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viernes, 9 de enero de 2015

Discurso de Cantinflas en Su Excelencia 1967- impagable!!!- Obligatorio ver !!!!




Discurso de Cantinflas en Su Excelencia 1967 from Fernando Carreiro on Vimeo.


Cantinflas 

[Mario Moreno Reyes]


(Ciudad de México, 1911-id., 1993) Actor cómico mexicano. Se hizo mundialmente célebre con el nombre de su personaje Cantinflas, al que dio vida en la mayoría de los filmes que rodó.

De orígenes humildes, se enroló en una compañía de cómicos ambulantes y recorrió todo México. En el circo desarrolló todo tipo de trabajos, entre ellos interpretar pequeños papeles.
A finales de los años veinte comenzó a actuar en los locales de Ciudad de México y creó la imagen prototípica con la que se haría famoso. En 1930 era ya el cómico más famoso del país. En 1934 conoció a la actriz de origen ruso Valentina Subarev, con quien contrajo matrimonio y tuvo a su único hijo, Mario Arturo.
En 1936, con el amplio bagaje acumulado durante su estancia en el circo de Jalapa, representando papelitos en pequeños montajes teatrales -excepcionalmente musicados al estilo del género chico- debutó en la película No te engañes corazón, a la que siguieron Así es mi tierra y Águila o sol (1937), El signo de la muerte (1939) y toda una serie de cortometrajes.
No obstante, no se consagró definitivamente como ídolo indiscutible hasta 1940, en el filme Ahí está el detalle -dirigido por Juan Bustillo Oro-, en cuya última escena y mediante su delirante discurso, Cantinflas se salta las convenciones sociales, logrando cambiar el veredicto del juez. Esta película le brindó la ocasión de fundar la compañía Posa Films, productora de Siempre listo en las tinieblas (Always Read in the Darkness) y Jengibre contra dinamita (Ginger versus Dynamite), fallidos intentos de penetrar en el mercado hollywoodiense. Pese a ello, a partir de su debut como protagonista en la película Ahí está el detalle (1940), el actor, con sus casi cincuenta filmes, batió récords de recaudación en las salas de exhibición hispanoamericanas durante tres décadas seguidas.
La popularidad de este monstruo sagrado del cine mexicano y, en general, del cine en español debe mucho a su trabajo en las películas Ni sangre ni arena (titulada en Estados Unidos Neither Blood and Sand) y El gendarme desconocido (1941), en las que descubrió a su director ideal, Miguel M. Delgado, ayudante del realizador Alejandro Galindo. La primera era una parodia de la obra de Vicente Blasco Ibáñez, cuya versión cinematográfica había sido recientemente estrenada en Estados Unidos, protagonizada por los actores Tyrone Power, Rita Hayworth y Linda Darnell. Con ambas obras, Mario Moreno esperaba amortizar el esfuerzo económico invertido en Posa Films, de la que llegó a ser único productor. No en vano Ni sangre ni arenarecaudó 54.000 pesos en cuatro días durante su estreno en el Teatro Alameda.
Este éxito desbordante continuó con El gendarme desconocido (The Unknown Policeman), con Mapy Cortés y Gloria Marín, considerado como uno de los mejores filmes del actor mexicano. En él, la ridiculización de la policía, generalmente detestada por el público, se establece desde el mismo momento en que Cantinflas aparece con su habitual uniforme desastrado.

En 1944 entró a formar parte del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC), fundado en 1919 con el nombre de Unión de Empleados Confederados del Cinematógrafo. Su aportación fue decisiva en la mejora de las condiciones de contratación del personal de los estudios, pues encabezó una proyectada huelga, secundada por Jorge Negrete y Arturo de Córdova (con quien mantuvo una fuerte polémica por la dirección de la Asociación Nacional de Actores [ANDA]).
En los años cincuenta, sus cintas muestran un cambio: del personaje de la picaresca urbana y popular sólo quedaría un humor basado en el uso reiterativo del "cantinflismo", la habilidad para hablar mucho y no decir nada. En todas ellas, Mario Moreno se convirtió en un portador de juicios y críticas contra la sociedad "pueblerina", en particular, y contra la humanidad, en general. De este modo, arremetió con singular hincapié contra la "aristocracia desnaturalizada", haciendo que triunfara lo auténtico sobre lo falso. Se constituyó en el hombre que siempre decía la verdad, aunque en forma sarcástica, y sufrió las consecuencias de esa fidelidad a sí mismo.
Excepcionalmente, participó en la superproducción estadounidense La vuelta al mundo en ochenta días (1957). La película obtuvo una buena acogida, que propició que el actor rodara luego Pepe, dirigida por George Sidney en 1960. El fracaso del filme decidió a Mario Moreno a no volver a probar fortuna fuera de las fronteras de su propio país, con la única salvedad del largometraje español Don Quijote cabalga de nuevo, dirigido por Manuel Delgado, con quien había trabajado en filmes como El bolero de Raquel (1956) y El padrecito (1965), el primer largometraje que el actor rodó en color.
Si en sus interpretaciones denunciaba las desigualdades sociales y la insolidaridad, en la vida real realizaba obras caritativas y llegó a montar una oficina para los necesitados. La última etapa de su vida, después de enviudar en 1966, estuvo marcada por su participación en actos sociales y políticos (incluso llegó a pronunciar un discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas).
Un genio cómico
Pero lo cierto es que Cantinflas será recordado por hacer triunfar a un pícaro de buen corazón que presenta cierto paralelismo con el personaje de Charlot de Charles Chaplin, si bien la clave del mexicano estuvo siempre vinculada a su disparatada e inagotable verborrea, que lo convirtió en el genio cómico más popular que México ha dado. Su personaje basó su comicidad en unas reacciones ingenuas, en su asombrosa naturalidad y en sus personalísimos y desvariados monólogos, continuos, embarullados, inagotables, auténtico flujo del más delirante verbalismo que empezaba con inusitada fluidez y terminaban en balbuceos y galimatías ininteligibles, en interminable verborrea, mientras movía incansablemente su mano izquierda para acompañar la insólita proliferación de sus muecas.
Su actuación era, ante todo, fruto de la soltura y la agilidad; las situaciones más disparatadas y extraordinarias brotaban con maravillosa sencillez. De Mario Moreno no pasarán a la historia del arte cinematográfico unas películas que no tienen, a decir verdad, nada de extraordinario, pero, en cambio, su personaje, su figura, su personalísimo estilo interpretativo y su singular sentido del humor ocupan ya, por méritos propios, un lugar relevante en el firmamento del séptimo arte.

Sus caídos pantalones, su aspecto descuidado y chabacano se convirtieron en el estandarte hispano de una clase de humor, teñido de absurdo, que tiene, tal vez, sus mejores representantes en los míticos hermanos Marx y que le permitió alcanzar una enorme popularidad en los países de habla española, aunque ponía trabas, simultáneamente, a sus posibilidades de atravesar las fronteras idiomáticas, pues, como ya se ha indicado, su personaje cinematográfico, debía buena parte del éxito que obtuvo a su libérrima utilización del idioma, una característica que, como es lógico, hacía muy difícil la penetración de su humor en ámbitos distintos al de la lengua española.
Su exagerada caricatura del "pelao" mexicano -miembro de la clase baja, equivalente al golfo madrileño o al "roto" chileno-, se apoyaba en unos calzones siempre a punto de caer, sujetos las más de las veces con un imperdible, que parecían exigir a gritos un cinturón o unos tirantes, en unos zapatos hechos trizas, una camisa arrugada (cuando la llevaba) saliéndose por todas partes, un raído sombrero de paja y un trapo que le colgaba del hombro, a modo de gabardina.
Esta indumentaria se convirtió en el signo distintivo de su humor y de su obra, hasta el punto que, desencarnada ya, abandonando los límites del actor Mario Moreno, pasó a configurar el personaje televisivo de una larga serie de dibujos animados, cuyo rostro sin afeitar y desgraciada estampa corresponden indistintamente a la de un vagabundo o a la de un pordiosero dueño, como su creador, de un lenguaje fluido, incontenible e incoherente, confuso y disparatado, incomprensible pero indispensable para poder salirse con la suya en las situaciones más dispares.
Considerado por muchos el sucesor de Charles Chaplin, Cantinflas heredó de aquél el corazón. Sólo que el pelao mexicano, tan pobre como Charlot, a diferencia de éste, no vivía obsesionado por su pobreza y se permitía el lujo de compadecer a los ricachones.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cantinflas.htm

miércoles, 9 de julio de 2014

TU SABES QUE SIGNIFICA LA PALABRA guácala ?


«¡Guácala


Expresión de disgusto o repugnancia hacia algo o alguien.


  • Ámbito: América Central, México, Chile

  • Ejemplo: «Ahora las nietas de estas mujeres, que nunca pondrían un pie en el mercado, cuando quieren denotar asco, rechazo o repulsión, dicen: «¡Guácala Guácala la política mexicana, guácala los políticos corruptos, guácala la inseguridad en la ciudad, guácala los narcos, guácala la basura en la calle, guácala los noticiarios en la tele,guácala las campañas, guácala los museos, [...]» 

  • fuente: http://es.wiktionary.org/wiki/gu%C3%A1cala

  • El ABC de las y los mexicanos por Guadalupe Loaeza. Página 68 [1]

   Guácala.
1. interj. coloq. El Salv., Hond. y Méx. U. para indicar 
    desagrado, asco o rechazo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


domingo, 27 de abril de 2014

Discurso íntegro de Elena Poniatowska: "Soy una Sancho Panza femenina que habla de los andariegos comunes"



















Acompañada de sus nietos --no todos, ya que dos sacaron "malas calificaciones"--, la Premio Cervantes 2013 ha recibido de manos del Rey la medalla y la escultura del galardón, un gesto especial, ya que Juan Carlos y la Reina Sofía no entregaban este premio desde el año 2011. "Ningún acontecimiento" en su vida profesional ha sido tan importante como este premio que un jurado otorga a una "Sancho panza femenina" que "no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso", ni tampoco "la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes", ha manifestado durante el emotivo discurso que ha pronunciado. En él, Poniatowska ha reivindicado a las únicas tres autoras que han sido honradas con este reconocimiento (María Zambrano, Dulce María Loynaz y Ana María Matute), así como a las mujeres mexicanas que sufren la violencia machista. "Todavía hoy se mercan las tripas femeninas", ha señalado. En sus palabras, también ha habido espacio para los verdaderos "molinos" de su narrativa: "Los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen en la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan". "Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan a lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas", ha manifestado. 

Con este reconocimiento, Poniatowska se suma así a una larga lista de escritores que han recibido este honor, que en los últimos años han recibido José Manuel Caballero Bonald (2012), Nicanor Parra (2011), Ana María Matute (2010), José Emilio Pacheco (2009) y Juan Marsé (2008). 

DISCURSO 

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Señor Presidente de la Comunidad de Madrid, Señor Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señores y señoras. Soy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes, creado en 1976. (Los hombres son treinta y cinco.) María Zambrano fue la primera y los mexicanos la consideramos nuestra porque debido a la Guerra Civil Española vivió en México y enseñó en la Universidad Nicolaíta en Morelia, Michoacán. Simone Weil, la filósofa francesa, escribió que echar raíces es quizá la necesidad más apremiante del alma humana. En María Zambrano, el exilio fue una herida sin cura, pero ella fue una exiliada de todo menos de su escritura. La más joven de todas las poetas de América Latina en la primera mitad del siglo XX, la cubana Dulce María Loynaz, segunda en recibir el Cervantes, fue amiga de García Lorca y hospedó en su finca de La Habana a Gabriela Mistral y a Juan Ramón Jiménez. Años más tarde, cuando le sugirieron que abandonara la Cuba revolucionaria respondió que cómo iba a marcharse si Cuba era invención de su familia. 

A Ana María Matute, la conocí en El Escorial en 2003. Hermosa y descreída, sentí afinidad con su obsesión por la infancia y su imaginario riquísimo y feroz. María, Dulce María y Ana María, las tres Marías, zarandeadas por sus circunstancias, no tuvieron santo a quién encomendarse y sin embargo, hoy por hoy, son las mujeres de Cervantes, al igual que Dulcinea del Toboso, Luscinda, Zoraida y Constanza. A diferencia de ellas, muchos dioses me han protegido porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. 

Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse. Del otro lado del océano, en el siglo XVII la monja jerónima Sor Juana Inés de la Cruz supo desde el primer momento que la única batalla que vale la pena es la del conocimiento. Con mucha razón José Emilio Pacheco la definió: “Sor Juana/ es la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”. Su respuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa liberadora, el primer alegato de una intelectual sobre quien se ejerce la censura. En la literatura no existe otra mujer que al observar el eclipse lunar del 22 de diciembre de 1684 haya ensayado una explicación del origen del universo. Ella lo hizo en los 975 versos de su poema “Primero sueño”. Dante tuvo la mano de Virgilio para bajar al infierno, pero nuestra Sor Juana descendió sola y al igual que Galileo y Giordano Bruno fue castigada por amar la ciencia y reprendida por prelados que le eran harto inferiores. Sor Juana contaba con telescopios, astrolabios y compases para su búsqueda científica. También dentro de la cultura de la pobreza se atesoran bienes inesperados. Jesusa Palancares, la protagonista de mi novela- testimonio “Hasta no verte Jesús mío”, no tuvo más que su intuición para asomarse por la única apertura de su vivienda a observar el cielo nocturno como una gracia sin precio y sin explicación posible. Jesusa vivía a la orilla del precipicio, por lo tanto el cielo estrellado en su ventana era un milagro que intentaba descifrar. Quería comprender por qué había venido a la Tierra, para qué era todo eso que la rodeaba y cuál podría ser el sentido último de lo que veía. Al creer en la reencarnación estaba segura de que muchos años antes había nacido como un hombre malo que desgració a muchas mujeres y ahora tenía que pagar sus culpas entre abrojos y espinas. Mi madre nunca supo qué país me había regalado cuando llegamos a México, en 1942, en el “Marqués de Comillas”, el barco con el que Gilberto Bosques salvó la vida de tantos republicanos que se refugiaron en México durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Mi familia siempre fue de pasajeros en tren: italianos que terminan en Polonia, mexicanos que viven en Francia, norteamericanas que se mudan a Europa. Mi hermana Kitzia y yo fuimos niñas francesas con un apellido polaco. Llegamos “a la inmensa vida de México” —como diría José Emilio Pacheco—, al pueblo del sol. Desde entonces vivimos transfiguradas y nos envuelve entre otras encantaciones, la ilusión de convertir fondas en castillos con rejas doradas. Las certezas de Francia y su afán por tener siempre la razón palidecieron al lado de la humildad de los mexicanos más pobres. Descalzos, caminaban bajo su sombrero o su rebozo. Se escondían para que no se les viera la vergüenza en los ojos. Al servicio de los blancos, sus voces eran dulces y cantaban al preguntar: “¿No le molestaría enseñarme cómo quiere que le sirva?” Aprendí el español en la calle, con los gritos de los pregoneros y con unas rondas que siempre se referían a la muerte. “Naranja dulce,/ limón celeste,/ dile a María/ que no se acueste./ María, María/ ya se acostó,/ vino la muerte/y se la llevó”. O esta que es aún más aterradora: “Cuchito, cuchito/ mató a su mujer/ con un cuchillito/ del tamaño de él./ Le sacó las tripas/ y las fue a vender./ —¡Mercarán tripitas/ de mala mujer!” 

Todavía hoy se mercan las tripas femeninas. El pasado 13 de abril, dos mujeres fueron asesinadas de varios tiros en la cabeza en Ciudad Juárez, una de 15 años y otra de 20, embarazada. El cuerpo de la primera fue encontrado en un basurero. Recuerdo mi asombro cuando oí por primera vez la palabra “gracias” y pensé que su sonido era más profundo que el “merci” francés. También me intrigó ver en un mapa de México varios espacios pintados de amarillo marcados con el letrero: “Zona por descubrir”. En Francia, los jardines son un pañuelo, todo está cultivado y al alcance de la mano. Este enorme país temible y secreto llamado México, en el que Francia cabía tres veces, se extendía moreno y descalzo frente a mi hermana y a mí y nos desafiaba: “Descúbranme”. El idioma era la llave para entrar al mundo indio, el mismo mundo del que habló Octavio Paz, aquí en Alcalá de Henares en 1981, cuando dijo que sin el mundo indio no seríamos lo que somos. ¿Cómo iba yo a transitar de la palabra París a la palabra Parangaricutirimicuaro? Me gustó poder pronunciar Xochitlquetzal, Nezahualcóyotl o Cuauhtémoc y me pregunté si los conquistadores se habían dado cuenta quiénes eran sus conquistados. Quienes me dieron la llave para abrir a México fueron los mexicanos que andan en la calle. Desde 1953, aparecieron en la ciudad muchos personajes de a pie semejantes a los que don Quijote y su fiel escudero encuentran en su camino, un barbero, un cuidador de cabras, Maritornes la ventera. Antes, en México, el cartero traía uniforme cepillado y gorra azul y ahora ya ni se anuncia con su silbato, solo avienta bajo la puerta la correspondencia que saca de su desvencijada mochila. Antes también el afilador de cuchillos aparecía empujando su gran piedra montada en un carrito producto del ingenio popular, sin beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y la iba mojando con el agua de una cubeta. Al hacerla girar, el cuchillo sacaba chispas y partía en el aire los cabellos en dos; los cabellos de la ciudad que en realidad no es sino su mujer a la que le afila las uñas, le cepilla los dientes, le pule las mejillas, la contempla dormir y cuando la ve vieja y ajada le hace el gran favor de encajarle un cuchillo largo y afilado en su espalda de mujer confiada.

 Entonces la ciudad llora quedito, pero ningún llanto más sobrecogedor que el lamento del vendedor de camotes que dejó un rayón en el alma de los niños mexicanos porque el sonido de sus carritos se parece al silbato del tren que detiene el tiempo y hace que los que abren surcos en la milpa levanten la cabeza y dejen el azadón y la pala para señalarle a su hijo: “Mira el tren, está pasando el tren, allá va el tren; algún día, tú viajarás en tren”. Tina Modotti llegó de Italia pero bien podría considerarse la primera fotógrafa mexicana moderna. En 1936, en España cambió de profesión y acompañó como enfermera al doctor Norman Bethune a hacer las primeras transfusiones de sangre en el campo de batalla. Treinta y ocho años más tarde, Rosario Ibarra de Piedra se levantó en contra de una nueva forma de tortura, la desaparición de personas. Su protesta antecede al levantamiento de las Madres de Plaza de Mayo con su pañuelo blanco en la cabeza por cada hijo desaparecido. 

“Vivos los llevaron, vivos los queremos”. La última pintora surrealista, Leonora Carrington pudo escoger vivir en Nueva York al lado de Max Ernst y el círculo de Peggy Guggenheim pero, sin saber español, prefirió venir a México con el poeta Renato Leduc, autor de un soneto sobre el tiempo que pienso decirles más tarde si me da la vida para tanto. Lo que se aprende de niña permanece indeleble en la conciencia y fui del castellano colonizador al mundo esplendoroso que encontraron los conquistadores. Antes de que los Estados Unidos pretendieran tragarse a todo el continente, la resistencia indígena alzó escudos de oro y penachos de plumas de quetzal y los levantó muy alto cuando las mujeres de Chiapas, antes humilladas y furtivas, declararon en 1994 que querían escoger ellas a su hombre, mirarlo a los ojos, tener los hijos que deseaban y no ser cambiadas por una garrafa de alcohol. Deseaban tener los mismos derechos que los hombres. “¿Quien anda ahí?” “Nadie”, consignó Octavio Paz en “El laberinto de la soledad”. Muchos mexicanos se ningunean. “No hay nadie” —contesta la sirvienta. “¿Y tú quien eres?” “No, pues nadie”. No lo dicen para hacerse menos ni por esconderse sino porque es parte de su naturaleza. Tampoco la naturaleza dice lo que es ni se explica a sí misma, simplemente estalla. Durante el terremoto de 1985, muchos jóvenes punk de esos que se pintan los ojos de negro y el pelo de rojo, con chalecos y brazaletes cubiertos de estoperoles y clavos arribaban a los lugares siniestrados, edificios convertidos en sándwich, y pasaban la noche entera con picos y palas para sacar escombros que después acarreaban en cubetas y carretillas.

 A las cinco de la mañana, ya cuando se iban, les pregunté por su nombre y uno de ellos me respondió: “Pues póngame nomás Juan”, no sólo porque no quería singularizarse o temiera el rechazo sino porque al igual que millones de pobres, su silencio es también un silencio de siglos de olvido y de marginación. Tenemos el dudoso privilegio de ser la ciudad más grande del mundo: casi 9 millones de habitantes. El campo se vacía, todos llegan a la capital que tizna a los pobres, los revuelca en la ceniza, les chamusca las alas aunque su resistencia no tiene límites y llegan desde la Patagonia para montarse en el tren de la muerte llamado “La Bestia” con el sólo fin de cruzar la frontera de Estados Unidos. En 1979, Marta Traba publicó en Colombia una “Homérica Latina” en la que los personajes son los perdedores de nuestro continente, los de a pie, los que hurgan en la basura, los recogedores de desechos de las ciudades perdidas, las multitudes que se pisotean para ver al Papa, los que viajan en autobuses atestados, los que se cubren la cabeza con sombreros de palma, los que aman a Dios en tierra de indios. He aquí a nuestros personajes, los que llevan a sus niños a fotografiar ya muertos para convertirlos en “angelitos santos”, la multitud que rompe las vallas y desploma los templetes en los desfiles militares, la que de pronto y sin esfuerzo hace fracasar todas las mal intencionadas políticas de buena vecindad, esa masa anónima, oscura e imprevisible que va poblando lentamente la cuadrícula de nuestro continente; el pueblo de las chinches, las pulgas y las cucarachas, el miserable pueblo que ahora mismo deglute el planeta. Y es esa masa formidable la que crece y traspasa las fronteras, trabaja de cargador y de mocito, de achichincle y lustrador de zapatos —en México los llamamos boleros—. El novelista José Agustín declaró al regresar de una universidad norteamericana: “Allá, creen que soy un limpiabotas venido a más”. Habría sido mejor que dijera “un limpiabotas venido a menos”. Todos somos venidos a menos, todos menesterosos, en reconocerlo está nuestra fuerza. Muchas veces me he preguntado si esa gran masa que viene caminando lenta e inexorablemente desde la Patagonia a Alaska se pregunta hoy por hoy en qué grado depende de los Estados Unidos. Creo más bien que su grito es un grito de guerra y es avasallador, es un grito cuya primera batalla literaria ha sido ganada por los chicanos. 

Los mexicanos que me han precedido son cuatro: Octavio Paz en 1981, Carlos Fuentes en 1987, Sergio Pitol en 2005 y José Emilio Pacheco en 2009. Rosario Castellanos y María Luisa Puga no tuvieron la misma suerte y las invoco así como a José Revueltas. Sé que ahora los siete me acompañan, curiosos por lo que voy a decir, sobre todo Octavio Paz. Ya para terminar y porque me encuentro en España, entre amigos quisiera contarles que tuve un gran amor “platónico” por Luis Buñuel porque juntos fuimos al Palacio Negro de Lecumberri —cárcel legendaria de la ciudad de México—, a ver a nuestro amigo Álvaro Mutis, el poeta y gaviero, compañero de batallas de nuestro indispensable Gabriel García Márquez. 

La cárcel, con sus presos reincidentes llamados “conejos”, nos acercó a una realidad compartida: la de la vida y la muerte tras los barrotes. Ningún acontecimiento más importante en mi vida profesional que este premio que el jurado del Cervantes otorga a una Sancho Panza femenina que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso, ni Maritornes, ni la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes, sino una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan. Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, “ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”. Por todas estas razones, el premio resulta más sorprendente y por lo tanto es más grande la razón para agradecerlo. 

 El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos. A mi hija Paula, su hija Luna, aquí presente, le preguntó: —Oye mamá, ¿y tú cuántos años tienes? Paula le dijo su edad y Luna insistió: —¿Antes o después de Cristo? Es justo aclararle hoy a mi nieta, que soy una evangelista después de Cristo, que pertenezco a México y a una vida nacional que se escribe todos los días y todos los días se borra porque las hojas de papel de un periódico duran un día. Se las lleva el viento, terminan en la basura o empolvadas en las hemerotecas. Mi padre las usaba para prender la chimenea. A pesar de esto, mi padre preguntaba temprano en la mañana si había llegado el “Excélsior”, que entonces dirigía Julio Scherer García y leíamos en familia.

 Frida Kahlo, pintora, escritora e ícono mexicano dijo alguna vez: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”. A diferencia de ella, espero volver, volver, volver y ese es el sentido que he querido darle a mis 82 años. Pretendo subir al cielo y regresar con Cervantes de la mano para ayudarlo a repartir, como un escudero femenino, premios a los jóvenes que como yo hoy, 23 de abril de 2014, día internacional del libro, lleguen a Alcalá de Henares. En los últimos años de su vida, el astrónomo Guillermo Haro repetía las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. Observaba durante horas a una jacaranda florecida y me hacía notar “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando”. 

Esa certeza del estrellero también la he hecho mía, como siento mías las jacarandas que cada año cubren las aceras de México con una alfombra morada que es la de la cuaresma, la muerte y la resurrección. Muchas gracias por escuchar.

Leer más: Discurso íntegro de Elena Poniatowska: "Soy una Sancho Panza femenina que habla de los andariegos comunes" http://www.teinteresa.es/cultura/Discurso-Elena-Poniatowska-Premio-Cervantes_3_1125517449.html#WaQ1UqG0AnUdBrRe

Fuente: http://www.teinteresa.es/cultura/Discurso-Elena-Poniatowska-Premio-Cervantes_3_1125517449.html foto: de Internet

lunes, 31 de marzo de 2014

MEXICO: Este experimento del racismo en niños te va a dejar sorprendido

Qué ocurre cuando a un niño le preguntas, frente a dos muñecos de 
distinto color de piel, cuál de los dos bueno?

 Este video fue realizado por 11.11 Cambio Social como parte de la campaña 
“Racismo en México”. Se hizo un trabajo de investigación con niños y niñas 
mexicanos/as, replicando el experimento con niños/as y muñecos 
diseñado por Kenneth y Mammie Clark en los años treinta en EUA, que se 
ha llevado a cabo en varios países del mundo. Aquí se muestra parte de 
los resultados y los niños y las niñas que aparecen en este video reflejan las 
respuestas de la mayoría de niños/as que fueron entrevistados/as. 




Fuente: http://lavozdelmuro.com/este-experimento-del-racismo-en-ninos-te-va-a-dejar-sorprendido/#

martes, 23 de abril de 2013

MEXICO:en ciudad 'LA PAZ"- ( ESTADO DE BAJA CALIFORNIA SUR) PRESENTACIONES DE LIBROS POR EL Instituto Sudcaliforniano de Cultura ISC.: HOY 23 DE ABRIL A LAS 19 HRS: LA POETA LETICIA GARRIGA Y SU "TAMBOR DE AGUA".-HAY OTRAS PRESENTACIONES DE VARIOS AUTORES , hoy y el 24/4- En el "Centro de Convenciones "(Altamirano y Legaspy) .




El Instituto Sudcaliforniano de Cultura ISC. con motivo del día Mundial del Libro, los días 22, 23 y 24 de abril ofrece presentaciones de libros de autores locales de 5.00 a 7:00 pm en el Centro de Convenciones a un costado del Teatro de la Ciudad. ( en Altamirano y Legaspy) ciudad LA PAZ.





Estimados/das amigos y amigas,
 
Vuelvo a compartir este tiempo de mi vida .

Les agradecería y me daría mucho gusto que estuvieran conmigo el día  23 de abril a las 7:pm en el Centro de Convenciones, situado en el área del Teatro de la Ciudad, durante la presentación de mi breve poemario en español traducido al rumano por el poeta Andrei Langa Tambor de agua. Tambur de apã


Leticia Garriga.



















FOTO: ARTE POETICA.

























Autora. Leticia Garriga. Traductor Andrei Langa.Obra en español traducida al rumano.Literalia Editores colección Laúd.17. 20013. ISBN-978-607-00-4367-3

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Percusión de un Tambor de agua.

(Prender bocinas/parlantes/altavoces).



Este video y la tapa del libro son del Blog de la poeta
http://lenguajepalabrastiempo.blogspot.co.il/

DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS:

Leticia Garriga Pérez Tejada. Nace en México DF. Vive en  Baja California Sur, México. Licenciada en Lengua y Literatura por la Universidad Autónoma de BCS. Hizo la Maestría en Educación, con especialidad en Docencia. Profesora Universitaria de materias afines a su formación. Ha contribuido activamente en el ambiente literario desde 2000, dentro y fuera de su país. Socia de Escritores Sudcalifornianos AC. Y del Instituto Literario y Cultural Hispánico, Calif. USA, del 2000 a la fecha. Coeditora de la revista literaria, trimestral: La Mala Mujer 2000-20001. Edición independiente. Participaciones destacadas entre 2007 y 2009: Compiladora con tres escritoras más de: A sus Libertades Alas. Antología de escritoras Sudcalifornianas.2007. Edit. Instituto Sudcaliforniano de Cultura, ISC. Gobierno del Estado de BCS. Instituto Sudcaliforniano de la Mujer. La Mujer Rota. Poesía de autores hispanohablantes. Literalia Editores Guadalajara, Jal. México. (2008). Mujeres Poetas de México. Antología Poética (1940-1965). Edit. Atemporia. Méx. (2008). La Poesía de Alejandro Guillermo Roemmers: Celebración de la existencia. Edit. Instituto Literario y Cultural Hispánico y California Estate University, CESUDH. USA. (2009). Coautora De la  Textualidad- California Sur, en el Tiempo, la Escritura y el Documento. 1885-1995. Edit. ISC., (actualmente en proceso de edición). Escribe y ha publicado ensayo, poesía y narrativa, en libros y revistas en el país y el extranjero. Libros escritos: Viaje Interior…Un Encuentro. Poesía. Diez Historias Comunes. Cuentos. El triunfo. Noveleta. Diario de Sueños. Prosa poética. Actualmente escribe una Noveleta aún sin título y su segundo libro de poesía Haiku.
'Escritura en Seda' - Escriptura en Seda. Poemario Haiku, traducido del español al catalán por el poeta traductor y filólogo valenciano Pere Bessó. México -Valencia. 2011. Ilustraciones.Técnica Sumi-e por Leticia Garriga. Literalia Editores. Colección Laúd.14.Guadalajara, Jalisco. México 2011.
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*Su blog: http://www.lenguajepalabrastiempo.blogspot.com/
fuente: http://elsa-tenca-mariani.blogspot.co.il/2011/08/leticia-garriga.html



"SEMANA DEL LIBRO SUDCALIFORNIANO" 




El Gobierno del Estado a través del Instituto Sudcaliforniano de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, celebra el Día Internacional del Libro con la “Semana del libro Sudcaliforniano”, una actividad que invita a la comunidad a conocer el trabajo realizado por escritores locales. 

Del 22 al 25 de abril, el Centro de Convenciones y Expresión Cultural de Sudcalifornia, será sede de doce presentaciones editoriales, diferidas en tres presentaciones por día. Las actividades se realizarán cada hora, a partir de las 17 horas y contarán con los comentarios de sus autores.

La programación inició este lunes 22, con las presentaciones de los libros: El Teatro Juárez de Reyna Jaime, que contó con los comentarios de Víctor Ramos; Los límites de la identidad de Rosa Elba Rodríguez Tomp, que contó con los comentarios de Armando Romero Monteverde y El color que no puedes ver de Olga Freda Cota Gándara, que contó con los comentarios de Keith Ross.


















El martes23/4 se presentarán los libros: Escribir es incendiar de Christopher Amador; Las pequeñas batallas de Iván Gaxiola y Palabras para sobrevivir en el desierto de Leonardo Varela y Tambor de agua de Leticia Garriga. 


Para el miércoles 24, se tienen programadas las presentaciones de: 
Narraciones ordinarias de Juan Melgar, Callejón sin salida de Keith Ross y El Barcarola de Eduardo Rojas. 

Finalmente, el jueves 25, serán presentados los libros: Reflexiones a tiempo de Rodrigo Serrano Castro, Del dedazo a la alternancia de Federico Riestra y El San Lucas que yo conocí de Faustina Wilkes.

Contando además con las participaciones de los escritores: Mara Beltrán. Jorge Chaleco, Edith Villavicencio, Ramón Cuéllar, Juan Cuauhtémoc Murillo, Elezar Gámez y Sandino Gámez.


fuente: de Facebook.





NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG

La invitación la recibí directamente
de la poeta Leticia Garriga a la que agradezco y felicito por tan grato acontecimiento. 


Lamento no poder asistir personalmente a la presentación del libro, pero la distancia de Haifa a ciudad La Paz(en Mexico) no me lo permite. 


Le deseo a la poeta Leticia una sala llena de público, buenos comentarios de la crítica y del público y buenas ventas de su libro.

Cordiales saludos desde Israel .  

Lic. JOSE PIVIN
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo