Mostrando entradas con la etiqueta PERON. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERON. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de agosto de 2010

ARGENTINA - El “relato” de Cristina







Rogelio Alaniz

“Si la libertad significa algo, será sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír”. George Orwell

Creo que la presidente habla demasiado. No se puede o no se debe ocupar la cadena nacional para “relatar” durante más de una hora una historia ocurrida hace treinta y cuatro años. Si lo que se intentó fue montar una formidable puesta en escena, los resultados fueron más bien modestos. Quienes esperaban, por lo menos, una orden de detención contra Magnetto y Mitre, se quedaron con las ganas. La presidente procedió como una republicana apegada a la división de poderes y pasó las actuaciones a la Justicia y al Parlamento.

Atendiendo a lo sucedido y conociendo cómo se resuelven estas cosas en la Argentina, aseguraría que dentro de una semana, dos a lo sumo, estamos hablando de otra cosa. De Graiver, el recuerdo que nos quedará será el del banquero que negociaba con los militares y los Montoneros y terminó perseguido por los dos. Respecto de Papaleo, su apellido evocará el de un reconocido funcionario de López Rega y una viuda siempre muy interesada en los negocios suyos y del marido.

¿Cuáles fueron las intenciones de los Kirchner a la hora de montar semejante espectáculo? Denunciar a Papel Prensa, obvio, y, por lo tanto, a La Nación y Clarín, que son sus socios mayoritarios. ¿Es verdad que pretendían meter presos a sus principales directivos? Nunca podremos saberlo. Lo que sí sabemos es que, en la Argentina, hoy estas maniobras son impensables. Por lo menos por ahora. Los opositores dirán que el gobierno está decidido a liquidar la libertad de prensa, pero no puede hacerlo -no porque sean buenos- sino porque la Argentina no es Venezuela, mientras que los oficialistas dirán que el gobierno respeta las libertades, pero no está dispuesto a consentir que el poder mediático se imponga, le dicte sus condiciones o decida por ellos.

Cada uno puede creer lo que quiera. De todos modos, no deja de ser desmesurada una movida que compromete a las principales instituciones del Estado detrás de una denuncia por demás sugestiva. Ya vamos a meternos en los hechos, pero mientras tanto me interesa discurrir acerca de las visiones ideológicas de los Kirchner en estos temas. En principio, y a juzgar por lo que dicen cada vez que se dirigen al público, los dos están convencidos de que los hechos sociales en las sociedades modernas los produce un poder “invisible” pero eficiente que se llama “prensa”.

Esta es su obsesión. El desmesurado poder de la prensa debe ser puesto en caja, O, para ser más precisos, lo debemos controlar nosotros. Si logramos -piensan- manejar a la prensa, nuestro poder político será invencible. Hay toda una bibliografía escrita alrededor de estas hipótesis. La prensa modela las cabezas y las almas. La gente piensa por lo que le dicen los medios, la prensa establece la verdadera agenda del gobierno. En definitiva, es un poder que funciona por encima y por debajo del poder democrático.

La simplificación de esta hipótesis no es inocente. Nunca las simplificaciones brutales del populismo lo son. Indagaciones tales como estudiar qué sucede entre el mensaje que recibe la gente y lo que ella luego hace con ese mensaje; indagar las relaciones de ida y vuelta que hay entre un diario y sus lectores, a los señores populistas no les interesa. Para ellos, la única verdad es la realidad y la realidad siempre está modelada de manera lineal y en sintonía con sus intereses.

Está claro que si fuera cierta la hipótesis de que la gente actúa de acuerdo con lo que le dictan los medios de comunicación como si fueran autómatas que obedecen las instrucciones de un Gran Hermano, se impondría actuar de inmediato, porque ninguna sociedad sería libre si un poder invisible manejara las mentes y las almas de la gente. Quedémonos tranquilos. Este peligro no existe. No hay monstruos, ni extraterrestres, ni medios de comunicación que logren esa hazaña propia de un relato de Ray Bradbury. Nadie debe creer en semejante patraña. Se trata de un “relato”, un relato que no tiene la belleza de los textos de Bradbury o Ballard, sino la fría y despojada funcionalidad de quienes se dedican a inventar enemigos imaginarios para atacar a enemigos que molestan.

Lo que los Kirchner dicen sobre la prensa no lo cree nadie; ni siquiera ellos. El problema de su hipótesis conspirativa es que no es verdadera. Y en el mejor de los casos expresa una verdad a medias. Yo lo siento por los amigos de las teorías conspirativas, pero los hechos sociales nacen fundamentalmente de la trama social, de la interacción social. La prensa es un poder, es un poder económico, político y social, pero su campo de decisión no es absoluto. A veces puede adquirir algo de preponderancia, a veces puede impresionar como que ocupa el centro del escenario, pero la base material y cultural de producción de los hechos sociales no depende exclusivamente de la prensa.

Los Kirchner se niegan a pensar en estos términos. Su comportamiento en Santa Cruz fue muy parecido al que intentan practicar en el orden nacional. La prensa es el enemigo porque es un poder que modela las cabezas de la gente, pero puede ser un amigo insustituible si es manejada por el poder político. Las consecuencias de este razonamiento son lógicas: hay que liquidar a la prensa privada y fortalecer a la prensa estatal. En Santa Cruz pudieron hacerlo, en la Argentina no es tan fácil, pero cada vez que pueden lo intentan.

En estos temas no hay nada nuevo bajo el sol. Lo que hoy quieren hacer los Kirchner no es muy diferente a lo que hizo Alejandro Apold durante la dictadura peronista. El grupo Alea S.A., creado por Apold, funcionaba en el centro de Buenos Aires en un edificio de 43 pisos. Allí se producían todos los contenidos periodísticos de la “nueva Argentina de Perón”. Los pocos medios que no se sometían a Alea S. A. eran controlados a través de cuotas de papel. Esa tarea estuvo a cargo del famoso diputado Visca, algo así como el Guillermo Moreno de aquellos tiempos.

La retórica de Apold no fue diferente a la de la presidente. Se lucha contra el poder de la oligarquía. Apold en su momento concentró todas sus energías contra el diario La Prensa, como ahora los Kirchner las concentran contra Clarín. Las enseñanzas de Goebbels siguen siendo insustituibles: hay que elegir un enemigo y dirigir toda la artillería contra él. Nada de dispersarse, nada de distraerse con enemigos menores, de ellos vamos a dar cuenta luego.

Por supuesto, el mejor enemigo es el que, además, tiene algunos pecados. La Prensa era el diario de la oligarquía, Clarín y La Nación son los diarios de la dictadura militar. ¿Es cierto esto? Más o menos. A mí me hubiera gustado que estos diarios hubieran luchado contra la dictadura militar, del mismo modo que a muchos peronistas seguramente les hubiera gustado que los Kirchner en lugar de enriquecerse con una ley confiscatoria de la dictadura se hubieran dedicado a la militancia solidaria. O hubieran elegido defender los derechos humanos cuando realmente había que defenderlos, es decir cuando eran avasallados. Es lo que me hubiera gustado, pero ya se sabe que en la vida no siempre ocurren las cosas como a uno le gustaría que sucedieran.

Clarín, La Nación y los Kirchner no estuvieron en la vanguardia de la lucha contra la dictadura y puede que Papel Prensa no haya sido una empresa al servicio de los diarios del interior. Esto es así y hay que decirlo. Pero también hay que decir que una cosa es haberse adaptado a las difíciles condiciones históricas de 1976; y otra, muy distinta, es haber hecho negocios valiéndose de la ayuda de los torturadores.

No lo conozco a Magnetto, pero sospecho que angelito no es. Pero de no ser un angelito no se infiere que sea un torturador. Del mismo modo que el hecho de que los Kirchner se hayan valido de una ley de la dictadura para expropiarle casas a gente en apuros económicos no se deduce que sean genocidas. Como dijera el amigo de mi abuelo: no me embarullen, no me mezclen las cartas para quedarse con mi plata.

Los Graiver tampoco eran angelitos, pero ello no autorizaba a los militares a torturarlos en el marco de una desaforada campaña antisemita que también alcanzó a Timerman. Graiver y sus familiares intentaron hacer negocios con los militares y los Montoneros. Unos vivos bárbaros, diría mi tío. Finalmente les pasó lo que les pasa a los vivos cuando se pasan de revoluciones o juegan con fuego con rivales que sólo reconocen el código de la picana, la cachiporra o la pistola.

Pero todos estos matices estuvieron ausentes en el “relato” de la señora. Tampoco dijo una palabra acerca de que el peligro real contra la libertad de expresión no proviene del mundo privado sino del Estado. Por lo menos en el siglo XX siempre fue así. La ausencia no fue casual. Ella no se proponía dar una clase de historia, sino perpetrar una operación política.

Lo que los Kirchner dicen sobre la prensa no lo cree nadie; ni siquiera ellos. El problema de su hipótesis conspirativa es que no es verdadera. Y en el mejor de los casos expresa una verdad a medias.




FUENTE: diario 'EL LITORAL' DE SANTA FE, ARGENTINA-28 DE aGOSTO 2010

FOTO: DE INTERNET













lunes, 26 de julio de 2010

No entiendo

Por Roberto Cachanosky



Algunas reflexiones a partir del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que estableció que las personas que se exiliaron fuera del país durante la dictadura militar por motivos políticos tienen derecho a ser indemnizadas por el Estado y que beneficia, entre otros, a la madre del terrorista montonero Fernando Vaca Narvaja.

Francamente no entiendo.

La Corte Suprema de Justicia acaba de decidir que la madre del terrorista montonero Fernando Vaca Narvaja tiene que ser indemnizada porque a partir de 1976 tuvo que exiliarse en México ya que su vida corría peligro. La pregunta a los miembros de la Corte es: dado que el Estado no tiene recursos propios, ¿por qué me transfieren a mi, contribuyente, el costo de la indemnización? Es más: ¿a mí quien me indemniza por haber tenido que vivir en un país sumergido en la violencia terrorista?

Pero este no es el problema principal y, una vez más, voy a ser políticamente incorrecto. La Corte falló a favor de la señora Susana Yofre de Vaca Narvaja porque tuvo que exiliarse ante el peligro de ser matada.

Ahora bien, a la señora, una persona mayor, la escuché en un reportaje que le hizo Marcelo Longobardi por Radio 10 el viernes pasado. En una parte del reportaje, la señora Susana dijo que su hijo había optado por otro camino.

Cuando Longobardi le preguntó cuál era ese otro camino, contestó que era el de las armas "para combatir a esos milicos que estaban atando gente". No dijo: "mi hijo también fue responsable del baño de sangre que vivió el país en esos años". Es más, según dijo la señora Susana, su marido desapareció en 1975, durante el gobierno de Perón. Es importante resaltar esta parte de la historia porque, una vez más, se demuestra que el terrorismo de Estado comenzó antes del 24 de marzo del '76. Sin embargo, yo sé, ninguno de los miembros de aquel gobierno que hoy están vivos tiene causas pendientes por violación a los derechos humanos. Es más, alguno de quienes soltaron a los terroristas que habían sido juzgados y encarcelados y que una vez, libres volvieron a matar gente y a poner bombas, creo que ha sido premiado con algún puesto público.

Quiero recordar también, para los más jóvenes que no vivieron esos años, que en 1976 todavía existía la "Cortina de Hierro" y los terroristas eran financiados y entrenados por el gobierno de Fidel Castro y la dictadura comunista de la ex Unión Soviética. Y eran financiados y entrenados para tomar por la fuerza el gobierno y establecer una dictadura comunista.

Fueron los años en que los soviets querían establecer dictaduras comunistas en Latinoamérica. Brasil, Chile, Uruguay, Perú y Argentina tuvieron que soportar la violencia que exportaban los jerarcas comunistas.

Pero otro punto a recordar es que Montoneros siguió con sus acciones terroristas durante el gobierno de Perón. En otras palabras, en ese momento los militares no estaban en el poder. Por lo tanto, el hijo de Susana y el grupo terrorista que integraba atacaban a un gobierno elegido por el voto.

De manera que me permito formular una pequeña corrección, con todo el respeto que me merece una persona mayor. El hijo de Susana no tomó el camino de las armas para sacar a los milicos. Tomó el camino de las armas para derrocar a un gobierno elegido por el voto. Y también es cierto que ese gobierno elegido por el voto tenía a un señor llamado José López Rega que desde el ministerio de Bienestar Social manejaba grupos parapoliciales para combatir a los terroristas. Esta aclaración no es caprichosa porque en la Argentina actual pareciera ser que el baño de sangre empezó el 24 de marzo de 1976 cuando un grupo de militares se levantó de malhumor y empezó a matar gente. La historia es muy distinta.

Teniendo en cuenta que los grupos terroristas querían tomar el poder por la fuerza al estilo Fidel Castro para establecer una dictadura comunista, la realidad es que así como la señora Susana tuvo que bancarse el exilio en México, lo cual es lamentable, el resto de los argentinos tuvimos que bancarnos durante años las bombas, los asesinatos y la guerra civil que desataron los que hoy pretenden aparecer como las víctimas heroicas de los '70.

Sería bueno saber si la persona hoy beneficiada con la indemnización por tener que exiliarse en México (¿por qué no habrá elegido el paraíso comunista de Fidel por el cual peleaba su hijo?) le inculcó a sus hijos el respeto a la vida y a la libertad que todo ser humano tiene que tener por los otros. Sería bueno saber esto porque, por ejemplo, la señora Hebe de Bonafini se siente orgullosa de que sus hijos hayan puesto bombas, asesinado y cometido todo tipo de atropellos contra la libertad de las personas para establecer una dictadura. El tema no es menor, porque alguien que les inculca a sus hijos el odio y la violencia, más que ser indemnizada por los ciudadanos que pagan impuestos debería hacerse responsable de los actos de sus hijos.

Personalmente, si yo tuviera un hijo que utilizó la violencia y cometió todo tipo de actos terroristas con el objetivo de cercenar la libertad de sus conciudadanos, más que pedir una indemnización por tener que irme del país, le pediría perdón al pueblo argentino por el baño de sangre que mi hijo llevó adelante durante los años de plomo, aunque mi exilio sea injusto.

Sentiría vergüenza de los actos de mi hijo y, luego de pedir perdón al pueblo por la violencia que ejercieron los grupos terroristas, me llamaría a un recatado silencio. Sólo por respeto y para no ofender la inteligencia de quienes vivimos esos tristes años y conocemos la historia completa de cómo ocurrieron verdaderamente los hechos, no me animaría a aparecer como víctima de nada.

Pero claro, estamos en épocas de revancha, y en épocas de revancha impera la venganza. No la justicia.

FUENTE: LLEGO EN UN E-MAIL.
COMPROBE QUE EN INTERNET FUE PUBLICADO EN VARIOS BLOGS/SITIOS WEB



Roberto Cachanosky
De Wikipedia, la enciclopedia libre




Roberto H. Cachanosky (nacido en Buenos Aires, Argentina en 1955) es un economista y escritor, es licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina.

Es profesor titular de teoría macroeconómica en el Master de Economía y Administración de Empresas del Centro de Estudios y Capacitación Empresarial en la ciudad de Rosario y de economía aplicada en el Master de Economía y Administración del Instituto universitario ESEADE.

Fue columnista de temas económicos en los diarios La Prensa (de 1985 a 1992), El Cronista (de 1992 a 2001), La Nueva Provincia -de la ciudad de Bahía Blanca- (de 1992 a 1998). Actualmente es columnista del diario La Nación.

Conduce el programa de TV El Informe Económico,[1] ganador del Premio Santa Clara de Asís en el año 2006.[2] [3] En la actualidad se desempeña como consultor económico y edita un semanario económico en Internet.[4]

Obras
Es autor de los libros:

Economía Para Todos. Temas grupo editorial, Buenos Aires, 2002, ISBN: 987-9164-68-7.
El síndrome argentino. Ediciones B S.A., Buenos Aires, 2006, ISBN: 987-1222-71-8.





Referencias


1.↑ Grabación de fragmentos del programa de TV en You Tube
2.↑ Noticia de la entrega de premios en La Nación el 28-8-2006 (consulta 15-8-2009)
3.↑ Listado de Premios Santa Clara de Asís del año 2006 de la Liga de Madres de Familia
4.↑ Economía para todos Revista virtual interactiva
<>






sábado, 9 de mayo de 2009

WITOLD GOMBROWICZ Y JUAN DOMINGO PERON


GOMBROWICZIDAS

por JUAN CARLOS GÓMEZ

Un día del 1955, un año antes de haber sido presentados en el Rex, yo lo vi a Gombrowicz hablando solo por la calle Florida. Caminaba con entusiasmo, no sólo hablaba, también sonreía como si hubiera resuelto algún problema.
Pasado más de medio siglo me doy cuenta ahora que ese talante de condenado que recién sale del presidio estaba relacionado con su próxima renuncia la Banco Polaco hacia donde se dirigía cuando me crucé con él aquella mañana.
Su campaña literaria en los siete años y medio de trabajo en la oficina no fue arrolladora.
Escribió “Transatlántico”, y comenzó el “Diario”, “Opereta” y “Cosmos”. El trabajo y Gombrowicz nunca se habían llevado bien en Polonia y aquí en la Argentina esta relación siguió la misma suerte.



“Ante mí –nada, ninguna esperanza. Para mí todo ha terminado, nada quiere comenzar. ¿Mi balance? Después de tantos años, llenos a pesar de todo de esfuerzo intenso y de trabajo, ¿qué soy? Un empleadillo, asesinado por siete horas pasadas diariamente ocupándome de papelejos, estrangulado en todas sus empresas de escritor. Nada, no puedo escribir nada aparte de este Diario”
El año 1955 fue un año turbulento, los conflictos civiles entre los peronistas y los antiperonistas se transforman en conflictos bélicos, aunque restringidos y muy localizados. Se produjeron enfrentamiento entre las fuerzas armadas, la marina de guerra amenazó con bombardear el puerto de Buenos Aires, con más exactitud, las refinerías de petróleo, las refinerías no la ciudad.



Gombrowicz se siente cerca de las refinerías por su tendencia a convertir en inminente lo remoto y se escapa, aproxima su casa de Venezuela 615 a las refinerías y el miedo que le sobreviene lo obliga a hacer una mudanza preventiva, se muda a San Isidro, a la casa de los Swieczewski, a muchos kilómetros del puerto.




Gombrowicz, del mismo modo que el Asiriobabilónico Metafísico*, tenía una relación extraña y ambivalente con la política, se interesaba mucho más por el estilo de los políticos, de los jefes militares, de los conductores de una nación que por las ideas que representaban. Buscaba la liberación
de su conciencia, estaba convencido de la bancarrota de todas las ideologías políticas, tanto de las de izquierda y como de las de derecha.



Siguiendo las enseñanzas de Marx pensaba que había llegado el momento de estudiar el condicionamiento de la conciencia, no sólo de la conciencia de los aguaciles del capitalismo, sino también la de los estudiantes que profieren injurias en un mitin.
“¿Y cómo podría el arte ser político? (...) Dejemos al artista a solas con su obra. Seamos discretos. El arte es una empresa delicada que se realiza en la penumbra”
Las circunstancias políticas que vivió Gombrowicz después de la aparición de “Ferdydurke” en la Argentina fueron básicamente tres: el gobierno de Peron, la Revolución Libertadora y el gobierno de Frondizi.
“Este país tan aburrido que es la Argentina de un día para otro se ha convertido en uno de los espectáculos más interesantes del mundo”



Fue una época de una gran exaltación política, Frondizi había hecho un pacto con Peron y ganó las elecciones del año 1958 de una manera aplastante. Los discursos de su campaña electoral contenían programas de la izquierda nacionalista. El petróleo debía ser nuestro, había que llevar adelante la reforma agraria, darle un gran impulso a la industria nacional y socializar el capital.
Este programa despertó el entusiasmo del pueblo y obtuvo cuatro millones de sufragios sobre siete millones de votantes... pero...
“Apenas nueve meses más tarde, ese mismo Frondizi entregaba la explotación del petróleo a los magnates extranjeros. Anuncia un programa de reformas financieras y económicas que es uno de los más draconianos del mundo (...)”



“Empieza a cerrar las empresas estatales y despide a los empleados. Abre de par en par las puertas del país al capital extranjero. Proclama el estado de sitio y sofoca la huelga general con el ejército”




Este escándalo le resulta a Gombrowicz bastante instructivo. Los argentinos estaban aturdidos, habían pasado del arrebato de entusiasmo, al temor y la rabia. Los salarios subían por la escalera y los precios empezaron a subir por el ascensor, Gombrowicz estaba cayendo en la cuenta de que se había acabado la facilidad.
El país era tan rico que durante largos años había soportado la demagogia, la megalomanía y la fraseología, así como toda clase de teorías magníficas, sin hablar de diversos negocios turbios que habían prosperado en ese caldo de cultivo.


Gombrowicz se estaba refiriendo a la época peronista, a su entender había llegado la hora de enfrentarse cara a cara con la realidad, con el enorme despilfarro que había realizado el régimen derrocado.
“La enorme energía acumulada en el capital internacional ha irrumpido en la Argentina, un país que es casi tan grande como la mitad de Europa. De modo que un ciudadano de a pie no entiende nada de nada y no sabe a qué atenerse”
Según la manera de ver las cosas que tenía Gombrowicz se estaba produciendo una guerra entre las cifras y los sentimientos, las fobias y las ilusiones. Los nacionalistas habían conducido el país al aislamiento económico, una de las causas principales de la crisis.



En la Argentina existían varios tipos de nacionalismos y cada uno de ellos deseaba un tipo distinto de dictadura para recuperar la dignidad. Un cierto tipo de nacionalismo era el clerical militarista, admirador de España y de Franco, que había formado parte de la revolución contra Peron porque quemaba iglesias y combatía al clero.
Pero en la época de Frondizi ese mismo grupo intentaba aliarse con los peronistas y con los comunistas, porque también ellos eran nacionalistas, para formar un frente antigubernamental y establecer una dictadura. Pero la única dictadura posible en la Argentina era la dictadura militar, y el ejército estaba contra ellos. Para los comunistas del país existían tres centros de poder: el ejército, la iglesia católica y los sindicatos obreros.



Las instituciones democráticas, como el parlamento y la corte suprema, habían sido violadas tantas veces que carecían de prestigio. Los partidos políticos y la opinión pública estaban desorientados, habían elegido un presidente de izquierda y progresista y justamente él los había traicionado. El cambio de chaqueta del presidente había provocado una confusión infernal en todo el país.
Me tocó hacer el servicio militar en la Marina, una de las fuerzas armadas argentinas, la fuerza que despertaba más nostalgia en Gombrowicz desde Europa recordando los encuentros que había tenido con sus jóvenes conscriptos. Lo hice durante dos años, en 1955 y 1956, una época bastante revuelta de la historia política argentina en la que cambió de forma abrupta nuestro destino político.



Como no tenía vocación para el combate un almirante me dio una mano y finalmente me ocuparon en el Ministerio de Marina, un edificio bastante cañoneado y bombardeado durante la Revolución Libertadora mientras yo estaba adentro. Me habían destinado a los conmutadores telefónicos así que, hasta que sobrevinieron los acontecimientos del 16 de junio, pasaba una buena vida.
En septiembre, después del derrocamiento de Peron ocurrido tres meses después de la sublevación de junio, nuestra vida de conscriptos retomó una cierta calma hasta que se produjo la contrarrevolución peronista en 1956, abortada por informaciones oportunas que recibieron los sediciosos evitando de esta manera una derrota segura y el derramamiento de sangre.



Desde el mismo día de la sublevación empezaron a investigar todos los centros desde donde los contrarrevolucionarios podían haber sido alertados y los conmutadores telefónicos cayeron bajo la lupa de las pesquisas militares. Aunque yo no tenía nada que ver con los sediciosos preventivamente me pasaron por un tiempo al servicio de ascensores del Ministerio de Marina.
Cuando Gombrowicz se fue de la Argentina en el año 1963 yo me hice amigo de la comparsa de Jorge Brussa, archienemigo de Gombrowicz y campeón de ajedrez del café Rex. Al poco tiempo de haber entrado en contacto con los nuevos contertulios hicieron correr el rumor que yo lavaba ropa a domicilio y que ellos conocían el origen y las características de mi cultura.


Después de haber pasado miles de horas polemizando con Gombrowicz yo tenía un gran entrenamiento para hablar de cualquiera de los asuntos que ocupan el mundo de la inteligencia aunque, debo reconocerlo, sin profundizar demasiado, y esta particularidad de mis conocimientos fue relacionada con el ascensor del Ministerio de Marina.
En efecto, durante el día escuchaba muchas conversaciones en esa cabina cerrada que yo hacía subir y bajar, pero eran conversaciones que no tenían principio ni fin, las tomaba empezadas en algún piso y se me escapaban sin terminar en algún otro nivel.
Pues bien, esta ocurrencia que tuvieron esos amigos míos de café que me aparecieron cuando se fue Gombrowicz me hicieron recordar un poco a las conferencia que daba Gombrowicz sobre el existencialismo y el marxismo, sobre la mecánica ondulatoria y la relatividad.



El hablaba de estos temas como si para él fueran pan comido, pero sabía perfectamente bien que cualquier cuestionario no demasiado profundo que le hubieran hecho lo podía haber puesto en verdaderos aprietos.Las ideas que Gombrowicz tenía sobre el peronismo eran ambiguas y contradictorias. El 1º de junio de 1955, dos semanas antes del estallido de la Revolución Libertadora, Gombrowicz renuncia al Banco Polaco al que había ingresado en diciembre de 1947. Se siente libre y le da rienda suelta a la alegría que le produce la finalización de sus obligaciones laborales.
“Y como coincidió con el derrocamiento de Peron, ¡el viento de la libertad soplaba de todas partes en torno a mí!”



Pareciera una declaración casi política, sin embargo, unos meses antes de esta manifestación antiperonista me había traducido unos párrafos escritos para el diario en los que elogiaba tanto a Peron como a su régimen. Este texto nunca se publicó, naturalmente.“(...) Ya sabe como son los mozos en Buenos Aires: envidiosos, amargados, peronistas, bien, aquí en Berlín son atentos, sonrientes, amabilísimos, corriendo, con vocación verdadera de mozo, con profundo y sincero respeto. Cuando uno se da cuenta de que casi todos eran asesinos torturadores (arriba de cuarenta años)... esto es genial, no hay caso. Bolches no hay. Aman tiernamente a los yanquis. Son cien por ciento europeos, antinacionalistas, pacifistas. Goma*, son geniales no cabe duda”





NOTA DEL EDITOR,
El autor, Juan Carlos Gomez, conocido escritor argentino , que me
envió el texto y tambien la foto de Witold Gombrowicz, fue el amigo más
cercano del escritor polaco durante su destierro involuntario en Argentina.

Gombrowicz, escritor ya conocido y respetado en Europa, había
viajado en un barco como invitado especial de una Empresa Marítima de transporte de pasajeros y cargas que inauguró su nueva Linea a Sud America, en el primer viaje hasta Buenos Aires.

A los pocos días de haber llegado a la capital de la Argentina, las
tropas alemanas nazis ocuparon Polonia, dando comienzo a la
Segunda Gran Guerra, que obligó al escritor polaco a quedarse
en la ciudad de Buenos Aires, donde permaneció
aproximadamente 24 años.

*ASIRIOBABILÓNICO METAFÍSICO: Jorge Luis Borges; escritor

* GOMA: Juan Carlos Gomez, escritor argentino.


De la "Lista LA IDENTIFICACIÓN DE LOS APODOS Y DE LA ACTIVIDAD", enviada por Gómez, para entender quienes son los nombres reales detras de sus 'sobrenombres' usados en sus textos.

Lic. Jose Pivín

Witold Gombrowicz
Polonia (Maloszyce, 1904 - Vence, 1969)
Novelista y dramaturgo polaco nacido en Maloszyce (Polonia) en
1904 y muerto en Vence (Francia) en 1969. Nacido en el seno de
una familia acomodada, próxima a la aristocracia polaca, estudió
derecho en Varsovia y París y, siendo todavía muy joven, comenzó a frecuentar los ambientes artísticos e intelectuales de la Polonia de entreguerras. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial,
Gombrowicz se trasladó a Argentina, donde residió hasta
mediados de los 60 trampeando entre trabajos absurdos y escribiendo
en los ratos libres. Murió en Vence, cerca de Niza en 1969.Su obra,
aunque escasa, lo convierte en un referente indiscutible de la
literatura polaca del siglo XX. Muy en consonacia con su época,
sus minuciosos análisis psicológicos topan a menudo con cierto
sentido de absurdo y paradoja. El corolario de su reflexión
existencial suele ser humorístico, atacando con mordacidad los
valores tradicionales de religión, patria y buenas costumbres.

(Preparado por 'PIPETA'(1983, Granada-España)

Todos los libros y obras de Witold Gombrowicz
Contra los poetas
2007
Diario 1953-1969
2005
Los hechizados
2003
Curso de filosofía en seis horas y cuarto
1996
Testamento
1991
Cosmos
1967 (2002)
La seducción
1960 (1982)
Pornografía
1960 (2002)
Trans-atlántico
1953 (2003)
Ferdydurke
1937 (2002)
Bakakai
1933 (1986)

Libros con reseña

fuente: FICHA Y LISTA DE LIBROS:"LETURALIA"-
http://www.lecturalia.com/autor/2516/witold-gombrowicz