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martes, 12 de enero de 2016

Julio Cortázar: cuento :"Casa tomada"













Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
FIN
MÁS CUENTOS DE ESTE AUTOR

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/casa_tomada.htm

martes, 20 de abril de 2010

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

Una cita imperdible : 22 de Abril al 10 de Mayo 2010

La Feria del Libro de Buenos Aires ofrece conferencias, diálogos, mesas redondas, presentaciones de libros, talleres, firmas de autores y actividades para toda la familia.

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es la más grande de su tipo en el mundo de habla hispana. Es considerada como uno de los eventos culturales y editoriales más importantes de Latinoamérica; actuando como un lugar de encuentro entre autores, editores, libreros, distribuidores, educadores, bibliotecarios, científicos y más de 1.200.000 lectores de todo el mundo.

Desde sus orígenes en 1975, el encuentro se renueva en cada edición. Descubrí qué tiene para ofrecer en 2009.

Faltan dos días…
La Feria abre el 22 de abril

Invitados de renombre mundial, mesas redondas, conferencias, firma de ejemplares, cursos, presentaciones de libros, espectáculos y actividades para toda la familia.
¡Los esperamos para festejar con libros !!!!!



Inauguración oficial

Jueves 22 de abril de 2010 a las 18:30. El ingreso al acto es con invitación especial. Ese día la Feria abre al público a las 18:00, con acceso libre y gratuito.



Días y horarios

Fechas y horarios de funcionamiento

22 de abril al 10 de mayo de 2010:

* Jueves 22 de abril, de 18:00 a 22:00
* Domingos a jueves, de 14:00 a 22:00
* Viernes y sábados, de 14:00 a 23:00
* Sábado 1.º de mayo, en el Día del Trabajador, abierta desde
las 14:00 y por celebrarse La Noche de la Ciudad extiende su
horario de cierre hasta la 01:00




Valor de la entrada general

* Lunes a jueves: $12,00 (doce pesos).
* Viernes, sábados y domingos: $15,00 (quince pesos).

Entradas sin cargo


En los siguientes casos:

* El día jueves 22 de abril a las 18:00 la Feria abre al público, y el acceso es libre y gratuito. Esta entrada no es válida para ingresar al acto de inauguración.
* Todos los días: menores de 12 años acompañados por un adulto.
* Lunes a viernes: jubilados, pensionados, estudiantes, docentes y profesores, presentando su comprobante o carnet.
* El día sábado 1.º de mayo, la entrada será libre y gratuita a partir de las 21:00, con motivo de La Noche de la Ciudad en la Feria.

Beneficios

* Con la compra de una entrada el viernes 23, sábado 24 y/o domingo 25 de abril, se entregará una entrada sin cargo para ser utilizada exclusivamente el lunes 26 o martes 27 de abril.
* Descuento del valor de la entrada por compras al contado en un mismo stand por un monto superior a $120,00.

Lugar
La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires


Cómo llegar a la Feria
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se realiza en La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires, ubicada en el barrio de Palermo.

Dirección - Ingresos

* Avda. Sarmiento 2704, y estacionamiento
* Avda. Cerviño 4474, y estacionamiento

Principales avenidas

* Avda. Santa Fe
* Avda. Sarmiento
* Avda. Las Heras
* Avda. Colombia
* Avda. Cerviño
* Avda. J. F. Kennedy
* Avda. Del Libertador

Tren Metropolitano

Línea San Martín

* Estación: Palermo

Subte Línea D

* Estación: Plaza Italia

Líneas de Colectivos

10 - 12 - 15 - 21 - 29 - 34 - 36

37 - 39 - 41 - 55 - 57 - 59 - 60

67 - 68 - 93 - 95 - 111 - 118

160 - 161 - 188 - 197



Antes de la apertura al público general

Mañana miércoles 21 de abril a las 09:00 comienzan:
Jornadas para Profesionales del Libro


Para estar 1.º en los negocios

Editores, libreros, distribuidores, agentes literarios, gráficos, traductores, ilustradores, educadores y bibliotecarios participan de este gran encuentro de la industria del libro.
Jornadas Internacionales de Educación

20 años de búsquedas y propuestas

Mesas redondas, diálogos y paneles a cargo de profesores y especialistas. Se inauguran con un orador de primer nivel internacional, el Dr. Bernardo Kliksberg.
Reunión Nacional de Bibliotecarios

Una larga trayectoria y una mirada al futuro
Invitan a reflexionar acerca del pasado, presente y futuro de las bibliotecas en Argentina y otros países de América.


Invitados del exterior

Han confirmado su presencia el reconocido escritor italiano Alessandro Baricco, el colombiano Fernando Vallejo, los españoles Enrique Vila-Matas y Almudena Grandes, el novelista estadounidense John Katzenbach, el brasilero Vander Lee, entre otros.



Festival Internacional de Poesía

Del 25 al 29 de abril

Por quinto año consecutivo la poesía tiene un lugar de encuentro y de intercambio de voces en la Feria. Participan el poeta español Antonio Gamoneda, el japonés Yutaka Hosono y el turco Adnan Ozer, entre otros.

Encuentro del Bicentenario

26, 28 y 29 de abril

Dos conferencias magistrales, una a cargo de Ernesto Laclau y la otra dictada por Luis Alberto Romero y un panel de primer nivel formado por Antonio Cafiero y Enrique Olivera, que se proponen contribuir a la construcción de la cultura democrática, estimulando el encuentro, el respeto al disenso y la confianza en las instituciones. Tres jornadas para entender la Argentina de los pasados 200 años y vislumbrar horizontes posibles para los futuros tiempos.

Bienal Borges - Kafka

La Feria del Libro es uno de los escenarios elegidos para el desarrollo de la Bienal.

Se han programado una mesa redonda con intelectuales checos, un curso sobre los dos autores, una exposición fotográfica y la presentación de la Orquesta Sinfónica en el acto de cierre.
Bienal Borges-Kafka
Encuentro Internacional de Narración Oral

30 de abril, 1 y 2 de mayo

Se realiza bajo el lema Brindar historias y está dirigido a narradores profesionales, narradores aficionados, investigadores, escritores, editores, docentes y bibliotecarios.


Actividades educativas


Son siete actividades y están diseñadas para cubrir las necesidades específicas de capacitación de diferentes áreas educativas.

Académicos, docentes, periodistas, científicos, pedagogos, teóricos e intelectuales son convocados para participar en mesas redondas, talleres, diálogos y conferencias.

La inscripción permanece abierta de acuerdo con la disponibilidad de cupos.


Firma de escritores

Invitados por los expositores, los autores se presentan en los stands para firmar ejemplares de sus obras. Es uno de los principales atractivos de la Feria para quienes desean acercarse a su escritor preferido.


Seminario para Profesionales

Hoy finaliza esta actividad de capacitación coordinada por Roberto Igarza y destinada a profesionales del libro. El tema central es: El libro en la era digital y su relación con las nuevas tecnologías.


Expositores

Editoriales, distribuidoras y librerías de Argentina y del exterior, representaciones de países, instituciones culturales y educativas y medios periodísticos que participan.



Maratón de la lectura

3 de mayo a las 17:00

Bajo el título Argentina: Una aventura de 200 años este maratón se propone como una gran fiesta de textos del Bicentenario.

Visitas escolares

Los contingentes escolares de todos los niveles tienen acceso gratuito a la Feria, previa reserva de la visita.


Muestras Permanentes
© Juan, Serie El bosque invisible II

© Juan, Serie El bosque invisible

Se presentan exposiciones plásticas y fotográficas en los diferentes espacios de la Feria.

Espacio Cómic

8 y 9 de mayo

De la historieta al manga en la Argentina. Exhibición y venta de cómics e historietas. Firma de autores, cosplay y otras actividades especiales.

¿Qué carrera vas a seguir?

De lunes a viernes, a las 14:30

Jornadas sobre la Vocación, la Capacitación y el Empleo.
Patio Infantil

Este espacio cuenta con una biblioteca, un patio de juegos y ofrece múltiples actividades para niños entre 4 y 12 años.

DEL AUTOR AL LECTOR

El encuentro, que desde sus orígenes en 1975, se renueva en cada nueva edición.



Lema de la 36.ª Feria
El lema o tema convocante, sirve de guía para el desarrollo de las actividades editoriales y actos culturales de la Feria.


Festejar con libros 200 años de historias

Ésta es la Feria del Libro del segundo centenario y en estos 200 años los libros han cumplido un rol fundamental en la creación de nuestro país y apostamos a que lo seguirán cumpliendo en el futuro. “Feria” y “fiesta” son dos palabras que se asocian naturalmente, en el año 2010 festejamos con libros el comienzo de una historia que empezamos a escribir hace 2 siglos y cuya escritura llega al presente. Esperamos que en los pasillos y stands continúe el diálogo entre los distintos libros con sus lectores y con la riqueza que produce la libertad.

Motivos 36.a Feria - Manuelita
Motivos 36.a Feria - Martín Fierro
Motivos 36.a Feria - Heroes
Motivos 36.a Feria - Rayuela
Motivos 36.a Feria - Tigres

La campaña publicitaria de este año recrea ilustraciones referidas a autores clásicos argentinos. El Martín Fierro, de José Hernández; El oro de los tigres, de Jorge Luis Borges; “El dragón y la princesa” de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato; Rayuela, de Julio Cortázar, y Manuelita la tortuga, de María Elena Walsh son los libros elegidos para la campaña visual de la Feria. Son cinco emblemas de la literatura argentina cuyos autores han marcado una época y dejado un legado cultural invalorable. La intención es homenajear no sólo a estos cinco escritores, sino también a todos los hombres y mujeres que en estos dos siglos nos entregaron su talento.


NOTA: PARA MAS DETALLES, CONSULTAR:

http://www.el-libro.org.ar/internacional/general/#entrada