jueves, 29 de agosto de 2013

Wislawa Szymborska, poeta polaca y universal












Wislawa Szymborska


LA HABITACIÓN DEL SUICIDA


Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.


 



Primera fotografía de Hitler

 

¿Y QUIÉN ES ESTE NIÑO con su camisita?

Pero ¡si es Adolfito, el hijo de los Hitler!

¿Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?

¿O quizá tenor en la ópera de Viena?

¿De quién es esta manita, de quién la orejita, el ojito, la naricita?

¿De quién la barriguita llena de leche? ¿No se sabe todavía?

¿De un impresor, de un médico, de un comerciante, de un cura?   

¿A dónde irán estos graciosos piecitos, a dónde?

¿A la huerta, a la escuela, a la oficina, a la boda

tal vez con la hija del alcalde?

 

Cielito, angelito, corazoncito, amorcito,

cuando hace un año vino al mundo,

no faltaron señales en cielo y en la tierra:

un sol de primavera, geranios en las ventanas,

música de organillo en el patio,

u presagio favorable envuelto en un fino papel de color rosa.

Antes del parto, su madre tuvo un sueño profético:

ver una paloma en sueños, será una buena noticia;

capturarla, llegará un visitante largamente esperado.

Toc, toc, quién es, así late el corazón de Adolfito.

 

Chupete, pañal , babero, sonaja,

el niño, gracias a Dios, está sano, toquemos madera,

se parece a los padres, al gatito en el cesto,

a los niños de todos los demás álbumes de familia.

Ah, no nos pondremos a llorar ahora, ¿verdad?,

mira, mira, el pajarito, ahora mismo lo suelta el fotógrafo.

 

Atelier Klinger, Grabenstrasse, Braunen,

y Braunen no es una muy grande, pero es una digna ciudad,

sólidas empresas, amistosos vecinos,

olor a pastel de levadura y a jabón de lavar.

 

No se oye el aullido de los perros, ni los pasos del destino.

El maestro de la historia se afloja el cuello

y bosteza encima de los cuadernos.

 

 
Las tres palabras más extrañas

 
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.


 

Un terrorista: Él observa

 

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:

Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos está hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.

Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.

Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.

Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.

Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota. 

 

 Experimento

Antes de la película,

en la que los actores hicieron lo posible

para conmoverme e incluso hacerme reír,

proyectaron un curioso experimento

con una cabeza.

 

La cabeza

momentos antes aún pertenecía a…

ahora estaba cortada,

todo el mundo pudo ver que no había tronco.

Por la nuca colgaban las tuberías del aparato

gracias al que la sangre circulaba todavía.

La cabeza

se encontraba bien.

 

Sin señales de dolor, o siquiera de sorpresa,

seguía con la mirada el movimiento de la luz de una linterna.

Movía las orejas cuando sonaba un timbre.

con su nariz húmeda sabía distinguir

entre el olor a tocino y la inodora inexistencia,

y lamiéndose con evidente gusto

segregaba saliva en honor a la fisiología.

 

Fiel cabeza de perro,

bondadosa cabeza de perro,

cuando la acariciaban, entornaba los ojos

creyendo  que era todavía parte de un todo

que encorvaba el lomo bajo una caricia

y meneaba la cola.

 

Pensé en la felicidad y sentí miedo.

Porque si sólo de eso se trataba en la vida,

la cabeza

era feliz.

 

Un gato en un piso vacío
 

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

 

 

La mujer de Lot

 

Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.

Pero además de curiosidad pude tener otras razones.

Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.

Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.

Para no mirar más la nuca justa

de mi marido, Lot.

Por la seguridad repentina de que si yo muriera,

él no se detendría

Por la desobediencia natural de los humildes.

Escuchando cómo nos perseguían.

Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.

Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.

Sentí la vejez en mí. El alejamiento.

Lo inútil de viajar. Sueño.

Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.

Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.

En mi camino aparecieron serpientes,

arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.

Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,

brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.

Miré hacia atrás por soledad.

Por la vergüenza de huir a escondidas.

Por las ganas de gritar, de regresar.

O porque justo entonces se soltó el viento,

desató mi pelo y me levantó el vestido.

Sentí que me veían desde los muros de Sodoma

y se morían de risa, una y otra vez.

Miré hacia atrás llena de rabia.

Para gozar plenamente su ruina.

Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.

Miré hacia atrás sin querer.

Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.

Que una grieta de pronto me cortó el paso.

En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.

Y entonces ambos miramos hacia atrás.

No, no. Yo seguí corriendo, arrastrándome y trepando

hasta que la oscuridad cayó del cielo,

y con ella grava ardiendo y aves muertas.

Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.

Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.

Es posible que haya tenido los ojos abiertos.

Que haya caído mirando hacia la ciudad.

 

Datos vitales

 Wislawa Szymborska (Kórnik, Poznan, 1923) es poeta y ensayista. Vive en Cracovia desde 1931. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagiellonian. Con su primera publicación “Busco la palabra” en 1945, seguida de “Por eso vivimos” en 1952 y“Preguntas planteadas a una misma” en 1954, logró situarse en los primeros planos del panorama literario europeo. “Apelación al Yeti” en 1957, “Sal” en 1962,“En el puente” en 1986, “Fin y principio” en 1993 y “De la muerte sin exagerar” en 1996, contienen parte de su restante obra. Ha merecido reconocimientos como el Premio del Ministerio de Cultura Polaco 1963 Premio Goethe 1991, Premio Herder 1995  y Premio Nobel de Literatura 1996.  Recibió además el título de Doctor Honorífico de la Universidad Adam Mickiewicz en Poznan, 1995. 

 

 
 

Wislawa Szymborska
 
(Kórnik, Poznan, 1923 - Cracovia, 2012) Poetisa polaca, considerada una de las más singulares de su país, que recibió el premio Nobel de Literatura en 1996. Hija de un funcionario, en 1931 se trasladó con su familia a Cracovia, ciudad en la que se asentó de forma definitiva. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y al ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria.
 
Ahí aparecieron desde 1968 sus "folletines literarios", a modo de poco convencionales críticas, que serían publicados en forma de libro en dos volúmenes,Lecturas facultativas (1973 y 1981). Su primer poema publicado, "Busco la palabra", apareció en 1945 en elDiario Polaco, y fue a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público.
 
El inicio de su itinerario creativo se produjo bajo las normas estilísticas del realismo socialista imperante y denota tanto el estremecimiento por los crímenes de la guerra reciente como su identificación con los sufrimientos del pueblo polaco y su esfuerzo por superarlos. En esa estela, aunque ya anunciando algunas de las características de su obra posterior, en particular la ironía para abordar poéticamente los dilemas filosóficos que la inquietan, escribió Preguntas hechas a una misma (1954).
 
Pero será con Llamada al Yeti (1957) cuando romperá definitivamente con los preceptos del régimen, en un ajuste de cuentas con su actitud anterior y también con la de la sociedad oficial. A partir de aquel año, en Polonia como en otros países, se inició un fuerte movimiento de rechazo de la imposición soviética y del doctrinarismo comunista, en forma de rebeldía nacionalista. Szymborska optó por la reflexión filosófica y ética, tomando distancia de los debates concretos, y siempre tiñendo de su peculiar humor sus indagaciones poéticas sobre el espíritu humano individual.


fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/szymborska.htm

 
 
 
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