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viernes, 19 de noviembre de 2010

La Kristallnacht (Noche de los cristales rotos), 72 años después





Hace una semana se cumplieron 72 años de la Kristallnact (”Noche de los Cristales”). En menos de 48 horas hordas enfurecidas de militantes nazis dirigieron su violencia contra los judíos y sus propiedades. Al menos 96 fueron asesinados y centenares resultaron heridos. Más de 1.000 sinagogas fueron quemadas y alrededor de 7.500 negocios fueron incendiados; escuelas y cementerios fueron destruídas y 30.000 judíos resultaron arrestados y enviados a campos de concentración.

Os adjuntamos un artículo de Ignacio Perez del Viso, jesuita y perito de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones, de la CEA. El presente texto fue leído en la conmemoración realizada en la basílica del Pilar de Buenos Aires, Argentina, el 10-11-2010, en la que hizo su exposición también el Rabino Daniel Kripper.

“La Noche de los cristales rotos, o Kristallnacht, no es sólo un antecedente de la Shoá, que ayude a comprenderla mejor. En aquel momento (1938), un año antes de comenzar la guerra, algunos pudieron pensar que se trataba de un episodio puntual. Un desborde que sería contenido. Pero los que pensaban así, querían pensar así. Eran indiferentes o miedosos. Es evidente que la Kristallnacht no está antes del Holocausto. Se encuentra dentro de él, en un proceso que se iba acelerando. La llamada “solución final”, eufemismo utilizado por los nazis para designar el exterminio organizado del pueblo judío, aún no había sido adoptada como política oficial. Pero había algo común a todo el proceso, cuyos rasgos eran:

1) La discriminación, aislando a los judíos del resto de la población, mediante signos en la ropa y en los edificios. 2) La marginación, impidiéndoles ejercer determinadas profesiones. 3) La violencia física contra miles de negocios. Y como si los judíos fueran los culpables del desorden de los cristales rotos, se les impuso una elevada multa colectiva. 4) La agresión personal, ya que fueron duramente apaleados los que eran encontrados en la redada. 5) Los homicidios, dado que un centenar de judíos fueron muertos en esa ocasión. 6) Las profanaciones, por las sinagogas incendiadas, quedando dañadas casi todas las de Alemania. 7) Lo más importante fue el odio manifiesto, que alimentó ese gran operativo, incluyendo el encarcelamiento o encierro en “campos de concentración” de unos 30.000 judíos. Aún no eran “campos de exterminio”, pero el Holocausto había comenzado, tanto por el odio que explotó esa noche como por el terror que provocó en el pueblo judío.

Comenzar mucho antes

Algunos manejan hipótesis sobre cómo se podría haber impedido o contenido el terrible Holocausto. Una de ellas consistía en un eventual bombardeo aliado de las cámaras de gas o de las vías férreas. Pero creo que ese gesto no hubiera impedido casi nada, ya que los técnicos alemanes eran expertos en la reparación inmediata de las vías férreas. La masacre hubiera continuado, aunque más no fuera haciéndolos marchar a otros campos, de modo que el hambre y el agotamiento diezmaran a los prisioneros. Es lo que organizaron en Auschwitz, diez días antes de la llegada del ejército soviético. Los hicieron marchar hacia el oeste, en el frío enero de 1945, abandonando a los moribundos y a los totalmente postrados. Pero no soy experto en temas militares y respeto otras opiniones.

Se ha identificado a los principales responsables de ese odio cruel. Algunos han podido ser juzgados. Pero existe toda una gama de: 1) colaboradores, 2) indiferentes y 3) opositores temerosos, con responsabilidades decrecientes. Aunque muchos, arriesgando su vida lograron salvar a miles de judíos, la pregunta es: ¿cómo el pueblo alemán, cómo el cristianismo europeo no pudieron evitar la Shoá? Los católicos reafirmamos hoy que la ideología nazi era pagana, no cristiana. Es verdad. Pero no toda la verdad. Sin un cristianismo anti-judío de casi dos milenios, el nazismo habría carecido de raíces. Habría sido un grupo de fanáticos, de los que aparecen continuamente en todos los países, como los anarquistas de hace un siglo o los fundamentalistas suicidas de hoy, grupos que las sociedades logran controlar.

Desde la Kristallnacht, la vuelta atrás era imposible. En la enfermiza mente de Hitler, había hipótesis que no tenían cabida. Una era la de retroceder. Se lo propusieron sus generales, al comenzar el invierno en Stalingrado, pero el “no” fue terminante. Otra hipótesis que no entraba en su cabeza era la de rendirse. Al general Paulus, comandante del ejército encerrado en la mencionada Stalingrado, lo ascendió a mariscal, porque un mariscal alemán nunca se había rendido. Debía suicidarse. Pero Paulus se rindió. De modo similar, diría que una marcha atrás del proceso contra los judíos, a partir de la Kristallnacht, no entraba en la mente de Hitler. Ya no era posible salvar al pueblo judío, como comunidad visible, sino a personas judías, en forma oculta, ingeniosa y arriesgada. Sólo se podría haber evitado el Holocausto comenzando mucho antes. Y esta es una lección que hemos aprendido, que para contener las desviaciones ideológicas, debemos comenzar mucho antes.

¿A quién debemos proteger?

La pregunta que me hago permanentemente es: ¿Cómo pudo ocurrir el Holocausto? Ninguna explicación parece satisfactoria. Todos señalamos con el dedo la maldad satánica del régimen nazi. Pero sigue en pie esta pregunta: ¿Cómo pudo suceder este drama en uno de los países más cultos de la tierra? Los que disfrutamos de la filosofía, la literatura, la música alemana, y podríamos continuar con las otras dimensiones culturales y científicas de ese mundo desarrollado, nos preguntamos: ¿Cómo, en ese país excepcional, de un humanismo refinado, pudo surgir y desarrollarse algo tan inhumano? Una matanza similar, ocurrida entre facciones de tribus que viven en la selva africana, sería para lamentar, pero no para torturarse preguntando ¿cómo pudo ocurrir? En Europa, en cambio, la pregunta es angustiante.

Leí recientemente, en un informe de la B’nai B’rith, una interesante conferencia del investigador Yehuda Bauer, pronunciada en Praga a mitad del año pasado, sobre el Holocausto. Aborda el tema de lo que conviene enseñar hoy a los niños y jóvenes sobre ese evento. Yo también me siento un niño. Tenía diez años cuando se rindió la Alemania nazi y poco después el Japón imperialista. Recuerdo perfectamente aquellos días. Pero oí hablar del Holocausto recién muchos años después, como si fuera un episodio más en el horror de la guerra. Murieron 30 millones de personas, se decía, entre ellos rusos, alemanes, judíos y otros más. Confieso que tardé mucho tiempo en comprender lo específico de la Shoá.

Ahora bien, la doble pregunta, ¿por qué la Iglesia no protegió mejor a los judíos?, y ¿por qué el pueblo alemán no defendió a sus propios conciudadanos alemanes de origen judío?, contiene un vicio de enfoque. Supone que los no judíos estaban seguros y que debían proteger a los inseguros, en particular a los judíos. La verdad es que nadie estaba seguro. Todos necesitaban ser protegidos, no sólo de las agresiones externas, que provenían de los nazis, sino también de las desviaciones internas, como son los prejuicios y las discriminaciones.

¿Colocar más rejas?

Las agresiones contra los judíos continúan, concretamente en nuestro país. Algunas son simbólicas, como las cruces esvásticas en los cementerios o alguna alusión al trabajo sucio en las cámaras de gas. Otras agresiones son físicas, como los atentados contra la embajada de Israel y contra la AMIA. ¿Debemos proteger mejor a los judíos? Es posible, pero el problema no pasa por allí. La verdad es que debemos protegernos todos los habitantes de este bendito país, para que la bendición de Dios no descienda en forma selectiva. Debemos protegernos de nuestros prejuicios para que no digamos, como se dijo, que con la explosión de la AMIA murieron tantos inocentes que pasaban por la calle, como si los culpables estuvieran dentro del edificio.

Poner rejas en torno a los cementerios judíos o pilares de cemento frente a las sinagogas, pueden ser quizás medidas prácticas que deben ser estudiadas por los expertos. Pero que esas rejas estén en los cementerios, no en nuestras mentes. Una cruz esvástica en una tumba no es un delito sólo contra los familiares del difunto. Es la profanación de una tumba, y cada tumba está encomendada a toda la sociedad argentina. Un insulto gratuito a la Virgen María no es sólo una ofensa contra los católicos. Es una ofensa contra todo el pueblo argentino. De modo similar, la afirmación genérica de que los musulmanes son terroristas, no es una frase dura contra los fieles del Islam, que en la Argentina viven en paz, con su religión, sus tradiciones y su cultura del trabajo. El desprecio a un solo creyente, es un desprecio a todos los creyentes. Más aún, el desprecio a un no creyente, no afecta sólo a los agnósticos o ateos. Nos toca a todos en la dignidad humana.

El drama de la Shoá nos recuerda que todos tenemos la responsabilidad de todos. Nadie debe sentirse tan seguro que mire desde arriba a los demás. A la Iglesia católica le costó, en estos últimos años, reconocer la debilidad de algunos sacerdotes que cometieron delitos de pedofilia. Se suponía que la Iglesia sufría agresiones desde afuera, de parte de los malvados que la perseguían, como los comunistas, en muchos países. Pero estos escándalos, de una parte muy reducida del clero, nos muestran, dice el actual Papa, que la agresión viene de adentro, no tanto de afuera. Más que una Iglesia protegiendo a los niños de los demás, vemos hoy una Iglesia que se pregunta cómo proteger mejor a sus propios niños.

El patrimonio de Abraham

Volviendo a la Shoá, diría que los católicos no debemos proteger a los judíos. Todos juntos como hermanos, los judíos, los cristianos y los musulmanes, debemos defender el patrimonio espiritual de la fe de Abraham, que es símbolo de la fe universal, presente en todas las tradiciones religiosas. Cuando ocurrió el asesinato del periodista Cabezas, en 1997, toda la sociedad reaccionó para defender la libertad de prensa. No importaba si el señor Cabezas era un buen comunicador social, si era objetivo o no. Estaba en juego la libertad de prensa, sin la cual no puede subsistir una sociedad democrática, como la que deseamos.

Pienso que otra Shoá no podría ocurrir hoy, porque existe una corriente mundial de respeto por todos los pueblos y culturas. Que se produzcan algunos atentados, es casi inevitable, como ocurrió con las Torres Gemelas y con los trenes en Madrid. Pero otra matanza sistemática del pueblo judío, no sería tolerada por las naciones que se inspiran en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, de 1948. Todos nos sentimos hermanos en la gran familia de Dios, nuestro Padre, y de esa auténtica fraternidad, como la que estamos viviendo en este piadoso momento, nace nuestra esperanza firme respecto del futuro. Que así sea. Amén.


fuente: http://www.atid.es/

domingo, 31 de enero de 2010

Mensaje del Presidente del Estado de Israel, Sr.Shimón Peres ante el Parlamento Alemán, en conmemoración del Día Internacional del Holocausto.



MENSAJE DEL PRESIDENTE SHIMON PERES ANTE EL PARLAMENTO ALEMÁN, BUNDESTAG en conmemoración del Día Internacional de la Shoa, 27 de enero, 2010.

Sr. Presidente,
Sra. Kohler,
Sr. Presidente del Bundestag,
Sra. Canciller,
Sr. Presidente del Bundesrat,
Sr. Presidente de la Corte Federal Constitucional,
Profesor Tych,
Honorables miembros,
Su Excelencia,
Honorables invitados,

Me presento hoy, ante ustedes, como Presidente del Estado de Israel, Hogar del Pueblo Judío. Y, mientras mi corazón se quiebra frente a los recuerdos del terrible pasado, mis ojos se orientan hacia el futuro común de un mundo joven, de un mundo libre de todo odio; un mundo en el que las palabras "guerra" y "antisemitismo" sean palabras muertas.

Mis Honorables;
En la tradición judía, que nos acompaña desde hace miles de años, encontramos una oración en arameo, que es pronunciada en memoria del muerto, en memoria del padre y la madre, de hijos e hijas, hermanos y hermanas. Esa oración, antiquísima, que no alcanzaron a pronunciar ni escuchar las madres cuyos bebés fueron arrancados de sus brazos, los padres que acompañaron con mirada de espanto a sus hijos arrastrados hacia las cámaras de gas ni los niños elevados en las cenizas del crematorio. Desde esa condición, Damas y Caballeros, pido pronunciar las primeras palabras de esa oración, aquí y ahora, en nombre del Pueblo Judío y en recuerdo y memoria de los 6 millones que se convirtieron en cenizas.

Itgadal veitkadash shme rabá ,
Bealmá divrá jiruté veiamlij maljuté,
Veiatzmaj purkané, vikarev meshijé.
Bejaieijón uveiomeijón , uvejaiei dejol beit Israel
Baagalá uvizmán kariv, veimrú Amén.
Iehé shme rabá mevaraj Leálam uLeálmei almaiá.

Itbaraj veishtabaj, veitpaar,

Exaltado y santificado sea Su gran Nombre en el mundo que El ha creado según Su voluntad.
Que El establezca Su reino, haga florecer Su redención y aproxime la venida de Su Mashiaj durante nuestros días y vuestros días y en vida de toda la Casa de Israel, rápidamente y en una época cercana y decid, Amén.

Sea Su glorioso nombre bendecido por siempre y por toda la eternidad. Alabado, enaltecido, honrado, loado y venerado sea el nombre del Santo, Bendito Sea,
Y la oración termina con palabras que se convirtieron en el Estado de Israel, en un símbolo del sueño, en el mundo judío:


Osé shalom bimromav, hu berajamav/ iaasé shalom aleinu/ veal kol Israel, veimrú Amén
El que hace la paz en los cielos, hará la paz sobre nosotros y sobre
todo Israel y decid Amén.

Mis amigos,
Delegados del Pueblo Alemán y sus representantes,

En el Estado de Israel y a lo largo del mundo, los sobrevivientes de la Shoa se alejan, lentamente, de la tierra de la vida. Su número disminuye día a día. Y, al mismo tiempo, aún viven, sobre la tierra alemana, en Europa y en otros sitios del mundo, aquellos que se ocuparon de la tarea más vil sobre la tierra, El Holocausto. Les pido, por favor, hagan todo para someterlos a juicio.
No se trata de venganza.
Es hora de educar.
Es hora de gracia para la joven generación en todo lugar.
Que lo recuerde. Que no olvide. Que conozca lo que sucedió y que nunca, pero nunca, se le ocurra, que existe otra posibilidad más allá de la paz, la conciliación y el amor.

Hoy, el Día Internacional de Recordación a las Victimas de la Shoa, es el día en que el sol alumbró, por primera vez, hace 65 años, luego de seis años de oscuridad y sus rayos revelaron, ante los ojos de todos, la magnitud de la destrucción a mi pueblo.

El mismo día, el humo aún sobrevolaba por sobre los crematorios desmantelados y las manchas de sangre y polvo regaban, todavía, con densidad el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Las vías del tren en silencio. La "rampa de selección", vacía. Sobre el monstruoso valle reinaba la mentirosa calma. El oído solo podía captar el silencio pero, desde la profundidad de la tierra congelada, surgía el grito que rompía el corazón de la humanidad y llegaba hasta el silencioso e indiferente cielo.
El 27 de enero de 1945 llegó al mundo demasiado tarde. 6 millones de judíos ya no estaban con vida.

Éste día simboliza no solo la unidad con el recuerdo de los asesinados, no solo la limpieza de la conciencia humana hacia el horror más allá de lo entendible sino, también, la tragedia en la tardanza; la lección del período de tiempo en el que, la opinión mundial, quedó bajo las llamas y la industria de la muerte actuó, día tras día, años tras año, sin molestias.

Tres años antes, el 20 de enero de 1942, no lejos de aquí, en la villa de Wannsee, a orillas del bello lago, un grupo de importantes generales y comandantes, bajo la dirección de Reinhard Heydrich, se reunieron para organizar y coordinar la puesta en práctica del programa "Solución Final del "Problema Judío".
Adolph Eichmann aplicó, al pie de la letra, el documento que detallaba la población destinada a la deportación y el aniquilamiento en la que se incluían todos los judíos del continente europeo; desde los tres millones que vivían en Polonia, Ucrania y en la ex Unión Soviética hasta los 200 judíos que vivían en la pequeña Albania. 11 millones de judíos fueron señalados para morir. Los nazis eran eficientes y, desde la villa de Wannsee, el camino condujo a Auschwitz, a las cámaras de gas y los crematorios.

- Estoy frente a ustedes, éste día y en éste lugar, mis respetados Líderes y Representantes de la otra Alemania, la democrática, como representante del Estado Judío, Estado de los Sobrevivientes, Estado de Israel.

Siento el tremendo peso y la grandeza de esa posición. Confío y espero que sientan como yo. Por un instante, coloco, ante mis ojos, la imponente imagen de mi abuelo, Rabbi Zvi Meltzer, de quien tuve el privilegio de ser su amado nieto.
Fue mi maestro y educador. Me enseñó la Biblia. Lo veo con su blanca barba y sus negras cejas, envuelto en el manto ritual, entre el público observante en la sinagoga, en mi pueblo de nacimiento, Vishniev, en Bielorrusia. Me sumaba entonces, a un lado de su manto y escuchaba, con fascinación, su transparente voz. Aún resuena en mis oídos en la oración de Kol Nidre del Día del Perdón, los momentos e instantes fijados, según su creencia, por el Creador del Mundo, quién vivirá y quién morirá.
Lo recuerdo parado en la terminal del ferrocarril que me condujo a mí, un niño de 11 años, desde el pueblo hacia el Estado de Israel.
Recuerdo su emocionado abrazo.
Recuerdo las últimas palabras y los preceptos que le escuché decir: "Mi niño, permanece judío, por siempre!”
El tren hizo sonar su bocina y comenzó su marcha.
Observé – desde la ventana – a mi abuelo hasta que su imagen despareció. Fue la última vez que lo vi.
Cuando llegaron los nazis a Vishniev ordenaron, a todos los miembros de la comunidad, reunirse en la sinagoga. Mi abuelo marchó primero, envuelto en el mismo manto ritual dentro del cual me envolvía de niño y, su familia, con él. Las puertas fueron cerradas por fuera y el fuego se apoderó de la estructura de madera. De toda la comunidad, sólo quedó el humo. Nadie sobrevivió.

Mis Honorables;
La Shoa despierta preguntas sobre la profundidad del alma humana.
¿Hasta dónde puede llegar el mal que habita en los hombres?
¿Hasta dónde puede llegar el silencio del pueblo que sabe de cultura y respeta la lógica?
¿Cuántas desgracias es posible provocar?
¿Silenciar la conciencia moral?
¿Silenciar un lógico balance?
¿Cómo puede un pueblo verse, a sí mismo, como hijo del "Racismo Supremo" y a su prójimo como a una creación nula?
Y persiste la pregunta actual, ¿por qué el nazismo vio en la existencia judía un peligro tan grande e inmediato?
¿Qué movilizó a los nazis a destinar tantos recursos hacia la industria de la muerte ?
¿Qué sentido vieron los nazis en continuar, y perseverar, en ello hasta el final, incluso cuando su causa ya se diluía en el horizonte?
¿Acaso el poder judío amenazaba con frenar al "Reich de los Cien Años?
¿Acaso podía un pueblo perseguido frenar la destructiva maquinaria nazi de matar?
¿Cuántas divisas tenía la comunidad judía en Europa?
¿Cuántos tanques, aviones de combate, cuántos rifles?

Damas y Caballeros,
Es imposible definir al odio nazi, simplemente, como "antisemitismo". Es una definición banal. No explica el hervor asesino vital; la forzada determinación del régimen nazi por eliminar a los judíos.
¿Acaso la guerra no estaba destinada al control sobre Europa y no para hacer cuentas con la historia judía?
Y, parece que éramos nosotros, los judíos, una terrible amenaza a los ojos del régimen hitleriano.
No se trataba de una amenaza militar sino de una amenaza moral.
Frente al anhelo que negaba nuestra fe, que todo hombre nace a la sombra de
D-os, que todos son iguales ante D-os, iguales como seres humanos y que el judío, aún estando libre de armas, contaría con la gracia divina.
Desde el día que nació el pueblo judío, ordenamos: "No Matarás!" y "Ama a tu prójimo como a ti mismo", en todas las situaciones, en todos los lugares.
A ese judío inocente, que cree en esos preceptos, lo veo – en este momento - ante mis ojos en la figura de mi buen abuelo, el recto y querido hombre. Los nazis intentaron convertirlo en un demonio, no un hombre. Lo cremaron en vida a él y a sus hermanos. El fuego quemó sus cuerpos. No su espíritu.

Intentaron describir a mi pueblo en terribles películas de propaganda, como parásitos, como ratas enfermas, como propagadores de enfermedades. Los nazis olvidaron, e hicieron olvidar, los valores de justicia y misericordia.

Como judío, porto siempre el sello del dolor de la Shoa de mis hermanos y hermanas.
Como israelí lamento la trágica demora de la creación del Estado de los Judíos, que dejó a mi pueblo sin costas seguras.
Como abuelo, soy capaz de superar la pérdida de un millón y medio de niños, el potencial humano y creativo más importante en condiciones de modificar el destino de Israel.
Estoy orgulloso de ser el más acérrimo enemigo del mal nazi.
Estoy orgulloso de la herencia de nuestros antepasados, la total oposición a la Biblia del racismo.
Estoy orgulloso del levantamiento de Israel, la respuesta moral e histórica al intento de borrar al pueblo judío de la faz de la tierra.
Le agradezco a D-os que algunos pueblos se hayan levantado y frenaran la locura, la maldad y la masacre.
La Shoa debe permanecer frente a los ojos y la conciencia de la humanidad como una grave alerta eterna; como una orden que compromete al respeto por la vida, la igualdad entre los hombres, la libertad y la paz. No debe verse - en el asesinato de los judíos de Europa en manos de Alemania nazi - una especie de "agujero negro" astronómico, una estrella de la muerte que traga la luz, que reúne en su interior – como unidad - el pasado y el futuro. Está prohibido que la Shoa sea, ante los ojos de todos, una barrera a la fe en el bien, en la esperanza, en la vida.

Me pregunto hoy, en el Día Internacional de la Shoa, ¿cómo querría el judaísmo europeo que lo recordáramos? ¿Quizás solo a través del humo de los crematorios? ¿O, quizás, sea correcto recordar la vida que antecedió a la Shoa?
Si existe – para los millones de judíos de Europa- una voz colectiva; esa voz nos llama, a nosotros y a ustedes, a mirar hacia delante; ser los que pudieran haber sido las víctimas y no fue; reconstruir lo perdido. ¿Acaso la creación de los judíos alemanes, que se identificaban con su país y cuyo aporte a la cultura, a la ciencia, la economía, la posición general de Alemania no fue tan grande, sin relación al tamaño de la comunidad?
¿Acaso los judíos europeos no promovieron y desarrollaron la ciencia, la tecnología, la economía, la literatura y el arte de este continente?.
Ellos lo hicieron porque, después de haber sido expulsados de su tierra, se vieron obligados a ser un pueblo nómade, conocedor del Libro; artesanos y comerciantes en varias lenguas; un pueblo bendecido con médicos, escritores, científicos y artistas; un pueblo bendecido con personalidades que maquillaron la cultura de Alemania y aportaron al mundo todo.

Me conmueve el pensar en la enorme corriente de pensadores e inventores que surgieron de la profundidad de la aldea judía, del gueto judío, de los hogares de la burguesía judía, desde el momento en que - a los judíos- se les permitió el ingreso a las universidades. Como en una sesión de magia, nos surgieron Albert Einstein, Sigmund Freud, Martín Buber, Carl Marx, Hermann Cohen, Hanna Arendt, Heinrich Heine y Moshe Mendelsohn, Rosa de Luxemburgo, Walter Rathenau, Stefan Zweig y Walter Benjamin que tienen, en común – a pesar d e ser personalidades tan diferentes- el enorme aporte al pensamiento de la humanidad; su contribución a la modernidad en su camino excepcional. Ellos orientaron la mirada alemana, europea y mundial hacia un nuevo futuro.
Y, ahora, aprendieron la lección que dice: "Nunca más", no más Biblia del racismo; no más sentimientos de superioridad; no más autoridad divina a la provocación, el asesinato, a la violación de la ley; a la negación de la Shoa y de
D-os; no más abstinencia de una dictadura sedienta de sangre, escondida detrás de máscaras demagógicas y, sobre ellas, consignas de muerte.

Mis amigos,
Representantes del Pueblo Alemán,
Las amenazas de exterminio de un pueblo y de un estado son oídas a la sombra del desarrollo de armas de exterminio masivo, en manos desequilibradas, con una idea insensata, con un lenguaje mentiroso. Para evitar otra Shoa, nuestro compromiso es educar a nuestros hijos a respetar la vida humana y mantener relaciones entre los pueblos a través de la paz; respetar la cultura particular y los valores universales; imprimir cada vez la lista de los Diez Mandamientos, encender las luces, orientar los telescopios y microscopios que iluminen los escondites de la ciencia, que encierran los remedios del hombre y de su alma; alimentos para los pobres, agua para los sedientos, aire para respirar.
Sabiduría para la humanidad.

Con el fin del Mandato Británico, Ben Gurion, líder de la nación renovada, declaró la creación del Estado de Israel. Los árabes rechazaron la resolución de Naciones Unidas y sus ejércitos atacaron a Israel. Y, entonces, algunas horas después de la Declaración, en el momento de nacer, siete ejércitos árabes atacaron a Israel para destruirla. Los enfrentamos solos. No teníamos aliados ni respaldos. Esa era la única esperanza que quedaba para el pueblo judío. Si hubiéramos perdido esa batalla, hubiera sido el fin de nuestro pueblo.
El Ejército de Defensa de Israel ganó esa enorme campaña, mientras la justicia histórica y la valentía humana permanecieron unidas. En ese ejército, en esa guerra, sirvieron los sobrevivientes de la Shoa que habían llegado a las costas y se enrolaron durante los combates. Parte de ellos cayó bajo fuego.
Mientras se reponía de las heridas de la guerra, la pequeña Israel comenzó con su primera prioridad de abrir sus puertas a los sobrevivientes de la Shoa y a los refugiados judíos de los estados árabes. Para ellos, todas las otras puertas estaban cerradas.

Mis Honorables,
Recordamos bien el día en que aún, en el colapso de nuestra sangre, llegó la ayuda, del lugar menos pensado, de la nueva Alemania. Dos líderes de estatura histórica, se dieron la mano, desde ambos lados del abismo: el Canciller Konrad Adenauer, padre de la Alemania Federal Democrática y David Ben Gurion, padre fundador y Primer Ministro del Estado de Israel. El 27 de septiembre de 1951, Adenauer habló sobre la tarima del Bundestag sobre la responsabilidad del pueblo alemán por los delitos del Tercer Reich hacia el pueblo judío; sobre la disposición de su gobierno por restituir los bienes judíos robados y la ayuda al levantamiento del Estado de Israel.

La decisión del gobierno de Israel de mantener negociaciones directas con el gobierno de Alemania despertó una tormenta, que no habíamos conocido en el mundo judío. Sobrevivientes - en cuyos brazos se tatuaron los números de la muerte en los campos de exterminio- fueron parte de las piedras en la Knesset y se contaron entre los que no apoyaron a Ben Gurion. Pero Ben Gurion se mantuvo en sus ideas: hay una Alemania distinta. Con ella hablaremos sobre el futuro, no solo sobre el pasado. La doliente Kneset dio su aprobación. Los pagos de Alemania ayudaron a sacar a Israel de su miseria y aportaron a su desarrollo.

Tuve la suerte, en mi juventud, de ser el asistente y luego vice de Ben Gurion en el Ministerio de Seguridad y aprendí que, la Israel que construye su hogar, está obligada a defenderlo. También en ello encontramos un oído atento en Alemania, que nos suministró recursos de defensa. Entre Alemania e Israel se desarrollaron relaciones de un estilo particular. La amistad que nació no vino a cuenta de la negación de la Shoa sino a partir de la conciencia sobre la nube sombría del pasado, a la luz de la decisión común y determinada de torcer la mirada hacia adelante, hacia un horizonte de buena esperanza, hacia la redención del mundo. El puente sobre el precipicio fue construido por manos dolientes y por hombros inclinados ante el peso de los recuerdos; sostenido sobre sólidas bases morales.
A nuestros hermanos y hermanas asesinados, les construimos un monumento vivo, en arados que convirtieron el desierto en lugares fértiles, en laboratorios que inventan nuevas vidas, en una Fuerza de Defensa capaz de defender nuestra existencia, en una democracia sin concesiones.
Creímos y, agregamos, creemos que la nueva Alemania hará todo lo necesario, para que el Estado Judío no se encuentre más sobre su alma cuando esté sola; para que una dictadura asesina, llena de odio, pueda en nuestros días, levantar su cabeza, otra vez.

Gracias.
Konrad Adenauer, que encontró un idioma común con Ben Gurion,
Willy Brandt que se arrodilló en memoria de los héroes del Gueto de Varsovia y a ustedes, miembros del Budenstag y del Budenstrat, por Helmut Schmidt y Helmur Kohl y otros líderes, por profundizar las bases y su aporte a la amistad.
Y a los organismos sociales, organizaciones económicas, centros de cultura, gente del pensamiento y de la práctica, que aportaron al enriquecimiento de esa red de vínculos especiales.
Gracias y, otra vez, gracias.

Usted, Presidente Ernst Keller declaró en la Kneset en Jerusalén que "La responsabilidad por la Shoa es parte de la identidad alemana". Lo valoramos mucho.
Y usted, Señora Canciller, Ángela Merkel, conquistó el corazón de nuestro pueblo por su sinceridad y por la calidez de su vínculo. Les dijo a las dos cámaras de Estados Unidos que "El ataque a Israel será considerado un ataque a Alemania". No olvidaremos ese apoyo que alienta a nuestro corazón.

Honorables Damas y Caballeros,
Más de 62 años transcurrieron desde la creación del Estado de Israel y ya pasamos por la prueba de nueve guerras. Alcanzamos dos acuerdos de paz, con Egipto y Jordania. Con los países con los que firmamos la paz, devolvimos los territorios que cayeron en nuestras manos durante la guerra.La tierra en nuestro poder es muy difícil y,a pesar de ello, logramos crear una agricultura considerada entre las mejores del mundo. La localización de materias primas en capacidades científicas y tecnológicas, nos condujo a la primera línea de los esfuerzos científicos. Es la grandeza de un país pequeño.
Nuestro pueblo retornó de la Diáspora.
La mayor parte del pueblo judío se encuentra hoy en Israel.
Retornamos a nuestra lengua.
Somos el único país de la región cuyos hijos hablan el mismo idioma antiguo que hablaron, desde hace más de 3000 años, la lengua hebrea, la lengua de las Sagradas Escrituras.

La historia judía se mueve en dos ejes paralelos: el eje moral, desplegado en los Diez Mandamientos; ese documento que nos fue entregado hace 3500 años, que no hubo necesidad de modificarlo y se convirtió en la base de la cultura occidental y el eje científico, que descubre misterios y escondites que desaparecieron en el pasado de los ojos humanos y, lo que descubre, modifica la calidad de nuestras vidas.

Israel es un país judío y democrático. Viven en el alrededor de un millón y medio de ciudadanos árabes en igualdad de derechos. No permitiremos que nadie haga el mal por nacionalismo o por religión.

Salimos de la crisis económica mundial y retornamos al florecimiento.
Nuestra cultura es renovadora y, a la vez, tradicional . La democracia israelí es activa, no descansa ni un minuto; ni en tiempos de guerra se detiene. El éxito de Israel no puso fin a sus peligros. No tenemos apetito de tierras ajenas. No tenemos voluntad de controlar a otro pueblo, pero tampoco podemos cerrar los ojos. Nuestra voluntad nacional es tajante: llegar a la paz con nuestros vecinos.

Damas y Caballeros:
Como bien saben, Israel apoya el principio de "Dos estados para dos pueblos".
Pagamos el precio de las guerras. No dudamos de pagar el precio por la paz.
También en el presente estamos dispuestos a ceder territorios por llegar a la paz con los palestinos, que levanten un estado para ellos, independiente, próspero y en paz.
Al igual que nuestros vecinos, nos identificamos con los millones de iraníes que se ubican contra la dictadura y la violencia. Como ellos, negamos el gobierno fanático, que contradice la declaración de principios de Naciones Unidas; un gobierno que hace oír amenazas de aniquilamiento, acompañado por reactores y misiles nucleares y despliega el terror en su país y en otros.
Ese gobierno representa un peligro para el mundo todo.
Es nuestra voluntad aprender de la Unión Europea, que liberó al continente de 1000 años de guerra y amarguras y permitió, a los jóvenes de Europa, cambiar el odio de sus padres en fraternidad. Es posible aprender de su experiencia, soñar con un Medio Oriente cuyos estados se liberen del conflicto de sus padres a favor de la paz de sus descendientes; crear una economía regional moderna que combata los peligros actuales, comunes a todos: hambre, enfermedades, desierto, terror; crear una cooperación científica que mejore el nivel de vida y su calidad.
Nuestro D-os común es el D-os de la paz, no el de la guerra.

Mis Honorables,
Estoy aquí, frente a ustedes, como un hombre que cree en sus fuerzas y en nuestras fuerzas de aportar a la creación de una nueva historia. Creo que la paz está al alcance de la mano. Las amenazas sobre Israel no desviarán su corazón de la paz.
Estoy aquí hoy, frente a ustedes, como el hijo de un pueblo que aspira a aportar todo lo que puede a un mundo iluminado y transparente, en el que un hombre para otro hombre, sea un hombre.

El Día Internacional de Recordación de la Shoa es un día de unidad y entendimiento; un tiempo de educación y esperanza.

Comencé con el Kadish de duelo y finalizaré con Hatikva:

No se habrá perdido nuestra esperanza;
la esperanza de dos mil años,
de ser un pueblo libre en nuestra tierra:
la tierra de Sión y Jerusalén.


Nos tomaremos el permiso y, estoy seguro, que ustedes también lo harán, de soñar el bienestar y cristalizar los sueños.


Fuente: Departamento de Información e Internet
27-1-10


FOTOGRAFIA:
www.91fm.co.il/SiteFiles/Image/peres.jpg
















jueves, 28 de enero de 2010

La increible historia del cardenal judío de Paris Jean-Marie Lustiger

En Francia había un chiste que decía:
¿En que se parecen el Rabino y el Cardenal de París?
Que el Cardenal tambien habla idish!










El Cardenal Lustiger nació hace 81
años en Polonia. Sus padres judios
tenían una tienda de ropas en París.


Cuando el ejército alemán invadió Francia, sus padres lo enviaron a él y a su hermana, con una familia católica de Orleáns, que los escondieron. La madre fue capturada y enviada al campo de concentración de Auschwitz.

En 1999 como Cardenal de Paris, Lustiger, en el Día del Recordatorio del Holocausto en Francia, tomó parte en leer los nombres de los judíos que fueron deportados y asesinados. Cuando llegó al nombre de Gesele Lustiger, hizo una pausa y con lágrimas en los ojos dijo: "mi madre" El efecto en Francia, en plena epoca de resurgimiento del antisemitismo fue electrizante.

Tenía exactamente 13 años, escondido de los nazis, cuando se convirtió al Catolicismo, no para escapar de ellos, ya que los judíos no podían librarse convirtiéndose, ni tampoco por razones traumáticas. Entre sus más controversiales observaciones, manifestaba "que nací judío y permanezco judío, incluso si esto es inaceptable para muchos".

Para mi, manifestaba, la vocación de Israel es traer luz a los no judíos. Esa es mí esperanza y creo que el cristianismo es el medio para lograrlo.
Un gran número de rabinos consideraban su conversión como una traición.
Especialmente después que tantos judíos europeos apenas escaparon a la extinción.

Cardenal Lustiger replicó, que decir que él "no es más un judío, es lo mismo que negar a mi padre y mi madre, a mi abuelas y abuelos ... Soy tan judío como todos los otros miembros de mi familia que fueron asesinados en Auschwitz y otros campos de concentración."

Él le confesó a un biógrafo suyo, que tuvo una crisis espiritual en los años 1979, provocada por el persistente antisemitismo en Francia. Pensó que había terminado lo que tenía que hacer en Francia y que encontraría nuevos horizontes en Israel . Estudió hebreo y pensó en emigrar. Pero justo en ese momento el Papa lo nombró Obispo de Orleáns.

Él encontró el propósito de ayudar a trabajadores inmigrantes. Luego fue nombrado Cardenal.
Tenia una solida amistad con el Papa Juan Pablo II. Compartían un conservadorismo doctrinario. Peleaban contra del fanatismo, intolerancia y totalitarismo.

Por años el nombre del Cardenal Lustiger estuvo entre los que eran considerados para suceder a Juan Pablo II.
Muchas veces, el Cardenal bromeaba que pocas cosas habrían confundido más a los prejuiciosos que un papa judío.
"A ellos no les gusta admitir
Falleció de cancer el 6 de Agosto de 2007. El funeral del Cardenal Lustiger comenzo en la Catedral de Notre Dame de Paris, con el canto litúrgico del Kadish, la oración judía para los muertos.
Hay paradojas muy profundas en este mundo.
FUENTE:www.anajnu.cl/lustiger.htm
fotos: Caredenal Lustiger(izq) y Cardenal Lustiger y el Rabino Principal de Paris
(derecha).

jueves, 22 de octubre de 2009

Joseph Bau, el Pintor de Cracovia:algunas de sus creaciones en el Campo de concentración y exterminio de los Nazis, donde permaneció encerrado .













Explicación:
DE ARRIBA HACIA ABAJO:

1-JOSEPH BAU CRUCIFICADO EN UNA CRUZ ZVASTICA.
2-LA VIDA EN EL CAMPO DE CONCENTRACION Y EXTERMINIO ERA COMO UN JUEGO DE AJEDREZ:
UN MAL MOVIMIENTO Y ERA JAQUE MATE.
3.- IZQUIERDA: COMPARTIENDO EL PAN EN LA BARRACA.
3.- DERECHA: DOS SOLDADOS DE LAS 'SS' ARRASTRAN A JOSEPH BAU
4.- EL CASAMIENTO DE REBECA Y JOSEPH BAU EN EL CAMPO DE EXTERMINIO
5.- EL PAN ERA UN IDOLO.
6.- FOTOGRAFIA DE JOSEPH ABU, EN ISRAEL, CON UN LIBRITO DE SUS POESIAS EN LAS MANOS.
7.- DIJO JOSEPH BAU:" AL CAMPO DE EXTERMINIO SE ENTRA POR LA PUERTA Y SE SALE POR LA CHIMENEA." (Ilustración en tinta).

FUENTE: www.josephbau.com

Joseph Bau: El pintor salvado por Oscar Schindler

por GONZALO UGIDOS



Era judío en la Polonia invadida por los nazis en la II Guerra Mundial. Se libró de morir por su habilidad para rotular caracteres góticos en el campo de concentración donde estaba confinado. Allí se casó a escondidas con su prometida. Ella le procuró un lugar en la lista de Oskar Schindler, el salvador inmortalizado por Spielberg. Joseph Bau escapó del horror y se convirtió en el dibujante del genocidio, en el "Walt Disney" israelí.

Joseph Bau (Cracovia, Polonia, 13-VI-1920) era el enamorado en el campo de concentración de Plaszow que en la película La lista de Schindler se casa a escondidas con Rebecca Tennenbaum. Lo estadísticamente lógico es que ambos hubieran muerto en el Holocausto, como los padres y el hermano pequeño de Bau y otros seis millones de judíos. Si con apenas 30 kilos de peso seguía vivo cuando lo liberaron, fue gracias a Oskar Schindler y a que sabía dibujar y caligrafiar la letra gótica que tanto gustaba a sus verdugos. Su memoria del infierno se publica ahora en español con el título El pintor de Cracovia.

Cuando en 1993 celebraron sus bodas de oro, los periódicos y la televisión israelíes los describieron como la pareja más romántica del mundo. Fue una casualidad que se casaran el día de San Valentín porque en el campo de concentración no podían saber que era el día del amor. Joseph Bau tenía 22 años y trabajaba en el campo de Plaszow, un suburbio de Cracovia, como esclavo-delineante. Un supervisor nazi le pidió con urgencia una heliografía. No había máquinas y sólo podía hacerse con rayos de sol para hacer señales telegráficas a través de un espejo móvil. Cuando Bau alegó que el día estaba nublado, el oficial, experto en torturas pero ignorante en heliografías, le replicó: "O la heliografía o una bala en la cabeza". Bau esperó a que los débiles rayos ultravioletas dejaran su huella en el papel sensible. Una joven llamada Rebecca salió de un barracón y pensó que estaba haciendo señales a los aviones americanos. "Estoy esperando que salga el sol remolón, quizá tu puedas ocupar su puesto", le dijo Bau.

Boda secreta. A partir de ese día, jugándose la vida, empezó a visitarla en el barrancón antes del toque de diana. Le llevaba agua caliente y le lustraba los zapatos con la manga humedecida con saliva. Cambió cuatro barras de pan por una cuchara de plata y, por cuatro más, un joyero le hizo dos anillos. No hubo rabino, música ni invitados en la boda clandestina, pero el novio pronunció el tradicional Harei At (la invocación a los cinco libros sagrados de la Torá) y su madre les dio la bendición. Fue un milagro que no los sorprendieran en el barracón de las mujeres. Sus dos hijas, Hadassah y Tzlila, dicen que su padre creía en los milagros. No le faltaban motivos. Tuvo que producirse una sucesión de venturosos azares para que acabara disfrutando de la vida, de la felicidad y del éxito artístico en Israel años después.

La tragedia de Joseph Bau, como la de otros tres millones de judíos polacos, comenzó a finales del verano de 1939. Lo cuenta él mismo con humor judío. Su madre pidió precio por unas manzanas, "veinte groszy [aproximadamente cinco céntimos de euro] el kilo", contestó la verdulera antisemita; por regatear, la madre ofreció 15 y la vendedora alzó sus rollizas manos hacia el cielo y exclamó: "¡Oh, Dios que estás en los cielos, haz caer una lluvia de fuego sobre esta gentuza!". Una semana después las bombas empezaron a caer sobre Cracovia y Joseph Bau preguntó a su madre: "Bueno, mamá, ¿merecía la pena causar esta catástrofe por cinco groszy?".

Marcados. Los nazis prohibieron a los judíos viajar en tranvía, les impusieron un brazalete con la estrella de David, expulsaron a los niños de las escuelas y decretaron que cada uno tenía que llevar un kennkarte, la tarjeta de identidad amarilla expedida por la policía. Como ni a Joseph ni a su hermano Marcel les dieron la tarjeta, tuvieron que buscar refugio en un pueblo. Pero el casero, a cambio de un alquiler abusivo, sólo se comprometía a acogerlos de noche, de manera que pasaron el invierno escondiéndose entre témpanos, calados hasta los huesos y esperando la noche con avidez. Lo peor estaba por llegar.

Desvalijada, toda la familia fue confinada al gueto. Según la sagrada Biblia nazi, el Mein Kampf de Hitler, publicado en 1925, los judíos eran criaturas infrahumanas y los Bau tuvieron que hacinarse en una habitación pequeña y lúgubre, sin electricidad, agua corriente ni aseo, dentro de un muro fortificado. Era el prólogo del lager, el campo de trabajos forzados de Plaszow, estación de paso hacia el exterminio en Auschwitz y Treblinka. Cuando, en el verano de 1942, el Reich ejecutó la última etapa de la Solución Final, exigió a los judíos el último pago: sus vidas.

Ante la mirada estremecida de Joseph Bau, un oficial de las SS llamado Gruen mató a su padre. En el gueto de Cracovia había quedado su hermano de 13 años y allí lo asesinaron el mismo año. Su madre murió de empacho tras su liberación de Bergen-Belsen. Los soldados estadounidenses, sobrecogidos ante aquellos esqueletos vivos, los alimentaron con enormes cantidades de comida; pero los estómagos de los cautivos no fueron capaces de digerir aquellos manjares y 10.000 de ellos murieron de indigestión en un solo día.

Bau no podía creer que los alemanes, conocidos en el mundo ilustrado como estandartes de la alta cultura, fueran capaces de planear y ejecutar a sangre fría la destrucción masiva de seres humanos con métodos industriales, como si fueran chinches. No podía imaginar los hornos para la combustión de seres humanos. Que se hiciera a diario, que sin descanso llegaran nuevos cargamentos para hacer jabón con la grasa humana, rellenar colchones de cabello y extraer el oro de los dientes, superaba la capacidad de comprensión de una mente normal.



Un humo denso, que olía a carne quemada, flotaba sobre los barracones. Los cautivos acuñaron un amargo eslogan: "Aquí entras por la puerta y sales por la chimenea". El humor negro arraigaba en el lager; a los piojos los llamaban la infantería; a las pulgas, la artillería; a los mosquitos, la aviación; a las chinches, los paracaidistas, y a las ladillas, los zapadores. Ese ejército causaba estragos diagnosticados como tifus, escarlatina, difteria, varicela, sarampión o erisipela.

A Joseph Bau, el prisionero n0 69084, no lo redujeron a humo porque era útil: trazaba mapas, rótulos y señales para la oficina de construcciones. El comandante del campo era Amon Goeth, un energúmeno que pesaba más de 140 kilos y medía un metro y 92 cm. Lo llamaban el "verdugo de Plaszow" por su afición a disparar con un rifle contra los prisioneros, sin importarle si eran niños o mujeres. Acusó a un judío de ser demasiado alto y le disparó, luego orinó sobre su cuerpo, que aún se movía. Volviéndose ante un amigo conmocionado, le gritó: "No te gusta, ¿verdad?". Lo mató y también le orinó. Y repitió con un niño que sufría diarrea, después de obligarle a comerse sus excrementos. Cada mañana el monstruo rondaba por los barracones con dos bulldog adiestrados para destrozar personas. Tras las visitas, los prisioneros contaban el resultado: 15 a cero, 20 a cero, 30 a cero… Pensaron matar al engendro, pero entonces hubieran liquidado a los 24.000 presos.

Trapicheos. Goeth realizó trapicheos comerciales con el industrial Oskar Schindler para abastecer una fábrica de utensilios de cocina con mano de obra esclava. Para entonces Bau había conocido en Plaszow a Rebecca y fue ella quien le consiguió un puesto en la lista de Schindler. Rebecca sabía hacer la manicura y Amon Goeth la llamó, le puso una pistola en el codo y le dijo que si le pinchaba o arañaba, la mataría allí mismo. Poco después, la mujer vio a un guardia nazi que estaba a punto de disparar a la madre de Muetik Pemper, el secretario judío de Goeth, y advirtió al guardia de que si Goeth se enteraba de a quién había matado, lo ejecutaría. Cuando se confeccionaba la lista de judíos que Schindler iba a llevarse a su fábrica, Rebecca fue a ver a Pemper y le recordó que le debía un favor. En lugar de incluir su nombre, dictó el de su marido. Joseph no llegó a saber lo que su mujer había hecho por él hasta que en 1993 lo descubrió al ver el filme de Spielberg La lista de Schindler.

A ella la llevaron a Auschwitz, donde gracias a sus recursos pudo engañar tres veces al siniestro doctor Mengele, "el Ángel de la Muerte", y tres veces se salvó de la cámara de gas. Él fue a la Emaillewaren, la fábrica en la que Schindler protegió de los campos de exterminio a 1.200 judíos polacos. Dos semanas después de la llegada de Bau, Schindler lo llamó y le entregó las posesiones que había dejado en el campo de concentración. Entre ellas había un diario y poemas que había escrito entre los años 1943 y 1944 en hojas del tamaño de un paquete de tabaco. Muchos de los dibujos y poemas de esa bitácora se reproducen en las memorias de El pintor de Cracovia.

En enero de 1945, Amon Goeth fue capturado por las tropas de III Ejército americano del general Patton y juzgado en Polonia. Se le imputó la muerte directa de 10.000 judíos polacos, vanamente solicitó misericordia y fue condenado a la horca. Su hija Monika Goeth escribió un libro titulado Yo adoro a mi padre, ¿debo adorarle1 Estaba basado en las opiniones de su madre, quien al conocer las aberraciones de su marido, se suicidó.

En 1950, Bau se instaló con su familia en Israel y se convirtió en grafista de la mayoría de las películas israelíes de los años 50, 60 y 70, en dibujante de cómic, poeta y escritor. También trabajó para el servicio de inteligencia del Gobierno, pero nunca quiso hablar de esas actividades. En su nueva patria fue conocido como el "Walt Disney israelí" por sus películas de dibujos animados. El estudio en el que trabajó durante 40 años es ahora un museo situado en el n0 9 de la calle Berdichevski de Tel Aviv.

Su hija Tzlila dice que "cada vez que veía un bicho en casa se las apañaba para cogerlos con un papel y cuidadosamente lo sacaba al aire libre". Rebecca murió en 1997. Sus hijas dicen que fue una mujer afortunada, "nuestro padre sólo se concebía como la mitad de una pareja en la que ella era más importante que él. Era romántico y feminista. Nunca dejó que su mujer fregara los platos o limpiara el suelo, decía que ése era un trabajo de hombres". Aunque expuso sus obras en Nueva York, Chicago o Baltimore, no le gustaba salir de Israel. Tuvo que hacerlo en febrero de 1971 cuando los jueces austriacos reclamaron su testimonio en el juicio contra el agente de las SS Gruen, que había asesinado a su padre. Volvió asqueado de Austria. No se es el mismo cuando se vuelve del infierno. Seguía creyendo en los milagros cuando murió de una neumonía en Tel Aviv hace seis años.

'El pintor de Cracovia' (Ediciones B), de Joseph Bau, ya está a la venta.



http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2008/454/1212510306.html