sábado, 30 de junio de 2012

La Variante idiomática: Se mencionan dieciséis lenguas judías -El hebreo es el hermano mayor de esas lenguas.


por Eliahu Toker

Una de las expresiones más originales de la creatividad judía en el curso de dos milenios de Diáspora fue su producción de una cantidad de lenguas. Se mencionan dieciséis lenguas judías --se cree que fueron más-- casi todas creadas respondiendo a ciertas características comunes, como ser el uso del alfabeto hebreo para su escritura, y también la articulación de palabras cosechadas del medio gentil con términos hebreo-arameos tomados de las plegarias y de la vida religiosa cotidiana. El hebreo es, por ende, el hermano mayor de esas lenguas, el que las judaizó con sus expresiones, aliento y espiritualidad. El ídish, por su parte, es la más importante de las lenguas judías diaspóricas por la cantidad de hablantes que llegó a poseer, y por la amplitud y fecundidad de su literatura y cultura.

Como vemos, el componente hebreo es el que, en esencia, judaíza a sus lenguas hermanas. Hermana mayor, durante los dos mil años del exilio judío, la lengua hebrea se transformó en un idioma sagrado, litúrgico y académico, situación que perduró hasta el nacimiento de Israel. Ya unos siglos antes de la era común, el hebreo comenzó a dar paso al aramic, forma judía del arameo que aún subsiste entre algunos judíos de Kurdistán, ahora radicados en Israel. Por otra parte, bastante antes de la finalización del período del Segundo Templo, hubo judíos que adoptaron una forma del griego, el ievanic, (judeo-griego), que finalmente quedó restringido a los Balcanes y a Rodas.

La otra gran lengua clásica europea, el latín, jugó un rol mucho más importante en la historia de los idiomas judíos: de él brotaron seis lenguas paralelas a las lenguas romances cristianas. Los judíos se instalaron en Italia desde el siglo II o I antes de la era común; apenas un poco más tarde lo hicieron en el sur de Francia, y después en el norte de este país. Así nacieron el italkian, (judeo-italiano); el shuadit o iahudit (judeo-provenzal) y el zarfatic (judeo-francés). En la península ibérica los judíos se asentaron en el primer siglo de esta era y desarrollaron en el este, el catalanic (judeo-catalán); en el oeste, el portuguezic (judeo-portugués) y en el centro, el judezmo o ladino (judeo-español).

Al este del territorio de los idiomas romances, el encuentro judío con el germánico dio nacimiento a un único idioma, el idish. Esta lengua comenzó a gestarse allá por el siglo IX de la era común, a partir de la confluencia en la zona de Alsacia-Lorena, de grupos judíos venidos del norte de lo que hoy es Italia y del centro de la actual Francia. Como en un crisol, el hebreo-arameo y el franco e itálico que traían consigo se fueron articulando con el germánico de la región, para conformar un idish primitivo, idish alsaciano que, con sus variantes, encuentra quien lo hable todavía.

Pero del mismo modo que el judezmo necesitó salir del territorio donde imperaba el español para poder cobrar personalidad propia, el idish moderno, aquel que desarrolló una formidable cultura, aquel que antes del genocidio de los años '40 hablaban tres cuartas partes del pueblo judío, se terminó de conformar como lengua cuando sus hablantes abandonaron el territorio alemán y se instalaron en Europa Oriental. Hoy resulta inconcebible el idish sin el sabroso aporte léxico de las lenguas eslavas, del polaco, del ruso, del ucranio, del lituano.

Fuente: diversidadjudía

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