jueves, 7 de octubre de 2010

Ejercicio físico en pacientes coronarios

La realización de actividad física en pacientes coronarios brinda múltiples beneficios a nivel cardiovascular, metabólico y de la calidad de vida en general.

Las arterias coronarias son las que llevan sangre nada menos que al corazón, que es el órgano encargado de bombear sangre hacia los tejidos y de recibir la sangre proveniente de éstos para luego dirigirla al pulmón, donde se oxigena. Por este motivo, resulta fácilmente comprensible que las personas que tienen enfermedad coronaria tengan menor aprovechamiento del oxígeno y menor tolerancia al ejercicio físico, en comparación con sujetos sanos de la misma edad.


Por supuesto, la magnitud de estas limitaciones varía en función del grado de afectación arterial y de las eventuales consecuencias (infarto de miocardio) que se han producido por la enfermedad coronaria.

Es clásico que un paciente con angina de pecho (también conocida como angor pectoris) experimenten dolor cuando realiza determinadas actividades, con la influencia además de ciertas condiciones ambientales como la temperatura. Puede ocurrir también que algunas medicaciones utilizadas para tratar situaciones asociadas con la patología coronaria disminuyan, por otra parte, la capacidad de efectuar trabajos físicos.

Por todas estas razones y por los beneficios que tienen la práctica de actividad física aeróbica, es que en la actualidad los expertos sobre el tema dedican sus esfuerzos para incentivar a los pacientes y recomendar a sus colegas este tipo de intervenciones, asociadas con las otras medidas terapéuticas necesarias en cada caso.

Beneficios de la actividad física en pacientes coronarios
A modo de síntesis, recordemos que la actividad física en pacientes coronarios permite:

* aumentar el diámetro de las arterias coronarias, logrando una mayor cantidad de flujo sanguíneo, lo que asegura la vitalidad del tejido miocárdico (músculo que forma el corazón y le otorga su capacidad de contraerse y dilatarse en forma apropiada)

* retrasar o demorar la aparición de síntomas secundarios a la actividad física. Esto se logra luego de un período de entrenamiento supervisado.

* reducir el colesterol total y el colesterol-LDL (colesterol “malo”), con un incremento simultáneo del colesterol-HDL (colesterol “bueno”). Estos son objetivos centrales dentro de la terapéutica de pacientes con afecciones ateroscleróticas coronarias

* facilitar el abandono del hábito de fumar. Recordemos que en sujetos que han sufrido un infarto de miocardio el porcentaje de mortalidad dentro de los siguientes 5 años se duplica en el caso de los que continúan fumando

* contribuir a reducir la presión arterial, por lo general a través de un mejoramiento de los planes para el descenso de peso

* controlar la hiperglucemia (elevación de la concentración de glucosa en sangre), propia de individuos con diabetes o prediabetes. Tenga presente que la diabetes y la prediabetes se asocian con mucha frecuencia a la patología coronaria

* controlar la obesidad, indicando un plan alimentario adecuado

* prevenir o reducir los niveles depresión secundaria a un infarto de miocardio

* disminuir entre el 20% y el 25% el riesgo de mortalidad por eventos cardiovasculares

* reducir los costos que surgen a partir de la necesidad de reinternaciones

* mejorar la calidad de vida en general.

Como puede apreciarse, los beneficios de efectuar actividad física, a través de programas de rehabilitación especiales o programas supervisados, son múltiples. En una próxima nota, comentaremos los recaudos necesarios para encarar una actividad física segura cuando se padecen afecciones coronarias.

fuente: Editora Médica Digital, junio de 2010
reproducida en :http://www.cardioonline.com.ar/default.asp?pagina=publico/vida/art_045.asp