cubano sin detenerse a decir de una época de esplendor en la realización de filmes que quedaron en los anales de su historia, quizás quince años, en que se enaltece la realización y distribución del ICAIC con la consecución de títulos que harían una lista cronológica sumamente importante desde: La muerte de un burócrata (1966), hasta Retrato de Teresa(1979) *

A pesar de estarse incubando y después el desarrollo de un periodo nefasto en la Cultura Nacional que muchos le llamaron “gris” otros “negro” y conste, no lo enmarco en esos años y nada más, pienso que su repercusión fue muy profunda y el fin de sus consecuencias se ha tenido casi siempre en un “puede ser” o mas como se dice hoy para barajar “si, pero no”. Solo que el cine se escapa de aquellas malas influencias por la forma de selección y decisión de hacer las películas y otros motivos socio-culturales, centrados en las figuras que guiaban el proceso seleccionador de la realización dentro del organismo central, quizás en su fortaleza revolucionaria, en la entereza ideológica o en la claridad de interpretar la vida nacional con que contaban Alfredo Guevara y su principal equipo de dirección.

Sin embargo las influencias en el cine de la literatura y otras artes en esas tribulaciones pasadas se van a ver durante los años 80 cuando se trabaja por una diferente manera de comercializar el producto cinematográfico con variantes y exabruptos de un triunfalismo europeo que nos llegaba con grandes aplausos , lo cual vamos a convertir en producción de un cine “POPULISTA”, de muy baja conceptualización y una realización facilista, salvo escasas excepciones, en función del mercado y los mensajes impuestos por determinadas campañas internas y externas , también populistas.

SE PERMUTA

LOS PAJAROS TIRANDOLE A LA ESCOPETA

DE TAL PEDRO TAL ASTILLA.

CON EL CORAZON SOBRE LA TIERRA

NO HAY SABADO SIN SOL.

Se deben exceptuar los títulos: Papeles secundarios (1984) y Hasta cierto punto (1983) que pasaron a formar parte del cine más importante de la década y que pudo sacar la cara por una consecuencia sistemática del mejor cine conceptual cubano.

III

Una vez preguntó un periodista a Tomas Gutiérrez Alea: ¿qué falta todavía al Cine Cubano? Maravillosa y profética respuesta que no se hizo esperar... “faltan buenas películas y eso todo el mundo lo sabe”, desde aquellos tiempos (196...) la pregunta mantiene su vigencia, tanto como la respuesta.

En Cuba cada persona piensa saber de cine como de pelota o política sin dejar de tener razón. Partamos del alto nivel de instrucción y cultural que nuestras masas han alcanzado en estos cuarenta años de revolución.

Es por ello que la producción cinematográfica nacional sea seguida por el público cubano con ansias, aun no satisfechas del todo, y un ojo crítico como el de cualquier espectador en los países del primer mundo. Un reto nada fácil de superar para aquellos creadores cubanos que hoy se lanzan a realizar filmes plagados de problemas que van desde su primera concepción creativa, el guión, hasta el propio estreno.

Lo cierto es que el Cine Cubano esta ahí, enraizado a la historia de la nación desde sus primeros intentos hasta la realidad más inmediata del acontecer social, estético, político, humanista e individual, dando luz a la identidad de un país que hoy le exige en la misma medida que, históricamente, le ha dado para su desarrollo.

Adentrarnos un poco en la historia de la cinematografía cubana es necesario partir de un rasgo que la ha acompañado desde sus inicios (1887) la inestabilidad, tanto en su cantidad como en la calidad.

Es evidente en todos los estudios realizados y en los textos escritos por nuestros historiadores del cine, la dificultad que se confronta a la hora de periodizar nuestra producción. Algunos investigadores se han tenido que remitir a hechos y conceptos externos al cine para, medianamente, lograr sus objetivos, No obstante, algo si ha estado bien claro, cuando se pretenden apreciar los avances técnicos y estéticos, estos sólo surgen de acuerdo con la cantidad de películas producidas. Una muestra clara de ello lo es la época del 1964-1979, catalogada como la de mejores resultados pues, es la única donde la calidad estuvo en armónica relación con la producción realizada. Lo cual me ha llevado a considerar que al resto del cine revolucionario le ha faltado la coherencia de los años antes mencionados y se manifiesta así, tanto para los estudiosos y críticos, como para un publico que sigue esperando, con ansias, cada una de las propuestas de esta importante manifestación ideo- artística.

Por tanto, al proponer una caracterización de la producción cinematográfica de los años noventa, debo partir de que en esta década se produce la inestabilidad consuetudinaria y a la vez específica, pues se trata de una producción realizada en medio de un contexto político y económico de convulsiones letales para el mundo, en lo general, y en lo particular se ha tenido que adaptar a un período especial que ha yugulado a nuestro país en todas sus esferas. Así el cine va a mostrar de nuevo una caída considerable en su cantidad que dialécticamente repercutirá en su calidad.: ¿Hasta qué punto? Y aquí es donde comienzan las contradicciones que aseguran y fortalecen la existencia del Cine Cubano, en pie a pesar de todas las contingencias que tuvo que enfrentar para mantener una condición mediana de productora.

En anteriores estudios dimos por sentado que hay características del Cine Cubano que se pueden apreciar en cada una de las periodizaciones conocidas hasta la década de los ochenta; mencionemos las más significativas:

- Deficiente caracterización de los personajes y la incoherencia de las líneas arguméntales.( Lejanía, Habanera).

- Se explota comúnmente el esquema de la concientización de los personajes, en muchas ocasiones fuera del contexto y otras sin tener en cuenta el intratexto planteado. (Río Negro, El corazón sobre la tierra.)

- Extrema utilización de géneros de corte popular que a veces llegan al populismo ramplón(Los pájaros tirándole a la escopeta)

- Sencillez a ultranza en el lenguaje, buscando una aceptación popular que lo lleva al vulgarismo. (De tal Pedro Tal astilla)

- Utilización esquemática del humor como acento dramatúrgico. (La vida en rosa)

- Aunque estas no son todas, si las que más se repiten a lo largo de la producción cinematográfica, y que en menor medida o menos evidentes, se ven en la década de los noventa. (Pon tu pensamiento en mi, Adorables mentiras, El elefante y la Bicicleta).

- Si en la década de los ochenta se realizan más de treinta filmes, no es menos cierto que sólo una de ellas se puede señalar como significativa y trascendente para el Cine Cubano: “Papeles secundarios”, de Orlando Rojas, que se une a las más consistentes de la época de apogeo 1964-1979.

- En los noventa se camina hacia arriba, es decir, la cuenta de filmes que se pueden valorar de significativos aumenta. Aunque no es en la comedia donde vamos a encontrar las fortalezas de esa producción sino todo lo contrario, es en el género dramático que van a surgir los filmes que pueden ir formando el paradigma que necesita desde hace buen tiempo el Cine Cubano.

De la veintena de filmes realizados (1991-2000) se pueden distinguir por diversas razones, no siempre por su calidad, los siguientes:

ALICIA EN UN PUEBLO DE MARAVILLAS. De Daniel Díaz Torres. (1991)

La película más mal vista y mal valorada de nuestro país, y por cierto de la que más se escribió en el extranjero y en el patio. Recordemos que nunca se ha dedicado a otra película, paginas enteras de nuestra prensa. Prensa abierta al denuesto sin tener en cuenta los criterios de los especialistas y críticos que a su vez mostraron cierta complicidad, la mudez, por su puesto. “Hasta que en el 18 Festival se exorcizaron los demonios salidos de aquellas latas de películas”. Pero, como siempre ocurre a la hora de revalorizar, todo quedó igual.

Los incidentes provocados por ALICIA....beneficiaron tanto al Cine como el cine mismo. Su “maldita” tendencia, posibilitó y facilitó el avance hacia nuevos entendimientos entre los creadores y las esferas de poder, que abrieron las puertas al surgimiento de otros filmes más complejos, al menos en su estructura ideo-estética.

FRESA Y CHOCOLATE, de Tomás Gutiérrez Alea. (1993).

La historia de un muchacho, David, que gracias a un marginado social crece, se hace hombre y supera su visión limitada de la realidad. Un filme humano, conmovedor y con una buena dosis de humor que trasciende el tema de la homosexualidad, para tocar un problema más amplio, el de la comprensión del otro, el de la tolerancia, y a su vez el de la intolerancia.

Fresa... surge en un momento en que el cine cubano trasciende prejuicios de diversa índole, (recordemos Alicia) en la asunción de la realidad nacional. Se convierte en un importante suceso comunicativo muy bien valorado por los espectadores. Hace de la estética cinematográfica una clara respuesta a las posibilidades de relacionar las categorías de lo social y político con lo económico, sin perder su personalidad dentro del mundo estetico.

La excelencia del guión, una consecuente dirección de actores, dirección artística, fotografía, música, etc., hacen de Fresa y Chocolate una película trascendente para el cine cubano, la más conocida nacional e internacionalmente.

MADAGASCAR. De Fernando Pérez. (1996).

Es hablar de la felicidad desde el desasosiego que produce la crisis insalvable de los antiguos valores del ser humano, en Cuba, a partir de la realidad más contemporánea, casi inmediata y provistos de un prisma escéptico Esa es la primera impresión de Madagascar. Pero la respuesta del espectador ha de ser tan reflexiva, como el filme mismo, hasta llegar a la empatía necesaria para la comprensión de un mensaje totalizador de las ideas expresadas en un lenguaje absolutamente poético, ajeno totalmente a los cánones reconocidos en nuestra producción, lo que también va a caracterizar profundamente a su creador.

Madagascar es como ya dijeron otros: Una elaboración metafórica de alto vuelo,... el poema pictórico de Fernando Pérez y Raúl Pérez Ureta, a pesar de no haber sido un filme comercializado en nuestros circuitos de estreno lo que ha creado un descreimiento del público acerca de su existencia.

LA VIDA ES SILBAR. De Fernando Pérez (1998)

Sigue la búsqueda de la felicidad dentro de la misma realidad que nos trajera Madagascar, con La Habana de los 90. Esta vez en un drama que se mueve hacia la comedia surrealista. Un lenguaje alegórico, mágico-religioso de señales y de historias paralelas que le dan un hálito de complejidad poco vistos en nuestro cine anterior, pero que se encuentra con un publico-espectador capaz de decodificar la imaginería de sus creadores. De ahí su aceptación consecuente.

En ocasiones se pueden observar ciertas bajas en el ritmo que, unidas al tema y la manera de abordarlo muestran atisbos de incongruencias que se pueden achacar al proceso de edición, lo cual se va haciendo característico o mejor dicho, típico, de las últimas producciones cubanas.

Importante sería hacer un estudio minucioso de la edición en que esta década, que se suponía ya en su plena mayoría de edad, desde que MEMORIAS Y LUCIA surgieron, aún más desde que nuestro movimiento documentalista y en especial Santiago Álvarez demostraran, cuanto cine se puede hacer en la mesa de edición. Más difícil es para el que escribe decir que mucho de nuestro cine es desperdiciado en esa misma mesa.

Cada uno de estos filmes relacionados, reúnen en su concepción y estructura la realidad tangible que nos permite afirmar, que en el Cine Cubano existe la posibilidad de tomar caminos más fértiles, y de hecho se vislumbran, para llegar a consumar lo que todos esperamos: “La producción de buenas películas” con una estabilidad productiva más consecuente con las necesidades del resultado cultural.

Si un cinéfilo medio se propusiera visionar, de una sola vez, estos filmes, le sería suficiente para resumir los alcances más valederos del cine realizado en estos años de duro bregar con las más grandes limitaciones económicas que pudo contar nuestra industria desde el triunfo revolucionario.

La década de los noventa, que muestra sus altas y bajas, no ha de considerarse la mejor del cine cubano, pero tampoco lo peor de ellas, a pesar de las condiciones adversas que debió enfrentar, sobre todo, en el orden económico trazado por el mal llamado y nunca bien ponderado “periodo especial”.

Y no es que pretendamos, a ultranza, el que toda la producción nacional mantenga un alto nivel de calidad. Sabido es por todos que, en la creación artística, esto es un imposible, casi imposible, peor sería pensar en una calidad totalizadora. Solo nos surge una interrogante que requiere de alguien como Tomás Gutiérrez Alea para respondernos, y es la siguiente: ¿Es lógico que en los inicios de un nuevo siglo y con tantas aspiraciones que tenemos en el campo de la cultura, el cine cubano pueda seguir produciendo obras que presenten curvas de valores tan inestables? Con mucho dolor podemos apreciar que aparece un estreno decoroso al lado de un bodrio despilfarrador del menguado presupuesto y peor aun con el tema desechado desde su preparación. Más, seria imprescindible comenzar a hablar y pensar en términos que a la corta y la larga nos dará mucho que desear, uno de ellos es la categoría de “Cine Pobre”.

Avanza un nuevo siglo y el ICAIC es vigente en la producción latinoamericana, el Cine Cubano sigue con el, produciendo casi el mismo producto que en las postrimerías anteriores, surgen así filmes que para nada van a restituir las candilejas tan añoradas por el público nacional, más que nadie.

Nuestras primeras obras, vistas con la misma óptica que analizamos las etapas anteriores: sabemos que no han resarcido la realización nacional, se logran muy pocas de las aspiraciones de los que deseamos que al fin se realicen cambios en la manera de transportar el pensamiento creador de la cinematografía cubana, que se sigue ausentando, de las criollas pantallas, desde los años setenta. Y que lo más parecido se mostró en los primeros años de los noventa.

Por otro lado nos encontramos con ínfulas revitalizadoras en las filmografías de Latinoamérica. Se apresuran países como productores y consecuentes competidores, sobre todo los tres grandes productores del territorio: México, Argentina y Brasil que le están poniendo mayores capitales y más interés desde la posición progresista de sus gobiernos nacionales-nacionalistas.