domingo, 25 de marzo de 2012

ARGENTINA: El rabino, el psicólogo, el marxista y el silencio de la calle- La polémica columna de La Nación y la tímida crítica de la DAIA




El rabino, el psicólogo, el marxista y el silencio de la calle

Por: Yoel Schvartz



El artículo en que Carlos Pagni enumera despectivamente la trayectoria de Axel Kicillof, actual Viceministro de Economía, lejos de incluir una inocente mención a la ascendencia rabínica del funcionario, remite en realidad a un universo simbólico que apela inequívocamente a una tradición cultural de fuerte sesgo antisemita. Frente a esta afrenta, la DAIA se mostró titubeante y contradictoria; y la comunidad parece sumida en un preocupante manto de silencio.


“Kicillof es un académico marxista. Más allá de un remoto asesoramiento a un par de pymes, su vida profesional ha sido la de un francotirador de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, donde se especializó en historia de la teoría económica. Al doctorarse postuló que lord Keynes era un pensador radical tergiversado por el análisis burgués. Para él, Stiglitz o Krugman son casi tan ortodoxos como Mankiw o Barro. En los últimos tiempos Kicillof se concentró más en Marx. Está aprendiendo alemán para leerlo en su versión original. Hijo de un psicoanalista, bisnieto de un legendario rabino llegado de Odessa, la genealogía de Kicillof parece ser una sucesión de dogmáticas”.


Carlos Pagni, Axel Kicillof, el marxista que desplazó a Boudou, La Nación 12.3.2012

“Fascinante rememoración biográfica si no estuviera precedida, en nuestro país y en la larga tradición del antisemitismo clásico que supo diseñar el imaginario del “judío internacionalista descendiente de rabinos” y proveniente de tierras orientales, de una oscura saga represiva que, por mucho menos que esta herencia genealógica, secuestró y asesinó a miles de compatriotas. Pero, y eso quiero suponer después de casi treinta años de democracia, que a Pagni le interesa mostrar qué ideas hay detrás de Axel Kicillof, no bajo la lógica del inquisidor o del macartista vernáculo, sino como parte de un debate ideológico y democrático.

¿Será así?”.


Ricardo Foster, El Banco Central, la reforma de la Carta Orgánica y el antisemitismo, Página 12 14.3.2012

Se cuenta que el fallecido David Viñas mantuvo durante décadas un ritual que más de uno juzgará insalubre: Viñas se sentaba en uno de sus bares favoritos y leía todos los días La Nación, de punta a punta, sin saltarse ni las efemérides, ni las ofertas de sexo ni, intuyo, el Santoral. La Nación no como un “medio” para enterarse sino como el preciso punteo en tiempo real de la agenda política de los históricos dueños del poder en Argentina, los detentores de la violencia oligárquica que a veces se llamó conservadora, y a veces restauradora y a veces liberal, pero que siempre encuentra, en una tradición que ya es centenaria, el camino preciso para identificar al enemigo.

La columna de Carlos Pagni titulada Axel Kicillof, el Marxista que desplazó a Boudou, se publicó el lunes 12.3. Hubo que esperar a que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner hiciera referencia al “tufillo antisemita” de la nota el martes 13 para que algunas respuestas comenzaran a circular. La DAIA emitió un texto al que su presidente calificó posteriormente de “reflexión, no comunicado” (lo que le ha servido a La Nación y los medios afines para desmentirlo con un titular poco menos que ambiguo: “Negó la DAIA haber criticado a La Nación”, publicado el jueves 15.3).


El texto de la DAIA señala: “La comunidad judía argentina observa con preocupación la utilización, por parte del periodista Carlos Pagni, del diario La Nación, de la ascendencia rabínica del actual viceministro de economía de la nación Axel Kicillof". Y agrega: “Parece sorprendente que dicha descripción, utilizada para desestimar al funcionario, se asocie al carácter `dogmático` de la tradición rabínica, cuando cualquier estudioso de la cultura judía sabe que el debate y las diferentes interpretaciones son lo más usual de la tradición hebrea".


Uno lee y se siente tentado a agregar que también parece sorprendente el argumento en el que se apoya el “llamado de atención comunitario” adonde la única preocupación pareciera ser que no se asocie la tradición rabínica con cualquier forma de dogmatismo. Uno se siente tentado a sugerir que si eso es lo que tiene para decir la “comunidad judía” a través de su órgano político de la nota de Pagni(1), mejor no hubieran dicho nada y se hubieran ahorrado el papelón de tartamudear aclaraciones.


Porque lo que emerge de la nota de Pagni, lo que debería alertar a cualquier lector medianamente informado de la historia contemporánea (sin necesidad de ser un estudioso de la cultura judía, categoría que es un poco exagerado exigirle a un editorialista de La Nación como si fuera un notero del extinto Di Presse), no es la filiación rabínica del joven Kicillof, sino la inclusión de esa filiación en una red semántica que la relaciona con la psicología y el marxismo (y de la que no está exenta una referencia a la juventud del funcionario).


Como muy bien describe Ricardo Foster en la nota que citamos al comienzo, el universo simbólico al que remite Carlos Pagni es inequívoco. Hay una tradición cultural que nació e hizo metástasis en Europa pero que encontró en la Argentina seguidores apasionados. Una tradición que mezcla la genética judía con la invención del inconsciente psicoanalítico, la agitación clasista con el academicismo estéril e improductivo de los apátridas (Pagni nos recuerda de Kicillof que “su vida profesional ha sido la de un francotirador de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, donde se especializó en historia de la teoría económica”).


El “tufillo antisemita” no está en la mención del bisabuelo rabino por sí sola, sino en la articulación de las filiaciones y rasgos identitarios que habitan la figura de Axel Kicillof, y que, vale la pena insistir en esto, actúan como precisos códigos de pertenencia que, parafraseando al viejo Sartre, más que referir al judío le permiten reconocerse al que lo mira desde afuera. ¿Cuesta imaginarse a algunos de los lectores de La Nación chasqueando los labios con aprobación frente a la intrepidez de su columnista estrella desenmascarando a un “rusito”?

Frente a esto, uno se sorprende de la tibieza de la respuesta oficial comunitaria. ¿No es la DAIA, con su historia, sus recursos y su representatividad, más que ninguna otra organización, la detentora del sismógrafo del antisemitismo vernáculo? Y sin embargo, esta respuesta tibia, este “llamado a la reflexión y al debate”(2) es un mojón significativo y remarcable frente a la actitud de una “calle judía” que, como los muchachos de Control, parece haberse sumido en un extraño “cono del silencio”.

Hace pocas semanas una caricatura ambigua de Gustavo Sala en Página 12 que refería y descontextualizaba la Shoah, motivó en el mundo comunitario y en las redes sociales de forma inmediata una polémica apasionada y una polarización de la que también nos hicimos eco desde Nueva Sión. Aquí sostuvimos la sospecha de que una buena parte de las reacciones contra Sala poco tenían que ver con el dudoso y burdo contenido de su caricatura y eran un tiro por elevación a la filiación política del medio que la publicó.

No faltaron en las respuestas que circularon por el universo virtual quienes relacionaron la caricatura de Sala con la sociedad CFK-Chavez-Irán, ni con el auto odio judío de los señores Sokolowiz, Tiffenberg y Verbitzky. Esa capacidad de hilar fino parece haber desaparecido esta semana.



Y no por falta de exposición pública, ya que el artículo de Pagni ha sido recordado por la Presidenta, recogido por todos los medios nacionales, discutido en la blogosfera y mencionado hasta el cansancio en Twitter.

Uno se sorprende descubriendo a 72 horas de la publicación de la nota y 48 horas de exposición que en los sitios de internet de los medios comunitarios la noticia pasa ¡sin comentarios! Sorprende la reacción automática en el caso de Sala y este silencio. Sorprende que para algunos resulte indiferente lo que para nosotros es un juego de mascaras con la simbología letal del antisemitismo explícito.

Y uno se pregunta si no será que tanta insistencia hemos puesto en la búsqueda del nuevo antisemitismo en el eje Irán-Izquierda, en la persistente alianza del fundamentalismo con el “discurso de los derechos humanos” que ya no reconocemos al viejo antisemitismo de rancia estirpe. Que la referencia tangencial, en una columna central de un diario de gran tirada, a un joven intelectual psicobolche de estirpe rabínica no nos eriza los pelos de la nuca.

Y uno no quiere ir más allá y creer que lo que descoloca y sume en un manto de silencio a una porción significativa de una población opinadora si las hay, es precisamente el hecho de que el autor de la nota sea un “opositor”, un confeso cultor de la dogmática neoliberal y la libertad de mercado y no un agente del autoritarismo, un caballero de modales impecables que está en las antípodas del impresentable antisemita de turno D`Elia.

Bernard Lazare escribió hace cien años que el “antisemitismo es el socialismo de los imbéciles”. El Dr. Leo Pinsker lo vio como una fobia incurable de la civilización occidental, y el erudito Najman Syrkin como el síntoma por excelencia de la dinámica excluyente de la expansión capitalista. Sería penoso descubrir que hemos obliterado tanto la memoria de horror de esos cien años, que hoy el viejo bagaje antisemita puede transformarse para encontrar su caldo de cultivo entre los defensores del dogma neoliberal, mientras la “calle judía” asiste impávida a esa metamorfosis.


1) A diferencia de la DAIA, la organización de Familiares de las Víctimas de la AMIA 18J fue muy precisa en ponerle nombre a los bueyes en su comunicado paralelo. “El periodista Pagni y el diario La Nación debieran saber que dicho discurso responde a una vieja tradición antisemita, ya utilizada en el pasado tanto por la Gestapo como por los Grupos de Tareas que pretendían vincular la tradición judía con la antipatria”.

2) Aldo Donzis en diálogo con Víctor Hugo Morales: “Aldo Donzis ahora dice que la DAIA sí cuestiono a LA NACION por un articulo”, La Nación 15.3.2012. Significativamente, la foto que ilustra la desmentida de la desmentida del presidente de la DAIA lo muestra con CFK, aunque la foto no tiene nada que ver con la nota.

fuente: periódico Nueva Sion- Buenos Aires
17 de Marzo 2012