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jueves, 9 de enero de 2014

Los niños aprenden lo que viven




Si los niños son educados entre reproches,
aprenden a condenar.
Si son educados con hostilidad,
aprenden a ser agresivos.
Si viven con miedo,
aprenden a ser aprensivos.
Si son tratados con lástima,
aprenden a autocompadecerse.
Si son puestos en ridículo,
aprenden a ser tímidos.
Si viven en competencia,
no aprenden a compartir.
Si son regañados por sus errores,
aprenden a sentirse culpables.
Si viven carentes de estímulo,
aprenden a no confiar en sí mismos.
Si no conocen el reconocimiento,
no aprenden a valorar a los demás.
Si son educados sin aprobación,
aprenden a buscar relaciones tóxicas.
Si viven entre mentiras,
no aprenden el valor de la verdad.
Si son tratados sin amabilidad,
nunca aprenden a respetar a los otros.
Si los niños crecen en un entorno de seguridad,
aprenden a no temerle al futuro.
Y si viven sus años más tempranos rodeados de amor sincero,
aprenden que el mundo es un maravilloso lugar donde vivir.



Dorothy Law Nolte.
 
 
  • “El comportamiento de los niños es un reflejo del
  • de los adultos. Examina que te impide amarte y
  • disponte a liberarte de ello. Serás un maravilloso
  • ejemplo para tus hijos.” LOUISE HAY.
  • “Los niños sanos no temerán a la vida si sus
  • mayores tienen la suficiente integridad para no
  • temer a la muerte.” E. ERIKSON.
 
‎
  • “Los buenos padres saben que tienen que
  • renunciar a sus hijos. Los hijos que pueden
  • recorrer su propio camino volverán siempre
  • a sus padres y estarán agradecidos por
  • aquello que han recibido de ellos.
  • ” ANSELM GRÜN.
 
  • “No es tarea fácil educar jóvenes, adiestrarlos,
  • en cambio, es muy sencillo.” RABINDRANATH
  • TAGORE.
  • “El mejor legado de los padres a sus hijos es un
  •  poco de su tiempo cada día.” BATTISTA.
  • “El medio mejor para hacer buenos a los niños
  • es hacerlos felices.” OSCAR WILDE.
  • “Imponer a los miembros de un grupo una
  • preformación fija, desprovista de vida, lo único
  • que consigue es bloquear su crecimiento
  • natural.” BRUCE LEE.
  • “No te rías nunca de las lágrimas de un niño.
  • Todos los dolores son iguales.” CARL van
  •  LERBERGHE.
  • “Cuando se evita a un muchacho la posibilidad
  • de que cometa un error, se le evita también la
  • posibilidad de que desarrolle su iniciativa.”
  • JOHN ERSKINE.
  • “La mejor preparación para ser padres es que
  • estos desarrollen una mentalidad abierta a lo
  • nuevo, sentido del humor, conciencia de sí mismos
  • y la libertad de ser sinceros.” VIRGINIA SATIR.
  • “Dile a tu hijo que la vida es una eterna lucha,
  • entonces irá en busca de las batallas.” CLAUDIO NARANJO.
  • “La educación consiste en ayudar al niño a
  • llevar a la realidad sus aptitudes.” ERICH FROMM.
  • “Cuando se vive en la dificultad lo primero que hay
  • que aceptar es que se vive en la dificultad, que
  • ésa es la realidad. Y después no exigirse más de
  • lo que pueda asumirse… Cuando un niño está
  • enfermo, o cuando tiene una pena, no es el
  • momento de pedirle que haga una proeza. Usted
  • lo acuesta y se ocupa de él para que mejore. Pues
  •  bien, igual hay que hacer con uno mismo.”
  • THÉA SCHUSTER.
  •  
  • fuente: INTELIGENCIA EMOCIONAL Y OTRAS HABILIDADES. 
    

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Debería un padre obligar a su hijo a comer?

Por el doctor James Dobson


No. En realidad, la mesa es un posible campo de batalla en el que es fácil que al padre o a la madre se le ponga emboscada. Usted no va a poder ganar allí. Un niño de voluntad firme es como un buen general militar que busca constantemente un lugar ventajoso para enfrentarse al enemigo. No necesita mirar más allá de la mesa. De todos los puntos comunes de conflicto entre las generaciones (la hora de acostarse, el cabello, la ropa, las tareas escolares, etcétera), las ventajas en una pelea relacionada con la comida están todas a favor del niño. Tres veces al día, un diminuto jovencito puede negarse sencillamente a abrir la boca. No hay manera de hacerle comer por la fuerza lo que él no quiere comer.

Recuerdo un niño de tres años que estaba decidido a no comerse sus guisantes, a pesar de la insistencia de su padre en que iba a tener que tragárselos. Se trataba de una confrontación clásica entre una fuerza irresistible y un objeto imposible de mover. Ninguno de los dos cedía. Después de una hora de arengar, amenazar, engatusar y sudar, el padre no había logrado sus propósitos. El niño seguía lloroso, sentado con un tenedor lleno de guisantes apuntando amenazador hacia sus labios sellados.

Por último, y a base de pura intimidación, el padre se las arregló para situar un bocado de guisantes en su lugar, pero entonces el niño no quiso tragarlos. No sé todo lo que pasó después, pero la madre me dijo que no tuvieron más remedio que meter al niño en la cama, todavía con los guisantes en la boca. Estaban asombrados ante su fuerza de voluntad.

A la mañana siguiente, la mamá encontró un montoncito de guisantes al pie de la cama, donde él los había escupido. Resultado final: un punto para el niño y cero para papá. Dígame en qué otro terreno de lucha, un niño de menos de quince kilos de peso puede derrotar a un hombre hecho y derecho.

Por supuesto que no todos los niños son tan resistentes, pero a muchos de ellos les gustan las batallas por la comida. Son su juego ideal de poder. Hable con cualquier padre o abuelo que tenga experiencia y le dirá que esto es cierto. Lo triste es que estos conflictos no son necesarios. Los niños comen tanto como necesitan, si uno impide que se llenen con las cosas que no deben. No se van a morir de hambre. Se lo aseguro.

La forma de tratar a un niño que come poco es ponerle delante buena comida. Si le dice que no tiene hambre, cubra el plato y póngalo en el refrigerador, y mande al niño a jugar. Volverá al cabo de pocas horas. Dios le ha puesto una sensación rara en el estómago que le dice: "Dame comida". Cuando esto suceda, no le ponga delante dulces, ni pasteles.

Sencillamente, saque la comida anterior, caliéntela y sírvasela de nuevo. Si protesta, mándelo de nuevo a jugar. Aunque pasen doce horas o más, continúe con este método hasta que la comida, toda ella, comience a tener un aspecto y un olor deliciosos. A partir de ese momento, la batalla de la mesa deberá pasar a la historia.

Artículo adaptado del libro "Respuestas Confiables". Copyright (c) 1999. Publicado por Editorial Unilit. Todos los derechos son reservados. Todos los derechos internacionales son asegurados.