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domingo, 27 de julio de 2014

EN ROSARIO(Argentina): NESTOR JOSE SMUD DESAPARECIO EL 7 DE JULIO 2014- SE SOSPECHA QUE FUE SECUESTRADO???- UN LLAMADO A LA SOLIDARIDAD CIUDADANA



DESAPARECIDO/SECUESTRADO???


Investigan como secuestro extorsivo la desaparición de un comerciante













Néstor Smud se fue de su casa el 7 de julio y le perdieron el rastro. Su familia recibió dos llamados pidiendo 20 mil pesos. Misterio y silencio oficial en torno a un hecho poco común en Rosario.

Un comerciante de 69 años es buscado intensamente desde hace casi tres semanas. Según fuentes allegadas a la investigación, el último día que se supo algo de él su familia fue contactada por un hombre que le exigió unos 20 mil pesos para volver a verlo, pero al parecer no hubo comunicaciones posteriores que continuaran con la extorsión. No obstante, voceros judiciales confirmaron que el hecho es investigado como un secuestro, aunque no se descartan otras hipótesis.

La búsqueda, intensa y desesperada, tiene su correlato en las redes sociales, donde los hijos de la víctima comenzaron a pedir datos sobre el paradero de su padre, al tiempo que iniciaron días atrás una pegatina de afiches con la foto del hombre que también circula en las comunicaciones de la Secretaría de Derechos Humanos provincial.

Néstor José Smud está ausente de su casa del centro rosarino desde el pasado lunes 7 de julio. Según confió a este diario un vocero tribunalicio, ese día había ido a trabajar cerca de las 17 y más tarde su esposa lo llamó al negocio —en una galería comercial— pero no se encontraba.

Entonces, alrededor de las 19.30 lo llamó a su teléfono celular, pero ese llamado fue atendido por un desconocido que sin darle muchos detalles le dijo que su esposo "había tomado el remís equivocado" y que si no entregaba 20 mil pesos "le iba a salir más caro volver a verlo". Al respecto, una fuente judicial remarcó que el interlocutor "sólo dijo que lo tenía, no hizo referencia a un secuestro".

Horas más tarde, sobre las 21.30, hubo otra comunicación. Pero esta vez el llamado fue recibido por la esposa de Smud en el teléfono fijo de su casa. El tenor del mensaje fue el mismo: si no entregaban el dinero exigido, el comerciante no volvería a aparecer.

En este contexto, fuentes policiales vinculadas con el caso señalaron que esta última comunicación había sido realizada desde la estación de ómnibus Mariano Moreno. Por esos días, según esta versión, los investigadores llegaron a analizar imágenes captadas por cámaras de la terminal en las que se veía a una persona cuya fisonomía parecía la del hombre buscado y, en tal sentido, no descartaban que hubiera salido de la ciudad en un colectivo. Pero al parecer esas pistas no arrojaron resultados.

Desde entonces, confirmó un vocero allegado a la investigación, no hubo más contactos entre la familia de Smud y quien se presentó como su presunto secuestrador. "Es llamativo pero desde el día en que desapareció este hombre su familia no volvió a recibir llamadas ni mensajes extorsivos como esos dos primeros", sostuvo. Y agregó que el hombre buscado tiene un comercio de venta de bijouterie y que no está sindicado como alguien de mucho dinero.



Investigación. La familia de Smud denunció la situación en la comisaría 3ª el mismo día en que éste desapareció, señaló el portavoz judicial, y agregó que la investigación del caso quedó a cargo del fiscal de Investigación y Juicio que se encontraba de turno en feria, Guillermo Apanowicz, quien ayer prefirió no realizar declaraciones.

En ese sentido, fuentes judiciales señalaron que se realizaron diversas medidas investigativas para dar con el paradero de Smud e identificar a la persona que atendió su celular en la primera comunicación y a quien posteriormente llamó a su casa. Algunas de esas medidas todavía están en curso, pero los voceros consultados no quisieron darlas a conocer para no entorpecer la búsqueda.

En este contexto, y por lo que señalaban ayer distintas fuentes de la investigación, en principio no consta que el hombre desaparecido haya abandonado el país. "No se descarta ninguna hipótesis. El hecho tiene como particularidad que a pesar de esos primeros contactos que sugerían que se trataba de un secuestro extorsivo no hubo más contactos en ese sentido", señaló un portavoz y agregó que, no 
obstante, el hecho se investiga como tal.

Pedido. En este marco, ayer la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia solicitó información sobre el paradero de Smud, descripto como un hombre de 69 años de tez blanca, una estatura de 1,76 metro, cabellos negros, ojos celestes y contextura mediana.


"Se solicita la más amplia colaboración de toda la ciudadanía a los fines de recabar información que aporte a la búsqueda", sostiene el comunicado del gobierno, y solicita que ante cualquier dato que alguien pueda aportar que se contacte con la mencionada repartición en su sede de Moreno 248 de Rosario, o bien a través de la línea gratuita 0800-555-3348.

http://www.lacapital.com.ar/policiales/Investigan-como-secuestro-extorsivo-la-desaparicion-de-un-comerciante-20140725-0021.html

lunes, 12 de julio de 2010

Fernando Gonzalez Carey: El cementerio de libros extraños



El cementerio de libros extraños
Fernando Gonzalez Carey


Para Any, mi hermana.
In memoriam.




Apenas lo intuía por algunos indicios, por frases sueltas oídas en la librería de Bocha. Siempre sospeché que las alusiones a un cementerio de libros extraños en Roca era un recurso formidable de la librera para entretenernos, pero debo confesar que todo ello me enajenaba, y más habiendo leído hacía poco la novela del español Ruiz Zafón, La Sombra del Viento. Singular experiencia resultaría visitar un lugar así. Con los amigos de la librería solíamos fantasear sobre qué libros encontraríamos en ese privilegiado sótano (porque así lo imaginamos desde un comienzo) y acentuábamos la posibilidad de toparnos con olvidados y perdidos manuscritos locales.
Pero una vez cayó sobre la mesa un dato relevante, una inocente información que me dejó cavilando. El tal cementerio sería de libros muy especiales, que se correspondían con las posibles vidas que el autor nunca permitió transitar a sus protagonistas. Yo intuía que en ese lugar emergía el antídoto para que lectores disconformes pudieran sincerarse con la literatura. Una posibilidad más para salvar al autor de injustas condenas: sus creaciones guardaban en potencia múltiples facetas. Desde ese día presté más atención, a sabiendas de que Bocha sabía la verdad del lugar exacto de dicho cementerio. Junté indicios, anoté datos a medidas y entonces puede dibujar el misterioso lugar.
Una noche, me coloqué una capa negra que me protegiera de lluvias y vientos, y salí bien de madrugada. Crucé el canal cementado y encaré para el lado norte de la ciudad, hacia las bardas que la contienen. Una pequeña iglesia evangelista me advirtió que faltaba poco. Cuando llegué al edificio observé que al final de un endeble paredón aparecía una puerta de madera, con inscripciones hasta el hartazgo pero sólida como el cemento. Me atendió a través de una mirilla un rostro con cara de nadie, neutro.
- Señor…- y me miró inquisitivamente. Yo tuve que ponerme en puntas de pie y arriesgué una respuesta
entradora, que no pusiera límites.
- Justino, llámeme.
- Usted dirá
- El tiempo no me trató bien…
- Sabe que no puede regresar- deslizó después de una eternidad, con voz de caverna.
- Déjeme intentar.
Sin respuesta inmediata, quedé descifrando los garabatos de la puerta, pero rato
después se abrió y escuché la invitación para ingresar. Surgieron entonces ante mí decenas de estantes lineales, con libros muy manoseados, sucios de polvo y dispares en tamaño, que apenas dejaban un pasillo para transitar. Una luz mezquina cubría con tinte amarillento las colecciones. Cuando quise pedir explicaciones, me di cuenta de que estaba solo. Entonces, avancé con el alma entre las manos.
De a poco fui comprendiendo la organización del museo de libros. Eran ediciones casi desconocidas, olvidadas, ¿despreciadas?, ciertamente dejadas de lado por la población y por sus instituciones educativas. Me encontré con ensayos, biografías, novelas, diarios de viaje, cartas, poemarios, obras de teatro distribuidos por zonas y regiones del mundo. Busqué inmediatamente los de Roca y me entretuve acariciando los lomos de autores que conocía , las novelas de Alejandro Ponce, los cuentos de Claudio Alvarez, el teatro de Dinko Varga, los poemas Haydeé Massoni y de Clara Vouillat, y otros. Me sorprendí al ver mis Torres Vacías. Lo aparté con mucha delicadeza, pues parecía que me esperara y pasé sus páginas mientras sus títulos me arrastraban al pasado. La Hoja en Blanco, La Leyenda del Lago Aluminé, El examen…. Me entretuve nuevamente con este último y de repente descubrí que alguien estaba a mi lado.
- Profesor, ¿se acuerda de mí? - Su rostro no tenía puentes para abordarlo, así que fui sincero.
- No, no te recuerdo, pero ayudáme, son muchos los alumnos que tuve antes de jubilarme.
- De mí no se puede olvidar. Haga memoria, usted me tomó para uno de sus cuentos. Yo soy el de El
Examen, el que no supo…
- Sí, no sigás, sos el del turno de la tarde, el que no sabía quién era el amigo de Martín Fierro. Pasaron
tantos años…
- Sí, veinte o más, pero yo a usted no lo puedo olvidar - Nuevamente me dejaba en la duda de si me estaba
alabando o condenando. Uno tiene muchos errores que carga sobre su conciencia…
- ¿Qué hacés en este lugar?
- Qué sé yo, el ser humano es muy curioso, disconforme. Esta posibilidad de indagar sobre destinos
inimaginados de los héroes ficcionales me mueve, me gana. Ya me estaba cansando de las costumbres
conductistas de nuestros autores… Delinean a sus personajes sin permitirles opciones que no se correspondan
con el hilo de la narración, con el conflicto que se plantea en la obra…
- No te relaciono con ese muchachito que jamás leía los textos que sugería en clase…. Nunca me puedo olvidar
de tu silencio ante esa pregunta tan básica que te formulé sobre Fierro.
- Usted, en realidad, hace mucho que se quedó con la versión clásica de ese libro tan emblemático, la que todos
conocen. Sin embargo, en ese entonces yo había leído otra y por eso no pude responder la pregunta que
usted me hacía.
- Vamos…
- Le cuento. Hay otra versión del intento de apresar a Fierro que difiere de lo que relata Hernandez. La partida
policial, que conoce al temible gaucho, desiste de atacarlo por considerarlo valiente e injustamente perseguido.
Cruz entiende la postura de sus subordinados y regresa con ellos, entonces Fierro escapa al desierto y es la
cautiva quien le advierte de la peste que ya tiene síntomas en la toldería. Después la historia sigue como
usted ya la conoce. El sargento se redime ante los ojos del lector cuando explica a su hijo la postura que tuvo
ante la orden recibida de apresar a Fierro. Por eso me encontré desorientado ante la pregunta de quién era el
amigo de Fierro….
- ¿Y por qué no me lo aclaraste en el examen?
- Es que en aquellos años sufría por no poder expresar lo que sentía y pensaba
- ¿Cómo es eso?
- Simplemente así.
- Contáme ¿de dónde sacaste ese nuevo Martin Fierro? Nunca pensé en la posibilidad de que el personaje
transitara otros caminos que los marcados por el autor…
- De aquí, de estas estanterías… Jamás me conformé con la historia oficial. Este cementerio tiene que ver con
posibles modos de construir una vida. Leyendo veo las cosas desde otra óptica …,constato cómo los
personajes de la ficción se rebelan contra su destino y van forjando uno distinto. Todo esto me enloquece y me
hace devorar la literatura…
- Te entiendo, los protagonistas de las ficciones fueron señalados por sus autores, pero podrían haber sido
tan distintos…. Es muy interesante.
- Claro que a veces el personaje es el mismo autor, escondido en los intersticios de la obra. Las variantes que
aquí se observan les revelan la vida magnífica que podrían haber vivido, creándoles, con seguridad,
melancolía, tristeza honda.- expresó esto y me miró fijamente.
- ¿Quiénes son esos ancianos que están en ronda como deliberando?
- Los autores de estas versiones. Son sabios que interpretan al autor, abriendo nuevas perspectivas al lector.
Se aprende mucho conversando con ellos.
Fue suficiente y, cuando se alejó, me quedé observando rostros –seguramente de escritores- que urgaban en los estantes, buscando con fervor cómo hubiesen vivido sus días. Muchos se retiraban derrotados, a sabiendas de que ya era tarde, muy tarde. Otros, simplemente lectores, indagaban la suerte corrida por sus héroes.
Me levanté decidido a revisar mis Torres Vacías, deseoso por saber si ese personaje que arrastraba tanta nostalgia en su mirar, tantos recuerdos acuñados en un pasado que el viento se bebió, tantos miedos y sentimientos de indefensión y tantas pasiones ocultas y sin aflorar, era otro. Yo quería saber, pero entonces advertí la presencia del portero, quien me dibujó una duda
- ¿Está seguro de que quiere reecontrarse con su libro?
- Quiero volver a navegar los mares infinitos de mi niñez y juventud, pero acompañado esta vez
con amigos y con espadas…
- La vida lo marcó y sin embargo pudo salir…
- Los recuerdos me pesan como anclas, me castigan.
- Déjelos que bullan aquí en las estanterías, que se multipliquen hasta el hartazgo.
- Me pareció que faltaba algo.
- No hay tiempo. Solo está el presente.

El viejo tenía razón. Acomodé mis pasos al camino irregular de los senderos de la biblioteca y fui regresando. Miraba las estanterías e intuía infinitas historias que jamás se dieron, pero yo solamente sonreía.

__________________________________________
General Roca, Primavera del 2008.


Fernando González Carey
Biografía
Fernando Gonzalez Carey, nacido en 1943, es oriundo de Rosario, pero vive hace 35 años en Gral. Roca (Provincia de Río Negro).

Profesor en Letras por la Universidad Nacional del Comahue (Neuquen), cursó estudios de filosofía y de teología en el Seminario Arquidiocesano de Rosario entre 1957 y 1969. Es autor de ficciones literarias y ha editado un libro de cuentos ("Torres Vacías" en editorial el Camarote, de Viedma).

Participa del Centro de Escritores de General Roca y tiene a su cargo la revista literaria "Desde el andén".

Obra de Fernando González Carey
Todas las obras de este autor publicadas en www.yoescribo.com



Carbonilla
Confusión y engaño
Decisiones a tiempo
El barquero
El espejo
el turbante de hielo
Galael, un cuento de Navidad
Invasión
La boina negra
La derrota
La duda
Lin Lin
Los pecados de la niñez
Los puertos y los barcos
No quiero más regalos
Soledad
Tadeo y Julieta
Tentación



Dirección de correo electrónico:

candilsurenio@gmail.com


fuente: el texto fue enviado por el Autor, al que agradezco y felicito.
Los datos bio-bibliográficos son de
http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=62119





sábado, 3 de julio de 2010

El "Zeide" que nunca conocí y las Fiestas de Fin de Año en la República Argentina


LAS FIESTAS DE FIN DE AÑO

En muchos países se festeja con "Cohetes ",cañas voladoras, petardos, 'rompe-portones' ( que en forma casera se preparaban en mi infancia con bulones y tuercas conteniendo como materiales explosivos mezclas de azufre y potasio en polvo, que al ser estrellados contra paredes, portones de galpones o el mismo empedrado de las viejas calles de hace 50-60 años, producían un terrible estruendo, que asustaba incluso al que lo disparó), 'estrellitas" ,otros explosivos, luces multicolores, música , etc.

Todos los años, para estas fiestas en la Republica Argentina, cientos de heridos, con quemaduras en distintas partes del cuerpo, chicos y jovenes que pierden la vista en uno o los dos ojos, son el resultado de esta primitiva forma de expresar alegría por las Fiestas de Fin de Año.

El ABUELO QUE NUNCA CONOCI

Para no ir mas lejos, les cuento mi anecdota personal. Corría el año 1925 en la ciudad de Rosario, Argentina. Fin de año, verano tórrido y húmedo, como corresponde a esa fecha del verano rosarino. Ya había anochecido, pero aún no era medianoche.

Se escuchaban estruendos de explosiones, en casas vecinas o en calles de la zona...La gente festejaba de esa manera, las fiestas navideñas y de fin de año....

En esa epoca no existian aparatos acondicionadores de aire, como en nuestra moderna era. Muy posiblemente tampoco había ventiladores, que tal vez no se habian inventado, o que de haberlos,solamente existian en viviendas de gente con buenos ingresos.

Los habitantes de escasos recursos, y tambien muchos de mejor nivel de vida, trataban de pasar esas noches calurosas y húmedas del verano, plagadas de mosquitos gigantes que enloquecían a todos,sin distinción de clases o recursos...

La mejor solución era dormir en los patios, sobre improvisadas camas o 'catres', tal vez en el suelo, sobre algún colchón arrastrado desde el dormitorio, o sobre una colcha vieja extendida en el patio, alguna frazada encima y sobre ella, finalmente, una sábana.

Otros, preferían abrir las ventanas, sobre todo las que daban a la calle y dejar abierta la puerta del dormitorio, a fin de disfrutar de alguna posible - en realidad ,casi imposible- la brisa que viniera desde el no muy cercano río Parana que rodea a esa hermosa ciudad, la más grande del litoral argentino.

Mi madre, que era una niña de 9 años, se había quedado ligeramente dormida en la cama de sus padres, mientras que su mamá terminaba de limpiar los platos, cacerolas , vasos y utensillos de la cena, en la cercana habitación -cocina de la casa.

Mi abuelo materno, a quien nunca conocí, se dispuso a dormir en su cama matrimonial, en la modesta casa de esa ciudad, que alquilaba con esfuerzo. Abrió la ventana de su dormitorio que daba a la vereda de la calle donde la casa estaba afincada. Se recostó al lado de su hija - la niña-mi madre- que se despertó y ambos miraban pasar las cañitas voladoras que cruzaban el aire rumbo al cielo, mientras que los estruendos de cohetes y 'rompeportones' estremecian la noche veraniega.

De pronto, una bala perdida, que había sido disparada en algun lugar desde algun revolver, posiblemente en dirección al estrellado cielo, entró imprevistamente por el hueco que el marco de la ventana abierta ofrecía.


La bala perdida se incrustó en una de las piernas de mi abuelo, quien se retorció de dolor y sus lamentaciones llegaron a la cocina, donde su esposa - mi abuela, estaba terminando sus tareas caseras de la noche.

Mi mama, con sus escasos 9 años rompió en llanto, mientras gritaba pidiendo ayuda.


No se exactamente quien y como trasladó a mi abuelo al Hospital Público mas cercano.Allí quedo internado y debió ser operado de esa pierna herida, que fue amputada luego por temor a una gangrena.
Hablamos de 1925, allá lejos y hace tiempo...


El abuelo nunca se recuperó.Empezó a usar un par de muletas, mientras hacia equilibrio con una sola pierna para desplazarse y no caerse. A los pocos meses falleció, no se si de tristeza o de algun infarto al miocardio.Nunca lo supe.Nadie lo sabe.


Y asi terminó su corta vida a los 49 años, mi abuelo Yaacov Rabotnicoff. Oriundo de una pequeña aldea ( cercana al pueblo de Bereznehuavate), en la Provincia de Gerson en la Ucrania dominada por el Imperio Ruso de los Zares .

Había logrado sobrevivir al frío aterrador de esa zona.

Había sobrevivido al Regimen Zarista opresor y antisemita y a los cosacos ucranianos antijudíos.


Habia engendrado una familia amplia y solidaria, allá lejos. El vislumbró la posibilidad de una vida mejor y en plena libertad . Cruzó países europeos, buscando un barco para llegar a la soñada tierra sudamericana. Se embarcó en tercera Clase en algún Barco medio oxidado que lo trajo a las costas de Buenos Aires, en la Promisoria Republica Argentina, a principios del 1900.

De la vida sacrificada como agricultor en la Colonia Dora, en la Provincia de Santiago del Estero, junto a su delicada esposa Slave Zelde Rabquin y sus nueve hijas e hijos, luchando contra las condiciones del terreno, suelos salados, en parte desmontados por ellos mismos; con felinos y ofidios, con la escasez de agua potable, con los mosquitos y el calor reinante y otras, no me extendere ahora.

La llegada a la ciudad de Rosario ,se produjo despues de varios largos años de su vida de chacarero humilde y trabajador en el pequeño "campito" (que nunca fue suyo) situado a varios kilómetros del pauperrimo pueblito santiagueño conocido como "Colonia Dora", y que reunía a pocas familias de colonos judíos llegados de Ucrania y posiblemente de Rumania.

Cuando mi abuelo y su familia dejaron la chacra, solo tenían deudas, pero nada de bienes. Eso despues de años de sacrificio, trabajando duramente de sol a sol, sufriendo las inclemencias del tiempo y viviendo frugalmente en una humilde vivienda campesina con paredes de paja y barro ...

Lic. Jose Pivín- 1 de Julio de 2010
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo.

(*) ZEIDE: ABUELO/NONO/GRANDPA/SABA







jueves, 1 de julio de 2010

El Abuelo que nunca conocí y las Fiestas de Fin de Año en la República Argentina




LAS FIESTAS DE FIN DE AÑO

En muchos países se festeja con "Cohetes ",cañas voladoras, petardos, 'rompe-portones' ( que en forma casera se preparaban en mi infancia con bulones y tuercas conteniendo como materiales explosivos mezclas de azufre y potasio en polvo, que al ser estrellados contra paredes, portones de galpones o el mismo empedrado de las viejas calles de hace 50-60 años, producían un terrible estruendo, que asustaba incluso al que lo disparó), 'estrellitas" ,otros explosivos, luces multicolores, música , etc.

Todos los años, para estas fiestas en la Republica Argentina, cientos de heridos, con quemaduras en distintas partes del cuerpo, chicos y jovenes que pierden la vista en uno o los dos ojos, son el resultado de esta primitiva forma de expresar alegría por las Fiestas de Fin de Año.

El ABUELO QUE NUNCA CONOCI

Para no ir mas lejos, les cuento mi anecdota personal. Corría el año 1925 en la ciudad de Rosario, Argentina. Fin de año, verano tórrido y húmedo, como corresponde a esa fecha del verano rosarino. Ya había anochecido, pero aún no era medianoche.

Se escuchaban estruendos de explosiones, en casas vecinas o en calles de la zona...La gente festejaba de esa manera, las fiestas navideñas y de fin de año....

En esa epoca no existian aparatos acondicionadores de aire, como en nuestra moderna era. Muy posiblemente tampoco había ventiladores, que tal vez no se habian inventado, o que de haberlos,solamente existian en viviendas de gente con buenos ingresos.

Los habitantes de escasos recursos, y tambien muchos de mejor nivel de vida, trataban de pasar esas noches calurosas y húmedas del verano, plagadas de mosquitos gigantes que enloquecían a todos,sin distinción de clases o recursos...

La mejor solución era dormir en los patios, sobre improvisadas camas o 'catres', tal vez en el suelo, sobre algún colchón arrastrado desde el dormitorio, o sobre una colcha vieja extendida en el patio, alguna frazada encima y sobre ella, finalmente, una sábana.

Otros, preferían abrir las ventanas, sobre todo las que daban a la calle y dejar abierta la puerta del dormitorio, a fin de disfrutar de alguna posible - en realidad ,casi imposible- la brisa que viniera desde el no muy cercano río Parana que rodea a esa hermosa ciudad, la más grande del litoral argentino.

Mi madre, que era una niña de 9 años, se había quedado ligeramente dormida en la cama de sus padres, mientras que su mamá terminaba de limpiar los platos, cacerolas , vasos y utensillos de la cena, en la cercana habitación -cocina de la casa.

Mi abuelo materno, a quien nunca conocí, se dispuso a dormir en su cama matrimonial, en la modesta casa de esa ciudad, que alquilaba con esfuerzo. Abrió la ventana de su dormitorio que daba a la vereda de la calle donde la casa estaba afincada. Se recostó al lado de su hija - la niña-mi madre- que se despertó y ambos miraban pasar las cañitas voladoras que cruzaban el aire rumbo al cielo, mientras que los estruendos de cohetes y 'rompeportones' estremecian la noche veraniega.

De pronto, una bala perdida, que había sido disparada en algun lugar desde algun revolver, posiblemente en dirección al estrellado cielo, entró imprevistamente por el hueco que el marco de la ventana abierta ofrecía.


La bala perdida se incrustó en una de las piernas de mi abuelo, quien se retorció de dolor y sus lamentaciones llegaron a la cocina, donde su esposa - mi abuela, estaba terminando sus tareas caseras de la noche.

Mi mama, con sus escasos 9 años rompió en llanto, mientras gritaba pidiendo ayuda.


No se exactamente quien y como trasladó a mi abuelo al Hospital Público mas cercano.Allí quedo internado y debió ser operado de esa pierna herida, que fue amputada luego por temor a una gangrena.
Hablamos de 1925, allá lejos y hace tiempo...


El abuelo nunca se recuperó.Empezó a usar un par de muletas, mientras hacia equilibrio con una sola pierna para desplazarse y no caerse. A los pocos meses falleció, no se si de tristeza o de algun infarto al miocardio.Nunca lo supe.Nadie lo sabe.


Y asi terminó su corta vida a los 49 años, mi abuelo Yaacov Rabotnicoff. Oriundo de una pequeña aldea ( cercana al pueblo de Bereznehuavate), en la Provincia de Gerson en la Ucrania dominada por el Imperio Ruso de los Zares .

Había logrado sobrevivir al frío aterrador de esa zona.

Había sobrevivido al Regimen Zarista opresor y antisemita y a los cosacos ucranianos antijudíos.
Habia engendrado una familia amplia y solidaria, allá lejos. El vislumbró la posibilidad de una vida mejor y en plena libertad . Cruzó países europeos, buscando un barco para llegar a la soñada tierra sudamericana. Se embarcó en tercera Clase en algún Barco medio oxidado que lo trajo a las costas de Buenos Aires, en la Promisoria Republica Argentina, a principios del 1900.

De la vida sacrificada como agricultor en la Colonia Dora, en la Provincia de Santiago del Estero, junto a su delicada esposa Slave Zelde Rabquin y sus nueve hijas e hijos, luchando contra las condiciones del terreno, suelos salados, en parte desmontados por ellos mismos; con felinos y ofidios, con la escasez de agua potable, con los mosquitos y el calor reinante y otras, no me extendere ahora.

La llegada a la ciudad de Rosario ,se produjo varios largos años despues de su vida de chacarero humilde y trabajador en el pequeño "campito" situado a varios kilómetros del pauperrimo pueblito santiagueño conocido como "Colonia Dora", y que reunía a pocas familias de colonos judíos llegados de Ucrania y posiblemente Rumania.
Cuando mi abuelo y su familia dejaron la chacra, solo tenian deudas, pero nada de bienes. Eso despues de años de sacrificio, trabajando duramente de sol a sol, sufriendo las inclemencias del tiempo y viviendo frugalmente en una humilde vivienda campesina ...

Lic. Jose Pivín- 1 de Julio de 2010
frente al puerto de Haifa
frente al Mar Mediterráneo.