jueves, 25 de abril de 2013

VENEZUELA: DEL SOCIALISMO IGNARO AL NAZISMO SALVAJE, por Américo Gollo Chávez , notable escritor, intelectual y docente venezolano.



        De Chávez sólo quedará la memoria trágica de quien habiendo tenido todas las oportunidades de transformar  a Venezuela  sólo logró  la culminación de  su destrucción en breve lapso.  40 años, para establecer un límite formal, mucho más arbitrario que científico, fueron suficientes al Pacto de Punto Fijo, (AD, Copei,  la Iglesia, Fedecámaras, las universidades, las fuerzas armadas… etc.) para que la crisis  hiciera su clímax. El partido convertido en maquinarias electorales, la negación de la democracia, ajenas a toda  teoría política, ayunos de ética,   minados por la corrupción, sus militantes en clientes,  sus dirigentes en jefes absolutos,  caudillos o dictadores,  e incluso ídolos.  Betancourt caudillo, medianamente idolatrado. Caldera Ídolo, caudillo y, ambos, ególatras, sus militantes vasallos, súbditos excluidos, la sociedad sin posibilidades de participación real y, menos,  de presencia  en la orientación y toma de decisiones.  Objetos vulnerables a la crítica  de los medios, que, en efecto descalificaron y fueron y desplazaron el papel del partido, hasta ser agentes fundamentales  de su destrucción y fuentes  de la construcción de una conciencia social de repudio y negación  de la función política del partido.  La iglesia, parte del banquete, cuyas consecuencias  mantiene consigo, las universidades en  proceso de degradación y negación de sí mismas, a partir del reglamento Leoni y de la reforma Caldera,  que  en  su interior legalizó las conductas de la Realpolitik  en sustitución casi absoluta del valor académico. La fuerza irracional sustituyó la auctóritas del saber, del conocimiento, del arte.  La profesionalización de la política,  como juego de las relaciones de poder y con ello la desaparición de la ética.  Para describir su tragedia  señalé que en la universidad  un voto vale más que un teorema y un poema carece de valor,   el pedagogicismo enterró la ciencia y la investigación  fue reducida  a sobrevivir en catacumbas, condenada  a la mendicidad.   Los gremios, ah, señor,  monstruos traficantes del poder bajo autócratas vitalicios. Las fuerzas armadas, parte del reparto y custodios privilegiados de los placeres del banquete… en fin caos ético, coas social, caos moral… y las respuestas propuestas meras acciones para el “cambio” que todo deja igual.


        Pero, digamos algo más,  en ese universo muy incompleto en su descripción,  el levantamiento de Chávez sonó  moralmente justificado, políticamente necesario, y al principio el propio Chávez fue víctima de ese juego macabro.  El medio se hizo mensaje.  La derrota militar de Chávez, el “por ahora” devino en el mayor triunfo político en la historia del país, porque  en el reconocimiento de la derrota asumió y amplió la responsabilidad por lo hecho y el compromiso para liderar la esperanza.  El error de los factores  que se afincaron en él para el disfrute del poder consintió en desconocer las cualidades del personaje,  en presuponer  que  sería controlable, de allí que salvo excepciones con diferencias en algunos casos cualitativas,  en lo ético, lo económico, lo social, todos los demás estaban con Chávez.   Todos eran “chavistas”.  Los medios, empresarios, iglesias… esta verdad no se puede callar. Chávez se hizo gigante porque los intereses de poder, en ese momento, lo hicieron Goliat. La ruptura  que con él vendría  nunca tuvo fundamentos teóricos, de principio, sino de intereses.  El paro petrolero, el narcicismo de los generales  de Altamira (qué baja mira!), el golpe de abril, son evidencias y hay   quienes aun piensan que mucho de ello fue parte del juego político del propio Chávez, pero  prescindiendo de cualquier  valoración, el hecho real fue que tales “eventos”  facilitaron y justificaron el afianzamiento del poder de Chávez y reafirmaron  su influencia  y poder determinante en la conducta de las masas, de la mayoría de la gente de abajo y de  importantísimos sectores de la clase media y alta, religiosos, económicos, militares.   


          Pero  el país que Chávez recibió en agonía, lo  exterminó  el Supremo, nada cuesta demostrarlo.  Sin mitificar el pasado,  todo está en peores condiciones que las vividas en aquella era.  Ha crecido la corrupción, la dependencia económica y tecnológica  es abismal,   el atraso científico  es directamente proporcional a  la sumisión  política  mas que  al modelo cubano, que lo emula en lo represivo, policial, la exclusión, la delación,  sino mucho mas y peor que eso convertidos en  adoradores fundamentalistas  de Fidel, idólatras, cuya alienación reviste tales grados, que el propio Chávez  escogió a Cuba como el altar de su inmolación.  La iglesia de hoy también en crisis se mueve en un  péndulo que se desliza entre Porras y Moronta. A mejor prueba, la escala entre Vidal y Palmar. Entre esas misas en cadena para adorar a Chávez y fomentar su idolatría y la de los sacerdotes  que optan por sacar  a los mercaderes del templo.   Las universidades, las mas,  pacen  en un mundo ajeno a la verdad, han hecho del silencio su pasto y de la prudencia cómplice,  su potrero.  Han convertido el claustro en el espacio de “El Emboscao”  que alimenta su lujuria en los placeres del poder sin gloria y en el goce de las limosnas  del padrote Gobierno.   La constitución, la división de poderes, así como la honestidad, la eficacia, en fin… sin ropaje formal, desnudas están al servicio del poder mientras  la realidad cotidiana está en manos de la delincuencia, la inseguridad, impunidad. He demostrado en diversos textos que la inseguridad, la exclusión,  etc.…son inversión deliberada del “proceso” en su empeño por  controlar, mediante el terror, la conducta social, proceso que está en decadencia acelerada, como evidencian los hechos políticos electorales, la MUD, las contradicciones in crescendo del PSUV…


        Pero, por qué ocurrió esto?  Parte de la respuestas  está en la historia arriba pincelada,  pero la cuestión no tiene allí su centro, su núcleo,  el fracaso de Chávez  está en  el vacio teórico  de su  propósito, en su relativización de la moral, en la sustitución de la razón por la idolatría en torno al mesías redentor, lo cual se hace insostenible cuando se dejan de hacer o disminuyen  los milagros, hasta ahora  mantenidos por la inmensidad de los ingresos petroleros  y en ese vacio se anidan  las causas de su acelerada muerte.  En efecto, su socialismo del siglo XXI carece total y absolutamente  de sustentación teórica y en consecuencia no tiene posibilidad de realización. Su socialismo indoamericano, originario, bolivariano, robisoniano, zamorano, humanista, cristiano y cualquier ano mas… y las tres fuentes,  Bolívar, Rodríguez, Zamora, para  decirlo con  generosidad,  son una monstruosa farsa  por las contradicciones en sus propios términos, lógicamente incompatibles y por su referencia histórica imposibles de unir, demostración que sin esfuerzo alguno puede hacer cualquier curioso que revise la historia, algún diccionario de filosofía,  de teología,  pero que, para el caso,  es solo alimento de la cursilería  de los sabios  de la postmodernidad tropical o de intelectuales  del dogmatismo bien rentado como  Galeano, bien complacido  como Coello,  Ramonett  y algunos otros como ellos, etc. Nada unía a las culturas precolombinas,  las relaciones económicas, sociales, políticas constituían modelos  autoritarios, despóticos, sus niveles  científicos y tecnológicos  carecían posibilidad de desarrollo y, hacer de Cristo y  a Bolívar socialista es  manipulación, burda ciertamente, pero propia de todo dictador  siempre necesitado  de justificar   el origen divino, mágico religioso  en la dirección de su propia auto justificación de dios o semidiós.


        Empero, esa charca nada tiene de ingenua, pues,  permite al ignaro nadar en ella y en ese juego Chávez fue maestro. Si su socialismo es cualquier cosa que no es,  cualquiera puede ser cualquier cosa que no sea.  Ello hace imposible continuar su proceso, porque no hay ninguna idea  coherente  que sirva de fuente y de sustento al discurso político.  Todo en vida giró en una  visión deificada de sí mismo  que como acto final  se propuso proyectarla en una especie de médium, en un ser  ungido, en donde por vía idolátrica se “reencarnara”  él,   lo cual fue un buen intento, pero  nada es mas difícil al espíritu del redentor, que  Maduro, su autoproclamado  hijo primogénito, esencial heredero,  pueda  cumplir con tan complicada tarea,  no por su desinformación  académica,  y muy menos por su origen social.  Lo primero mas bien pudiera ser una virtud que manipulada sea bien empleada para la identificación con  sectores  del pueblo llano e, incluso, con quienes como tantos, sabemos que  el título de  doctor no hace doctos. Este es otro asunto, solo la voluntad del hombre, su decisión, su dedicación y su trabajo lo hacen crecer y ser mejor.  Son otros los motivos,  que en síntesis  reclaman a Maduro, mas allá de ser el hijo donde el padre se proyecta,  un líder para superar una crisis sin parangón,  que reclama  en su respuesta consenso crítico o, caer en el inmenso riesgo de hacerse dictador…


        La otra herencia de Chávez  es la ausencia total de liderazgos medianamente informados, medianamente racionales, medianamente aptos para  continuar el show.  Ese hueco impone al chavismo transitoriamente, con alguna eficacia provisional   jugar con componentes culturales de variado sincretismo, donde se encuentran el ungido y el médium.  El brujo, el piache, el  santero, el vudú,  Maríalionza, José Gregorio Hernández, Chávez, Bolívar, Guacaipuro, el Negro Felipe,   todo ello, en un esfuerzo para poder mantener la unión  por idolatría, acelerado   proceso  en camino y que está en el discurso de todos los chavistas dirigentes,  cada quien empecinado en ser el mejor hijo,   fiel al Padre y  que ya se ve en el altar para su veneración, tanto en la momificación y exhibición de los restos “eternos” del supremo y el altar con el  nombre del santo Hugo Rafael.  Otra de las herencias insostenibles  es  la  del racismo  que  se cultiva como división social,  afrodescendientes,  aborígenes,   en donde se anida  la bondad, y los otros,  blancos, la maldad.  Pero  es imposible  que el racismo como tal tenga asidero en un país en donde la sexualidad es altamente liberal,  los colores de las razas son la armonía  que sustenta nuestro arcoíris genético,   nuestras morenas y piel canela se realizan en los ojos azules de su marido, su compañero, amante y no hay rubio que no se sienta realizado en la piel de una morena,  y así se ha hecho este país y así seguirá por los siglos de los siglos amen.


        Pero si estas herencias son frágiles y se sale de ellas en batallas de amor  queda una, la de mayor gravedad. Chávez cultivó el odio como la fuerza que dio unión a quien por razones humanas, históricas goza de pocos o ningún bien material, cultural y anteponerlos a quienes tienen algo y algo mas.  La argucia de Chávez estuvo en culpar al rico de la pobreza y miseria de quien anda sin nada  o muy poco posee, de modo que si este quita al otro sus bienes ello es un acto de justicia, de moral. En esto afinca el discurso Maduro,  lo expone sin escrúpulos Diosdado,  en fin… cada quien que mejor quiere ser el heredero reitera  ese esquema. La misma argucia se utiliza contra el imperialismo. La misma argucia la usa Cuba y la ejemplifica con el bloqueo, mientras dentro crece la podredumbre sin moral, el hambre de bienes y de libertad.  


        Ante esos vacios, ante tal herencia, ante un  país destrozado material y éticamente, pero en un país donde la libertad  se empeña en  reabrirse sus caminos,  vivimos el inmenso riesgo de que los amos del PSUV,   civiles, militares,  … asuman, como su salvación,  un  modelo de represión sin límites, un modelo dictatorial  que por falta de ideas, por falta de un mínimum de coherencia ideológica,  de la cual  gozaba el nazismo, además con dirigentes de una formación intelectual  sólida como lo fueron algunos de sus ministros,  los de propaganda siguen siendo una referencia  por su eficaz malsana sabiduría, se conviertan en  los  jefes del nazismo salvaje, del cual, valga el ejemplo, Diosdado ha marcado el camino.  El Chantaje a los diputados y a todo quien  no reconozca a Maduro  con la condena al mayor de los castigos, el silencio,  del que el  propio Maduro  se hace eco, amenazando sin escrúpulo alguno a los gobernadores que no lo reconozcan  a defenestralos. Dicho de manera sencilla: Yo soy el  que soy y  soy el jefe del estado,  el jefe de gobierno y el amo de la justicia y la paz del silencio.


        El riesgo del país es pasar del socialismo ignaro al nazismo salvaje. Frente a ello la consciencia cultural, el diálogo, el combate por la verdad,  la paz son el camino.