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jueves, 5 de septiembre de 2013

DROGAS: Confirman que la marihuana deteriora la capacidad cerebral


Uno de los estudios más amplios sobre los efectos en la salud del uso persistente de cannabis revela que deteriora el coeficiente intelectual y que afecta la memoria y otras funciones mentales. Los daños, aseguran los científicos, son irreversibles. 

Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.com / t: @georginaelus

 

Se ha instalado y crecido al amparo de discursos que la aseguran inocua. Se dice, de la marihuana, que no genera adicción, que es menos tóxica que el tabaco y que hasta puede resultar beneficiosa en algunas circunstancias. Tres "mitos" que gozan de una controvertida aceptación social y que la ciencia médica refuta a rajatabla. "Nada más alejado de la realidad", enfatizaron desde la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) al difundir que uno de cada cuatro pacientes en tratamiento en centros dependientes del organismo esteban siendo rehabilitados por adicción a la marihuana. Pues bien: una flamante investigación, realizada en Nueva Zelanda, asegura que su uso persistente, sobre todo en adolescentes, deteriora significativamente y de forma irreversible las funciones cerebrales.

La investigación es una de las más amplias que se han llevado a cabo sobre los efectos de la marihuana en el cerebro. Los científicos siguieron durante más de 20 años a un grupo de 1.000 jóvenes y encontraron que los que habían comenzado a usar marihuana antes de cumplir los 18 años -cuando su cerebro estaba aún desarrollándose- mostraban una reducción "significativa" en su coeficiente intelectual.

Un equipo de investigadores, dirigido por la profesora Madeline Meier de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos, analizó el impacto del uso de marihuana en varias funciones neuropsicológicas de 1.037 individuos nacidos entre 1972 y 1973. Los científicos siguieron a los participantes hasta que cumplieron 38 años, realiándoles entrevistas y estudios periódicos. Tomaron en cuenta factores como dependencia de alcohol y/o al tabaco, uso de otras drogas y nivel de educación.

Al evaluar todos los casos, encontraron que los participantes que habían usado persistentemente marihuana mostraban un "amplio deterioro" en varias áreas neuropsicológicas, como funcionamiento cognitivo, la atención y la memoria. Quienes habían usado la droga al menos cuatro veces a la semana, año tras año, durante su adolescencia, sus 20 años y, en algunos casos, sus 30 años, mostraron una reducción en su coeficiente intelectual. La relación, concluyel el estudio, es inapelable: cuanto más fumaba el individuo, mayor la pérdida en el CI.

Uno de los puntos mas importantes del estudio fue demostrar que el daño era irreversible. Al dejar de usarla o reducir su uso no lograron restaurar completamente su pérdida de CI. Es decir, los efectos neurotóxicos son clarísimos y el daño es permanente.

El estudio fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Robin Murray, profesor de psiquiatría del King's College de Londres, explicó que el estudio es "una investigación extraordinaria. Es probablemente el grupo de individuos que ha sido más intensamente estudiado en el mundo y, por lo tanto, los datos son muy buenos. Hay muchos informes anecdóticos de que los usuarios de marihuana tienden a ser menos exitosos en sus logros educativos, matrimonios y ocupaciones. Este estudio ofrece una explicación de por qué puede ocurrir".

 

Fuertemente adictiva

Según datos del Registro Continuo de Pacientes en Tratamiento de SEDRONAR, en 2005 la marihuana motivó el tratamiento del 25% de los 2.369 pacientes que estaban siendo rehabilitados en 53 centros de todo el país. "Este alto porcentaje desmiente los discursos habituales sobre la marihuana, que insisten en instalarla como una droga que no genera mayores daños sobre la salud. Es mucha la gente que no puede dejarla ni manejarla y que está padeciendo las consecuencias de su consumo", destacó Diego Alvarez, que estaba al frente del Observatorio de Drogas del organismo en ese momento.

"Es un mito que la marihuana no tiene toxicidad. Es una droga con sustancias psicoactivas muy potentes, que impactan sobre el sistema nervioso central y el aparato cardiovascular", agregó la toxicóloga Norma Vallejo. "El uso crónico genera pérdida de interés y del deseo, fatiga, alteraciones de humor, disminución de la capacidad de concentración y depresión del sistema inmunológico. Además, afecta la fertilidad y aumenta las probabilidades de sufrir cáncer, enfermedades pulmonares y psicosis", subrayó. "Muchos aseguran que el porro es menos dañino que el tabaco, y no es así. Su toxicidad es mayor porque se fuma distinto: se retiene más en las vías respiratorias y, en el proceso de fumado, desprende más monóxido de carbono que un cigarrillo".

Los daños que puede generar la marihuana son múltiples y difieren mucho según la persona: como dicen en la jerga, "a cada uno le pega distinto". Pero hay algo que afecta a todos los consumidores por igual: la adicción. "La marihuana genera dependencia física y, sobre todo, psicológica. Como otras drogas, excita y provoca un aparente estado de bienestar porque actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro. El mismo, al ser estimulado, pide más", destacó la especialista.

En el caso de la marihuana la adicción no está asociada necesariamente a la frecuencia de consumo. Tiene que ver con las particularidades de cada persona. Para evaluar si hay dependencia se observa si el consumidor desarrolló tolerancia (si el organismo se habituó y debe fumar más para lograr el mismo efecto), si su cotidianidad sufrió cambios (rutinas, hábitos, manejo del tiempo) y si hay manifestaciones que indiquen síndrome de abstinencia: "Si no puede dejar de fumar, si se pone irritable, transpira frío o no puede socializarse ni disfrutar cuando no fuma", explican los expertos.

 

Los efectos menos conocidos del cannabis

Según diversos estudios de sociedades científicas de gran prestigio internacional, el uso persistente de marihuana provoca pérdida de memoria, reduce el rendimiento y altera las capacidades cognitivas. Puede producir depresión, ansiedad, psicosis y, en el peor de los casos, esquizofrenia

Los poderes psicotrópicos del cannabis son conocidos por el ser humano desde hace miles de años. Sus 'propiedades embriagadoras', como decía Herodoto en el siglo V, se deben fundamentalmente al delta-9-tetrahidrocanabinol (THC), el cannabinoide responsable de sus efectos en el cerebro. Cuando se inhala esta sustancia, el THC llega rápidamente al cerebro a través de la sangre. Sus efectos se sienten a los pocos minutos y pueden durar hasta dos o tres horas.

Una de las consecuencias menos conocidas tienen que ver con los trastornos psiquiátricos. El consumo de porros multiplica por dos las probabilidades de sufrir brotes psicóticos (con más riesgo a mayor dosis). Varios estudios coinciden en que la marihuana podría actuar como desencadenante de estos ataques en personas con una cierta predisposición genética. El riesgo se acentúa cuando el consumo se inicia antes de los 15 años.

A su vez, un informe elaborado por expertos de la Oficina de Control de Drogas de la Casa Blanca (EEUU), advierte de que los adolescentes que fuman marihuana tienen hasta un 40% más de riesgo de sufrir depresión, ansiedad, psicosis (alucinaciones) o algún tipo de enfermedad mental; especialmente en el caso de las chicas. Y aunque no se ha demostrado de una manera estadísticamente significativa que pueda causar esquizofrenia, sí parece que empeora sus síntomas y agrava los ataques.

No es lo mismo usar una droga que ser adicto a ella. Muchos consumidores no se convierten en adictos. Pero vale medir y conocer las consecuencias. Según datos del 2007, en nuestro país más del 6 por ciento de la población consume habitualmente marihuana, una cifra que convierte a la Argentina en el país de mayor consumo de América latina.

 

lunes, 8 de marzo de 2010

Argentina:En Capital y Conurbano hay unos 2.000 "supermercados de la merca": Las sustancias mas vendidas son paco, marihuana y cocaína.


Por MAXIMILIANO F. MONTENEGRO - Diario Popular - En la calle, con ese ingenio tan ingenioso como contundente, la gente los denomina “supermercados de la merca”. Se trata de espacios (casas tomadas, viviendas particulares o fachadas de comercios honestos) donde el negocio es la venta de cocaína, marihuana y paco, que en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano tiene unas 2.000 sucursales.


En cada uno, el promedio de clientes diarios que concurre en busca de sustancias ilegales ronda las 150 personas y facturan alrededor de 4.000 pesos por jornada. Mientras esto ocurre, la peor parte es para los vecinos que residen en los alrededores de estos centros, aterrados por el desolador panorama y cansados de la impunidad de los narcos.

Así lo explicó a este diario Claudio Izaguirre, de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), quien trazó un relevamiento de los puntos de venta de drogas y pudo determinar que en la Ciudad de Buenos Aires funcionan unos 500 lugares, mientras que en los siete distritos más importantes del Conurbano se calcula que existen alrededor de 200 de estos espacios en cada uno de los partidos.

“En un espacio grande, como el que fue escrachado hace unos días en Constitución, se pueden registrar más 400 ventas diarias, lo que permite un manejo de dinero de unos 10.000 pesos. Pero el promedio es de 150 ventas por jornada. En territorio porteño hay unas 500 bocas de expendio, mientras que en San Martín, La Matanza, Vicente López, San Isidro, Lomas de Zamora, Florencio Varela, Morón y San Martín se contabilizan 1.600 centros de venta, unos 200 por partido”, indicó el especialista.

En los “supermercados de la merca”, como se dijo, uno de los productos más buscados es el paco, actualmente a 6 pesos la dosis para clientes humildes y 10 pesos para consumidores de nivel económico elevado. “Subieron el precio, que estaba a 2 pesos la dosis, porque se dieron cuenta que los pibes se estaban muriendo como moscas. Y si los chicos fallecen, se les termina el negocio, porque no tienen clientes. Así de brutal es la estrategia de los narcos”, explicó Izaguirre.

Mariano, un vecino del enorme centro de distribución ubicado en Bernardo de Irigoyen al 1.500, del barrio de Constitución, agregó que “a partir de la llegada de estos mafiosos, la zona se llenó de zombies chorros, porque los pibes que antes daban vueltas por el barrio, ahora roban para consumir”, protestando porque “lo peor es la nula reacción policial y judicial, que saben dónde se vende el veneno y no hacen nada”. El hombre contó que llamaron infinidad de veces al 911 alertando sobre este lugar, pero nada se hizo. “Incluso, nos cortaban la llamada”, dijo.

El experto Izaguirre también contó que “en los super, cada pase de cocaína se cotiza en 40 pesos, aunque hay que tener en cuenta que en general tiene apenas un 15% de pureza, mientras que otro producto que se vende en estos centros es la marihuana, que se fracciona en porros”. En ese caso, el “paquete” se arma con 25 gramos, que cuesta unos 35 pesos y sirve para armar 50 cigarritos.

“Negocio” organizado

Nilda, vecina integrante de los foros de seguridad de San Martín, vive frente a uno de estos centros de venta de drogas. “Mi vida cambió desde que explotó este lugar. Viene mucha gente, durante todo el día, a cualquier hora. Nos acostumbramos a salir a la calle tomando mil precauciones y a vivir con mucho miedo”. En este distrito se encuentra ubicado lo que en la zona llaman el “hipermercado de la merca”, por la cantidad de sustancias que vende diariamente. Se trata de la Villa 9 de Julio, donde actualmente hay una guerra declarada entre grupos antagónicos por el control del lugar, con varios muertos en los últimos meses.

“En sitios como la villa 9 de Julio el nivel de organización de los grupos narco es impresionante -dijo Izaguirre-. Reclutan a chicos para marcar y proteger el lugar, incluso con armas de fuego, y poseen varios puntos de venta, además del delivery, que es la entrega a domicilio realizada también por chicos. Lo llamativo es la escasa presencia policial, que permite la proliferación de estos negocios. En ese esquema, el ciudadano, incluso aquel que vive en los asentamientos, está desprotegido”.

En los últimos tiempos, además de la multiplicación de espacios de venta de drogas, se observa un crecimiento de las llamadas “cocinas”, donde se producen las sustancias. “Cada vez más, los grupos mafiosos arman laboratorios propios, para abaratar costos y duplicar ganancias. Para muchas familias, el ingreso para vivir pasa por armar dosis de paco. Esta es la realidad, que requiere de respuestas enérgicas y un compromiso de la ciudadanía”, finalizó Izaguirre.

LAS NARCO-GUERRAS

En el esquema de los “supermercados de la merca”, aparecen grupos que intentan acrecentar su “negocio”, avanzando sobre territorios vecinos, lo que deriva en sangrientas narco-guerras que dejan un saldo aproximado de 10 crímenes semanales, en general chicos y jóvenes que son reclutados por organizaciones criminales que los utilizan para proteger sus zonas o atacar a los “enemigos”.

Los especialistas sostienen que en nuestro país las narco-guerras no se producen entre los capos de los carteles, ya que existen pactos entre los más importantes para no invadir zonas. Así, grupos (o carteles) colombianos, mexicanos, bolivianos, peruanos y argentinos “trabajan” sin mayores problemas, ya que el 80% de la droga que se trae o produce en territorio nacional tiene destino extranjero (Europa y Estados Unidos). “El problema es el 20% restante, que se queda acá y se vende acá por grupos menores, que sí están actuando a sangre y fuego por el negocio”, sostuvo Roberto Locles, titular de la Asociación Criminalística de la República Argentina.

“Los movimientos entre segundas y terceras líneas del negocio de la droga se movilizaron porque la tenencia de pocas dosis ahora está despenalizada, a mi criterio abriendo el juego al menudeo, entonces los grupos que manejan el delivery local quieren aprovechar para copar otros mercados, dando inicio a estos enfrentamientos”, indicó, por su parte, Claudio Izaguirre.

“Cada grupo mayorista tiene un subgrupo de dealers. Estos subgrupos tienen jefes, que en general se mueven en los asentamientos del conurbano, donde pueden hacerlo con tranquilidad. Las peleas y combates ocurren en estos ambientes, y poco trasciende de ellos, aunque las familias que habitan las villas saben perfectamente que la guerra no perdona a nadie”, dijo Izaguirre.



fuente: BWN Patagonia
http://bolsonweb.net/diariobolson/detalle.php?id_noticia=24614#content