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lunes, 13 de octubre de 2014

El Encubrimiento de América- 12 de Octubre de 1492.


Félix Prieto























¡Tierra a la vista! gritó Rodrigo de Triana a las dos de la mañana de un día como hoy, 12 de Octubre pero de 1492. Y con el grito salvaba su vida el Almirante Cristóbal Colon quien estaba a punto de ser linchado por sus propios tripulantes que, en su inmensa mayoría, eran asesinos condenados a muerte, ladrones y delincuentes de todo tipo, sancionados a largas penas de cárcel, que recibieron el perdón al aceptar unirse a la ambiciosa expedición.

Investidos de los poderes absolutos que le habían conferido los Reyes Católicos de España y el Sumo Pontífice de Roma, para hacer y deshacer en los sitios que encontrara en su camino, navegarían desde el puerto de Palos en sus casi míticas embarcaciones: La Pinta, La Niña y La Santa María. Tropezando de casualidad, casi milagrosamente, esa madrugada en las costas de Guanahaní, un pequeño islote del archipiélago de Las Bahamas. Al que llamaron San Salvador.

Vieron árboles muy verdes y muchas aguas y frutas de diversos tipos. Además hombres y mujeres muy jóvenes, ninguno de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos, cabellos negros y muy buenas caras. En fin, eran muy generosos y tenían buena voluntad. Pero el proceso de saqueo no se iba a dar tan fácilmente. Y para ello, los conquistadores se valieron de la cruz y la espada.

A nuestros antepasados se les consideró hombres que no tenían alma, mejor dicho eran considerados animales. Los españoles les prohibieron, sin ningún derecho, adorar a sus dioses, entonar sus cantos y ejecutar sus danzas. Les quemaron sus instrumentos musicales, les embarazaron a sus mujeres, les violaron a sus hijas y hermanas, esclavizaron a sus hijos, asesinaron a sus padres y abuelos. Y como si fuera poco nos contagian de fiebre amarilla, viruela, tifus, sarampión y caries. Les obligaban a cantar villancicos, hablar en castellano y a creer en otro dios.

El arzobispo sudafricano Desmond Tutu, pronunció una sentencia para su continente, que pudiera servir para Nuestra América: “Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: Cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.”

En 150 años se mataron a más de 85 millones de personas. Y en esos primeros años solamente, se robaron 200 toneladas de oro y 17 mil toneladas de plata. Dinero que actualmente; está en los bancos más poderosos del mundo y con el que se condena a las naciones más pobres a través de préstamos impagables. Gracias al famoso descubrimiento, han desaparecido más de la tercera parte de las selvas, y las tierras se han empobrecido al extremo de convertirse en desiertos incultivables, ríos contaminados y una cultura casi desaparecida.

En un intento por detener este ecocidio y etnocidio, se levantaron pueblos enteros que dieron a luz a líderes como Túpac Amaru, Cuauhtémoc, Pablo Presbere o Hatuey, quien fue condenado a la hoguera, castigo reservado a los más viles criminales. Pero cuando estaba a punto de ser quemado, al ser preguntado si quería convertirse en cristiano para subir al cielo preguntó: “¿Y esos hombres blancos también van al cielo?” y al recibir un sí como respuesta, dijo: “entonces yo no quiero ir a donde esos hombres van.”

Sin embargo así como la historia recuerda a estos iconos de la libertad y autonomía de nuestros pueblos, no podemos negar que la inmensa gran mayoría no estamos en esa historia. De alguna manera nosotros, los latinoamericanos, que hoy 12 de octubre reflexionamos sobre este día, proyectamos una bastardía histórica que se refleja en nuestra identidad que por poco no es identidad. Una identidad de querer ser europeo o yanqui. Se nos quedó impregnada la maldición de Malinche: el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero.


En un país como Costa Rica, donde el analfabetismo político es el más alto junto con el de Belice en toda nuestra América Latina, se convierte en tarea fundamental hacer una lucha desde abajo, una lucha hecha conciencia que nos dé una cohesión como nación y objetivos claros por los cuales luchar. Una identidad que nos arranque esta mentalidad de oveja, que nos desaparezca de una vez por toda esa actitud de endiosar a jefes, políticos, cantantes, marcas y jugadores. Un sentir que nos permita entender que si bien el poder corrompe, el someterse a él nos degrada como personas. Que barra con esta lentitud, con la parsimonia, la indiferencia y el individualismo. Porque solo a partir de diálogos más horizontales y cada vez menos verticales podremos tener una sociedad más con todos y de todos, lista para defenderse ante las conquistas económicas, políticas y culturales del neoliberalismo, de no ser así seguiremos repitiendo la maldita historia.

http://www.equipocritica.org/accion-pedagogica/el-encubrimiento-de-america/

domingo, 25 de abril de 2010

Conferencia Mundial de los Pueblos Sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra



CONFERENCIA MUNDIAL DE LOS PUEBLOS

SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

Y LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA


La Asociación Internacional Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía, saluda a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, reunida del 19 al 22 de Abril en Tiquipaya, Cochabamba y expresa su plena solidaridad y más firme apoyo a todas y cada una de las resoluciones que adopten en ella los Pueblos Originarios y todos sus hermanos, los seres más nobles y humanos que pueblan la Tierra.


Sabemos que sus reclamos serán tan necesarios como sensatos, justos y legítimos, viniendo como vienen de la voz genuina y profunda de los pueblos de Latinoamérica, la voz de las tierras y el trabajo, del amor y la vida, la voz de los pueblos indígenas con dignidad y cultura, la voz de los descendientes de los esclavos negros que rompieron las cadenas de la esclavitud, de los mulatos y los criollos que se levantaron por su libertad forjando la primera independencia, la voz de quienes saben amar y defender los frutos del vientre generoso de la Tierra, la voz de cuantos han dado y nos dan lo mejor de sí mismos, los sueños del alma, el amor y la vida, por la solidaria e imparable marcha de todos los pueblos de la Tierra hacia su real y definitiva liberación.

Porque las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de Latinoamérica están en la ancestral y profunda sabiduría de las comunidades indígenas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, de Chiapas, Campeche y Yucatán, en la cultura y la nobleza, el valor y la sencillez de los tehuelches y los mapuches, de la población náhuatl, de los mayas y los guaraníes, de los quechuas y aymarás, en las razones que sustentan sus reclamos y provocan la más justa rebeldía que embarga el alma de los hijos de la Tierra: de Perú y Chile, de Bolivia, Ecuador y Venezuela, de Colombia, Brasil y Argentina, de Uruguay y Paraguay, de Nicaragua, Cuba y Haití, de Costa Rica y Panamá, Honduras, Guatemala y El Salvador, de Puerto Rico y Santo Domingo.

Porque las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de Latinoamérica es la voz profunda y telúrica de los volcanes, la lluvia y los vientos que defienden la Madre TIERRA; es la luz de sus ancestros Lautaro, Pelantaru, Lientur y Caupolicán, de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, de Túpac Katari y Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán y José Antonio Galán, de Rigoberta Menchú y mama Dolores Cacaungo y otros tantos anónimos en el espíritu Pachakuti de los Pueblos originarios, el nuevo despertar de los hijos de la Pachamama y el Tata Inti.

Así, los Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía entregan su verbo y sus manos a quienes desafían el poder del Gran Poder, desde Río Grande a la Patagonia, enfrentándose a las resistencias y a las locuras de los endriagos inhumanos.

Porque un hijo de la Tierra ni se humilla ni se vende, alcanza el nido y los huevos del águila, come frutas, raíces y hierbas silvestres, bebe el agua de los cactus en el desierto.

Un hijo de la Tierra ni se humilla ni se vende, conoce desde niño la tierra y el agua limpia, las praderas sin alambradas y el cielo azul, la Osa Mayor y la Estrella Polar”.

Un hijo de la tierra ante el PODER se levanta y toma la palabra, ante el débil se humilla y baja la mirada y ante su Madre se inclina y arrodilla.


Un hijo de la Tierra coge la manzana para alcanzar el don de la sabiduría y comprender el por qué de las cosas para huir de la nada.


Un hijo de la Tierra es el relámpago en las noches oscuras y es el trueno en los tiempos del silencio que corta las alambradas y derriba los muros de la ignorancia.

Por todo, más allá de la distancia, el espíritu de los Poetas de la Tierra, vuela y llega a vosotros, para daros un cálido, fuerte e inmenso abrazo, para SER, y ser, al unirse y recorrer juntos, codo a codo, mano a mano, el irrenunciable, largo e imparable camino de la restitución histórica en todos sus derechos y tierras ancestrales a todos los Pueblos Originarios. Y allí donde ésta ya no sea posible, para exigir que el gran PODER pida perdón a dichos pueblos -en un acto de compensación moral- y les devuelva económicamente una parte de lo mucho que les ha robado durante los últimos cinco siglos, con la ayuda de la cruz y la espada, con sus leyes injustas, insolidarias e inhumanas; y para exigir también que pidan perdón por todos los crímenes que han cometido y cometen a diario quienes en su codicia expolian, destruyen y matan la Tierra a marchas aceleradas.


Y los poetas le entregan a los Pueblos Originarios su poesía, su “arma cargada de futuro”, que les caracteriza y define como poetas y seres humanos.



SIN TI, SIN VOSOTROS,


Consciente de lo que digo.
¡Soy! Que sé lo que escribo.
Y sé, que serán tan temidos
Cómo amados mis versos,
en manos de la gente noble
y sencilla de Latinoamérica.


Sé, que en vuestras manos:
mis versos serán al ALBA,
las lágrimas de la Media Luna
sobre los dátiles de la palmera,
las espigas de trigo y de arroz,
la rosa azul y la flor del maíz.


Consciente soy, cómo lo soy,
de que sin ti, sin vosotros,
sin la LUZ y el VIENTO
de Latinoamérica
que alumbra y esparce
el eco lejano de mi verbo.

Que le da alas a mis versos,
para que vuelen, y vuelen,
más alto, más y más lejos,
para que vuelen y lleguen…
Allí donde moran las almas
de los nobles chamanes.

Allí donde no llega la garra
afilada del buitre, ni se oye,
la risa gélida de las hienas,
puñales y siervas a sueldo
de las mitras purpúreas,
de los sapos del Pentágono.

¡LUZ y VIENTO! de mis versos;
Haz!! Que vuelen y lleguen…
Allí donde nacen los ríos,
allí donde nacen y crecen,
los sueños de paz, amor y vida
de todos los niños del Mundo.

Consciente de lo que digo,
¡Soy! Que sé lo que escribo,
y responderé de mis versos,
sabiendo qué ¡Soy!! Si soy,
el eco lejano de vuestra voz
cabalgando la furia del viento.

Sabiendo qué ¡Soy!! Si soy,
el eco lejano de vuestra voz
cabalgando los relámpagos
en las noches frías, oscuras,
cabalgando los truenos
en los tiempos de silencio.

Sabiendo qué ¡Soy!! Si soy,
el eco lejano de vuestra voz
cabalgando la fuerte lluvia
y las olas del mar bravío.
Qué, el poeta es nadie, nada,
no existe ni tiene nombre.

SIN TI, SIN VOSOTROS,
LA LUZ Y EL VIENTO.



Con un cálido y fuerte abrazo del cuerpo


y un beso del alma a la luz de la Media Luna.

Por los Poetas de la Tierra y los Amigos de la Poesía


Olivier Herrera Marín, Presidente

Nicolás Zimarro Brawo, Vicepresidente

César Ulla Cuadra, Coordinador por Castilla La Mancha

Nilda Correa Vives Coordinadora General de Chile

Alonso Núñez, Coordinador por Chile

William Baccino Coordinador por Argentina





Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía

olivierherrera@poetasdelatierra.org

www.poetasdelatierra.org