martes, 3 de enero de 2012

ESPAÑA. Manuel Quiroga Clérigo : "RAMÓN MIGUEL MONTESINOS: “EN ESTE LEVE SUELO DE LLUVIAS”.


ÁNGELES SIN SOSPECHA.

Ramón Miguel Montesinos.

Colección Eurínome. Madrid. 2008.

La poesía es más que una ensoñación. A veces incluso forma parte de nosotros mismos. Es algo íntimo. Pero el buen poeta sabe dar sus versos a los demás e incluso infundirles futuro. Ese es el caso de Ramón Miguel Montesinos a quien cierta timidez le ha llevado a tener sus versos inéditos mucho tiempo. Ahora ven la luz en un delicado tomo denominado “Ángeles sin sospecha” donde el mundo efectivamente cobra valor de ensueño. Estos versos que aparecen como los espacios de la aurora están editados en la Colección Eurínome de Ediciones Mar Futura. Tanto la colección como la editora gozan de esos nombres que se nos antojan ejemplares para publicar poemarios. Que Montesinos se haya acogido a tan señera aventura literaria forma parte de su propia estimación por el valor de la palabra. Sus reflexiones líricas además nos traen el recuerdo del excelente poeta que fue su padre. Rafael Montesinos además de gran amante y estudioso del romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer era un poeta culto donde la inteligencia se hacía música de continuo. No es raro pues que Ramón Miguel nos deje estrofas como éstas: “No te vayas aún,/quédate unos versos más conmigo”. Es como caminar a ciegas por el inmenso tesoro de las intimidades del poeta. Como permanecer a su lado un minuto que puede durar siglos. Él lo solicita y el lector hace suyo ese ruego. Mantener la expectación a partir de esas insinuaciones líricas no es nada difícil.


Los preciosos dibujos de José María Carnero nos muestran ángeles de una sorprendente humanidad. También nos deja la propia efigie del poeta. Rafael César Montesinos deja unas preciosas palabras previas. Deja una emocionante evocación del mundo becqueriano y analiza el paso del autor por los universos de otros poemas. También recuerda el trabajo callado de su hermano y la sensibilidad que atraviesa sus versos: “Qué romántico y difícil empeño en esta contemporaneida de sucedáneos y realidades virtuales”. El prólogo de Luis Alberto de Cuenca ya nos introduce directamente en los territorios de Ramón Miguel. “Hay ángeles que se resisten a no contaminarse con lo terrestre, que ansían conocer los caminos de la memoria, los remolinos de la finitiud, dondelos seres hierven por un instante antes de convertirse en vapor de olvido”.


Total que estamos ante los vericuetos de la eterna inspiración. Es ahí donde el poeta comienza a ser otro para ser él mismo. Leamos: “En este leve sueño de lluvias/jamás la tarde deslumbró,/ni tan siquiera/en sus primeras malezas”. Luego transcurren los momentos de la eternidad y los efluvios de la santidad. Son esos “ángeles sin sospecha” los que van limitando las horas y llevando melodías a cualquier corazón. El cierto que aquí la palabra forma parte de nuestro entorno y se hace sinfonía.Leer el poema “Espejismo” es asistir a la breve biografía de un ser que descubre el mundo a cada paso y es capaz de mostrárselo a los demás. Pocos poetas saben hacerlo.”Soy un hombre nuevo,/-escribe Montesinos-renovado el eje de mi corazón,/ahora, renovada la voz de mi universo”. Y ese universo es aquel en el que existen los cielos y las flores y los sueños. Transitamos por todo ello con la desazón del adolescente y el vigor del ser adulto. Pero siempre teniendo cerca una palabra nítida y un deseo ferviente. Así se nos dicen en “Hoy leí reclamos” o en “La última isla”: “Tenue brilla el sol/y en el horizonte,/tenue brilla la tristeza”.


Hay por tanto un sosiego y una serenidad capaces de hacernos meditar por tanta reflexión como el poeta nos regala. Sus cualidades de hombre lector y de tal vez tierno enamorado aparecen en sus poemas una y otra vez. Por ejemplo en Pero la hierba tiene...” poema que reproducimos completo: “Soy un pasajero sin pasaporte,/sin impulso en el reloj./Viajo entre demonios aventureros/que aman los temores./Pero la hierba tiene su hermoso lenguaje,/sus caricias alegres,/sus amables siglos./Yo os canto, ángeles sin sospecha,/mis lunas horadadas,/mis pálidos soles negros”. Vívimos tránsitos de delicada emoción y momentos de apacible honestidad. Son los que el poeta crea para solaz del lector y para orgullo del propio poeta. Se nos insinúan cercanías y se nos abren las puertas de todos los futuros. Pero sin permitir que se cierren los ventanales de la imaginación: “Murmuran las piedras al amanecer/en la ladera antigua de los volcanes”.

Saludar la aparición de estos mensajes dirigidos a todos los espejos es sólo una obligación. Otra es la desear que Ramón Miguel Montesinos siga viviendo en y de su inspiración y creando las rítmicas historias que su corazón le permite. Con ello seguirá ganando la poesía y también los verdaderos amantes de los amaneceres limpios.

Manuel Quiroga Clérigo.

Madrid



fuente: recibido directamente

del autor, excelente poeta, escritor,

ensayista y sociólogo al que agradezco

y felicito por su constante indagar

en el ser humano, en la cultura,

en la literatura,etc.