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sábado, 15 de enero de 2011

Florentino Portero escribe sobre "Un Estado palestino"



Un Estado palestino

por Florentino Portero
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Nuestra ministra de Asuntos Exteriores ha declarado que espera que 2011 nos traiga un Estado palestino. Para bien o para mal, que de todo hay, los deseos del ministro de Asuntos Exteriores de España son algo perfectamente irrelevante en la política internacional, sin embargo como español me siento obligado a hacer algunos comentarios sobre lo que ese anhelo podría conllevar.


La declaración y posterior reconocimiento de un Estado palestino en la orilla occidental del río Jordán es una justa demanda de la población árabe que habita en esos territorios, sea cual sea su religión. De convertirse en realidad sería, por fin, el colofón del proceso de descolonización que tuvo su inicio en la descomposición del Califato, es decir del Imperio Turco, tras la I Guerra Mundial; que continuó con el mandato británico sobre Palestina –ambas orillas del Jordán–; y fue seguido por la declaración de independencia de Jordania e Israel.


Los palestinos deberían tener un Estado para bien de todos y si no lo tienen es porque no aceptaron compartir la Cisjordania con un "Estado judío". Podía haber un "Estado árabe" desde 1948, con fronteras mucho mayores que las que ahora se encuentran sobre la mesa de negociación, y todos nos habríamos ahorrado muchos problemas, vidas y haciendas... pero creyeron disponer de la fuerza suficiente para quedarse con todo y optaron por la fuerza.



Para Israel es una necesidad estratégica que un Estado responsable se haga cargo de la administración de los territorios árabes, porque de otra manera son los servicios israelíes los que tienen que ocuparse de vigilar e intervenir continuamente. Ese Estado puede ser uno palestino de nuevo creación o podemos asistir, de nuevo, a un reparto entre Egipto y Jordania. Para Israel, como para Estados Unidos o los Estados europeos, lo importante es que los árabes resuelvan sus propios problemas y lleguen a un entendimiento con Israel.



Está claro que todos queremos un Estado para los palestinos. ¿Cuál es entonces el problema que tiene a la comunidad internacional ocupada desde hace décadas? Un Estado no es el mero resultado de un acto de voluntad. Necesita dotarse de unas fronteras reconocidas por sus vecinos y de una autoridad capaz de asumir la responsabilidad de garantizar la seguridad a sus ciudadanos y a sus vecinos. Vayamos por partes. ¿Cuáles serían sus fronteras? La Liga Árabe y la Autoridad Palestina siguen la doctrina establecida por la casa de Saud y exigen el reconocimiento de "las fronteras anteriores a 1967". ¿Cuáles son esas fronteras?


La respuesta es muy fácil porque en toda la historia del conflicto árabe-israelí sólo ha habido unas fronteras, las que estableció Naciones Unidas en 1947, las mismas con las que Israel declaró su independencia en 1948. ¿Se refieren a éstas los diplomáticos árabes? No. Faltando a la verdad una vez más han decidido rebautizar como frontera la Línea verde, término con el que conocemos la demarcación entre las fuerzas israelíes y las árabes en el Armisticio de 1949, tras la conclusión de la primera de las guerras.


El territorio delimitado por la Línea Verde del lado árabe es considerablemente menor que el que la Asamblea General de Naciones Unidas propuso a esta comunidad, pero tras décadas de guerras y derrotas la diplomacia árabe considera que esta Línea supone todo lo más a lo que pueden aspirar.
No hay fronteras y éstas sólo pueden ser el resultado de un acuerdo entre árabes e israelíes en el marco de una negociación que incluya y resuelva los otros grandes temas que perturban la convivencia en Oriente Medio: el futuro de Jerusalén, el "derecho de retorno" de los árabes procedentes de territorios que hoy son indiscutiblemente de Israel, la seguridad de las partes y el suministro de agua.

Llevan décadas malviviendo sin fronteras y puede que la situación se prolongue algunas más. Lo que no es realista es creer que la disputa se pueda resolver diplomáticamente sin un compromiso total entre las partes. La ficción de que "las fronteras anteriores a 1967" pueden convertirse en definitivas es sólo eso, una ficción impropia de profesionales de la diplomacia.
Pero no sólo de fronteras viven los Estados.


¿Quién tiene la autoridad para garantizar el orden? Todos sabemos que los palestinos viven en una guerra civil de baja intensidad entre nacionalistas e islamistas, que Cisjordania está bajo el control de los primeros mientras Gaza se ha convertido en un reducto de los segundos. Aún siendo una zona de clara mayoría sunita, Irán se ha hecho fuerte en Gaza a través de Hizbolá, humillando a su rival saudí.


No hay elecciones porque Hamás se niega a que las haya. En la hipótesis de que se acordaran unas fronteras, ¿alguien duda que Palestina se convertiría en un Estallo fallido con Irán enredando hasta lograr la inviabilidad del Estado de Israel?
La diplomacia no es un ejercicio de hacer frases bonitas.


La España que volvió al "corazón de Europa" y que no cesa de plantear sandeces se ha convertido en un actor irrelevante a quien nadie escucha, de ahí la limitada peligrosidad de los comentarios, anhelos y ensueños de nuestra ministra. Aun así, que no recaiga sobre nuestros hombros la responsabilidad de echar más leña al fuego en la caldera de Oriente Medio.

Con destruir nuestra propia Nación ya tenemos suficiente.


31 de Diciembre de 2010

http://m.libertaddigital.com/?op=opinion&id=57776




Florentino Portero Rodríguez

Profesor Titular




(Madrid, 1956) Licenciado en Geografía e Historia, especialidad de Historia Contemporánea, por la Universidad Complutense de Madrid en el año 1980. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, con una tesis realizada bajo la dirección del Catedrático D. Javier Tusell Gómez titulada Política exterior española. Las relaciones hispano-británicas, 1945-1950. Junio 1988.


Profesor del Centro de Estudios Universitarios San Pablo, desde Octubre de 1984 hasta Julio de 1986. Profesor Colaborador del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1985 a 1987. Profesor del Centro de Estudios Internacionales, Toledo, (Programa de la Universidad de Minnesota en España). Profesor Ayudante LRU del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1987 a 1989.Visitong Fellow del Centre for Contemporary Spanish Studies del Queen Mary College, University of London, durante los cursos académicos 1988-89 y 1989-90. Profesor Titular Interino del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Enero de 1989 a 1990. Profesor Titular del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, desde Octubre de 1990. Visiting Professor del Spanish and Portuguese Studies Department de la University of Minnesota, cursos 2001-02 y 2006-07.

FUENTE:http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,696188&_dad=portal&_schema=PORTAL


jueves, 23 de diciembre de 2010

Palestina: reconocer lo que no es

Por Horacio Vázquez-Rial




Hay gente que me pregunta porque supone que sé algo al respecto. Pero no sé, nunca fui informado de que se hubiese constituido un Estado palestino, lo que en cualquier caso hubiera sido una buena noticia. Para la paz, desde luego, porque no habría que negociar con una hidra; y hasta para la guerra, porque al menos habría un frente claro.



Lo cierto es que algunos gobiernos iberoamericanos, concretamente los de Brasil, Argentina y Uruguay, reconocieron el Estado palestino hace unos días, cuando tal entidad no existía. Sigue sin existir. Pero el día 9 Laura Caro, la corresponsal de ABC en Jerusalem, informó que http://www.abc.es/20101208/internacional/palestina-201012081526.html




La Autoridad Nacional Palestina está intensificando esfuerzos para tratar de conseguir la convocatoria esta misma semana del Comité Ejecutivo de la OLP y una reunión de emergencia de la Liga Árabe, donde buscarán [sic] "una posición conjunta" con los países árabes para solicitar a la ONU el reconocimiento del Estado palestino.




Las prisas se han activado después de que, anoche, altos funcionarios norteamericanos indicaran que Barack Obama ha abandonado la idea de seguir presionando a Israel para que congele temporalmente la construcción en los asentamientos que Washington ha perseguido durante las últimas semanas para tratar de poner en marcha el proceso de paz. La estrategia ahora será volver a concentrarse desde la próxima semana en los "asuntos cruciales y substantivos" del conflicto para tratar de avanzar hacia un "status permanente".




Lo que indica, al margen de lo que se nos quiera contar, que había un acuerdo previo, y que esas naciones suramericanas habían tomado partido en lo que iba a ser una negociación para un futuro impreciso que se concretó al día siguiente.




Israel lleva años proponiendo la solución de los dos Estados. De hecho, es una propuesta institucional desde 1947, implícita en el sentido de la Partición y de la Declaración de Independencia de 1948. Entonces fue la Liga Árabe, fundada en 1945, la que, tomando el relevo del Eje, rechazó la creación de Israel y decidió "echar a los judíos al mar". Y, por supuesto, no proclamó ningún Estado palestino, entre otras cosas porque Palestina no existía en los términos actuales: en 1956 Ahmed Shukari, embajador de la Liga Árabe ante la ONU, dijo con contundencia: "Una creación como Palestina no existe en absoluto. Esa tierra no es nada más que la parte meridional de la Gran Siria", como recordé a mis lectores no hace mucho.




La Liga Árabe tenía como objetivos fundacionales la descolonización y la independencia de los países árabes, y que en lo que al finalizar la Segunda Guerra Mundial era todavía el Mandato Británico en Palestina los judíos no establecieran un Estado independiente. ¿Por qué ahora, pues, tanta prisa? ¿Por qué ahora naciones suramericanas implicadas en la trama? ¿Por qué ahora Argentina, con gobierno peronista, cuando en 1948 el de Perón fue de los primeros en reconocer en Naciones Unidas el Estado de Israel? (Sobre la época, conviene conocer la obra del historiador israelí Raanan Rein, que yo utilicé extensamente en mi libro Perón, tal vez la historia).




Ahora, porque Venezuela forma parte de la OPEP y es quien manda en el proceso de aproximación de Iberoamérica a las posiciones árabes. Ya logró la inclusión (y la dependencia) del Ecuador de Correa en la organización de exportadores de petróleo. Y Lula y su sucesora aspiran a pertenecer a la misma. Cristina K., que ni siquiera sabe si quiere o no que su país también ingrese, atiende a los llamados de Caracas y Brasilia.




Jerusalem. Ahora, porque es el momento crítico de la gradual pero incesante penetración económica árabe en la América del Sur, penetración que ya es manifiesta en lo cultural: hasta tribus indígenas del Amazonas han entrado en el proceso de conversión y han asumido el islam, con el aliento del dictador venezolano.




Ahora, porque la cuestión de los asentamientos se relaciona de modo directo con Jerusalem, y saben los palestinos o quienes manden sobre ellos que sólo desde un Estado podrán reclamar, ya no sólo Jerusalem oriental, sino toda la ciudad como capital: de ahí la ofensiva seudocientífica en el plano de la historia, en la que han desplegado todas sus fuerzas académicas para corregir el pasado en un arco que va de la Tumba de Raquel al desarrollo de las ciencias físicas. Están reelaborando el pasado de tal modo que se creería que el islam es padre y madre de la Ilustración. Y aunque Jerusalem existe como tal desde el siglo XI a. C., es decir, 1.700 años antes del nacimiento de Mahoma, confían en que la propaganda, la adulteración de datos y otras trampas convenzan a alguien de que la verdad no es tal. Son expertos en ello.




Ahora, porque así podrán decir que la iniciativa de la creación del Estado palestino no surgió de la resolución 181 de la ONU (1947), sobre la partición de las tierras bajo mandato británico, ni del propio Israel, que propugnó y propugna la solución de los dos Estados, sino de su propio coleto.




¿Qué significa todo esto?




Que están perdiendo. El hecho de que la Liga Árabe abdique de posiciones que ha mantenido durante 63 años, y que han condicionado durante todo este tiempo la política de la OLP (reconocida por la ONU como observadora y representante del pueblo palestino desde 1974), y los constantes boicots a cualquier solución que implique la idea de los dos Estados es una bajada de pantalones en toda regla.




O que están ganando y consideran que la existencia de un Estado palestino con capital en Jerusalem –que nadie dude de que ése es el proyecto– y fronteras anteriores a 1967 –es lo que dijo Lula– podría ser un paso más hacia el viejo y nunca olvidado proyecto de echar a los judíos al mar. Porque el que hoy reclamen un Estado propio no significa que acepten dos Estados. ¿Fue esto lo que movió a Netanyahu a reclamar a Abbas el reconocimiento de Israel como "Estado-nación del pueblo judío" el pasado octubre? Porque se trata de algo más que de reconocer el Estado de Israel en los términos en que lo hizo Arafat en su día, cuando únicamente habló de su derecho a existir.




Creo que sabemos –lo espero de mis lectores– lo que es la ONU y lo que se puede esperar de ella a día de hoy: nada que tenga que ver con la justicia y la razón. Ciento noventa y dos Estados miembros (entre los cuales no se cuentan el Vaticano ni Taiwán), gran parte de los cuales son dictaduras (teocracias como Arabia Saudí, o estructuras políticas totalitarias como China –en el Consejo de Seguridad–, o la mayoría de los países africanos) y de los que 22 pertenecen a la Liga Árabe y 57 a la Conferencia Islámica (más de un cuarto, que no es ninguna tontería, aunque sólo 56 voten porque Palestina sólo observa). Esa monstruosa burocracia, que sostiene una organización como la Unesco, de creación soviética y totalmente volcada a la corrección islámica de la historia, es la que tiene que decidir si hay o no hay Estado palestino. Por supuesto, si Abbas lo pide, lo obtendrá, de modo que hay que empezar a contar con Palestina como Estado, con voz y voto, y con una intifada planetaria en celebración del triunfo.








www.vazquezrial.com

http://exteriores.libertaddigital.com

Difusion: www.porisrael.org