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viernes, 19 de noviembre de 2010

María Cristina Solaeche, poeta y escritora venezolana nos trae a CARLOS BORGES, poeta, orador y ensayista

CARLOS BORGES

“Poemario”: cantos del alma y del cuerpo
¡armonía del cielo y la tierra!


por María Cristina Solaeche


Debe haber algún lugar en nosotros mismos
donde cesa el combate de los contrarios
y no se juega más a cara o cruz
donde las cosas brillan con su propia lumbre
donde la mirada resplandece en el silencio
dominios del blanco
donde se unen el agua y el fuego sin violencia

Juan Liscano



Carlos Borges Requena, poeta, orador y ensayista, nace el 25 de noviembre de 1867, en Caracas, capital de Venezuela.

Los estudios de primara los realiza en su ciudad natal, en el Colegio Santa María.
Después de estudiar en la Facultad de Derecho, ingresa a los veintitrés años al Seminario Jesuita de Caracas, y el 10 de marzo de 1894 se ordena como sacerdote. Seis años después, en 1900, se gradúa de Doctor en Teología en la Universidad Central de Venezuela.

Al poco tiempo de graduarse, su inquieto y apasionado espíritu le hace irse de Venezuela buscando calma para sus humanos ardores.
Regresa al país a principios del siglo XX, se entrega de lleno a la escritura y se rinde ante el poder político dictatorial de Cipriano Castro, desempeñándose como su Secretario Privado, Castro ejercía ya la Presidencia de la República desde 1899, para esos momentos, ya es conocida su disipada vida que lo conduce a la suspensión sacerdotal.

Se enamora apasionadamente de una mujer de la que apenas se recuerda el sobrenombre de Lola, y la que será la protagonista de la mayoría de sus temas de encendido apasionamiento.


Tus caderas de ánfora,
redil de mis pecados 1

A partir de 1902 es colaborador de la revista El Cojo ilustrado. Quedando gran parte de su producción intelectual dispersa en revistas y periódicos de la época, donde publicaría sus mejores poemas y ensayos.

Con la llegada de Juan Vicente Gómez, apodado “El Bagre” o “El Benemérito”, al poder en 1908, su nuevo destino es la cárcel por gritar “vivas” a Castro, justamente el mismo día en que Gómez lo depone, mediante un sui géneris golpe de Estado. Del presidio sale cargado de nefastas vivencias cuatro años después, en 1912, decidido a buscar y reencontrarse con su amor Lola. Pero ella fallece, y Carlos Borges se dedica esta vez desesperadamente al alcohol. Otra vez su faceta mística sale en su rescate y vuelve cual mansa oveja al redil eclesiástico, abjurando publicamente de su pasada vida “libertina” desde el púlpito en la ciudad de Barquisimeto, ciudad donde ejercerá de Profesor en el Seminario desde 1915 a 1919.


De nuevo se enamora, y al mismo tiempo que lanza ardorosos sermones desde el estrado de su iglesia en Barquisimeto, sus poemas se vuelven cada vez más sensuales. Viaja nuevamente, y se cree que esta vez lo hace con su enamorada, una actriz de teatro. Luego, de nuevo, por razones desconocidas, regresa al refugio de la Iglesia, esta vez para dedicarse al cuidado abnegado y con esmero de un asilo católico de enfermos mentales.

En 1915, un grupo de músicos decide darle una serenata al presbítero Carlos Borges, entonan un vals venezolano inédito aún para esos años, compuesto para bandolín por el músico larense Antonio Carrillo, y cuentan las crónicas, que es el mismo Borges quien le da el nombre al que será conocido como una pieza selecta del repertorio musical venezolano: “Como llora una estrella”.

La última etapa de su vida, reconciliado con el tirano Gómez, se convierte en el Capellán de su Ejército desde 1919 hasta su muerte. Con su existencia a ratos licenciosa a ratos santificante, además de pertenecer al grupo de íntimos amigos del dictador; escribe loas de magnanimidad como expresión de gratitud al “Benemérito” y a la Iglesia Católica que lo recibe nuevamente en su seno.

El sátrapa lo escoge para varios discursos por su brillante oratoria, entre ellos se recuerda el notable pronunciado en la inauguración de la Casa Natal del Libertador; sin embargo, cuando el Perú solicita a Venezuela que envíen a Borges para el discurso de la Batalla de Ayacucho, “el Bagre” se niega, frustrando al orador Borges.

No intentemos deshacer el apretado nudaje que es la trama de la amalgama de su vida, a través de la iglesia, del servicio eclesiástico, del rendimiento a un tirano y de la literatura que lo sustenta, porque seguramente, nos conduciría a un callejón sin salida.

Murió el 21 de octubre de 1932, en la ciudad de Maracay.
El 2 de marzo de 1953, son exhumados sus restos mortales en la Zona Vieja, Cuartel A, del cementerio de la ciudad de Maracay en el Estado Aragua.

Cada violento cambio en su vida es acompañado a su vez, de un violento cambio en sus escritos, del fervor religioso salta a la pasión erótica y de ésta de nuevo a aquél. Así, los poemas de sus circunstancias espirituales son hermosas jaculatorias y los amorosos el preludio del erotismo en la lírica venezolana. Conoce la expulsión de la Iglesia, dada su pasión afectiva, también la dobleguez del arrepentimiento y el regreso de nuevo al seminario, una y otra vez.

Sin embargo, es más conocido por su oratoria, se reconocen sus cualidades de gran orador en el púlpito y fuera de él en actos religiosos, civiles y militares de la Patria, y su elocuencia tribunicia es notoria.

Es autor de uno de los poemas conocidos como “Macabros” cuya musicalización se atribuye posteriormente al cubano Alberto Villalón. Se cree lo escribió en los depresivos años cerca de 1855, y es conocido con el nombre de Boda Negra, pero originalmente se titulaba Boda Macabra, que empezó a circular a partir de 1893, y sobre el que el mismo poeta escribe:

Esa lúgubre fantasía de mis dieciocho años era un presentimiento. ¡Pobres versos! La Musa, vidente, al inspirármelos, me anunciaba el dolor más intenso de mi vida. Yo vi la urna blanca de mi dulce novia bajar al fondo del sepulcro. Yo vi a la tierra tragarse aquella flor de gracia y belleza. En la amargura de mi duelo puedo exclamar como Jacob: murió Raquel en el camino... y era el tiempo de la primavera”.
Mi alma tiene tedio de la vida. Como el amante de la antigua canción quisiera dormirme para siempre ¡oh, eterno Amor mío! Abrazado a tus huesos.

Sin embargo, transcribimos aquí algunos extractos de lo que con apenas salido de la adolescencia ya escribía. Cuentan que lo escribe basándose en unos comentarios que oye en esos años mozos, narrados por el enterrador de la región, y su ferviente imaginación la traslada con su lírica al papel, en versos como estos:

Oye la historia que contóme un día
El viejo enterrador de la comarca:
-Era un amante a quien por suerte impía
Su dulce bien arrebató la Parca.
Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
En una noche horrenda hizo pedazos;
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra y se llevó en sus brazos
el rígido esqueleto de su amada. 2

(…)

Un único poemario publica en su vida, titulado sencillamente Poemario, de apenas 64 páginas, siempre en un continuo vaivén entre el amor divino y el amor carnal, entre el altar y el lecho. Un ser humano paradójico y extravagante. La crítica literaria ha destacado su oratoria, pero en desmedro, han abandonando la mayoría de las veces al poeta.

Poesía enmarcada en el Modernismo venezolano con uno de sus mejores representantes, el poeta Carlos Borges, con su paisaje interior que trasciende el adusto moralismo, en un trasiego hacia una “elocuencia poética” que ensancha su poder insinuante, la belleza sensorial donde puede refugiarse, él, quien describe sentimientos muy personales reflejos del estado del ánimo. Escoge cuidadosamente sus palabras produciendo hermosos efectos de musicalidad. Recupera versos del arte mayor escasamente utilizados, endecasílabos y alejandrinos, en versificación regular o en versos sueltos o blancos que se ajustan a la métrica pero no tienen rima, estableciéndose ésta apenas entre el verso final de la estrofa y la rima interna, con el uso abundante de recursos expresivos, figuras literarias, adjetivación ornamental y palabras cultas y sugerentes.

Una poesía que a decir de Salvador Garmendia, nos abre la puerta del erotismo en la poesía venezolana, un erotismo ineluctable en todos sus poemas amatorios.

Y los que oían o leían sus poemas sentíanse estremecidos por una inexperimentada fruición, semejante a la que produce la mezcla de lo dulce y de lo ácido en un fruta tropical, por aquella mezcla de pecado y de piedad, de sensual delectación y de ardiente misticismo, que revelaba en su autor la dualidad del poeta pagano, enamorado de la vida, y del poeta cristiano, con las miradas fijas en el más allá,
Antonio Arráiz


En el templo majestuoso, claro, inmenso en el espacio
la radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
que el altar del firmamento inefable aroma dan:
y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
los luceros tembladores,
y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldebarán
(…)
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
esperanzas tan queridas
que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

¡Oh Jesús enamorado, tierno esposo de mi alma,
no me basta ser el cirio que en las horas de alegría, se consume en tus altares en ardiente adoración:
en tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
haz que tenga noche y día
como lámpara eucarística encendido el corazón
(…)
¡Tú me bastas, Amor mío, en el cielo del Altar! 3

Ese contraste seductor entre el espíritu místico, y el profundo amor a la mujer y la encantadoramente desenfrenada pasión, con que nos dice:

Besa los senos de la mar dormida
el sol enamorado, como un rey
que sus oros y púrpuras olvida
a los pies de la hermosa Loreley.
(…)
Apoyado en el áncora tu bello
brazo desnudo al marinero incita;
la cruz que pende de tu níveo cuello
sobre tu ardiente corazón palpita
(…)
Y el corazón, la entraña adolorida
en el dorado anzuelo del Amor,
para la cruel sirena de la vida
es a un tiempo carnada y pescador. 4

Sus votos sacerdotales nunca le impidieron vivir en sus momentos la bohemia de la época, revelándolo en sus poemas de hombre y poeta sensual y atormentado, donde los versos afloran con transparencia su drama interno, sin falsedad alguna, a ratos espiritual, ascético adorador y arrepentido, en otros disfrutando el gozo del amor y la sensualidad del cuerpo de la mujer amada y común en todos, esa su nostalgia:

Puesto el oído al eco de la noche,
a la voz de las ondas y los vientos,
viajera el alma en el país brumoso
de lejanos, tristísimos recuerdos,
el grande artista sueña… ya lo invade
la inspiración del genio,
la encarnación del arte
ya informa el ideal en su cerebro…

Después… febril, apasionado, loco,
luz en los ojos y en la frente fuego
intérnase en la sombra
del gran salón desierto…
y acariciando el piano adormecido
le cuenta sus ensueños…
Escuchad!... ¡Es el canto de los astros,
la armonía del alma y de los cielos! 5


Con esa tonalidad, sus poemas zigzaguean entre el apasionado erotismo y el paradisíaco acento místico, se le vincula al movimiento modernista, sin embargo, su lenguaje aún está imbuído del romanticismo, y ramalazos neoclásicos a los que lo inclinan su formación religiosa y sus estudios eclesiásticos:

Ante la imagen de Jesús rezaba
con místico fervor mi devoción,
cuando cerca de mí paso una hermana,
casi rozando con mi corazón.

El demonio bíblico y maldito
me hizo, ¡Dios mío!, profanar mi rezo,
corrí tras ella, la alcancé, y la vida,
la vida toda se la di en un beso.

Cuando a mi puesto volví cual Judas,
con la cabeza baja avergonzado,
el buen Jesús me dijo con ternura:

Obedeciendo a Jesús prolijo
corrí tras ella, la volví a alcanzar,
y al agarrarla me grito: “¡Bandido!”
Pero más dulce la volví a besar. 6

El sacerdote y el poeta Carlos Borges viven paralelamente en su vida la acción del católico militante y el éxtasis que produce el amor. La curiosa mezcla de minucioso realismo y de inspiración o intuición
desenfrenadas, las expresa con una meridiana claridad profundamente significativa. Para él, el alma es un poderoso guerrero espiritual cuando éste espíritu encuentra satisfacción y con ella escribe sus espirituales poemas, pero, ¡qué embriaguez de atracción voluptuosa, que fiesta de los sentidos, qué júbilo del arrebato del amor lúbrico que lo transfigura al igual que lo hizo su amor a lo divino! ¡Qué vuelo tan audaz, que dulce extravío!

En el caso de Carlos Borges el poeta, deseoso de comprometerse entre la palabra y la vida, la vida y la palabra, rebelde y con álgidas tensiones, sólo nos queda, recapacitar el abandono en que lo sumimos y asomar valientemente, el valor que su poesía encierra aún a pesar de las sombras a la que la hemos sometido; quizás a la “Patria Literaria” y a cada uno de nosotros lectores, nos propongamos dar por justo que, su hermosa poesía haga la contrapartida a la desidia, en las lecturas que de sus poemas hagamos, y en el nuevo y digno lugar en que a su obra poética coloquemos.

En la calma silenciosa de las noches estrelladas
la eternal magnificencia a la mente maravilla
al espíritu amedrenta con tremenda majestad
(…)
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de los mares
infinitos? 3

Como nota de luz en el pentagrama
Inmenso de los cielos,
Se miran las estrellas esparcidas,
Por el Eterno Artista… Los abetos,
Los pinos melancólicos, los sauces,
Como a gigantes liras hiere el viento;
¡Extraña sinfonía de los bosques
Acompañando el himno de los cielos! 5




Referencias Bibliográficas:

Extractos de poemas de Poemario, Caracas, Venezuela. 1943.

1. Dístico
2. Bodas negras
3. Lámpara Eucarística
4. A bordo
5. Nocturno
6. Pero más dulce

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG,

Recibí de la querida poeta y escritora María Cristina Solaeche este ensayo suyo
sobre la obra y vida de Carlos Borges, tambien venezolano. Lo publico aquí "favoreciendo la difusión de los poetas y poetisas venezolanos", como ella lo hace y dice.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo







sábado, 9 de octubre de 2010

María Cristina Solaeche :"GENOVEVA DE CASTRO. “Pájaro de barro”: con mi vestido de agua y mi bozal de arena...."



GENOVEVA DE CASTRO.
“Pájaro de barro”: con mi vestido de agua
y mi bozal de arena
.


por María Cristina Solaeche


Labraste mi alma como una hoja de tus montañas,
Pedazo de tierra mía,
y me diste todo el humo de tus neblinas para forjar mi fantasía,
y tus riachuelos y tus vertientes fueron
las hilachas que me vistieron.
Paternal en mis arterias volcaste
la oculta fuerza de tu savia buena,
y a la llanura triste me mandaste
con mi vestido de agua y mi bozal de arena.

Bhilla Serrana



Genoveva Morrel Romero, conocida como Genoveva De Castro, o bajo el seudónimo literario Yajaira, nace el 3 de enero de 1907, en Pueblo Nuevo, una tierra xerófila con cardones de dato y de lefaria, con su arena rojiza, su clima cálido y sus largas calles, en la península de Paraguaná, al norte del Estado Falcón, Venezuela, y muere en la misma península en 1992.


Desenvuelve su vida entre medios rurales, lo que seguramente influye en su escasa publicación en los diarios y revistas venezolanos.
Esporádicas colaboraciones aparecen en dos diarios del Estado Lara: El Impulso de Barquisimeto y El Diario de Carora. En Caracas se dan a conocer ocasionalmente algunos de sus poemas en los diarios El Universal, El Heraldo y La Esfera. Colabora en la Revista Cultural, edición mensual dirigida por Mario Zirit, de la que se divulgan ocho números entre abril y diciembre de 1942.

Su poemario Pájaro de Barro, se publica por vez primera, en Caracas, en el volumen Nº 34 de los Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos – Editorial Elite, en 1942, bajo el seudónimo Yajaira.


Una segunda edición del poemario lo lleva a cabo la Fundación Cultural Josefa Camejo, el Instituto de Cultura del Municipio Falcón, el Consejo Nacional de la Cultura CONAC y el Grupo Tiquiba, en el año 2004, con el prólogo El mundo como metáfora de Gregory Zambrano.
Tres cuadernos lo conforman: En la caja de arcilla, La zozobra del barro y Detrás de la onda aúlla el silencio, y un poema final El claro de la selva.

Y es este poemario que motiva la realización del presente ensayo:

GENOVEVA DE CASTRO. “Pájaro de Barro”: con mi vestido de agua y mi bozal de arena.

En sus poemas, las formas sensibles del ensueño amoroso reaparecen en imágenes metafóricas de sutil delicadeza, que permiten al lector un viaje al interior de su “corazón”:

Pájaro de barro…
para qué tengo alas?

Pájaro de barro…
para qué me llenaron de armonías?

Por qué me dieron
esta sed insaciable
de amplitud de horizontes
¡si estas alas de barro
no se pueden negar!
Por qué encerraron
en la caja de arcilla
la inquietud voluptuosa 1

Su poesía es reclamación, una reclamación colmada de ternura, demanda sobre la soledad, la ausencia, el silencio, el desencuentro, la espera, el vacío, la carencia, el olvido, el desconcierto, el desaliento, sentires en que la sume el hombre amado; detrás de ella está la angustia de la “incerteza”, el verso que interroga es al mismo tiempo presentimiento y escape:

¿Dónde estarás?
Tú
que habías de aquilatarme
y no viniste nunca.

¿Dónde estarás?
Blanca y blanda
te esperaba mi arcilla
para que tú moldearas
el vaso de tu vino.
(…)
Cántaro de caolín
Para la quintaesencia de tu barro.
(…)
Te ha llamado mi arcilla!
Te llama cuando siente el continuo lamer de las horas…! 2

No es sencillo situar a Genoveva de Castro en determinado movimiento literario, escuela o tendencia, algo que no es labor sencilla en relación a cualquier poeta, mucho menos en el caso de ella con su poética tan original, tan propia, auténtica, escrita más allá de los linderos de la ciudad, en su retiro rural. Podemos afirmar que, su poesía se desprende de la articulación entre el modernismo y la vanguardia, recuperando el legado del romanticismo con el predominio de las motivaciones interiores, la subjetividad, sesgada por los llamados “versos azules” en honor a Rubén Darío y con una tristeza remanente que revela rasgos modernistas y, en versos libres que asoman, anunciando la vanguardia.

Cada poema suyo es límpido, dotado de entereza, en un maderamen donde resalta una brillante sencillez, desprovisto del oropel, lejano de tinturas minuciosas, vehemente en los reclamos sin entregarse a la retórica, su verso es respuesta al brote poético de su interioridad que no acata ni responde a ningún plan, es la manifestación lírica de la incompletud de la mujer sin el hombre amado, nos ofrece el signo de su personalidad y su condición amorosa y vital en solitario.
Es el paisaje rural, el paisaje del campo árido, el marco dentro del cual se desenvuelve su poesía, y de vez en vez, llegan a ella los rumores de aquel mar de las hermosas playas de su terruño falconiano:

La palabra está anclada.

En una mar sin playas
la palabra está anclada.

Deambula la palabra muda
Sobre una mar profunda.

Y sus pasos azules eran leves.
Y su huella en la onda se desdibujaba
(…)
En la morena confidencia de una hoja seca
envolvió un gajo de brisas y un callado cantar de la tarde.3

La introducción que aparece en la primera publicación de Pájaro de Barro de 1942, nos dice:

La aparición de este volumen de poemas, viene a constituir la revelación de un alto valor de la poesía femenina venezolana. (…) Genoveva De Castro, por sobre todas sus virtudes poéticas, se señala de manera especial por su originalidad. Quizás su retiro rural ha sido factor decisivo para erigir una barrera que impidiese la influencia nefasta en su poesía de tanto erotismo desmedido y de tanta expresión ibarbouriana, como ha invadido a poetisas de nuestra América. Sus cantos serenos y transparentes, no pocas veces urdidos en tono de elevada pureza campesina, constituyen la voz franca de un selecto espíritu de mujer que desde el fondo de la provincia venezolana, nos hace llegar el acento y la voz de su arte.

Todo el poema está embebido en la evocación que cabalga el potro de la nostalgia amorosa, acompañada del recuerdo de un querer ausente. La poetisa no aparta al sujeto poético, es ella, y sus versos son un diálogo permanente con el hombre que ama, diálogo paradójicamente altivo y suplicante, aún los que parecen ser monólogos, no lo son, en ellos, ella habla para que él la oiga, en una denodada manera de afirmarse frente a los desafíos del aislamiento, lo sigiloso del abandono, el enrarecimiento del silencio, el agobio de la ausencia… todo girando en sí mismo alrededor de la palabra:

Tú venías…
Yo iba…

¡Camino de la vida!
Tú venías…
Yo iba…
(…)
En mi débil ramaje
acunaba el bosquejo
de un capullo de amor.

Y tus ojos radiaban
el milagro del sol…4

Voz de mujer en el contexto literario de la región coriana, voz que suscita acercamiento, con su tonalidad, sus registros y la expresión del canto de los azares entrañables de la vida, exenta de solemnidades, sin esconder su propósito esencial de recordar y clamar vividamente los olvidos, es voz y escucha del alejamiento:


¿Por qué acerqué a tus labios
el cántaro de mi alma,
fresco, claro?
¡si tú no tenías sed! 5

Poesía en soledad, que siente la herida del áspero abandono, y versifica el dolor escribiendo desde el apego de la memoria, con gráciles y vívidos versos, trasluce sus sentimientos, en un universo de dejaciones, en un entresueño impaciente:

Tú,
acercaste la copa.

Y humedecí los labios…
y fue como un remanso…

¡Un segundo nomás!

La copa quedó intacta.
Los labios medio-húmedos…

Y en el alma
¡la sed es más intensa! 6

Moderado lirismo de fresca y emotiva hechura amorosa y candorosa fortaleza frente a los monstruosos caprichos del desamparo, la sordina de los ecos del silencio y la carencia:

Huele a tierra mojada!
Ha llovido menudo tu recuerdo
sobre mi barro seco.
(…)
Huele a germinar de musgo.
Huele a monte
alto nuevo, lujuriosamente tibio.

La lluvia de tu recuerdo
ha remojado mi tierra. 7

El canto erótico con apasionada discreción, abrigador del arrojo amoroso, en una realidad agobiada por el dominio del hombre, sume a la poetisa en el desconcierto existencial frente al amor, dolida, mas sin aceptar totalmente el fracaso, rodeada del rural paisaje, da vida a su Pájaro de Barro, más allá del desasosiego de su lirismo:

Ven a llenar el cántaro.
No importa si una vez estuvo roto.
No era de cristal…
Tú lo sabías…

Este cántaro mío es de caolín.
Amor con amor se paga…
y me rindió el amasijo…
Ahora si cabe íntegro
tu barro! 8

Y llegamos los dos al minuto infinito.
-El minuto que no quiebra la onda en eco inútil.-

¿Hacia que inmensidad tú me llevaste?
Desde el minuto inmenso
nunca más vine a mí. 9


Canta en ella lo que hierve vida adentro, en la carnalidad transitoria, en la arcilla que habita el ser poético con sus cargas ineludibles.
Luis Alfonso Bueno

Su nombre y su obra injustamente es poco reseñada en compilaciones literarias, sin pertenecer su poesía a ningún movimiento feminista, ni urdir, ni meditar sobre ninguna orientación conceptual de este orden. No pueden leerse sus poemas sin detenerse ante un resaltante rasgo de su personalidad: su acendrado amor al hombre que quiere y su desconcierto frente al abandono, y es que, esta característica emotiva es el eje alrededor del que rota toda su expresión literaria:

Dentro del sin color de los silencios
La pupila felina de mi anhelo
-vertical y en ascuas-
Otea el cristalino tintineo de tus huellas,
Alargadas y azules de distancia. 10

Turbadas sugerencias le arrogan el caligrama de la anatomía del cuerpo como su realidad, en un sutil intento de velar los sentidos:

Tú venias por el norte. Yo venía por el sur.
Tendieron las Nereidas una recta de estrellas
por donde venías tú. 11

Una poesía al aguardo de lo único que un poema espera, que se le lea , se le sienta, se le oiga y se transmita de una voz a otra, de una generación a otra:

¿Por qué no habías venido? Cuando el alba
tiñó de rosa el ruedo de la aurora
yo prendí una azucena en mis cabellos
y en la ventana abierta de la espera
coloque el tiesto de claveles rojos.
(...)
Ven, acércate mucho, mucho ¡amado!
En esta fogarada de la tarde
alarga tu silueta con la mía.
Exprime la fresa. 12


En el pan de tu cena
yo te di mis espigas…
y extendí mi frescura gramínea
sobre tu lecho…

Toda
¡Toda! Yo misma
me corté íntegra…
Soy un haz de hierba seca. 13

Yo solo quiero revivir sus versos, poblar sus labios del agua del sonido, mitigar el dolor de la ausencia, entregarle la fragancia de los lirios de la plaza y que los jóvenes enamorados de mi pueblo sepan de sus estrofas llenas de luz, que en sus ojos vuelen redimidos miles de pájaros deslastrados del barro del olvido.
Isaac López

Es la voz de Genoveva De Castro, que emerge del meandro del abandono y lo expresa poéticamente con una fina sobriedad, en un lenguaje que congrega la angustia que le causa la incuria del hombre querido y su certeza de saberse atormentada de soledad y ausencia. Siempre él esta ausente, siempre ella espera, pregunta, reclama y espera en cada verso, para después, resignarse de nuevo y reanimarse en el poema. Los encuentros y desencuentros los evoca letra a letra, palabra a palabra.
Tan conmovida al requerir al amante, al hombre deseado, exquisita, franca, sublimando el tiempo silencioso y la corrosiva distancia:

Alma adentro.
Se va un huso clavando en la llaga
y un gusano va hilando un capullo.

Conticinio.
Tenaz la incertidumbre,
se desmonta en el pecho,
y crece… y se esponja…
y las voces ahoga
en una angustia de algodón moreno.
(…)
Y la enreda. Y la desenreda.
Y estira… y alarga la hebra…

Cómo va dilatándose la espera!
cómo entre los minutos caben siglos!
y como aprieta el alma la madeja!... 14

Y allí están sus poemas, y en sus versos ella, la poetisa Genoveva De Castro espera por sus lectores, y la Patria Literaria vuelve a contraer otra deuda y nosotros amantes de las letras, darle de nuevo voz a la sensible obra poética de esta falconiana.

Barro! Dolor de arena
que se enreda en la brisa.

Y botalón en llamas
donde la brasa muerde
la llaga que no cubre
la engañosa verdad de la ceniza.

Barro! Dolor de arena
que se enreda en la brisa. 15

Colofón hermoso estos últimos extractos , todo un recuerdo para finalizar este ensayo que pretende mostrar, como el vuelo de su pluma no se detiene en la imaginación de la poetisa, como ella toca a las puertas del lector, son sus esfuerzos por liberarse del confinamiento del olvido.


Referencias Bibliográficas:

Extractos de poemas del poemario Pájaro de Barro. Genoveva De Castro (Yajaira). Fundación Cultural Josefa Camejo. Instituto de Cultura del Municipio Falcón. Consejo Nacional de la Cultura. Grupo Tiquiba. Mérida. Venezuela. 2004.

1. Pájaro de barro
2. ¿Dónde estarás?
3. La palabra está anclada
4. Encuentro
5. El cántaro
6. Un segundo nomás!
7. Huele a tierra mojada
8. Amasijo
9. El minuto infinito
10. Sombra azul
11. Del otro lado de las veinte puertas
12. Acércate, amado!
13. Soy un haz de hierba seca.
14. Ansiedad
15. Barro



María Cristina Solaeche Galera, nació en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. Licenciada en Educación y Magyster en L.U.Z. Profesora Titular de la Universidad del Zulia. Creadora de la Biblioteca de Cultura General "Teresa de la Parra" de la Facultad de Ingeniería Extensión Cabimas (1989), miembro de la Comisión de Cultura General del Núcleo Universitario de Cabimas (1982-1990). Dicta la cátedra en Autodesarrollo "Cátedra del pensamiento Libre" (Cabimas 1981-1993). Colaboró en el aparte poético por Venezuela de la revista Sensibles del Sur, Argentina. Miembro de La Casa de la Poesía del Zulia.



Publicaciones:
“Un ceratias de Barro y Fuego” ARTESA (1992)


"Omar Khayyam: las Matemáticas, la Nada, el Vino y la Amada" (2002);


“Poemas” Revista Paradoja, West Virginia (2005),


"Amor asoma" en la Antología Verano Encantado del Centro de Estudios Poéticos de Madrid (2002); Poemario "Un amor de Miel y Ajenjo" (EDILUZ- 2003) "Cien Instrumentos Folklóricos Venezolanos" coautora con el Prof. Víctor Vega. (inédito, en tramite de edicion). "Poemas Oscuros" en elaboración, en preparación el poemario “Hombre mío, ronda de mis sentidos”. Escritora activa de las páginas: http://www.legamos.com/ de la Unica, http://www.poesite.com/ y http://www.textosentido.com/ y en la Revista Literaria Logogrifo.


Ademas, varias publicaciones cientificas de su especialidad.


Premios: “Vicente López y Planes”, Buenos Aires, 11-08-2004. Mención Peña Literaria “César David Rincón”, Corpozulia, CONAC, Ministerio de Educación Cultura y Deportes, Maracaibo, 22-09-2004. Reconocimiento a su trabajo literario, CONAC, Casa de la Poesía, Maracaibo, 29-11-2004. Arte Poética. Suplemento Literario, Maturín, 02-09-2005. Arte Poética. “La Oscura Claridad de la lira”, Maturín, 07-10-2005.

Nota del Editor:
Maria Cristina Solaeche Galera , además de ser una hermosa persona,
es una talentosa poeta y escritora venezolana que conocí a traves de
Internet.

He publicado varias de sus poesías en uno de los ejemplares de mi publicación digital "PAGINA 1", revista de cultura, literatura, arte,actualidad, novedades y tantas cosas bellas de la vida".

En este Blog Cultural "EL GALLO EN ALPARGATAS"(Blog serio con nombre risueño) he publicado cinco ensayos interesantes de María Cristina:

1) "El rapto existencial en la poesia de HANNI OSSOTT (el 07/02/2008)
2) "Cruz María Salmerón Acosta, EL SOLITARIO DE LA CIMA
DE MANICUARE" (el 22/02/2008).
3) "Luis Enrique Marmol: La locura del otro" ( mayo 2009)
4) Ismael Urdaneta “El poeta legionario”
"La errancia y la memoria en la vanguardia del lenguaje poético"(noviembre 2009)
5) Emiliano Hernández, 'el poeta de los adioses'(14 de marzo 2010)


Deseo a María Cristina todo lo mejor y excelente salud y que continue con su laboriosa misión de difundir los POETAS venezolanos.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo







domingo, 14 de marzo de 2010

María Cristina Solaeche Galera : Emiliano Hernández, 'el poeta de los adioses'

EMILIANO HERNÁNDEZ
“El poeta de los adioses”

por María Cristina Solaeche Galera



No es cuestión de tristezas Es la más
prolongada escalada del alma hasta su hueso
Es cuestión de esperanza de sed o brasa viva
que brota de lo largo de la calle
de las mesas
de adentro
de donde se cocinan las miserias
y las mil soledades

Gustavo Pereira

Emiliano Hernández Hasset, “el poeta de los adioses”, como él mismo se hacia llamar y así lo distinguiremos en este ensayo, fue periodista, poeta, novelista, cronista y ensayista, nace el 3 de diciembre de 1882, en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.
Su padre, el General Emiliano Hernández, héroe de la Federación Venezolana, destaca por su valor en las batallas de Mora y Guama; su madre, la Sra. Hasset nativa de Curaçao, Antillas Neerlandesas.
Estudia educación primaria en su natal Maracaibo, bajo la tutela del maestro colombiano Silvio Galvis. Desde los bancos de la escuela, Emiliano, niño precoz y vivaz, garabatea versos, y más tarde, escribe y declama sonetos aprendidos de memoria, con una altivez que ya desde tan pequeño dejaba entrever el hombre bizarro e irónico que sería. Apenas un adolescente, viste ingenuo y orgulloso el uniforme militar, adoptando posturas inocentemente heroicas, o derrochando fantasías marciales en los juveniles corrillos de la plaza Bolívar.
Se “moldea” a sí mismo, con un modo de pensar muy sui generis, un estilo de hablar muy propio y una manera de escribir muy suya. De temperamento inquieto, impetuoso, audaz, desconcertante, andariego, pintoresco, ingenuo, díscolo, bravucón, extremadamente generoso, conversador y ocurrente, con arrebatos violentos como llamaradas que se extinguen tan rápido como empiezan. Su físico mestizo, frágil, delgado, de áspero cabello ensortijado, con un rostro de labios nerviosos, una nariz ciranesca y unos ojos azules profundamente escrutadores como crepúsculos marinos, herencia materna, le da un singular plantaje.

Sandalia de peregrino
puso en mi vida el Azar
de la errante flor de mar
i del camello beduino.


Diome aspas de su molino
Don Quijote al batallar;
i un Hado mal el pesar
de los nervios i del vino.

Feo nací, en igual día
en que con ala sutil
me tocó la Poesía.

Larga nariz de Cyrano,
alma libre i señoril
i cabellos de africano.1

Es momento de rememorar, que el modernismo, fenómeno literario y extraliterario, se genera alrededor de 1880, como una de las piedras angulares en las que se apuntala la construcción de nuestra literatura latinoamericana, y con ciertas variantes, se da por terminado en 1916 con la muerte de Rubén Darío, otros estudiosos colocan su fin en 1920, e incluso en 1940. Se inicia teniendo como base el realismo naturalista, cuya sustentación filosófica es el positivismo, que expresa confianza en el progreso, en la victoria del espíritu científico y en el liberalismo económico, pero también, “la ley del más fuerte”, la apropiación del Estado por una oligarquía muy poco o nada sensible a la vida miserable en que está sumida la clase pobre y a las carencias que agobian a la clase media; así, la prosperidad que comienza en 1870, es “confiscada” por un grupo reducido de “ricachones”.
El modernismo se desarrolla y progresa en la América hispánica y de allí, se dispersa a Europa rápidamente. Los modernistas americanos, incitados por su fogosidad y anhelantes de estrechar lazos de amistad en toda la América de habla española, trenzan una extraordinaria trama de un lado al otro del mundo hispanohablante, considerándose artísticamente, más americanos que ciudadanos de sus respectivos países; son ciudadanos de toda Hispanoamérica tratando de conciliar doctrinas diferentes, con una penetrante conciencia social, que hace suyo el ideal de Simón Bolívar sobre la fraternidad americana, proclamándose americanos ante todo y luchando contra los estrechos nacionalismos fraticidas, y por supuesto, los subyacentes y corrosivos regionalismos.
Recordemos también para orientarnos, que Emiliano Hernández, se inicia como escritor a partir de 1903, último año de la segunda parte de un modernismo cosmopolita, preciosista, extranjerizante y sincrético; continúa escribiendo, cuando Venezuela se encuentra en el auge de este movimiento (1895-1915), y su mayor producción la realiza durante todos los años siguientes a 1904, época en que este movimiento impulsa el regreso vital y espiritual a las tierras de América, a partir de la interiorización ahora ya madurada del llamado Arielista de Rodó.

El poeta Emiliano Hernández, con apenas dieciséis años, ya forma parte del grupo Los Mechudos (1898-1904), en el que empieza a disertar sobre Spencer y Darwin, los criterios del positivismo y, en contra de las viejas normas de la tradición escolástica del dogmatismo tanto en religión como en cualquier campo del saber. A Los Mechudos pertenecen jóvenes rebeldes e irreverentes como Rogelio Illarramendy, Elías Sánchez Rubio, José Antonio Butrón Olivares, Hernán Acevedo, Manuel Toledo Rojas, Gustavo Adolfo Cohen, Benito Alberto D`Erizans, Eliseo López, Jesús Semprum y nuestro poeta Emiliano Hernández. Se identifican exteriormente, por sus largas melenas y sus trajes negros, y se reúnen en la popular “pulpería de Leovigildo Landaeta”, situada en la esquina de las calles Ciencias y Vargas, en Maracaibo, Estado Zulia. Este grupo “escandaliza” a la timorata sociedad de entonces, por lo que en ocasiones, suelen refugiarse en la secreta y librepensadora Sociedad Vázquez.

En 1901, con sólo diecinueve años, es cofundador y una de las más destacadas y figuras del grupo literario Ariel (1901-1904); la primera agrupación literaria zuliana del siglo XX, y la que introduce el modernismo en el Estado Zulia. Son siete jóvenes intelectuales zulianos del grupo Los Mechudos, los que se proponen romper las vetustas estructuras románticas e imponer en su región, el Zulia, la nueva corriente literaria modernista que acaudilla el poeta nicaragüense Rubén Darío. Ellos son: Emiliano Hernández, Elías Sánchez Rubio, Jesús Semprum, Rogelio Illarramendy, José Antonio Butrón Olivares, Gustavo Adolfo Cohen y Benito Alberto D`Erizans; quienes toman el nombre de la inmortal obra Ariel, publicada en 1900, del intelectual uruguayo José Enrique Rodó, y la leen como un auténtico manifiesto de la juventud latinoamericana frente al imperialismo de Estado Unidos. Asumen el “arielismo” como una ideología, y fundan un órgano de difusión para expresar sus inquietudes, el periódico Ariel, semanario literario editado en el Nº 4 de la calle Independencia de Maracaibo, que es la voz de la juventud literaria y el primer órgano periodístico que iza la bandera del modernismo en el Zulia.
Se reúnen en diferentes sitios, ya en una esquina de la plaza Bolívar, ora en la plaza Baralt, o bien en la Imprenta Mercantil donde se imprime el periódico del Grupo, del cual, Emiliano es el Director durante los doce primeros números, mientras escribe constantemente. En Ariel participan del continente americano, figuras sobresalientes del modernismo como Rubén Darío, José Enrique Rodó, Leopoldo Lugones, Salvador Díaz Mirón, Ricardo Jaimes Freyre, José Martí, Julián del Casal, Amado Nervo, José Asunción Silva, entre varios extranjeros, y entre los venezolanos, además de sus miembros, Udón Pérez, Marcial Hernández, Benedicto Peña, Guillermo Quintero Luzardo, Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Emilio Coll, Alejandro Fernández García, César Zumeta y Alejandro Carías entre otros. En 1904, desaparece este órgano difusor de las letras, los jóvenes de este grupo literario considerado el iniciador del modernismo en “la ciudad del lago”, se dispersan, la Universidad del Zulia es clausurada, razón por la que varios de sus integrantes se enrumban hacia Caracas; son los convulsos días del dictador Cipriano Castro.
Entre los años 1903 y 1906, Román Delgado Chalbaud es uno de los líderes del grupo La Conjura, opuesto a Juan Vicente Gómez; tiene como objetivo sacar del poder al General Cipriano Castro y colocar en su lugar a Francisco Linares Alcántara, el joven entusiasta Emiliano Hernández los apoya, pero el movimiento fracasa y Emiliano es hecho prisionero y enviado a La Rotunda.
Sin embargo, a pesar de estar poco tiempo en prisión, al salir de ella, el poeta ya no encuentra manera de que lo acepten en algún trabajo y en un puesto público ni pensarlo, aunado a ello, su temperamento extremadamente generoso no le permite vocación en el comercio o la industria, y en las redacciones de los periódicos del país, se teme acoger su nombre por las agobiantes represalias existentes bajo la dictadura.

Su vida se torna entonces, un incesante periplo. Desde su ciudad natal Maracaibo, parte a finales de 1903, hacia Barquisimeto, y prosigue a Caracas para ir a Jamaica, escapando del gobierno despótico de su patria, de allí pasa a la República Dominicana, en su capital Santo Domingo, cultiva la amistad de Don Fabio Fiallo, eminente poeta y diplomático que representa a su país en sitios como La Habana, Bruselas y Hamburgo, y del poeta también del parnaso dominicano Osvaldo Brazil; además, trabaja como empleado en la Secretaría del Presidente de la antillana República, y publica en Santo Domingo en el célebre Listín Diario.

En 1904, llega a La Habana, Cuba, donde escribe en el periódico El Fígaro, que aunque había sido fundado en 1885, para defender los intereses del deporte en general y del béisbol en particular, todo su valor y trascendencia lo obtiene en el aspecto literario, sobre todo con el movimiento modernista, pues la mayoría de sus principales figuras dentro y fuera de Cuba, escribieron en él.
Estos son fragmentos del poema A una ausente, escrito por Emiliano Hernández, que aparece en El Fígaro con comentario editorial del poeta cubano Manuel S. Pichardo, fundador y director del periódico en aquella época:

(…)
Torvo peñón que en la ribera fría
proyecta su cabeza mutilada,
yo sé de una gaviota enamorada
que va a besarlo cuando muere el día.

Carnal hechizo que adoró el ausente;
cuando mi verso, en la Siberia ignota
de la vida, fulgura de repente,

I una dulzura extática me anega,
es tu raro cariño de gaviota,
tu viejo amor que a visitarme llega.2


Ese mismo año México; en Veracruz forma parte de las tertulias literarias de Salvador Díaz Mirón, donde oye deleitado los encantadores discursos al aire libre del gran poeta de Lascas. Sube a la ciudad imperial de los Palacios Aztecas, Ciudad de México, la capital, donde conoce y se hace amigo del poeta y prosista mexicano Amado Nervo, de Luis Gonzaga Urbina, “el modernista sobrio” y del espiritual y generoso Jesús Valenzuela, además de colaborar con sus escritos en los diarios de mayor importancia de la ciudad.

¿Marchar? ¿A dónde? ¿En que ribera extraña
no se ha de oír el oleaje impío,
de la aventura huraña
i del eterno hastío?
(…)
Carne triste que vas sobre la arena
con el anhelo i el fastidio eternos,
bajo el rencor de todos los inviernos,
con cantos de sirena
i enconos de medusa,
¿qué ven tus ojos en la lid confusa? 3

A finales de 1904, llega a New York, USA., donde apenas permanece escasos días.
En los primeros días de 1905, regresa Emiliano Hernández a Venezuela, a Maracaibo, cargado con una gran aureola de países, poesía y poetas que ha conocido. Por supuesto, que los tertuliantes literarios de la Plaza Bolívar que para esa época presidía Barrios Bosch, se reúnen para recibirlo con un homenaje espontáneo, que quizás lo impulsa con mayor entusiasmo por los ristres de la poesía.
En 1906, parte de Maracaibo, esta vez a Centro América, a Guatemala, de donde por una ligereza verbal entre poetas, tiene que escapar con temor a ser apresado por el dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera; se dirige a San Salvador, donde se encuentra con el ya anciano Francisco Gaviria Guandique, quien había sido maestro del joven Rubén Darío.
Nicaragua es su próximo destino, ese mismo año, en la pequeña población de Masaya, conoce a Rubén Darío, el “padre del modernismo”, a quien Emiliano a su muerte en 1916, dedica la crónica La Sombra del Maestro. En Managua, ejerce como profesor de Historia Universal y Literatura, es redactor de periódicos y por unos meses trabaja como secretario del presidente liberal José Santos Zelaya, él hombre que propicia sin éxito la restauración de la Unión Centroamericana y rechaza el intervencionismo británico y estadounidense. En estas tierras sus compañeros del diario La Época, en el que Emiliano es redactor, se refieren a él como L´ enfant gaté venezolano:

Brava tierra gentil! Golpe de ola
como una tabla me llevó a tu orilla;
i te ví de chamarra i de mantilla
semi-aborígen i semi-española.

Júntanse en tí la flecha i la pistola,
viejos ranchos, tinglados de Sevilla;
i bebiendo coyol i manzanilla
ensayas el botuto i la bandola. 4

Finalizando 1907, se encuentra en Honduras, en Tegucigalpa, donde comparte con uno de los más excelsos representantes del modernismo en Centroamérica, el poeta Juan Ramón Molina, cuyo nombre lleva la Biblioteca Nacional de ese país.
En 1908, se dirige a bordo del Willhemina, hacia la tierra de su madre, Curaçao, donde el 16 de Diciembre, desde Willesmstad capital de las Antillas Neerlandesas escribe añorando la tierra nicaragüense:

¿ Adónde que yo vaya no te veré?, ¡manola!;
nacida como a imagen i semejanza mía…
barca azul de promesas se llegó a mi bahía,
mientras tu sonreías desde la batayola…

Mis ojos reflejaban la doliente aureola
de un camino largo i una noche muy fría;
i tus ojos copiaron esa melancolía
de mi alma aventurera de pájaro i de ola.

Te impregné de mi angustia de errante solitario,
i formé con amable cariño de estatuario
tu alma toda, a imagen i semejanza mía.
(…)
¿Adónde que yo vaya no te veré?, si fuiste
la otra faz de mi vida, socarrona i jovial,
el deseo en los ojos, como una rosa triste
i en los labios la gracia como un puño de sal.
(…)
Te conocí muy tarde -castigo de mis dudas-,
cuando la Vida extiende sus garras más sañudas,
cuando el horizonte irrumpe el vendaval. 5

A finales de 1909, regresa a Caracas con sus vivencias de las Antillas y Centroamérica, allí, Jesús Semprum lo encuentra fabricando sus flamantes castillos en el aire.
Ese mismo año retorna a su terruño Maracaibo, para asistir a los últimos momentos de la vida de su padre:

Oh, mi amigo mejor! Llevo en los ojos
tu señorial perfil, violento y puro;
i la visión doliente de tus canas
i de tu espada en un rincón obscuro.

A la sombra del viejo tamarindo
te miro aún, mezclándose en congojas
la viril pesadumbre de tus años
i el temblor macilento de sus hojas…6

En Maracaibo, influye en los jóvenes de la Segunda Generación Modernista, acaudillada en sus inicios por los poetas Ismael Urdaneta y Jorge Schmidke.
Cautivado por su lago zuliano, compone:

¡Allá va el bergantín! ¡Allá las aves!
las velas blancas i las alas suaves,
en la puesta de sol, gris i bermeja.

I toda mi nostalgia coincide
con aquel bergantín que se despide
i aquel vuelo de garzas que se aleja.
(….)
Pero nada detúvome en la ruta,
ni aleve garra ni sabrosa fruta…
Sólo cuando me voy de tus riberas

amo, con viejo amor de nuevo halago,
la suntuosa tristeza de tu lago
i el encanto oriental de tus palmeras. 7

Poco tiempo después, de nuevo vuelve a Caracas, esta vez se había casado; pero ya, la capital venezolana no es ninguno de “sus mundos”:

Se despeñó nuevamente al ocio fácil y la charla amena, a los proyectos confusos que jamás se realizan, a ese torbellino jovial y terrible (…) Y con esa llama quemadora del alcohol que le iba consumiendo
Jesús Semprum


En 1911, en Caracas, escribe en los más destacados periódicos de la región, entre ellos, en El Cojo Ilustrado, y gana el certamen del Centenario de la Declaración de la Independencia, en el Concurso promovido por “El Heraldo Católico”, con el poema
A los héroes anónimos de la Independencia:

No el Himno en bravas notas i compases de guerra
dirá como el Olvido: “blanda os sea la tierra”
(…)
Los lívidos cansancios, las tortuosas subidas,
los mutilados brazos i las rojas heridas,

apenas si son chispas en la fulgente llama,
números en el álgebra misteriosa del drama.
(…)
de vuestros Manes tristes, de vuestra humilde pena,
la Libertad surgía, como una azucena.

Abono de epopeya, de vuestra sangre al riego
brotó libre esta Patria, como una flor de fuego.
(…)
Vuestros osarios tienen para la Gloria mucho:
millares de vosotros os llamáis Ayacucho.
(…)
rayos en Carabobo i aludes en Pichincha,
frente al cañón que truena i el potro que relincha,
(…)
i los rostros curtidos i rasgadas las blusas,
i rodad a la huesa, en falanges confusas.

¡Os basta el Ideal que defendísteis! Pura
estrella en vuestra calle doliente de amargura!
I todos vuestros nombres bien valen este nombre:
¡Bolívar, el más alto derecho de ser hombre! 8

En la capital venezolana escribe:

(…)
Esta Musa que tengo, serpentina piadosa,
con algo de Teresa de Jesús i Mignon,
es mi copa de acíbar, i de almíbar i rosa.

Es la loca divina de la estrella i la flor,
i del canto i del llanto i la carne sabrosa
que saludan las Hadas i las fieras y el Sol. 9


Pero su bohemia vida va minando su salud, hasta que fallece en el silencio inquietante de la habitación de un hospital público, en una cama de enfermo insolvente, el 7 de enero de 1919, en la ciudad de Caracas. Se extingue y expira frente al imponente Avila, entre un cúmulo de ideales preñados de libertad y rebeldía. Hubo de hacerse una colecta pública para su entierro. Sus restos descansan en Tierra de Jugo, hoy Cementerio General del Sur, antiguo cementerio situado al sur de la procera ciudad de Caracas,

¡Y qué inefable frescura la de sus ilusiones! Algunos días antes de morir me habló de su porvenir con serena confianza. Y era triste oírle verter palabras que rezumaban seguridad y alegría
Jesús Semprum


Su obra se halla dispersa en viejas revistas y periódicos de nuestra América. Publica dos pequeños libros de exiguas ediciones: Las ciudades i los lagos de Nicaragua y Vida de Caracas. Deja en preparación dos libros: Musa Gitana en versos y Alba Interior en prosa. Suele utilizar a veces, el seudónimo Luis Montenegro y fechar algunos poemas.

Casi todos los biógrafos y comentaristas de su vida y obra están de acuerdo, en que dilapidó su gran talento poético, crítico y narrativo, pero también, en que nos dejó hermosas muestras fidedignas de su intelecto literario. Mariano Picón Febres, lo sitúa entre los grandes del modernismo de la poesía venezolana.
Escritor sarcástico hasta la amargura, aún en la esencia hermosa de sus versos floridos, exquisitos, musicales, ricos en giros verbales y en imágenes, se descubre esa tesitura amarga de las sombras inquietantes que envuelven su angustia existencial. En la prosa logra una ironía asombrosa, con estilo sarcástico y atrevido, tiene el hechizo de su ágil estilo. Fueron notorias en su Maracaibo natal, sus polémicas sobre el grupo Ariel y su vigencia, con el educador, periodista y escritor maracaibero Octavio Hernández Arria.
Como crítico literario es ameno, breve, de pluma fácil, imágenes chispeantes y donaire espontáneo, moviéndose dentro de un contorno irónico y conceptos fluidos, un tanto abstracto y con un sobrado causticismo que despierta la admiración al ser leído. De su obra como crítico, apenas queda Cartones, perfiles anecdóticos escritos con una deliciosa ironía, publicados en la revista zuliana Selección (1926), que dirige el poeta Butrón Olivares.
Su poesía de hermosa calidad expresiva; doliente y atormentada, plena de evocaciones y adioses por el tránsito vital y vertiginoso entre su espíritu bohemio y los viajes inolvidables, con escorzos románticos, mezclando a veces el simbolismo con las audaces imágenes modernistas, en hermosos versos con una eufonía exquisita y rara.

El artista altísimo de la estrofa y de la prosa, el mágico cultor del ritmo.
Raúl Carrasquel y Valverde


En sus poemas brotan versos extraños, con una fuerza dúctil que enlaza admirablemente el abatimiento con el sarcasmo, la ternura con la pasión, la angustia insondable con el hondo tormento existencial de su alma y la bohemia ansiosa con el espíritu de aventura.
Su poesía es apenas el susurro de los gritos de su espíritu; es leve trasunto de lo que en el alma lleva, quejumbre, estallidos de angustia y llanto interno. Son fiel reflejo él y su obra, de un ser incomprendido hasta por sí mismo, e inconforme con su destino y la realidad, hasta el hastío.
Canta su propio dolor, deshoja su propio árbol de la vida, en páginas inolvidables colmadas del escepticismo que lo agobia; muy alejado de los bardos Udón Pérez, Idelfonso Vázquez y José Ramón Yépez, su marcha en el parnaso venezolano, es solitaria y sincera hasta la saciedad.
En algunos poemas se sobrecoge de temores, en otros abruma su melancolía con orlas de congoja leopardina. Nos muestra su desgarramiento interior y sus propios versos acopian sus tristezas, mas, dejándolas escapar hieren de nuevo al poeta:

Madre Melancolía!
Madre de taciturnos! Madre mía!
Ni en la niebla de la filosofía,
ni en el disfraz de la literatura,
ni en la brisa de la caricatura,
ni en el abismo de las bibliotecas
adiviné tu lívida figura
de senos castos i de manos secas,
(…)
Madre Melancolía!
Madre de Don Quijote! Te ví un día
la figura seguir del Caballero
i merendar con él junto a una aldea;
abroquelar su destemplado acero;
su yelmo recoger en la pelea;
i en sus ojos fijar, tristes i vagos,
la lejana visión de Dulcinea!
(…)
Madre Melancolía!
La Primavera me dejó en el alma
un mundo de quimeras
que agoniza en el borde de estos muros
con sus aves parleras
i sus besos impuros!
La Primavera me dejó una dulce
inquietud, como un desasosiego
de amor; una lejana incertidumbre
i una sangre de fuego!
(…)
Un remoto dolor de Prometeo
i un olvido sutil de telaraña. 10


El Premio Nobel de Literatura de 1956, el español Juan Ramón Jiménez, contemporáneo del poeta, allende el Atlántico, define el modernismo:
Un gran movimiento de entusiasmo y libertad hacia la belleza.
Y Emiliano Hernández, comprende muy bien las palabras del poeta y las abraza fervorosamente.
El soneto A mi madre, dedicado con la amalgama de ternura y angustia que siente por su madre, de quien hereda su hermosa mirada azulada, campea en modernidad:

Apenas si te conocí! Recuerdo
de tu mano gentil los dedos finos
i la luz de tus ojos casi azules,
como hechos de crepúsculos marinos.

Yá muerta te besé con ese llanto
de quien no sabe por qué llora. Era
Mayo con sus parábolas de rosas
i todo menos tú, la Primavera.

Si un áspid envenena mi esperanza,
dentro de mí mi espíritu me dice
que es el olvido la mejor venganza.

I amo ¡oh madre! por ti, los dedos finos
i las manos gentiles i los ojos
como hechos de crepúsculos marinos. 11

Sin embargo, al igual que sucede con el poeta Ismael Urdaneta, la mezquina reseña dada por el poeta venezolano Otto D`Sola sobre Emiliano Hernández, en su obra Antología de la Moderna Poesía Venezolana, motiva pensar, cuán preferible hubiera sido, que ni siquiera lo mencionara, pues son estas sus palabras:

Su obra poética, de poco relieve personal, presenta las características comunes al modernismo literario.

Mas al contrario, su creación poética nos muestra, porqué Rubén Darío estrecha la mano de Emiliano Hernández y lo hace su entrañable amigo literario, y porque tiene todo los méritos literarios para figurar en la Antología de La Joven Literatura Hispano-Americana, editada en París en 1910, del escritor, diplomático y político socialista argentino Manuel Ugarte y otras obras de autores reconocidos.

Ahora, pasado el tiempo, casi desconocido, casi olvidado, imperioso es proponer su re-valorización, desde Maracaibo su terruño, desde el Zulia su región, desde Venezuela su patria; el conocimiento del poeta, el disfrute espiritual de sus versos, y proyectar su lectura a las nuevas generaciones.

No óro por mí. La gran melancolía
de mi azar nebuloso, es letanía
que implora por los débiles, en nombre
de todos los vencidos en la insana
arena donde gana
el rencor de los hombres contra el hombre.
Por ellos piden mis tristezas todas
cuando en mi ruta lírica destellas
oh noche! tus estrellas 12



Obra:

Zoología política. El verdugo de San Carlos, El Listín Diario, Santo Domingo, 1903.
Kaleidoscopio. Tipografía de “Los Ecos del Zulia”. Maracaibo. 1902; La visión de tres ciudades, Managua, s.e., 1908.
Para mi padre. Imp. Americana. Maracaibo, 1910.
Vida de Caracas, Imp. Nueva, Caracas, 1918.
Musa gitana Tip. El Sol. Maracaibo, 1924.
Musa Gitana. Antología (1963) Tomo II. nº 4. “La Hora Literaria”, Maracaibo, 1924.
Cartones Tip. América, Maracaibo, 1926.
Selección. Año I. Nº 10. Maracaibo, 1926.
Musa Gitana (Recopilación de Jorge Schmidke). Imprenta del Estado Zulia, Maracaibo, 1964.

Poemas seleccionados:

1. Vera efigie. Caracas, 1911
2. A una ausente. La Habana, 1904
3. ¿A dónde?... México, 1904
4. A Nicaragua.
5. Adioses
6. A mi padre.
7. Paisaje de Maracaibo

8. A los héroes anónimos de la Independencia. Caracas, julio de 1911.
9. Salutación a la Musa. Caracas, 1911.
10. Melancolía
11. A mi madre.
12. Ante un crucificado. Maracaibo, 1906.