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jueves, 31 de enero de 2013

Angustia cristiana en Medio Oriente, por Marcos Aguinis

Angustia cristiana en Medio Oriente

Por Marcos Aguinis | LA NACION

Benjamín Weinthal es un periodista preocupado por la suerte de las comunidades cristianas en Medio Oriente y acaba de difundir noticias alarmantes que, curiosamente, son marginadas por la prensa occidental. En la ciudad egipcia de Beni Suef, su corte criminal ha sentenciado a toda una familia a quince años de prisión por haberse convertido al cristianismo. Beni Suef se encuentra en la ribera oriental del Nilo, unos 115 kilómetros al sur de El Cairo. Esto es muy grave: demuestra cuán en serio se están tomando las prescripciones del nuevo gobierno islamista. La información fue publicada en el diario árabe Al-Masry al-Youm.
Se trata de una historia simple. La bella Nadia nació y pasó su infancia en el seno de una familia copta. Los coptos integran el 10% de la población total del país. Debió convertirse al Islam cuando, hace 23 años, se casó con Mohamed Abdel-Wahhab Mustafá. Luego de enviudar, ella y sus siete hijos decidieron retornar abiertamente a la fe cristiana. Entre 2004 y 2006 se afanaron por conseguir la ayuda de funcionarios laicos para obtener nuevas tarjetas de identidad. Pero cuando asumió el nuevo gobierno presidido por Mohamed Morsi tanto Nadia como sus hijos y algunos burócratas bajo sospecha fueron sentenciados a prisión.
Quizás el mundo ya se resignó a que bajo regímenes oprimidos por la teocracia pasen estas cosas. Nadie se queja, por ejemplo, de que en Arabia Saudita sea imposible construir una sola iglesia y esté prohibido exhibir la cruz, mientras se levantan febriles mezquitas por todo el planeta. Abandonar el Islam, por ejemplo, se considera una apostasía imperdonable allí y en casi todos los países con mayoría musulmana. Sin embargo, en Egipto la situación no era tan grave. Hubo incluso un período con tolerancia religiosa durante la monarquía, los gobiernos de Nasser, Anwar el-Sadat y hasta el recientemente defenestrado Mubarak. Incluso quedaron algunos judíos después de la independencia de Israel. Pero la minoría religiosa más importante es la copta, compuesta por casi ocho millones de fieles. Es una de las primeras comunidades cristianas de la historia, convertida -según versiones- por el evangelista Marcos en el siglo I, durante el gobierno de Nerón. El maravilloso Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell la describe con envidiable inspiración y advierte sobre los nubarrones que oscurecieron su futuro luego de la Segunda Guerra Mundial.
Samuel Tadros, investigador del Hudson Institute for Religious Freedom, asegura que conversiones como las de Nadia eran más o menos frecuentes en el pasado, pero que la nueva sharia "es un verdadero desastre en materia de libertad religiosa". La sharia se ha convertido en una parte integral de la nueva Constitución. Jordan Sekulow, director ejecutivo en el American Center for Law and Justice, afirma que los casos como el de Nadia y sus hijos se volverán cada vez más frecuentes y ominosos. Aumentará la discriminación contra otras religiones, encogidas bajo los implacables dictados de la ley coránica.
El presidente Morsi fue criticado en los ámbitos seculares de su país por su silencio y ausencia durante los brutales asaltos que hace pocos meses sufrieron los cristianos de Egipto. En agosto, unas cien familias de Dahshour fueron obligadas a fugar, con abandono de sus bienes y hogares. Predicadores extremistas, aliados o integrantes de la Hermandad Musulmana convocaron a apartarse de los cristianos durante la Navidad, como si estuviesen infectos. No es novedad: a lo largo de décadas viven bajo la angustia de ser ciudadanos de segunda clase y tener que defenderse de ataques a iglesias, aldeas y comercios; ocurrieron asaltos de turbas envenenadas por imanes extremistas y se fuerza la conversión de toda mujer cristiana si pretende casarse con un musulmán, como le ocurrió a la desdichada Nadia.
Sobre esto poco se publica en el culposo Occidente. Sekulow exige una vigorosa acción diplomática para empujar a Egipto hacia la libertad religiosa. El presidente Morsi tiene previsto encontrarse con Obama en marzo y sería imperdonable si este problema no se incluyera en las conversaciones. Occidente no debería ser un espectador indiferente. Sólo Estados Unidos provee un billón de dólares a Egipto, ¡por año! ¿Es una ayuda bien aprovechada? ¿O algunas porciones se desvían hacia los fanáticos? Semejante obsequio exige buena conducta en materia de derechos humanos o debería ser reconsiderado.
Se estima que la población cristiana de Medio Oriente (comprendidas sus diversas denominaciones), hasta fines del siglo XX, se acercaba a un 20%. Los últimos censos la han reducido a un 5%. Y su número sigue bajando. En el Líbano, el más adelantado de los países árabes, cayó del 50 al 40%. El creciente poderío de Hezbollah, grupo armado y sostenido por Irán, aumentó en ese país la inseguridad y la emigración de cristianos. En Siria, que se desangra con una guerra atroz que el mundo contempla paralizado, los cristianos son más o menos el 12%. La brutal dictadura de Asad padre e hijo puede caer, pero no significará un alivio para los cristianos. Entre los rebeldes predominan los islamistas fanatizados, que ya han cometido crímenes por motivos religiosos. Algo similar pasó en Irak, donde la mitad de sus 800.000 cristianos han debido huir tras la caída de Saddam Hussein y el incendio de la principal iglesia de Bagdad durante una misa dominical, reivindicado por los salafistas, que quieren reimponer el estilo de vida existente en los tiempos de Mahoma (siglo VII).
Para expresarlo sin rodeos, la fugaz "primavera árabe" ha sido capturada en la mayor parte de Medio Oriente por la regresión fanática, decidida a imponer un intolerante dogmatismo.
El vicario de la Iglesia Saint George de Bagdad tuvo el coraje de lanzar una frase políticamente incorrecta, que podría costarle la vida. Dijo: "El único lugar de Medio Oriente donde los cristianos están verdaderamente seguros es Israel". Tiene razón: es el único y muy pequeño país de la región donde su comunidad cristiana aumenta sin restricción alguna.
A esta afirmación se debería agregar lo sucedido en la última Navidad. Seiscientos cristianos de la Franja de Gaza obtuvieron el permiso de las autoridades israelíes para trasladarse a Cisjordania. La sorpresa fue mayúscula cuando, al regreso, varias decenas pidieron asilo para quedarse en Israel: no toleran seguir bajo el gobierno de Hamas ni de la Autoridad Palestina. Más sorprendente aún fue que muchas familias cristianas de Jerusalén Oriental se hayan trasladado para la celebración a los sectores judíos de la ciudad, porque se sentían más seguros que entre sus vecinos musulmanes. Según el diario Israel Hayom, varios políticos, periodistas y bloggers fueron detenidos por la Autoridad Palestina cuando se animaron a difundir estos hechos. Oficialmente, el gobierno palestino debe castigar a quienes tengan relaciones comerciales con los israelíes, porque desde hace tiempo ha impuesto un boicot económico bastante absurdo e ineficaz. Según estadísticas que no fueron cuestionadas ni por los más acérrimos críticos, unos 40.000 árabes de Cisjordania tienen permiso de trabajo en Israel y unos 15.000 consiguen trabajo en los cuestionados asentamientos.
La diferencia no presenta dificultades. Israel es un país moderno y democrático, lleno de conflictos, pero cimentado sobre los pilares de la Ilustración. En el resto de Medio Oriente aún falta el cambio que empuje hacia las nuevas conquistas del espíritu. Occidente, al abstenerse de formular las críticas que debería blandir con fuerza, es corresponsable del atraso que sufren cientos de millones de personas.
© LA NACION.- Buenos Aires

martes, 1 de febrero de 2011

¿Cómo Defender a Israel?

por David Harris


Estaba sentado en el auditorio de una universidad británica. Aburrido por el orador, comencé a mirar a mi alrededor. Vi a alguien que me resultó familiar de una encarnación académica anterior. Cuando terminó la sesión me presenté, preguntándome si después de años que se podían contar en décadas, me recordaría.




Dijo que sí, momento en el cual comenté que los años no habían pasado para él. Su respuesta fue: "Pero usted cambió muchísimo".



"¿Le parece?" pregunté con un cierto grado de turbación, sabiendo que, más allá del autoengaño, no es lo mismo tener 60 que 30.




Mirándome a los ojos, proclamó, mientras otros asistentes que estaban cerca, prestaban atención, "Leo lo que usted escribe sobre Israel , y me disgusta. ¿Cómo puede defender a ese país? ¿Qué le pasó al muchacho liberal que conocí hace 30 años?"




Respondí: "Ese muchacho liberal no ha cambiado su punto de vista. Israel es una causa liberal, y estoy orgulloso de hablar a su favor".



Si, estoy orgulloso de hablar a favor de Israel . Un viaje reciente me recordó una vez más el por qué.





Algunas veces, son las cosas aparentemente pequeñas, aquellas que muchos ni siquiera notan, o dan por sentadas, o quizás deliberadamente ignoran por temor a que afecten su mentalidad hermética.





Es la lección de manejo en Jerusalén: la alumna es una mujer musulmana devota que está detrás del volante, y el profesor es un israelí que usa solideo. A juzgar por los informes de los medios sobre los interminables conflictos entre las comunidades, tal escena sería imposible. Sin embargo, era tan rutinaria que nadie excepto yo le echó una mirada al pasar. Es obvio que la misma mujer no se hubiera podido dar el lujo de tomar lecciones de manejo, mucho menos con un profesor judío ortodoxo, si viviera en Arabia Saudita.




Son los dos hombres homosexuales que caminan de la mano por la costanera de Tel Aviv. Nadie los miraba, ni cuestionaba su derecho a exhibir su afecto. Imaginen tratar de repetir la escena en alguno de los países vecinos.




Es la multitud de un viernes en la mezquita de Jaffa . Los musulmanes tienen la libertad de ingresar según les plazca, a orar o reafirmar su fe. La escena se repite en todo Israel . Entretanto, los cristianos en Irak están expuestos a la muerte; los coptos en Egipto enfrentan a diario la marginación; Arabia Saudita prohíbe la exhibición pública del cristianismo; y en gran medida se ha echado a los judíos del Medio Oriente árabe.




Es la estación central de autobuses de Tel Aviv. Allí se encuentra una clínica gratuita para los miles de africanos que han ingresado a Israel , algunos legalmente y otros no. Provienen de Sudán , Eritrea , y otros sitios. Son cristianos, musulmanes, y animistas. Claramente, saben algo que desconocen los detractores de Israel , que despotrican y vociferan sobre un supuesto "racismo". Saben, que si tienen suerte, podrán empezar una nueva vida en Israel . Por eso eluden los países árabes, por temor a la cárcel o las persecuciones. Y mientras el diminuto Israel se pregunta cuántos más de esos refugiados podrá absorber, los profesionales médicos israelíes se ofrecen como voluntarios para esa clínica.




Es “Save a Child's Heart”, otra institución israelí que mayormente no llega a los medios internacionales, si bien merece una nominación al Premio Nobel de la paz. Allí llegan, muchas veces clandestinamente, niños que necesitan tratamientos cardíacos avanzados. Llegan desde Irak, la Margen Izquierda , Gaza , y otros lugares árabes. Reciben tratamiento de primer nivel. Es gratis, y lo brindan médicos y enfermeras que desean afirmar su compromiso con la convivencia. Sin embargo, estos mismos individuos saben que, en muchos casos, no se reconocerá su trabajo. Las familias temen admitir que buscaron ayuda en Israel , incluso cuando gracias a los israelíes a sus hijos la vida les ha hecho un nuevo contrato.




Es la vitalidad del debate israelí sobre casi todo, incluyendo, principalmente, el conflicto permanente con los palestinos. Se dice que el presidente de Estados Unidos Harry Truman se reunió con el presidente de Israel Jaim Weizmann poco después de la creación de Israel en 1948. Comenzaron a analizar quién tenía la tarea más difícil. Truman dijo: "Con todo respeto, yo soy el presidente de 140 millones de personas". Weizmann retrucó: "Es cierto, pero yo soy el presidente de un millón de presidentes".




Ya sea en los partidos políticos, la Knesset , los medios, la sociedad civil, o la gente de la calle, los israelíes son enérgicos, autocríticos, y exhiben una extensa gama de opiniones.




Son los israelíes quienes están planeando la recuperación del Bosque de Carmel, después de que un voraz incendio mató 44 personas y destruyó 8000 acres de naturaleza exquisita. Los israelíes recibieron un territorio árido y yermo y, a pesar de condiciones inconcebiblemente duras, plantaron amorosamente un árbol tras otro, para que Israel pueda actualmente aseverar que es uno de los pocos países con más tierras forestadas de las que tenía un siglo atrás.




Son los israelíes que, con silenciosa determinación y coraje, están decididos a defender su pequeña porción de tierra contra cualquier amenaza concebible - el creciente arsenal de Hamás en Gaza; la peligrosa acumulación de misiles por Hezbollah en el Líbano; los llamamientos de Irán -con aspiraciones nucleares- a un mundo sin Israel; la hospitalidad de Siria a líderes de Hamas y al trasbordo de armas a Hezbollah; y enemigos que desvergonzadamente usan a civiles como escudos humanos. O la campaña global que cuestiona la legitimidad de Israel y su derecho a la autodefensa; la extraña coalición antisionista entre la izquierda radical y los extremistas islámicos; la mayoría numérica automática en la ONU dispuesta a avalar, sin mediar preaviso, incluso las acusaciones más rebuscadas contra Israel; y los miembros de la punditocracia que no pueden -o quieren- comprender los inmensos desafíos estratégicos que enfrenta Israel.




Sí, son los israelíes que, después de enterrar a 21 jóvenes asesinados por terroristas en una discoteca de Tel Aviv, visten el uniforme de las fuerzas armadas israelíes para defender a su país, y proclamar, en la siguiente inspiración, que "Tampoco impedirán que bailemos".

Ese es el país al que me siento orgulloso de defender. No, nunca diría que Israel es perfecto. Tiene sus defectos y flaquezas. Ha cometido errores. Pero, todos los países democráticos, liberales y amantes de la paz que conozco, también los han cometido, si bien son pocos los que han enfrentado a diario, desde su nacimiento, amenazas a su existencia.




Se dice que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Israel es un buen país. Y al mirarlo con detenimiento y desde cerca, y no a través del filtro de la BBC o del Guardian, siempre recuerdo por qué.


fuente: The Huffington Post 27 de diciembre de 2010



lunes, 23 de agosto de 2010

Lo que dice un fanático dirigente musulmán...Un Video alarmante que todo Occidente debe ver !!!



An Alarming video every Westerner should see 1,956,007 Views





http://www.tangle.com/view_video?viewkey=0861ff3eabea1ceb73e4






domingo, 10 de enero de 2010

UN peacekeepers discover big Hezbollah arms cache in southern Lebanon



United Nations peacekeepers in Lebanon have uncovered ten bombs in a weapons cache near the Israeli border. According to the Foreign Ministry in Jerusalem, the arms were probably produced in Iran or Syria and planted near the border by Hezbollah fighters. Israel’s UN ambassador in New York, Gabriela Shalev, wrote in a letter to UN Secretary-General Ban Ki-moon and the Security Council, from which the ‘Reuters’ news agency quoted, that peacekeepers had encountered "suspicious individuals" on 26 December 2009 and later found pits containing around 300 kilograms of explosive devices.

Shalev said the devices "were possibly industrially produced in Iran or Syria." She added that the "types of explosives and the manner in which they were deployed" showed that Hezbollah had planted them. Israeli media said the bombs were buried by Hezbollah operatives in preparation for an attack on an Israeli army patrol.

Security Council Resolution 1701, which ended the 34-day war in 2006 between Israel and Hezbollah, banned all unauthorized weapons between the Litani River and the Blue Line, the UN-monitored border between Israel and Lebanon. In the past, Israel criticized the 12,000-strong UN peacekeeping force in Lebanon (UNIFIL) for not stopping arms deliveries to Hezbollah guerrillas. The United Nations said that was the responsibility of the Lebanese authorities. "The Lebanese government must take serious steps in order to tackle the growing phenomenon of Hezbollah military activity, particularly in civilian villages," Shalev wrote in her letter
.
FUENTE:http://www.worldjewishcongress.org/en/main/showFocus/id/46