jueves, 8 de septiembre de 2011

Manuel Quiroga Clérigo, poeta, escritor, ensayista, sociólogo nos comenta el libro “LA NUEVA TAXIDERMIA” de Mercedes Cebrián



MERCEDES CEBRIÁN.

“LA NUEVA TAXIDERMIA”.

Mondadori, Barcelona 2011, 147 págs.

Aunque con un hilo formal estas dos narraciones de Mercedes Cebrián se forman de pequeños relatos o reflexiones en torno a un mundo ordenadamente propio. Se trata de “La nueva taxidermia” donde la autora disecciona de manera apacible un entorno aparentemente ideal. Nacida en Madrid en 1971 ha publicado sus trabajos en medios como “Revista de Occidente” o “Eñe” y Turia”.


Se trata de relatos o poemas y ensayos que también vieron la luz en “Diario de Poesía” o “Quimera” y “Circunference” (Universidad de Columbia). Su firma ha aparecido en antologías como “Mutantes” (Berenice 2005) y “El arquero inmóvil” (Páginas de Espuma 2006) y “La España que te cuento” (Funambulista 2008) o “Pequeñas resistencias” (Páginas de Espuma 2010). También ha sido columnista del diario “Público” y colabora en “El viajero” de El País y “Cultura/s” de La Vanguardia.


Como traductora ha trabajado con obras de Georges Perec y Alan Silitoe y Alain de Botton. Precisamente su versión de “Lo infraordinario” de Peces fue galardonada en 2008 con el Premio Mots Passants de la Universidad de Barcelona como mejor traducción del francés. Ha sido becaria en la Residencia de Estudiantes entre 2002 y 2004 y en la Academia de España en Roma durante 2006 y 2007. Fue escritora residente en el Civitella Ranieri Center y la Ledig House International Writers Residency.


Ha publicado los libros “El malestar al alcance de todos” y “Mercado Común” (Caballo de Troya 2004 y 2006) así como “13 viajes in vitro” (Blur Ediciones 2008) y “Cul-de-sac” (Alpha Decay 2009). En “La nueva taxidermia” Mercedes Cebrían nos lleva a unos territorios en los que los personajes quedan como petrificados para dar una idea concreta de sus íntimas aventuras. “Qué inmortal he sido” es la primera parte. Aquí se comienza a reinventar aquello que ha formado parte de la existencia para analizarlo y domesticarlo. Es un acto claro de intentar conservar para la posteridad aquellas escenas y emociones que deben permanecer vivas en la memoria. Esos cortos relatos que tienen el fondo común de reflejar unas vidas o de instalarnos en unos recuerdos van encadenando aquello en lo que estuvimos instalados de manera confortable. Parece como si quisiéramos recuperar determinados momentos o abarcar los escenarios de la realidad.


Una fiesta o los recuerdos de la casa de Ana Frank y el Tenement Museum de Nueva York son las excusas para vivir determinadas historias. A partir de ahí el mundo se desborda y se llena de gestos. Viajes por un Partenón policromado o por el París de Alain Resnais nos llevan a confidentes como Virginia que tal estén demasiado cercanos. Pero en la fiestas surgen personajes como el Jean-Christofe “amigo de la anfitriona” que arrastran su propia vida. Con todos estos datos las fiestas pueden convertirse en historias difíciles. Lo que sucede es que a partir de ahí suele comenzar el futuro.


De eso habla la narradora de “Qué inmortal he sido”. Páginas para mantener un coloquio con lo cotidiano sin olvidar la exaltación de lo fantástico. Mercedes Cebrián escribe así unas páginas delicadas y vigorosas donde tienen lugar vivencias raramente explicables. Si en algún pasado existió la felicidad seguramente debemos esperar un futuro mejor. Algo de eso encontramos en “Voz de dar malas noticias”. En este caso es Belinda la protagonista. La mujer se rodea de muñecos que dan vida a unas historias propias y acaso desventuradas. De la A a la V se van sucediendo unos episodios en los que el personaje trata de comunicarse con los demás. Cuando está a punto de conseguirlo hay algo que se introduce en el juego. Entonces aparece Berta como alter ego de Belinda para renovar su discurso. Este consiste en búsquedas preocupadas y silencios amable.


La joven ha creado una tienda de delicatessen llamada Cañas y Barro que le conectan con los demás. Junto a Berta están los muñecos Juanjo y Miuccia creados a partir de personajes reales. Por el relato desfilan las referencia a personajes de nuestro pequeño mundo. Son una larga serie que va de Pierre Bordieu y Hanna Arendt o Marlene Dietrich y Donatella Versace. Se configuran como parte de un universo que también acogió a Gregory Peck o Da Vinci y Beethoven. Pero es el periodista Rubén y es Marina quienes la emparentan con el mundo exterior. La terapia con Llorenç tratará de aclarar el conglomerado de confusiones a que cada ser humano está expuesto a diario.


Cada relato que es cada letra mayúscula trata de comunicarnos con un mundo real y llevarnos hacia historias diferentes. Mercedes Cebrián lo ha explicado con una prosa llena de poesía y de habilidad narrativa. Efectivamente ha diseccionado un mundo en que aún es posible ser otros siendo nosotros mismos. Lo ha hecho con la consciencia de saber que nada es diferente a como parece.


Manuel Quiroga Clérigo.

Madrid, 2011