miércoles, 30 de enero de 2013

Los telefonos celulares son tan inofensivos como el microondas




 FISICO, PROFESOR UNIV. DE OAKLAND
 (MICHIGAN, EE.UU.)



Tengo amigos que no usan celular. Son pocos pero son.

¿Están más a salvo del cáncer que los incontables feligreses de la telefonía móvil? No. La razón, en tres palabras: la mecánica cuántica.

Me explayo: el celular recibe y emite radiación.
Al hablar de radiación hablo de “luz”, una precisa coreografía de electricidad y de magnetismo en vibración por el espacio: las proverbiales ondas electromagnéticas . Y puse comillas en luz porque así como hay sonidos muy agudos (como el ultrasonido) o muy graves (como las ondas sísmicas) que el oído no detecta, hay radiación aguda (el ultravioleta) o grave (el infrarrojo) que el ojo no detecta, y cuya única diferencia con la luz que vemos es la rapidez, o la frecuencia, de su vibración. Prolongando el paralelismo sonoro, de ese teclado de ilimitadas vibraciones electromagnéticas apenas percibimos un intervalo inferior a una octava . Unas diez octavas a la derecha están los rayos X y más lejos todavía los rayos gamma. Y del otro lado, simétricamente a la izquierda de la minúscula ventana de lo visible están las microondas y las ondas de radio. 

Lo curioso es que la luz no es un fluido continuo sino que su estructura es granular, un chorro de municiones microscópicas , los cuantos de luz, cuya existencia postuló el gran Albert Einstein en 1905, la fecha de nacimiento de la hoy famosa mecánica cuántica, o física cuántica.

Cuando la luz se emite o se absorbe, dice Albert, lo hace en cantidades fijas , del mismo modo que los automóviles salen de a uno de la planta de fabricación y llegan a los concesionarios de venta de a uno, nunca en fracciones de automóvil. Y lo más curioso todavía es que la energía de esas municiones (los “fotones”) depende del color, o la frecuencia de la luz. Un fotón de luz azul tiene más energía que uno de luz roja y mucho menos que uno de rayos X (que es invisible), que a su vez tiene mucha menos energía que uno de rayo gamma. Lo fundamental aquí es que estas municiones de luz alteran -dañando o beneficiando- a los organismos vivos átomo a átomo, de a uno por vez .
Por ejemplo, para arrancar un electrón de un átomo, como quien corta una naranja de un árbol, se necesita un fotón ultravioleta. El átomo es inmune a fotones de menor energía, directamente no los absorbe. Y aquí está la clave cuántica de la absorción: un solo fotón ultravioleta es capaz de arrancar una naranja (un electrón) de un bosque de naranjos (átomos), mientras que millones de fotones infrarrojos, los de más baja energía, son incapaces de arrancar siquiera una. La física de los fotones es el contraejemplo microscópico de “la unión hace la fuerza”: lo que no puede un fotón no pueden muchos. 

Las mutaciones del ADN que dan lugar al cáncer son alteraciones a nivel atómico creados por radiación de alta frecuencia, donde los fotones (cada uno de ellos) son de energías altas.
La incidencia de este tipo de radiación en el aumento de cáncer está muy establecida. En cambio, en el caso del teléfono celular, la frecuencia de la radiación es más o menos la misma que la del microondas de la cocina, donde la energía de cada fotón es insuficiente para arrancar un electrón de un átomo . El proceso de arrancar un electrón de un átomo es bautizado en jerga física por “ionizar”, y la radiación inculpada es ionizante.
Entonces, mientras un número relativamente chico de fotones de rayos gamma (radiación ionizante) puede alterar la química celular y dar lugar al cáncer, una horda de fotones visibles (los de la bombita de luz por ejemplo) o de microondas (los del celular) golpeándonos la piel cada segundo son inocuos.

Lo que sí pueden hacer los fotones de infrarrojo o de microondas es producir vibraciones, agitar a los átomos sin modificarles su estructura y aumentar así la temperatura de la piel.

Al fin y al cabo por ese mecanismo el microondas calienta el guiso de ayer, la estufa eléctrica nos entibia y las brasas de la parrilla cocinan la molleja.
Mas aún, las estadísticas no muestran un aumento de la incidencia de cáncer cerebral desde la invención de celular (incluso algunas muestran disminución), ni para los obreros que trabajan en las antenas de transmisión, donde la intensidad de la radiación es grande.

Es cierto que las razones precisas de la génesis del cáncer son todavía objeto de estudio.
Pero también es cierto que no hay un mecanismo físico plausible que vincule la radiación del celular con el cáncer , argumento suficiente para conjurar miedos infundados, y para acaso disuadir a mis amigos reticentes heresiarcas del roaming.

fuente: http://www.clarin.com/zona/celulares-inofensivos-microondas_0_493750738.html

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