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martes, 16 de octubre de 2012

ARGENTINA: Alejandro Borensztein, el hijo del inigualable actor argentino Tato Bores, nos presenta su : "200 notas y ninguna flor "









200 notas y ninguna flor 

Por Alejandro Borensztein

 para Clarín

14/10/12
Como arquitecto he construido algunas obras de las que estoy orgulloso (de otras no tanto). Como productor de televisión tuve algunos éxitos, tanto acá como en el exterior (también algunos fracasos). Formo parte de un par de instituciones prestigiosas, e incluso presido una de ellas. Por encima de esto, siempre pensé que mi principal logro fue poner la semillita, velar, cuidar y educar a mis hijos , a quienes consideraba, hasta hoy, el mayor y tal vez único éxito verdadero de mi vida.
Sin embargo hoy, que estoy publicando mi nota número 200 , comprendo que nada se puede comparar con esta epopeya. Paso a explicar rápidamente antes de que suene a fanfarronada. 
La primera nota de esta serie que hoy cumple 200 domingos, se tituló “Siammo tutti nervosi” y fue publicada el 29 de junio de 2008. Refería al estado de nervios, ofuscación y gritos en el que había entrado la sociedad argentina en general y la dirigencia en particular a raíz de la crisis del campo. Narraba el hecho que, desde el ruralista De Angeli hasta la mismísima presidenta de la Nación, pasando por políticos, funcionarios y simples ciudadanos apostados en las rutas, todos se enfrentaban a grito pelado y transformaban la vida política en un novedoso divertimento . El mensaje de esa nota era claro: “Vamos muchachos, putéense, maltrátense, agrédanse que está buenísimo”. En el fondo, y visto a la distancia, aquello era bastante inofensivo , pero fue un buen puntapié inicial para doscientas páginas dominicales. 
Nunca pensé que alentar aquellos incipientes agravios y tímidas agresiones iba a lograr, en sólo 200 notas, esta verdadera guerra de las galaxias . Jamás imaginé que esa pequeña semillita plantada hace casi 5 años se transformaría en este estado de preguerra mundial, sólo comparable a la invasión a Polonia del 39 .
Desde los gendarmes de Puerto Madero hasta la presidenta de la Nación pasando por los sindicalistas, La Cámpora, los que protestan contra el aborto, los que lo apoyan, los pibes que toman los colegios, los que los critican, los fanáticos de la falange oficialista, los caceroleros, los que agreden e insultan a la Presidenta en la calle, los foros y las redes sociales, los que lo hacen contra los opositores, algunos diputados, senadores, ministros y secretarios, y muchos dirigentes y comunicadores en general se han transformado en un fenomenal, delicioso y multicolor ramillete de bestias peludas . Si esto es el resultado de aquel consejo dado 200 notas atrás, estoy impactado por semejante logro.
El bolonqui se ha ido profesionalizando. Ya no hay un De Angeli subido a una camioneta con un megáfono, ni una Presidenta hablando, todavía con cierto pudor, sobre los piquetes de la abundancia desde el Salón Blanco. Ahora la cosa es mucho más sofisticada y estamos todos más curtidos.
Por ejemplo, si anuncian que la Presidenta va a inaugurar una panadería en Saladillo, uno ya prevé que habrá algún grito, un ataque a los medios y un reto a un funcionario, o sea las cosas habituales

Nada que no pueda resolverse con un casco y un traje antiflama. Pero cuando anuncian, por ejemplo, “hoy a las 19.00 cadena nacional”, y encima aclaran “desde el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada”, sonamos. Todos rajan a los refugios antiaéreos. Cunde el pánico, no sólo entre los que miran por televisión (sobre todo si son del 46% en ascenso) sino también entre los propios funcionarios , que tienen que largar todo lo que están haciendo para ir a aplaudir, sabiendo que en cualquier momento Ella los defenestra con un bocadillito. 

¿A ver dónde está el ministro Cadorna?”  dice con el dedito en alto, y tiembla Cadorna y toda la familia de Cadorna que está mirando por televisión. En realidad el stress empieza antes, cuando el pobre tipo llega al auditorio y descubre que tiene una silla asignada en la primera fila porque hay un cartelito con su nombre pegado en el respaldo . Mala señal. El tipo sabe que a partir de ese momento, nada se interpone entre el rayo de la muerte presidencial y su indefensa humanidad, está en la primera línea de fuego cual marine en Normandía. 


La reacción es inmediata, saca el celular y llama: “Hola cariño, acabo de ver que me van a sentar en primera fila y estamos… en el Museo del Bicentenario!! Quiero que sepas que te quise mucho amor… Despedime de los chicos, deciles que estoy muy orgulloso de ellos y que sólo deseo que sean felices”
Desde aquellos piquetes rurales a hoy, todo se fue recalentando. Antes, cuando había una protesta o una marcha, el Gobierno se jactaba de ser conciliador o era acusado de permisivo

Esta semana se juntaron 50 colectiveros en la Panamericana y apareció en un helicóptero el Secretario de Seguridad Lieutenant Colonel Sergio Berni como si fuera Robert Duvall en Apocalypsis Now . Sólo le faltaba el sombrero de ala ancha y el pañuelo amarillo. 
Durante el conflicto del campo en 2008, nos sorprendimos e indignamos cuando agredieron al diputado Rossi en Santa Fe.
Pero luego de una larga prédica, hemos logrado que nos parezca normal que le peguen a Díaz Bancalari en la puerta de la Rosada. O que el falsoprogresismo escrache a los periodistas que más hicieron por la defensa de los derechos humanos, como Magdalena . O que los caceroleros les peguen a los trabajadores de la TV pública. O que el Gobierno se apropie del Estado y use burdamente la TV pública para agredir a quienes lo critican, sean políticos o medios. O que la corran a Sandra Russo por un shopping para insultarla. O que los gendarmes persigan a patadas a sus superiores y agredan al ministro Lorenzino . O que le tiren huevos a Filmus en Mendoza. O que en Venezuela aprieten a Lanata y a su equipo mientras el embajador argentino se ponía del lado de los apretadores, y el Canciller Timerman no atendía el teléfono porque estaba demasiado ocupado besándose con los iraníes . O que el gobierno haga abuso de poder como ningún otro lo hizo en la democracia, de la cual cada vez más, parece sacar una patita fuera del plato. La lista de logros llenaría varias páginas pero avisé que no quería fanfarronear.

De aquella humilde arenga en 2008 a esta bella barbarie, uno siente que ha logrado mucho. Como dijo el Lieutenant Colonel Bill Kilgore en Apocalypsis Now: “Nada mejor que el olor a napalm por la mañana. Huele a victoria” . Primeras doscientas notas. Un éxito.


martes, 18 de enero de 2011

Argentina: Tato Bores , actor cómico de la nación


Tato, actor cómico de la nación

Por Diego Cacciavillani

"Carlos Ulanovsky: Tato, emecé,
2010, Buenos Aires, 392 págs."



Escribir una biografía supone riesgos. Y esos riesgos se amplifican cuando se trata del cómico político más memorable de la historia de nuestro país: Tato Bores.


El libro de Carlos Ulanovsky –autor del grandioso texto Días de radio– vuelve a sorprender con la escritura de una obra que equilibra bien los tres elementos que debe contener cualquiera de este tipo: rigurosidad histórica –que le permite credibilidad–, información fidedigna –que purga cualquier veta de subjetivismo innecesario– y totalidad –que articula los fragmentos para dar cuenta del todo. Con todas estas cualidades formales cumple el libro de Ulanovsky. Y no se conforma con ello, sino que también le agrega una lectura absolutamente placentera y una serie de imágenes simultáneas al texto que permiten un efecto cinematográfico extraordinario anexado a la lectura.

No es exagerado afirmar que se trata de uno de los mejores, sino el mejor libro de Carlos Ulanovsky porque el tratamiento, completo, exhaustivo, eficaz y dinámico dan la muestra más clara con la severidad y seriedad con la cual se lo escribió.

Rememorando la fantástica frase de Ortega y Gasset: “uno es uno y su circunstancia” sabiendo que esas “circunstancias” constituyen dos planos: los otros (que definen al uno) y el contexto. Y estas tres dimensiones está en perfecta armonía en el libro: incluye una serie de memorias de Mauricio Borensztein (nombre real del personaje Tato Bores) –hasta la publicación del libro, inéditas–, la entrevista a distintos personajes que trabajaron con el artista (políticos, jueces, compañeros, libretistas, entre otros) y un recorrido por su vida que deja entrever vetas de la historia de nuestro país: el peronismo, la dictadura militar, el regreso de la democracia y hasta el gobierno de Carlos Menem.

En sus distintas etapas, se muestra al Tato público y al Borensztein privado pero con la absoluta reserva de la intimidad, derecho de cualquier hombre público (y también algo pocas veces respetado en la producción de biografías), algo que hay que destacar como gesto por parte de Ulanovsky.


El libro trabaja de manera muy precisa, la labor realizada desde el arte, donde Tato y sus monólogos, con el disimulo del humor, iba narrando su actualidad (nuestra historia) de las distintas vicisitudes por las que transitó nuestro país.


Algunas, meras notas de color, otras que se hundían en la más mísera y delicada trama que nos legó la dictadura con sus censuras, sus muertes y sus infamias. Y es justamente la censura uno de los puntos que trabaja el libro con un detalle extraordinario porque las mismas no sólo se dieron en períodos dictatoriales, sino también en la vuelta a la democracia, con Raúl Alfonsín, algo que a Tato (quien reconoció haberlo votado) le dolió mucho. Así lo recuerda su hijo, Alejandro:


“De inmediato, los interventores de los canales 7, 11 y 13 se alinearon en una misma explicación. Tato no está censurado, dijeron, simplemente que está terminado como artista y no nos interesa contratarlo. Miren qué terminado que estaba: Tato tenía por delante sus mejores y más potentes años en televisión (…) Empezando porque mi hermano y yo habíamos tomado la decisión de comenzar a colaborar con mi papá. Segundo, porque en 1983 yo había votado a Alfonsín y la orden radical de prohibir a Tato en plena democracia fue una seria decepción”.


Pero los casos de censura que cuenta el libro parecen una nimiedad junto a los “peligros” que sufrió Tato y su familia en los años más oscuros de nuestra historia. En un capítulo dedicado a ese tema (“Los años en los que Tato vivió en peligro) se narran dos episodios tremendos para el actor: el primero, cuando fueron a buscar a su sobrina y por error terminaron en su casa y el segundo, cuando tuvo que escapar de su departamento porque le habían colocado una bomba que no llegó a explotar. En cuanto a su sobrina, el propio Tato le pidió al entonces comandante en jefe Leopoldo Galtieri entre el relato de su hijo Alejandro:



“Yo soy Tato Bores, he hecho muchas cosas por este país. Usted ahora que puede le toca hacer algo por mí. Tengo una sobrina presa desde 1974, le pido su libertad>. Galtieri prometió ocuparse y, aparentemente, lo hizo, porque al poco tiempo llamaron a mi casa de su parte para avisar que mi prima y su marido recuperarían la libertad, con opción del Poder Ejecutivo”.



A esta altura de la circunstancias, cuesta pensar que el cómico político más importante de nuestro país fuera vituperado por la crítica. Existe en el libro un apartado titulado “¿Quién dijo que Tato nunca recibió críticas?” que derriba esta presunción: “El resbalón de Gardel” titulaba el diario La razón a finales de 1984, Neustadt (digamos, sin mucha autoridad moral) le machacó una presunta cobardía en la crítica en el momento de los militares; el analista político Martín Granovsky dijo del primer programa de Tato luego del regreso de la democracia “El programa fue un largo lamento, de a ratos costumbrista, de a ratos amargo, pero siempre lavado… Tato nunca se caracterizó por la osadía. Y acaso no sea justo pedírsela en un país más bien conformista”. Incluso se destaca una feroz crítica de María Elena Walsh, que en la revista Humor, en la década del 90, dijo de Tato Bores:


“… porque él, dentro del nivel de nuestros cómicos, es un intelectual y no tiene ninguna necesidad de apelar a ese recurso… Tato no es el tipo que uno vaya a identificar con una picaresca tradicional, antigua… Tato es un cómico inteligente y muy moderno. Por qué tiene que apelar a la culomanía es algo que habría que preguntarle a él”.


En el libro de Ulanovsky se encuentra un tratamiento muy interesante sobre el carácter surrealista del entramado humorístico de Tato Bores. En este sentido, se recordará al Nasomóvil, una nariz con ruedas que se paseaba en el estudio como metáfora al entonces caso llamado “Narcogate” o en la figura de algunos personajes como el que interpretaba Rodolfo Crespi: “ a veces poderoso e influyente, consumidor de caras exquisiteces gastronómicas, y en otras ocasiones en la miseria más absoluta”, también el personaje que interpretaba Raúl Ricutti:


“…el ignorante que de un modo inexplicable (pero acaso cumpliendo una parábola muy argentina) se va para arriba en el ranking del poder: es el portero que demuestra una torpeza superlativa y ejerce un pobre poder y que, sin embargo, llega, según el año, a psicoanalista, a asesor de la dirección de un canal () y más temprano que tarde a dueño de una estación”.



Sus monólogos tienen una actualidad que asusta, lo que vale preguntarse si el país ha trazado sus últimos lustros en la repetición o lo cíclico o que Bores fue un humorista que supo explotar los problemas profundos de la Argentina para que desde ahí se nutriera su humor.
Ya sea en televisión como en teatro, en cine como en radio, fue notoria la influencia que ejerció, en el estilo, el tono y el contenido del humor político, la figura de Tato Bores. No es tarea fácil reunir una vida muy rica y una experiencia laboral tan fructífera y relatarlo como si se tratara de un documental cinematográfico de primerísimo nivel. No es tarea fácil incluir los pormenores que enriquecieron la vida de este artista inconmensurable. Y mucho menos, no es tarea fácil que el fenomenal compilado de fotografías que va sucediéndose en el libro. Pero acá se logro, por eso y por todo lo que el lector descubrirá en la lectura de este libro, hablamos de una obra de excelente calidad y nivel.

18.1.2011
http://www.teladerayon.com/Articulo.aspx?id=oe8RRcy16iM=

martes, 13 de abril de 2010

Dady Brieva, cómico y actor serio, habla de su entrevista a Cristina, Presidente de los argentinos








Biografía de Dady Brieva

Rubén Enrique Brieva, mejor conocido como Daddy Brieva, nació en Santa Fe el 5 de marzo de 1957.
Pasó su niñez y adolescencia en el barrio María Selva.


Hijo de una familia conservadora que se oponía a su sueño de ser actor. Su padre, que fue comisario, decía que "eso es cosa de maricones"; esto ha sido contado por él mismo, a modo de anécdota, en distintas entrevistas que le han realizado.

Su popularidad la gano al integrar el trío cómico conocido como "Midachi" junto a otros dos santafesinos Miguel del Sel y Dario "Chino" Volpato. Antes había trabajado en la administración pública.
Condujo un programa para chicos llamado "Agrandadytos", trabajo en varias novelas como "El Sodero de mi Vida", "Gasoleros" y "Las Mentiras de Papa".


En el año 2007 incursiono como director y guionista en el film "Más que un hombre", donde ademas trabajo como actor.
Entre sus trabajos en cine se destaca haber sido la voz de Isidoro Cañones en la pelicula del mismo nombre.
También grabo los especiales "Midachi, veinte años no es nada" (2003), "Midachi, el regreso del humor" (2000), y actuó en "Siempre es difícil volver a casa" (1992).
También realizo la película Incorregibles , junto a Guillermo Francella, que se estrenó en julio de 2007.


fuente: de la Biografia:
http://www.ask.com/bar?q=dady+brieva+biografia&page