jueves, 2 de octubre de 2014























Por: Riolama Fernández, 
Biol. M. Sc.


La vida de Cristóbal Colón es el mejor cuento de aventuras que un niño pueda leer, sólo que todo fue realidad, y constituyen no solamente hechos históricos relevantes sino que representan hoy día el fundamento de la Geografía y Cosmografía actual, ya que sus viajes comprobaron lo que entonces era sólo una teoría: que la tierra es esférica y no plana.


Cristóbal Colón siempre ha sido mi personaje histórico preferido, que ni siquiera las fabulosas aventuras del fantástico Indiana Jones lograron opacar. Cuando derribaron sus estatuas, hice un análisis interior del porqué mi pasión por su vida, lo cual sólo aumentó mi admiración porque encontré en él más valores de los que la historia suele atribuirle, aspecto que en lugar de ser ampliado y profundizado, ha sido objeto del más absurdo e indolente irrespeto que lo llevó al destierro o deshonra en la literatura escolar venezolana.


Cristóbal Colón (c. 1451-1506), nació probablemente en Génova, gran navegante que buscó en la Corona de Castilla, financiamiento para sus planes de conocer territorios antes inexplorados. Hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, arribó a tierras americanas el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver del continente que habría de llamarse América.


En sus inicios, llegó a las Costas de Portugal tras librar muchas luchas, su barco fue incendiado y salvó su vida agarrado de un remo. Allí aprendió a conocer el Océano, a frecuentar las rutas comerciales, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta el golfo de Guinea.


Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones de Santa Fe, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, si, DESCUBRIDOR, sabía más de lo que decía. Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, le sucedió algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".


Algunos historiadores sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucedió a Colón, fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano Atlántico. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (si se sigue la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió.


Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para dirigirse a aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.


Cristóbal Colón era ya un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética".


Para elaborar su plan descubridor, Colón utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago mundi del cardenal y teólogo francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio y geógrafo florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal Alfonso V.


También extrajo referencias muy concretas de parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, el Jardín del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, o el país de las amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia.


Para defender su proyecto ante los expertos, hubo de calcular mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincidió con las estimaciones hechas en el siglo IX por el astrónomo musulmán Alfragano, según las cuales 1 grado equivalía a 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros), y, por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque manejó la milla itálica, de unos 1.500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los expertos portugueses, que lo rechazaron, porque no les aportaba nada nuevo y además les exigía mucho a cambio de llevar a cabo el plan de mediciones y exploración.


Por ello, en 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después.


El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron a Colón en la ciudad castellana de Alcalá de Henares (en la actualidad perteneciente a la Comunidad de Madrid), y nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.


Sin embargo, a Colón no le faltaban protectores. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena y otro religioso influyente, Diego de Deza. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez, por cuya intercesión, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino.


El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual éstos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento.


Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, partió de puerto de Palos de la Frontera, en tres viajes llenos de anécdotas y aventuras que rebasan la imaginación.


El 13 de septiembre descubrió la declinación magnética de la Tierra, y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se percató de que algo no se correspondía con sus cálculos. El día 6 ya habían sobrepasado las 800 leguas y no había indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María, desesperados por pisar tierra y porque se agotaban los alimentos. En la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la madrugada del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Luego vinieron tres viajes más, pues Cristóbal Colón hizo 4 viajes. Recordando estos primeros años, Colón escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado".


Más allá de toda la polémica discusión de los historiadores actuales sobre si el continente americano fue descubierto o ya existía antes de la llegada de Cristóbal Colón, por lo que en Venezuela el día 12 de Octubre se ha dejado de llamar Día del Descubrimiento De América para llamarse ahora  Día de la Resistencia Indígena, Colón, como simple ser humano mortal, ha trascendido tales denominaciones, porque en definitiva el logró los objetivos que se propuso y aunque derriben sus estatuas, NADIE puede negar que la Tierra si ES REDONDA y para colmo …GIRA.

por  en su blog:
http://riolamadas.blogspot.co.il/2014/09/pero-es-redonda.html