viernes, 19 de noviembre de 2010

María Cristina Solaeche, poeta y escritora venezolana nos trae a CARLOS BORGES, poeta, orador y ensayista

CARLOS BORGES

“Poemario”: cantos del alma y del cuerpo
¡armonía del cielo y la tierra!


por María Cristina Solaeche


Debe haber algún lugar en nosotros mismos
donde cesa el combate de los contrarios
y no se juega más a cara o cruz
donde las cosas brillan con su propia lumbre
donde la mirada resplandece en el silencio
dominios del blanco
donde se unen el agua y el fuego sin violencia

Juan Liscano



Carlos Borges Requena, poeta, orador y ensayista, nace el 25 de noviembre de 1867, en Caracas, capital de Venezuela.

Los estudios de primara los realiza en su ciudad natal, en el Colegio Santa María.
Después de estudiar en la Facultad de Derecho, ingresa a los veintitrés años al Seminario Jesuita de Caracas, y el 10 de marzo de 1894 se ordena como sacerdote. Seis años después, en 1900, se gradúa de Doctor en Teología en la Universidad Central de Venezuela.

Al poco tiempo de graduarse, su inquieto y apasionado espíritu le hace irse de Venezuela buscando calma para sus humanos ardores.
Regresa al país a principios del siglo XX, se entrega de lleno a la escritura y se rinde ante el poder político dictatorial de Cipriano Castro, desempeñándose como su Secretario Privado, Castro ejercía ya la Presidencia de la República desde 1899, para esos momentos, ya es conocida su disipada vida que lo conduce a la suspensión sacerdotal.

Se enamora apasionadamente de una mujer de la que apenas se recuerda el sobrenombre de Lola, y la que será la protagonista de la mayoría de sus temas de encendido apasionamiento.


Tus caderas de ánfora,
redil de mis pecados 1

A partir de 1902 es colaborador de la revista El Cojo ilustrado. Quedando gran parte de su producción intelectual dispersa en revistas y periódicos de la época, donde publicaría sus mejores poemas y ensayos.

Con la llegada de Juan Vicente Gómez, apodado “El Bagre” o “El Benemérito”, al poder en 1908, su nuevo destino es la cárcel por gritar “vivas” a Castro, justamente el mismo día en que Gómez lo depone, mediante un sui géneris golpe de Estado. Del presidio sale cargado de nefastas vivencias cuatro años después, en 1912, decidido a buscar y reencontrarse con su amor Lola. Pero ella fallece, y Carlos Borges se dedica esta vez desesperadamente al alcohol. Otra vez su faceta mística sale en su rescate y vuelve cual mansa oveja al redil eclesiástico, abjurando publicamente de su pasada vida “libertina” desde el púlpito en la ciudad de Barquisimeto, ciudad donde ejercerá de Profesor en el Seminario desde 1915 a 1919.


De nuevo se enamora, y al mismo tiempo que lanza ardorosos sermones desde el estrado de su iglesia en Barquisimeto, sus poemas se vuelven cada vez más sensuales. Viaja nuevamente, y se cree que esta vez lo hace con su enamorada, una actriz de teatro. Luego, de nuevo, por razones desconocidas, regresa al refugio de la Iglesia, esta vez para dedicarse al cuidado abnegado y con esmero de un asilo católico de enfermos mentales.

En 1915, un grupo de músicos decide darle una serenata al presbítero Carlos Borges, entonan un vals venezolano inédito aún para esos años, compuesto para bandolín por el músico larense Antonio Carrillo, y cuentan las crónicas, que es el mismo Borges quien le da el nombre al que será conocido como una pieza selecta del repertorio musical venezolano: “Como llora una estrella”.

La última etapa de su vida, reconciliado con el tirano Gómez, se convierte en el Capellán de su Ejército desde 1919 hasta su muerte. Con su existencia a ratos licenciosa a ratos santificante, además de pertenecer al grupo de íntimos amigos del dictador; escribe loas de magnanimidad como expresión de gratitud al “Benemérito” y a la Iglesia Católica que lo recibe nuevamente en su seno.

El sátrapa lo escoge para varios discursos por su brillante oratoria, entre ellos se recuerda el notable pronunciado en la inauguración de la Casa Natal del Libertador; sin embargo, cuando el Perú solicita a Venezuela que envíen a Borges para el discurso de la Batalla de Ayacucho, “el Bagre” se niega, frustrando al orador Borges.

No intentemos deshacer el apretado nudaje que es la trama de la amalgama de su vida, a través de la iglesia, del servicio eclesiástico, del rendimiento a un tirano y de la literatura que lo sustenta, porque seguramente, nos conduciría a un callejón sin salida.

Murió el 21 de octubre de 1932, en la ciudad de Maracay.
El 2 de marzo de 1953, son exhumados sus restos mortales en la Zona Vieja, Cuartel A, del cementerio de la ciudad de Maracay en el Estado Aragua.

Cada violento cambio en su vida es acompañado a su vez, de un violento cambio en sus escritos, del fervor religioso salta a la pasión erótica y de ésta de nuevo a aquél. Así, los poemas de sus circunstancias espirituales son hermosas jaculatorias y los amorosos el preludio del erotismo en la lírica venezolana. Conoce la expulsión de la Iglesia, dada su pasión afectiva, también la dobleguez del arrepentimiento y el regreso de nuevo al seminario, una y otra vez.

Sin embargo, es más conocido por su oratoria, se reconocen sus cualidades de gran orador en el púlpito y fuera de él en actos religiosos, civiles y militares de la Patria, y su elocuencia tribunicia es notoria.

Es autor de uno de los poemas conocidos como “Macabros” cuya musicalización se atribuye posteriormente al cubano Alberto Villalón. Se cree lo escribió en los depresivos años cerca de 1855, y es conocido con el nombre de Boda Negra, pero originalmente se titulaba Boda Macabra, que empezó a circular a partir de 1893, y sobre el que el mismo poeta escribe:

Esa lúgubre fantasía de mis dieciocho años era un presentimiento. ¡Pobres versos! La Musa, vidente, al inspirármelos, me anunciaba el dolor más intenso de mi vida. Yo vi la urna blanca de mi dulce novia bajar al fondo del sepulcro. Yo vi a la tierra tragarse aquella flor de gracia y belleza. En la amargura de mi duelo puedo exclamar como Jacob: murió Raquel en el camino... y era el tiempo de la primavera”.
Mi alma tiene tedio de la vida. Como el amante de la antigua canción quisiera dormirme para siempre ¡oh, eterno Amor mío! Abrazado a tus huesos.

Sin embargo, transcribimos aquí algunos extractos de lo que con apenas salido de la adolescencia ya escribía. Cuentan que lo escribe basándose en unos comentarios que oye en esos años mozos, narrados por el enterrador de la región, y su ferviente imaginación la traslada con su lírica al papel, en versos como estos:

Oye la historia que contóme un día
El viejo enterrador de la comarca:
-Era un amante a quien por suerte impía
Su dulce bien arrebató la Parca.
Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
En una noche horrenda hizo pedazos;
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra y se llevó en sus brazos
el rígido esqueleto de su amada. 2

(…)

Un único poemario publica en su vida, titulado sencillamente Poemario, de apenas 64 páginas, siempre en un continuo vaivén entre el amor divino y el amor carnal, entre el altar y el lecho. Un ser humano paradójico y extravagante. La crítica literaria ha destacado su oratoria, pero en desmedro, han abandonando la mayoría de las veces al poeta.

Poesía enmarcada en el Modernismo venezolano con uno de sus mejores representantes, el poeta Carlos Borges, con su paisaje interior que trasciende el adusto moralismo, en un trasiego hacia una “elocuencia poética” que ensancha su poder insinuante, la belleza sensorial donde puede refugiarse, él, quien describe sentimientos muy personales reflejos del estado del ánimo. Escoge cuidadosamente sus palabras produciendo hermosos efectos de musicalidad. Recupera versos del arte mayor escasamente utilizados, endecasílabos y alejandrinos, en versificación regular o en versos sueltos o blancos que se ajustan a la métrica pero no tienen rima, estableciéndose ésta apenas entre el verso final de la estrofa y la rima interna, con el uso abundante de recursos expresivos, figuras literarias, adjetivación ornamental y palabras cultas y sugerentes.

Una poesía que a decir de Salvador Garmendia, nos abre la puerta del erotismo en la poesía venezolana, un erotismo ineluctable en todos sus poemas amatorios.

Y los que oían o leían sus poemas sentíanse estremecidos por una inexperimentada fruición, semejante a la que produce la mezcla de lo dulce y de lo ácido en un fruta tropical, por aquella mezcla de pecado y de piedad, de sensual delectación y de ardiente misticismo, que revelaba en su autor la dualidad del poeta pagano, enamorado de la vida, y del poeta cristiano, con las miradas fijas en el más allá,
Antonio Arráiz


En el templo majestuoso, claro, inmenso en el espacio
la radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
que el altar del firmamento inefable aroma dan:
y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
los luceros tembladores,
y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldebarán
(…)
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
esperanzas tan queridas
que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

¡Oh Jesús enamorado, tierno esposo de mi alma,
no me basta ser el cirio que en las horas de alegría, se consume en tus altares en ardiente adoración:
en tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
haz que tenga noche y día
como lámpara eucarística encendido el corazón
(…)
¡Tú me bastas, Amor mío, en el cielo del Altar! 3

Ese contraste seductor entre el espíritu místico, y el profundo amor a la mujer y la encantadoramente desenfrenada pasión, con que nos dice:

Besa los senos de la mar dormida
el sol enamorado, como un rey
que sus oros y púrpuras olvida
a los pies de la hermosa Loreley.
(…)
Apoyado en el áncora tu bello
brazo desnudo al marinero incita;
la cruz que pende de tu níveo cuello
sobre tu ardiente corazón palpita
(…)
Y el corazón, la entraña adolorida
en el dorado anzuelo del Amor,
para la cruel sirena de la vida
es a un tiempo carnada y pescador. 4

Sus votos sacerdotales nunca le impidieron vivir en sus momentos la bohemia de la época, revelándolo en sus poemas de hombre y poeta sensual y atormentado, donde los versos afloran con transparencia su drama interno, sin falsedad alguna, a ratos espiritual, ascético adorador y arrepentido, en otros disfrutando el gozo del amor y la sensualidad del cuerpo de la mujer amada y común en todos, esa su nostalgia:

Puesto el oído al eco de la noche,
a la voz de las ondas y los vientos,
viajera el alma en el país brumoso
de lejanos, tristísimos recuerdos,
el grande artista sueña… ya lo invade
la inspiración del genio,
la encarnación del arte
ya informa el ideal en su cerebro…

Después… febril, apasionado, loco,
luz en los ojos y en la frente fuego
intérnase en la sombra
del gran salón desierto…
y acariciando el piano adormecido
le cuenta sus ensueños…
Escuchad!... ¡Es el canto de los astros,
la armonía del alma y de los cielos! 5


Con esa tonalidad, sus poemas zigzaguean entre el apasionado erotismo y el paradisíaco acento místico, se le vincula al movimiento modernista, sin embargo, su lenguaje aún está imbuído del romanticismo, y ramalazos neoclásicos a los que lo inclinan su formación religiosa y sus estudios eclesiásticos:

Ante la imagen de Jesús rezaba
con místico fervor mi devoción,
cuando cerca de mí paso una hermana,
casi rozando con mi corazón.

El demonio bíblico y maldito
me hizo, ¡Dios mío!, profanar mi rezo,
corrí tras ella, la alcancé, y la vida,
la vida toda se la di en un beso.

Cuando a mi puesto volví cual Judas,
con la cabeza baja avergonzado,
el buen Jesús me dijo con ternura:

Obedeciendo a Jesús prolijo
corrí tras ella, la volví a alcanzar,
y al agarrarla me grito: “¡Bandido!”
Pero más dulce la volví a besar. 6

El sacerdote y el poeta Carlos Borges viven paralelamente en su vida la acción del católico militante y el éxtasis que produce el amor. La curiosa mezcla de minucioso realismo y de inspiración o intuición
desenfrenadas, las expresa con una meridiana claridad profundamente significativa. Para él, el alma es un poderoso guerrero espiritual cuando éste espíritu encuentra satisfacción y con ella escribe sus espirituales poemas, pero, ¡qué embriaguez de atracción voluptuosa, que fiesta de los sentidos, qué júbilo del arrebato del amor lúbrico que lo transfigura al igual que lo hizo su amor a lo divino! ¡Qué vuelo tan audaz, que dulce extravío!

En el caso de Carlos Borges el poeta, deseoso de comprometerse entre la palabra y la vida, la vida y la palabra, rebelde y con álgidas tensiones, sólo nos queda, recapacitar el abandono en que lo sumimos y asomar valientemente, el valor que su poesía encierra aún a pesar de las sombras a la que la hemos sometido; quizás a la “Patria Literaria” y a cada uno de nosotros lectores, nos propongamos dar por justo que, su hermosa poesía haga la contrapartida a la desidia, en las lecturas que de sus poemas hagamos, y en el nuevo y digno lugar en que a su obra poética coloquemos.

En la calma silenciosa de las noches estrelladas
la eternal magnificencia a la mente maravilla
al espíritu amedrenta con tremenda majestad
(…)
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de los mares
infinitos? 3

Como nota de luz en el pentagrama
Inmenso de los cielos,
Se miran las estrellas esparcidas,
Por el Eterno Artista… Los abetos,
Los pinos melancólicos, los sauces,
Como a gigantes liras hiere el viento;
¡Extraña sinfonía de los bosques
Acompañando el himno de los cielos! 5




Referencias Bibliográficas:

Extractos de poemas de Poemario, Caracas, Venezuela. 1943.

1. Dístico
2. Bodas negras
3. Lámpara Eucarística
4. A bordo
5. Nocturno
6. Pero más dulce

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,

Recibí de la querida poeta y escritora María Cristina Solaeche este ensayo suyo
sobre la obra y vida de Carlos Borges, tambien venezolano. Lo publico aquí "favoreciendo la difusión de los poetas y poetisas venezolanos", como ella lo hace y dice.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo